Sin título

Del Doctor Zaïus, colaborador invitado al blog. Espero que el amable lector comente y no me lo espante; necesitamos gente:

 

Donna Nadie, aquí están los versos inspirados en su brillante ausencia:

 

Iluso te esperé
pero sólo vino a mi
el recuerdo
de tu vana promesa.

En vano imaginé
tu figura creciente
y la distancia menguante.

Tu rostro me pareció encontrar
entre muchos otros

pero solo seguí
con mi ilusión de ti.

 

(Imagen de Pixabay)

World Wide V: el reinado del brócoli – Capítulo V

En Dead Cowboy City había un polvorín en ciernes. Alrededor del pueblo niños, adolescentes y jubilados deambulaban con el ceño fruncido, portando diademas de salchichas de copetín y blandiendo largos salamitos, y palitos de brochette con shawarma.

En lo de Rose La Juguetona flotaba permanentemente el olor a caldo de pollo, a milanesa napolitana y a locro con patita de chancho, y sobre todo el vaho a insurrección.

Sally y Olive pasaban horas frente a frente, sin quitarse los ojos de encima y vigilándose sin pausa las uñas, a ver qué residuo verdoso o qué pátina de grasa aparecía en una y otra, y aprovechando para criticar.

El nuevo Sheriff Billy mediaba entre una y otra, y conformaba a ambas a medias al declarar altisonantemente que la lasagna de berenjena y la de jamón y queso eran ambas manjares excepcionales, a los que les venía bien por igual una combinación de salsa blanca y choclo. También subió quince quilos.

Los forasteros que habían conseguido llegar al pueblo cambiaron su indumentaria urbana por un conjunto de fajina apto para patrullar los caminos, compuesto por camisa leñadora y jeans al tono con pañuelo rojo saliendo del bolsillo trasero. Evan reemplazó los lentes de contacto por unas bellas lentes montadas al aire, que casaban a la perfección con su expresiva mirada, sobre todo desde que, para evitar que se les pegaran los bichos en el pelo, todos abandonaron el gel fijador al unísono. Aunque iban desarmados, accediaron a portar en mano, al alcance inmediato, unas varitas de salame seco que podrían arrojar a la primera de cambio.

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Los delicados escalopes de merluza

   En atención al amable lector que pudiera gustar de paladear, cada tanto, los frutos de la vida marina, aquí en la cocina experimental de Nadie Avatar hoy le ofrecemos estos exquisitos escalopes de merluza, por si se diera el caso de que no estuviera tan a dieta que se vea obligado a consumir los filets a la plancha, y estuviera aburrido de las también deliciosas pero convencionales milanesas. En consecuencia, he aquí el plato y su confección.

Primero te vas a esa pescadería chiquita y linda en la esquina de la calle Ituzaingo, que siempre te parece que tiene todo tan fresco que te dan ganas de comerte un filetito ahí nomás, como si fuera una sobredosis de sushi. Después le pedís al distinguido y desabrigado pescadero que se sirva traerte un kilo de filets de merluza, o medio si son muy grandes. Esto último sería raro: lamentablemente, en fechas recientes has venido notando que los filets de merluza que venden son pequeños, y, como te dijeron en la escuela de cocina, esto se debe a que se capturan peces cada vez más jóvenes. Eso es muy lamentable porque quiere decir que la depredación podría conducir con el tiempo a la desaparición de la especie, como ha estado sucediendo con otros seres desde hace tiempo, pero qué se le va a hacer.

Si tus afanes ecologistas te impiden comerte la merluza, podés optar por el pollo de mar, que además es más barato y sabroso, o comer otro pez menos problemático. O ser vegetariano, si se puede que no es siempre el caso. En tu situación particular el asunto no representa una cuestión de conciencia, porque los escalopes son para tu papá.

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Melisa

– Decime qué sabés.

– Yo nada. Son los del grupo, que les gusta boludear por Pichincha y andan comentando.

– ¿Qué escuchaste, Lucas?

– Estás obsesionado con esa pibita. Ya volvió. Está segura. No sé qué querés, espiando por todos lados. Estás paranoico.

Con los días, la nena se había vuelto más callada. Era como si los ojos le hubieran cambiado del alegre ocre avellana al oscuro verde musgo, verde cieno, el verde baboso de las cunetas y del fondo de los baldes olvidados en el rincón más lejano del patio. Hablaba con la misma vida en la voz y el pelito rubio seguía flotando en el viento con la misma gracia curiosa de las arañitas viajeras, pero ahora, cerca de ella, el aire era frío. Sí, porque era Junio. Tal vez porque las noches de Gaspar eran más largas. Tal vez porque subirse a los murciélagos duraba más horas.

Tal vez porque la ventana siempre estaba iluminada entre la helada y a veces la lluvia, cuando los bichos rabiosos se revolvían inquietos, porque no querían salir. Y entre las cortinas, la pequeña sombra inmóvil. Toda la noche.

¿Qué tenés Melisa? ¿Qué tenés Melisa?

Pese al invierno, la plantita de melón que ella había plantado seguía creciendo en un rosario largo y cándido de florcitas amarillas.

– Hay muchos rumores de gente nueva, que no habla español o no quiere hablar. Nadie sabe. Pero no sé por qué tendrían que ver con tu nenita.

– Primeros Señores.

– Obvio.

– ¿Quién puede decir?

– Estás preguntando pelotudeces. Si no sabés vos… o la chacarera del cementerio…

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Buscadores de estrellas

En esta ocasión, lo que ofrezco a la lectura no es un libro de ficción. Bueno; en cierto sentido no.

Se trata de la aventura de la astronomía narrada a través de los siglos, de la mano de Mr. Colin Wilson, quien como dice ahí en Wikipedia, es un filósofo y escritor británico cuyos temas más frecuentes han sido la criminalidad y el misticismo. Eso explica algunas cosas para mí.

El libro me recuerda mucho a otro que leí, Cazadores de microbios de Paul de Kruif, por su estilo. En efecto, ambos tratan las “aventuras” y las vidas de los científicos de manera tan amena y accesible, que es toda una tentación verlos como personajes de novela, olvidando que esos sacrificios tan reales en muchos casos posibilitan o facilitan toda nuestra vida de hoy. Aquí no voy a comentar el libro de de Kruif, pero por favor, el que pueda lo consigue y lo lee. Si tiene energía para salir a buscar tanta gazmoñería como anda suelta por ahí bajo el moderno y taquillero género de “literatura romántica”, puede animarse a un libro de aventuras que es tanto más maravilloso porque todo lo que relata es real y explica en gran medida el mundo que nos rodea.

Buscadores de estrellas es diferente en que existe espacio para la duda. Enfrentadas a la indudable y palpable realidad de los descubrimientos, hallazgos y rasgos de personalidad que tienen una incuestionable realidad histórica, están las reflexiones y razonamientos de Colin Wilson, que sin ser por completo subjetivos, están pendientes de investigación y aún sujetos a cierto “mmm”. Pero son muy intrigantes.

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