Hamburguesas de Alberto con ensalada de zanahoria

   Dado que la dieta debe continuar, despiadada e impertérrita, para el almuerzo de hoy te deleitarás con unas deliciosas hamburguesas con una refrescante ensalada de zanahorias. Digo de zanahorias, porque por una convención tácitamente establecida, se considera lo estándar para una dieta. Vos sabrás; si hace mucho que no dialogás con la naturaleza mejor hacé un poquito de acelga al vapor y la condimentás con jugo de limón, sal y una cucharada de aceite. Y si no te gusta la acelga aguantate y no mariconeés; estás a dieta; el noventa por ciento de lo que comés no es lo que quisieras.

   Para hacer las hamburguesas, te vas hasta lo de Alberto, oscuramente inquieto, y una vez más, atisbando el pétreo semblante por debajo de las cejas negras y grises, de búho, le solicitás, en voz baja, medio kilo de su excelente pulpa picada sanguinolenta. La que vende él, obviamente, no un pedazo de su pellejo; ¿pensabas que se va a agarrar una pierna y va a poner una lonja en la picadora de carne, solamente porque está en el título? No seas bruto. Andá de Alberto y no al Super porque ya sabés lo que pasa con la carne del Super, que siempre te hace acordar de la verdadera historia de Sweeney Todd por lo grasoso y el aroma a jabón en polvo. Alberto te hace pensar que vos vas a terminar como uno de los clientes de Sweeney Todd, pero tiene la mejor pulpa picada que has visto, sin nada de grasa y muy apropiada para una dieta. También pedile a Alberto media docena de sus excelentes huevos. No le vayas a decir “dame un paquete de tus huevos”, por ejemplo.   En casa, vas a poner la carne picada en la ensaladera transparente con dos de los huevos de Alberto debidamente separados de su cáscara, partidos en una superficie aparte y no en el borde de la ensaladera, porque es de plástico, sobre todo. Vas a añadir dos cucharaditas de té de sal fina, una cucharada de cualquier especia que tengas en la cocina y, de ser posible, dos o tres dientes de ajo bien picaditos, que le da un gusto riquísimo, y a mí también me gusta ponerle media cebolla y bastante perejil, pero vos sabrás. Al no estar directamente relacionado el tema con el asunto de la dieta, hacé lo que vos quieras; yo me lavo las manos. También vos lavate las manos después de mezclar muy cuidadosamente todos los ingredientes anteriormente mencionados. Si no, es una chanchada lo que vas a hacer en la cocina. Agarrá una fuente grande y plana, untate las manos con un poquito de aceite y andá haciendo las hamburguesas y las vas poniendo ahí. Primero una pequeña albóndiga, luego la aplanás entre las manos; luego otra pequeña albóndiga, la aplanás entre las manos…

   Pensás en que, por diversas cuestiones relacionadas con el blog, hace mucho que no ves uno de los capítulos viejos de Dexter. También pensás en el Dr. Hannibal Lecter; ¿qué pensarán ambos de tus humildes hamburguesas? Dexter las aprobaría; es un muchacho atlético. El Dr. Lecter, sin duda, debe tener recetas mejores. ¿Cómo le pedirían ambos su pulpa picada a Alberto? Amablemente, seguro, porque ambos son muy cordiales. El Dr. Lecter, además, no dudaría un segundo en venirse desde Estados Unidos por la excelente carne de Alberto. Miraría a Alberto a la cara, no como vos, con aquella mirada calculadora y fría que tiene, y le pediría por favor, por supuesto. Después no sé, porque Alberto es bastante gordo, pero si le llega a contestar mal… Las cosas son más seguras con Dexter; a menos que Alberto tenga una historia oscura que no ha trascendido hasta vos, está a salvo, aunque ese gesto que pone siempre, seguro haría que Dexter lo mirara torcidamente. Ponés dos de las hamburguesas en la plancha y el excelente olor que se desprende te disuade de tus impulsos canibalísticos. Además, estás sola en casa; a menos que te comas a alguna de las vecinas, qué vas a hacer. Y son viejas; no vas a tener paciencia para esperar a que se haga un puchero.

   Mientras se cocinan las hamburguesas hacés la ensalada de zanahoria. Qué, ¿te tengo que decir cómo se ralla una zanahoria? No seas vago. Además, ya me tengo que ir a cocinar mis hamburguesas. Tengo hambre y estoy sola en el edificio.

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