Arroz integral, huevos y zapallo brasilero.

   El día de la fecha, ya que el dr. Zaïus está fuera de la ciudad y no podés compartir con él la sal y la mesa, podés decidirte para comer, al mediodía, un sabroso pero sencillo manjar. Tal es la combinación de arroz integral con huevos a la plancha. Los huevos fritos engordan demasiado, como sabe cualquier hijo de vecino, y además cuando ves un huevo frito con puntilla, de los que te suelen salir, te deprimís inmediatamente y el día está demasiado hermoso.

   En primer lugar andá al super a horario oportuno. Ya sabés lo que pasa con los viejos a primera hora de la mañana, que se ponen frente a la puerta antes de que abra como los gatos que esperan las sobras de la carnicería, y después tenés que esperar una hora adelante de la cola por una bolsa de arroz, un litro de leche descremada y un pedacito de zapallo brasilero.

   En el super, embocá directamente la góndola con las bolsas de cosas atractivas y pecaminosas como las lentejas, el arroz y los porotos. Esquivá cuidadosamente la sección de panadería. Ya sabés qué pasa a primera hora de la mañana, con el olor delicioso que flota sobre las góndolas, más peligroso que el Agente Naranja. Al vuelo, abarajá una bolsa de arroz integral, del más barato: se cocina más rápido que el de buena marca y no se apelotona como el común. Dado que es integral, cabe esperarse que también tenga más fibra y sea más completo y sano, como prometen todos los naturistas, A continuación, ves en la góndola de la carnicería para constatar si hay algo más interesante con lo que engalanar la mesa, y notás que han vuelto a poner unas bandejitas de osobucco muy rojo, que parece muy fresco. Andá a saber con cuánto vinagre lo enjuagaron, pero bueno. Salvo que le claves a la vaca el tenedor en el lomo, es todo un palo y a la bolsa. Abarajá también una bandejita.   Una vez en la verdulería, las cosas se salen de control. La caja de las verduras para sopa está rebosante y fresca, toda hermosa con los pedacitos de repollo, calabaza, zapallito y rueditas de choclo, y como aquí podés dar rienda suelta a la gula, llená una bolsa completa. Ponete en la cola para que Gonzalo pese la bolsa, atrás del muchacho de la bolsa con tomates perita y un puerro mediano, y una bandeja de costeletas. No le digas al muchacho que no te cierra, que no sabés qué tipo de ensalada le va a hacer a las costeletas con el puerro, porque es de mala educación. Sí podés comentar excitadamente con la vieja de atrás sobre lo linda que se ve la verdura para sopa, y tal vez decirle que hay toda una serie de cosas que hacer con esa verdura. No le des las recetas, que las viejas son bichas y después no van a reconocer que les dijiste vos.

   Al salir del super, vas directamente a lo de Alberto. No le demuestres miedo; no pensés en que sólo le vas a pedir media docena de huevos. No hagas chistes como “qué lindos huevos que tenés” o cosa parecida. Simplemente alzá la cabeza, sacá pecho y con voz alta y clara le decís “qué tal; necesitaría media docena de huevos”. No mirés el cuchillo para nada; puede hacer que te pongas nervioso y le termines comprando también un pollo. Y después da media vuelta y salí, rápido, antes de que le pidas ese pollo. Podrían poner más luz en esa carnicería, la verdad. Con ese fluorescente arriba de la pelada, Alberto parece Boris Karloff.

   En casa, aguardás ansiosamente la hora y te ponés a ver, quizás, otro capítulo de Dexter, mientras el agua hierve y el arroz se cocina, para reflexionar sobre la naturaleza humana. Veinte minutos antes de apagar el fuego, ponés el pedacito de repollo brasilero. Cuando todo haya terminado, mezclás el arroz y el zapallo con sal, aceite y jugo de uno de los limones de Rodrigo; ya sabés que el jugo de limón es más sano que el vinagre. Y al concluir con la mezcla, hacés los huevos a la plancha. Ya sabés cómo és; la plancha apenas untada con aceite, muy caliente, dos maravillosos huevos de yema bien anaranjada encima, y darlos vuelta como un panqueque después de apenas unos segundos, para que queden cocidos, pero no tanto. Un manjar de la vida, sencillito y rápido. Disfrutá, que es light.

   Incluso, mientras deglutís contentísimo de la vida, podés entrar a Twitter y ver si hay alguna receta nueva, o una pregunta que alguien tenga, o una hermosa foto para ver, ya que sólo disponés de una ventana, muy linda y con una hermosa y pacífica vista, es cierto.

   Pero no podés ver el mar o el desierto de Serengeti, y a veces te dan ganas.

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4 pensamientos en “Arroz integral, huevos y zapallo brasilero.

  1. Dr. Zaius

    Me lo perdí.
    ¿Y si las mujeres pusieran huevos en vez de parir directamente? Tal vez las embarazadas dirían: “Cuidado que llevo media docena de huevos”. Las que trabajasen o las muy adineradas dejarían la tarea de empollar a mujeres (u hombres) dedicados a eso (o los pondrían debajo de una lampara, que no sería lo mismo por la falta de contacto humano). Los fórceps no se podrían usar durante el parto. Una vez puesto el huevo, seguramente sería adornado con dibujos y colores varios (tal como un yeso). Una vez roto el huevo, de forma natural o inducida ante la demora, los más sentimentales guardarían como recuerdo la cáscara…
    ¿Qué otras posibilidades se te ocurren?

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  2. Dr. Zaius

    En el Zen, los koans tienen por finalidad paralizar momentáneamente la mente del discípulo y permitirle vislumbrar el Ser.
    (¡Puse lámpara sin acento! ¡El horror!)

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