Materia oscura

plate-275931__180   Pensando en ir saliendo para el planetario, con el fin de asistir a tu clase semanal de misterios del universo, te encontrás elucubrando sobre cómo sustentar tu persona en la noche, para poder continuar en el tiempo estudiando tales misterios. En la agradable tarde primaveral, te has decidido a pasar por lo de Alberto (Alberto, no Miguelito) para comprar, por una vez en la vida, tres cuartos de kilo de pulpa picada. Luego, en la oscuridad del retorno, vas a hacer, según te dicten los traicioneros remansos del inconsciente, hamburguesas o albóndigas. Ésa es la cuestión.

   Para hacer ambas, se toma la pulpa picada, se la coloca en una de las ensaladeras de plástico transparente, y se parten encima dos huevos de Alberto. Es decir, comprados en los de Alberto; y no le vayas a decir “qué lindos tus huevos para hacer albóndigas” o alguna cosa similar. En los contextos adecuados, hasta un halago puede ser malinterpretado. Tampoco le podés decir “tenés muy buena carne”, a pesar de que es verdad; si comprás la pulpa picada en el super te van a salir bolas de grasa con sabor a jabón en polvo. Despuégarlic-390490__180s, siempre en la ensaladera transparente, agregás a los ingredientes tres cucharaditas tamaño té de sal, y ajo y perejil picados a mano, no deshidratados. Si usás ingredientes deshidratados, te van a salir albóndigas con sabor a nada. A Gonzalo le podés decir para qué usás el ajo y el perejil, ya que es una persona tan accesible. De paso, también le podés pedir un pedacito de zapallo brasilero y un kilo de tomates. De camino para la caja, tomá un paquete de fideos para dárselos, cuando te vayas, al viejito que abre la puerta para que entre/salga la gente del Super.

   Para conformar las albóndigas eficientemente, te lavás muy bien las manos y, con al menos una mano, mezclás la carne picada y el resto de los ingredientes hasta formar una pasta compacta y pegajosa. Viste cómo és la carne picada, que al principio parece que no va a pasar nada y después todo se empieza a integrar. Una vez hecho esto, te volvés a lavar muy bien las manos, ya que te han quedado hechas un asco sanguinolento, y ponés la ensaladera dentro de una bolsa de plástico, la guardás en la heladera y te olvidás de ella. No será una prioridad hasta volver del planetario, pues todos los sabores se deben potenciar y mezclcow-1342261__180ar, a fin de resultar totalmente deliciosos. En tu corazón, pedí perdón a la pobre vaca que dio su vida, porque tus carencias crónicas de vitamina B y tu necesidad de proteína animal te impiden convertirte al vegetarianismo. Decile a la vaca que hacés todo lo posible, y no matés más ni a las arañas que encontrás en los rincones.

   Nadie sabe qué es la materia oscura. Parece que del universo sólo vemos un pequeño porcentaje de todo lo que existe. Hay numerosos espacios en blanco y numerosos fenómenos que les hacen pensar a los científicos que el universo tiene mucha más masa de la que podemos ver o siquiera registrar, y a esta masa la llaman materia oscura. Esto puede recordar los tiempos en los que descubrieron que, finalmente, las partículas del núcleo de los átomos están formadas por algo que se llama quarks, y les dieron sabores y colores, como si de helado se tratara. O el momento en el que se dieron cuenta de que las teorías de las que disponían no alcanzaban para cubrir todo, y se inventaron una teoría llamada de cuerdas, de la que llegaron a haber cinco versiones, y sobre la que nunca se podrá hacer un solo experimento, y parece que funciona fantástico. Esto recuerda el día en el que finalmente se aceptó que el hombre no era el centro ni de la creación ni del universo ni de nada, y en realidad el Sol, y no la Tierra, era el centro alrededor del cual todo giraba, y alguien se hizo un nudito dentro de su cama y se tapó la cabeza, y dijo, “¿y ahora?”.

red-1224134__180   En el silencio de la noche ya fría, te parás frente a la ensaladera transparente. Disponés a su lado otra ensaladera y cortás dos tomates en cubitos. Les añadís aceite, sal y el jugo de medio de uno de los limones de Rodrigo, y lo mezclás todo muy bien con una cuchara. Después, enjuagás la cuchara y la hundís en la masa de carne de la ensaladera de al lado, salvajemente, sin una palabra. Agarrás un puñado gordito. Apretás la masa de carne contra la plancha y le vas dando forma como redondita, y encendés el fuego primigenio. Finalmente, nada de albóndigas, que es tarde para salsa.

   Después de recordar que vivís en un universo en donde nada es lo que parece, evitá las cosas difíciles de digerir. En lo posible, no hay que estar en la cama hecho un nudito.

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   Fijate en lo que te digo, si no. Es mejor ver esto a mediodía. 

(Imágenes de Pixabay)

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