Feliz tercer año del blog

   El encantador día de la fecha caigo en la cuenta de algo extraordinario: hoy hace exactamente tres años que inicié este blog.

Dicen que mantener un blog es arduo: no me consta.

A mí me encantaría tener el día entero para escribir al atento lector y contarle sin cesar toda clase de cosas.

Como hice el primer día, cuando la misión a Plutón de la New Horizons casi culminaba.

Como cuando vi esas asombrosas imágenes que me revelaban por fin aquella extraña imagen pixelada de mi infancia.

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Los superjuguetes duran todo el verano/ Inteligencia artificial I (me entusiasmé y es largo)

¿Quién no recuerda la fenomenal película del 2001 Inteligencia artificial? ¿Quién dejó de estremecerse por completo al mirar por los ojos del inocente David, tan, tan inocente que ignoraba que era un robot; diseñado tan cruelmente que nunca superaría el abandono de su madre humana… aún después de saber que era un robot?

Pues ahora acabo de leer el relato que le dio origen, junto con los demás del libro que lo incluye. Yo no conocía mucho de Brian Aldiss, así que fue todo un viaje de descubrimiento.

Lo primero a destacar, paradójicamente, es el prólogo, que me encantó leer. Por una parte porque al menos este libro es tan alegórico, que me ha tranquilizado ver que su autor no escapa para nada a los tormentos mundanos que nos son usuales. Por otra parte, porque me divirtió ver (como en una especie de revancha resentida) cómo esos tormentos mundanos para las grandes inteligencias suelen ser… otras grandes inteligencias. En este caso, los sufrimientos de los que habla Aldiss refieren a Stanley Kubrik, la primera persona que trató de llevar el cuento del título al cine. El citado cuento, así como los dos relatos que Aldiss escribió como continuaciones treinta años después en beneficio de la película, me han gustado mucho, aunque no al grado de fascinación en el que me sumió la película, y en orden decreciente. Es que ante el despliegue técnico y emocional de la película (aún hasta “arquitectónico” y “sinfónico” en cuanto al desarrollo de la trama y los recursos empleados) los cuentos pueden parecer algo desnudos, aunque esa desnudez, en las obras literarias, adquieran la contundencia plena necesaria para retratar las mezquinas vidas humanas que se reflejan en ellas. Tal vez resulten (sobre todo el tercero) demasiado esquemáticos, quizás sin una adecuada acentuación del clima, sin los matices afectivos retratados en la película, e incluso puede que (hablando sobre todo del tercero) no te susciten demasiado interés por ver qué ocurre. Creo que he dejado suficientemente claro que esto no puede suceder DE NINGUNA MANERA al ver la película.

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De cómo plantar adecuadamente un rosal

Lo primero, naturalmente, debe de ser la rosa. Siempre es preferible, aunque no necesario, que se trate de un ejemplar particularmente hermoso. Lo tradicional es el rojo aterciopelado de los sueños; cualquier sueño. Una rosa grande y hermosa de muchos pétalos, de un tallo largo, muy largo, y hojas relucientes de charol verde oscuro. Es lo ideal; yo no conozco de variedades. Para empezar, puede ser una rosa rosada o roja bien bonita.

La segunda cosa ideal, es que la rosa sea un símbolo. Casi naturalmente. Uno regala un clavel por muchos motivos; un crisantemo es casi siempre una flor de cementerio, pobrecita. Las flores silvestres son una cosa joven e impulsiva; se recogen llenas de pensamientos, se entregan llenas de sentimientos. No duran mucho, pero son intensas, y casi siempre recordadas entre las páginas de un libro o el programa de una función de teatro o de cine.

Las rosas son caras y generalmente entregadas con el propósito de que ese valor les sea reconocido, con fines publicitarios en beneficio de la persona que las entrega: alguien que ama demasiado, o muy poco. Pero rara vez se las aprecia en su verdadera naturaleza: seres pasivos pero aguerridos, tan capaces de ser amantes como guerreros; seres bellos, pero con espinas tan capaces de lastimar como capaz de suscitar admiración es su belleza. Es importante que estés seguro o segura de tu rosa. Y de la persona que te la dio, o a quien se la diste. Y de vos mismo.

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American Gods

A fin de proseguir con la onda morbosa que vienen teniendo los posts del blog últimamente (fue pura casualidad, de verdad; eran un par de borradores que tenía guardados y no me acordaba) hoy traigo a vuestra preocupada colación una serie recomendada por nuestro común amigo, el doctor Zaïus, que es realmente especial. La serie, no el doctor Zaïus, aunque él tiene lo suyo.

Al ver el título de la serie esbocé un desdeñoso fruncimiento de labios, esperando algo como alguna biopic sobre luchadores de peso completo, o artes marciales combinadas, o alguna de todas esas cosas. Por supuesto, y gracias a Dios, nada que ver (aunque me gustó Pain and gain, de verdad).

En cuanto a clima y estilo, y forzosamente hay que empezar el comentario por ahí, la serie es absolutamente irreprochable. Es oscura, es tenebrosa, es atractiva, inteligente, capciosa y definitivamente elegante. Neil Gaiman, su autor, nos deleita con las desventuras del humano linaje… pero, ¿seguro que sólo humano? ¿sólo los humanos tenemos desventuras?

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El manjar Microondas

El día de la fecha, puesto que disponés de escasos minutos para cocinar y acaso comer, has decidido, con la rapidez y pericia de un samurai, que por fin usarás ese novedoso implemento para la cocina que, al cabo de décadas de suspicacia e investigaciones teñidas de resentimiento y paranoia, te has decidido a utilizar.

Por si el intrigado lector padece de los mismos males y decide por su cuenta emplear análoga solución, le vas a comentar de qué manera hacerlo. Todo se trata del insidioso microondas.

Decile que, en primer lugar y sin pérdida de tiempo, se dirija a la heladera. Debe abarajar inmediatamente una de las brillantes y sedosas berenjenas compradas hace una semana, una papa bien gorda y uno de los dos tomates que quedaron (asimismo de la semana pasada), y lavar bien todo. A continuación, exceptuado el tomate, que agarre el pelapapas y le quite la piel las verduras. Sí, que pele la berenjena con el pelapapas también que así es más fácil. Luego, que prepare dos pequeñas fuentes de plástico APTAS PARA MICROONDAS. En una, que ponga la papa cortada en cubitos bien pequeños, que si no se va a morir de hambre esperando por mucho microondas que use; en la otra, la berenjena, asimismo cortada en cubitos pequeños, aunque no hace tanta falta porque la berenjena es más tierna. Puede rociar todo con un hilito de aceite y tanta sal como guste, aunque demasiada no es sano. Al tomate que lo corte al medio y le quite las semillas, y después puede cortarlo en cubitos también. Si gusta, que lo espolvoree con un poco de perejil picado como hiciste vos, y a lo mejor un par de contundentes cucharadas soperas de mayonesa. De seguro, bastante ajo en la forma que sea, siempre que su estómago sea tozudo y fornido. Al tomate lo debe dejar crudo.

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