Café con leche

   Siendo hoy un día feriado, podés desayunar café con leche, dado que queda un restito tanto de café como de leche, y es hora de descongelar la heladera.

   Para hacer el café, se escurre la jarrita enlozada lavada anoche, se busca el colador de alambre para no lavar el filtro de tela (tarea ésta muy desagradable), se echa el agua para que se caliente y se busca el remanente de café en la heladera. En cuanto a las contiendas montadas en torno a la conservación del café: ¿se guarda o no en la heladera? ¿Conserva mejor el olor en la heladera? Hay posiciones a favor y en contra, pero es dudoso que la cuestión se resuelva en esta vida. Acaso porque el café no dura lo suficiente.

   Este resto en tu heladera, en particular, data de hace un mes, cuando empezó el blog. Era para ofrecer a gente que pudiera venir de visita, porque al café le perdiste el gusto cuando cursaste la facultad, pero un atávico instinto familiar te obliga a aniquilar todo lo que se vea dentro de la heladera, así que el café desapareció poco a poco. Una vez el café dentro del agua caliente, se aspira el aroma y se lo deja estar, pero no tanto como para que se enfríe mucho cuando se vierta la leche. Estás alerta y pensás en el día. Hay que ir al Super. No se puede vivir la vida con media coliflor, lentejas y un pote de queso crema.   En el Super, comprarás más lentejas y una cebolla. Cociendo la coliflor al vapor y rehogando la cebolla, podés preparar una ensalada si le añadís las lentejas hervidas y una cucharada gorda de queso crema. Una cucharada y nada más, porque no conseguiste queso descremado. Tal vez convenga pasar por lo de Miguelito para traer otro pollo y ponerle a la ensalada un poco de pechuguita a la plancha, pero mejor no. Un pollo más, tan pronto, y vas a empezar a poner huevos.

   En el Super, también comprarás algo al azar. Una lata de merluza, una de picadillo, un paquete de caramelos o una botella de aceite. Un amigo te contó que su hermano se encontró en el banco de la plaza una hermosa y flamante botella de vino bueno, en perfecto estado, y que le ha dicho que hay gente que se dedica a hacer cosas así, como en la película “Cadena de favores”. Regalos al prójimo. Y, en la calle Corrientes, hay una especie de casillero que alguien hizo y que tiene libros adentro. Una leyenda en el vidrio dice “Pasá y leé”. Es para que la gente retire libros de ahí, los lea y los vuelva a poner, y para que deje alguno también. Pensá en buscar en tu propia biblioteca, para dejar algo vos mismo. Pensá que ambas ideas son magníficas y encantadoras, y son dos momentos en el día que podés encontrar, dos cosas minúsculas, pero que podés hacer inmediatamente, para que el mundo sea un lugar un poquitito menos mierdero. Como lo de las bolsas del supermercado. Imaginate tu alegría al encontrar una botella de vino de regalo, de un perfecto desconocido. Es como si el mundo fuera bueno.

   En cuanto a las pilas desechadas, como te había dicho una vez, guardalas dentro de una botella y averiguá adónde podés llevarlas, aunque lo mejor es siempre no usar aparatos que funcionen con pilas. Acá en Argentina, dicen que hay que exportarlas para que las reciclen y no sé si en verdad lo hacen, pero en la Municipalidad de tu ciudad o en algún colegio te pueden decir adónde llevar las botellas llenas de pilas, por lo menos. Hay muchas maneras de disponer de las pilas en los diferentes países; a veces las ponen en moldes de cemento o en recipientes estancos llenos de agua, para que nunca toquen la tierra. Hasta se pueden hacer muebles de plaza con los bloques que resultan. Lo importante es no tirarlas a la basura, sueltas, junto con los restos de comida, para que no contaminen el agua y el suelo. Quizás puedas envolver las pilas varias veces en una bolsa de plástico antes de ponerlas en la basura, si estás en un pueblo y nadie te junta las pilas. De últimas, si estás leyendo ésto, es porque tenés Internet, que tiene que servir para algo más que para hacer puterío. Mirá si hay alguna otra idea. Yo vi estas cosas en Ecoportal. Fijate, por ejemplo ♥.

   En cuanto a comprar el pollo o no, aún estás dudando. Lo resolverás por el camino.

   Y el carnicero se llama Alberto, no Miguelito. Miguelito es el verdulero de la otra esquina.

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2 pensamientos en “Café con leche

  1. Balder, El Gran Ruleman

    Voy a ir a “pasa y lee” a dejar la autobiografía de Moria Casán….Tiene una tapa hermosa, Moria está pelada….si es una cadena de favores, por favor destrúyanlo. Yo no me animé…no sé qué consecuencias puede llegar a traer al medioambiente y no quiero hacerme cargo…

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    1. nadieavatar Autor de la entrada

      ¡Ja ja! Sin contar con las posibles maldiciones. En cuanto al medioambiente, ¡me parece que habría que hacer como con las pilas! Todavía no me enteré de ningún depósito. Hay que averiguar.

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