Este asunto de las relaciones humanas… Lisura en sade

   A la luz de las últimas películas vistas que te conté antes, acá recordé este relato que próximamente incluiré en el famoso e-book que ya te dije un montón de veces. Este asunto entre los hombres y las mujeres, tan complicado… El cuento está inspirado en un poema de Néstor Perlongher, Lisura en jade. Por lo menos el título.

LISURA EN SADE

   Eyaculó al amanecer. Le hundió a ella la cara en el hombro y eyaculó, lleno de vergüenza, lleno de disculpas, a tal punto que ni supo cómo lo consiguió. Sintió que había caído en una bañera llena de agua congelada, con hielo (abajo podía verse apresada una mujer desnuda, con las piernas abiertas) y entonces eyaculó, con astillas blancas que se le clavaban en la cintura. Era el amanecer.
Después se retiró, pero no podía entibiarse. Se deslizó al lado de ella en la cama (se dejó caer) y trató de abrazarla, pero necesitaba calor. Él la miraba a ella con un rictus de dolor y ella lo miraba a él con preocupación, y él se abochornó porque pensó que había arruinado su primera noche: “Ricardo, Ricardo, llamemos a un médico, tenés los labios azules”. Qué anticlímax. Cuál anticlímax. Ella trató de abrazarse a él con otro rictus: “la próxima voy a estar más tranquila”, y sus piernas se cruzaron. Pero los pies de ambos estaban horriblemente fríos y no se cruzaron (menos mal; hubieran empezado a tener calambres) y él tuvo una serie de reflexiones malsanas sobre verse al espejo y no querer verse al espejo, y extraños espejos de circo que se enroscaban frente a frente (como los que están sobre las escaleras de caracol de los boliches, pero un día de semana), y espejos que se cruzaban en la noche, y la galería de los espejos, y el espejo del botiquín del baño y el de una estación de servicio, y el de la cartera de ella y los espejos rotos, desmenuzados sobre el suelo, del negocio de la esquina después del choque.
Entonces la mano fría de ella le acarició el pecho como pidiendo perdón, y fue bajando (siempre sin entibiarse), y le fue nevando sobre el pene y cercándolo como una pinza de cellisca, trabajándolo como si fuera algún pedazo de cable al que debía quitarle el aislante, o quizás algún absurdo animal de granja que quisiera acariciar. Esta vez ella (toda) se colocó encima de él para aguardar el amanecer.
Y él eyaculó otra vez. Después le agarró a ella las rodillas y se las apretó fuerte, y ella sonrió con los ojos cerrados (el resplandor del sol en el espejo de la cabecera le daba en la cara) y se distendió. Él pudo sentir cómo se adentraba más en ella mientras retrocedía (como un barco explorando alguna vacía oscuridad, como un rompehielos, sí, un rompehielos) y comprendió que ella comenzaba a entibiarse. Era un alivio. Ahora ella se dejaría caer a su lado y lo liberaría, y él podría incorporarse y asomar sus pulmones hambrientos al aire de la mañana, quizás a ella misma, que lo esperaba como alguna foca bondadosa que atisbara entre el hielo con su hociquito húmedo. Desayunarían. Ah, sí, podían dar ese paso.
Según todos los indicios, se avecinaba una relación larga.

Anuncios

4 pensamientos en “Este asunto de las relaciones humanas… Lisura en sade

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s