El hacedor de universos

el-hacedor-de-universos-philip-jose-farmer-402111-mlm20491606580_112015-f   Esta fabulosa novela de ciencia ficción de aventuras pertenece al escritor que, no obstante lo mucho que llevo leído (algunos de esos libros obras verdaderamente magistrales), configura mi ideal exacto como escritora. El relato suyo que me hizo decirme a mí misma “quiero lograr exactamente esto” es Jinetes del salario púrpura, y lo leí en el primer volumen de Visiones peligrosas, que es una maravillosa antología compilada por Harlan Ellison. ¿No la conocés? ¡¿Y QUÉ ESTÁS ESPERANDO???! El escritor en cuestión es Philip José Farmer, y figurate cómo me habrá impresionado aquel relato que te dije, que con lo poco que conocía yo acerca de todo en ese momento (no sé cómo serás vos; yo tenía quince años y REALMENTE sabía MUY POCO de todo), apenas lo leí, y antes de estar segura de entenderlo (mucho después me di cuenta de que no, no lo había entendido todo) me dije: “sí, yo quiero escribir así. Así exactamente”. Ojalá algún día lo consiga.

   La joyita que te traigo a colación ahora, volviendo al punto, fue un obsequio que me hizo el Doctor Zaïus, como suele suceder, y como en esta ocasión no le puso dedicatoria a la primera página, como acostumbra, y me ha regalado más de un libro, no puedo recordar exactamente la ocasión. Si lee estas palabras, supongo que será tan amable de recordármelo. La novela se llama como te puse más arriba, El hacedor de universos, y para imagesqué te voy a contar. Si ya conocías a este memorable escritor pero no la existencia de la novela, ya habrás salido corriendo a buscarla. Si no conocías a ninguno de los dos, andá y buscá cualquier cosa de Philip José Farmer; el relato que te dije antes, Los amantes, o esta novela. Como yo padezco de una desagradable e incontenible logorrea, igual te voy a contar un par de cosas.

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La fuente (una historia que merece ser real)

angel-1039697__180   Amalia y Francisco querían poner una fuente en su jardín. Una de mármol blanco, a lo mejor veteado de rosa o algo así, con un angelito. Un Cupido. Con una flauta o cosa parecida, para que saliera un chorrito de agua; Amalia odiaba esas fuentes que tenían un angelito que se agarraba el pito y el agua salía de ahí. Parecía que Cupido se meaba en la fuente; qué desagradable. Francisco propuso tres sapitos en la orilla y Cupido en el centro con el arco tendido, pero Amalia protestó, porque no había nada de romántico en un sapo. Uno debía conmoverse al ver esa fuente, no deambular por la estratósfera cazando abstracciones; el príncipe sapo que se quedara en los cuentos, no en su fuente, donde un sapo era un sapo y no había nada que hacer. Sapos escupiendo así adentro, qué joder.

   Quedó espectacular. Para acentuar lo acuoso, Amalia encargó la taza de la fuente con forma de ostra. Y sí, el mármol era muy blanco. Cupido sostenía un caracol con las manos, y de ahí caía el agua; no parecía que se le caía la baba por los agujeritos de una flauta. Había sido una transacción; la madre de Francisco sugirió que le dejaran directamente la manguera. Y el cuerno de caza. ¿Por qué el escultor no le había dicho desde un principio que eso que ella había elegido de otra estatua era un cuerno de caza? Suerte que Joaquín vino a ver la fuente apenas emplazada y batió el dato para que pudieran remediar aquello; dejarlo era peor que poner a Cupido con el pito parado. En lugar de reírse inmediatamente, la gente demoraría un minuto y después se reiría más, y después ellos preguntarían de qué mierda se reían y los chistes juntos correrían por toda la Argentina. Qué escándalo.

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Mi historia desde la tumba

   Para que conste que yo puedo escribir cosas originales como los que hicieron la película ésa de Diary of a madman, acá va este vetusto pero a mi juicio responsable y adecuado relato, completamente basado en el estilo y temas de Edgar Allan Poe, pero que sin embargo no contiene UNA SOLA PALABRA o IDEA que no sea absolutamente mía (bueno, sacando lo de la catalepsia). Si alguien lo duda, que nombre sus padrinos: lo reto a duelo apenas tenga la oportunidad de revelar mi nombre cristiano. O no, que con esto de Twitter te digo que te encuentro adonde sea y te mato a patadas en el culo, y te da lo mismo que sea Nadie Avatar o la Rosita.

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fog-1657633__180   Queda por decir que yo he padecido durante muchos años la enfermedad de la catalepsia, y que este nimio pero insidioso mal ha envenenado los momentos más luminosos de mi vida, desde mi noche de bodas hasta el temor permanente, ahora que he entrado en la tercera edad, a tener un día un ataque y encontrarme con la horrible sorpresa de ser enterrado vivo. O sea.

   Los sirvientes están desde hace algún tiempo bastante acostumbrados. Miss Gertrudis, por ejemplo, ha robustecido al extremo sus bíceps, de tanto tener que estar llevándome de acá para allá a cualquier hora de la noche, completamente ido, porque yo fui muchas veces a su habitación a buscar, por ejemplo, un vaso de agua, y de repente me caía redondo al piso y de no ser por ella ahí me habría quedado durante varios días. En ocasiones me ha sucedido en las tabernas y he despertado en el fondo de algún cañadón que otro, desnudo, esquilmado, dado por muerto y no del todo intacto, y menos mal que nunca les dije a aquellos hijos de la mala suerte y peor madre que tengo muelas de oro.

   La familia se halla resignada desde el principio. Siendo un bebé, todas las amigas de mi madre envidiaban su degenerada suerte, que no sólo le había ahorrado una fortuna en servicio doméstico dándole diecisiete hijas una detrás de la otra (como para que además después se arrancaran los ojos entre ellas, y no a ella), sino que le había dado como último retoño y, cuando ya se hallaba algo agobiada por los deberes de la maternidad, un querubín que solía dar unas siestas de dos o tres días e incluso a veces más. Bueno, la primera vez fue una verdadera sorpresa: me dieron por muerto, y hete aquí que justo cuando ya todos se colocaban los abrigos para dirigirse al panteón familiar, un minúsculo llanto de gases retenidos me hizo salvar el pellejo recientemente estrenado.

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La inesperada torta de manzanas no acarameladas

apple-pie-1071747__180   Volviendo ayer de casa de tu mamá, adonde fuiste a auxiliarla después de un golpe que tuvo, y que tranquilamente pudo haber acabado mandándola a Australia, tuviste un acceso de fame bruta, como solía denominarla la Tía Ñata, de italiana ascendencia. Como era de tarde y debido a tu propio cocazo no podés caminar mucho, hiciste lo de siempre, en ocasiones menos solemnes, dedicadas a la pura pereza combinada con gula; una combinación de pecados particularmente malsana. Es decir, que miraste adentro de la heladera a ver qué había para merendar. A saber: dos kilos de cebolla, medio de verduras para sopa, dos limones, un kilo de manzanas, tres dientes de ajo, una cebolla de verdeo cultivada por Elsa, un tupper con espinaca y un antimicótico de particular eficacia. Como no se te ocurrió ninguna combinación que pudiera unir en una deliciosa preparación estos ingredientes en particular, decidiste elegir sólo uno, que resultaron las manzanas, de connotaciones mitológicas notablemente solemnes. No te preocuparon los ingredientes secos, de los que solés tener en abundancia en tu aparador previniendo eventualidades relacionadas con la política nacional, y en esta ocasión, tampoco el azúcar, que compraste por quién sabe qué oscura razón, pero que esta vez te viene bien.

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Revival

revival-stephen-king   Acabo de leer por segunda vez esta fantástica obra de Mr. Stephen King, y me pregunto cuándo será el día que ese hombre escriba algo que no me guste.

   Lo conocí con… ya no lo recuerdo. Sólo recuerdo el espanto y la fascinación de Carrie, The dead zone, Rose Madder, It, La mitad siniestra, la asombrosa y terrible Misery, junto a la cual la película parece Barbie y sus hermanas en una aventura con perritos, ese horrible Pet Sematary, Firestarter (la novela perfecta en todos los sentidos), la memorable Tommycknockers (para mí, una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído. Y mirá que leí ciencia ficción. De la buena. Muy buena.). Duma Key; el retrato perfecto del dolor, el amor, el arte y el terror. Acaso el terror del amor por el arte. O del arte por el arte. O del amor por el amor. Apocalipsis, la segunda novela perfecta que escribió, para mí, de no ser por el final pedorro que le puso… Magnífica.

   Ahora llega a mis manos Revival, obsequio, como Duma Key, del Doctor Zaïus, esta vez en ocasión de mi cuadragésima quinta vuelta alrededor del Sol.

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