El cinturón de asteroides (otra cosa viejita)

Otra cosa que la ciencia moderna me cagó alegremente.

Los asteroides están más allá de la órbita de Marte (entre Marte y Júpiter) y nadie les presta mucha atención, lo cual no es censurable porque son puras piedras. No cualquier piedra; algunos asteroides miden 1.000 km. de largo pero bueno, parecen piedras, así se ven y hasta aparecieron de esa manera. Son restos de lo que quedó cuando se formó el sistema solar. Puras rocas; no alcanzó para hacer un planeta. Probablemente el campo gravitatorio de Júpiter tuvo algo que ver; el campo de Júpiter tiene que ver casi con todo.

La composición química de los asteroides es variada, así que no se puede presentar una fórmula única. Están los que se acercan al Sol y hay otros más complicados; hay algunos que se han desprendido de los planetas y otros se formaron de puro rozar y chocar. Están los planetoides, que son grandes y tienen nombre, número y órbita fija, y están los meteoritos que son los que van de acá para allá reventando contra la atmósfera de la Tierra, y dentro de éstos están los que son metálicos y los que no; si son chiquitos son meteoros y si son muy grandes y llamativos son bólidos. Muchos de ellos provienen de la desintegración de los cometas (que son más pequeños que los planetoides o asteroides, en realidad), y otros ni pertenecen al Sistema Solar, viniendo a estrellarse contra la Tierra quién sabe desde dónde.

Como las aves migratorias, los planetoides suelen tener nombre y aparecer en patota, en fechas fijas del año. También tienen horas especiales; como que es más fácil ver esos grupos sobre la madrugada. Las lluvias de meteoros por lo general son inofensivas y constituyen un espectáculo muy hermoso; es decir, cuando los meteoros se deciden a dejar de ser sólo piedras, que en tu mano nadie creería que pueden hacer cosas así. Lo más curioso es que sean capaces de tener órbitas fijas y moverse todos juntos con precisión, al igual que los planetas grandes o los pajaritos o los peces de un cardumen, que fijate que no hablan y no lo necesitan para ir todos para el mismo lado. Como un disco. Los meteoritos (bueno, los planetoides) incluso pueden llegar a tener lunas; una cosa rarísima. Ni hablar de saber qué clase de gravedad puede tener un planetoide. Ni siquiera tienen atmósfera.
Biológicamente hablando, los asteroides nunca tuvieron ninguna influencia tampoco. Las naves que iban a Marte los esquivaban, los saturninos si se pierden los sobrevuelan sin entender nada, y para los plutonianos los cien mil caben en una sola oración: “ay, ahí están los asteroides otra vez”. Demasiado áridos para que alguien se pare sobre ellos y a veces demasiado pequeños para poner un solo pie, sin atmósfera, sin gravedad, aún los más considerables son, en cuanto al resto del Sistema Solar, lo que para nosotros el banquito de arena en el Paraná; es decir un lugar donde asolearse, estirar las piernas y tomar mate, aunque sobre los asteroides lo que se dice mucho sol no hay, no demasiadas especies tienen piernas propiamente dichas y un gran número carece de una boca para chupar mate; a lo sumo tienen una probóscide. Dicho en pocas palabras, los planetoides no sirven para nada.

   Con frecuencia son ocupados por individuos rapaces y piratas, carnívoros que en sus planetas de origen no tienen casi nada con qué vivir y esperan tomar uno de los grupos migratorios de asteroides para que los lleven por este Sistema Solar, a fin de capturar naves o un saturnino; algo muy sencillo, especialmente con Marte por el medio. Así otras veces los asteroides sirven para eliminar a estos mismos piratas; conocedoras de la situación, cuando no les queda más remedio que atravesar la órbita las naves pasan por el cinturón a gran velocidad, quemando todo el combustible que pueden y advirtiendo de lo que vean a otras que están cerca y hasta a los saturninos, acompañándose por naves exploradoras que van por delante acechando y disparando a los piratas, y así todos ellos se chasquean y se mueren de hambre o se van.

   La idea de mandar una sonda al cinturón de asteroides es cómica . Las naves y los saturninos, de estar interesados, pueden mirar los asteroides directamente y los de la Tierra sólo tienen que esperar a que algún extraviado caiga, ¿a qué molestarse en enviar una sonda? Además, ¿dónde enclavarla y cómo? Los asteroides se mueven rápido y su forma es irregular; viene la sonda buscando el ángulo justo y de repente el asteroide da una vuelta y muestra un recodo que la sonda no tenía forma de prever y paf, chau sonda. Y eso si consigue llegar a un asteroide, porque cabe aclarar que la densidad demográfica del cinturón no es la del resto del Sistema; viene la sonda y nada más se acerca al perímetro del cinturón la cagan a piedrazos, y entonces paf, chau sonda.

   Claro que a pesar de eso los asteroides generan un interés especial, porque constituyen una ventana a través de la cual podemos echar una mirada retrospectiva sobre el Sistema. Si bien es cierto que algunos asteroides son restos de planetoides, primero son restos de los procesos químicos y físicos en virtud de los cuales los planetas se formaron a partir de la nebulosa solar; contienen material químicamente primitivo, característico de los productos de condensación de la nebulosa. Pero la verdad, a quién le puede importar; si hablaran el lenguaje estos datos serían de más utilidad para los mercurianos, que podrían sentirse tentados a viajar para probar un asteroide como si fuera un chocolatín. Y después de todo, no es probable que los asteroides constituyan una ventana para nada; los astrónomos pueden decir eso y dictar unas clases sobre ellos, pues hay montones de cosas que aquí ignoramos sobre el tema, pero hasta ahí, porque todos sabemos lo que es una ventana. Todos sabemos que las ventanas se abren y se cierran, y que ese es el único poder que uno tiene sobre ellas; además los astrónomos aún cabalgan a lomos de la mecánica clásica, ¿qué van a hacer con la nebulosa solar?

   Todavía si hicieran como los jovianos, que zurcen el hiperespacio cuando se aburren, pero no, no pueden. Además, eso ni les sirve para nada a los jovianos que con tanto ir y venir ya perdieron toda noción del espacio y del tiempo, no saben dónde están o cuándo, y apenas consiguen comunicarse con otras especies o entre ellos. Incluso fijate que cuando llegan bandidos a pernoctar en el cinturón de asteroides, puede pasar mucho tiempo antes de que se den cuenta de que tendrán que marcharse de allí por la distracción que causan estos jovianos; encuentran tal cantidad saltando entre las piedras y éstos demoran tanto tiempo en reaccionar, que los cazadores olvidan prevenirse de los que los buscan a ellos. Los jovianos no se han extinguido sólo porque tienen mal sabor.

   Los astrónomos, que no son tan grandes ni tan rápidos aunque sí muy ávidos, seguro que tampoco tendrían esa suerte al estudiar los asteroides. Y seguirían sin poder nacer nada con la nebulosa. Ni siquiera evitarían que los forajidos colonicen definitivamente el cinturón, por supuesto.

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