Venus

   Venus es la estrella más brillante del firmamento; de la tarde y de la mañana. Al igual que en el caso de Mercurio, los griegos dieron dos nombres diferentes a este planeta: como estrella de la mañana Phospherus, y como estrella de la tarde Hesperus. La órbita de Venus es casi circular y su período de revolución alrededor del Sol es de 224,7 días, siendo el de rotación de 243 días. La rotación es retrógrada; quiere decir que en un sistema de coordenadas centrado en el Sol, Venus se mueve al revés que los demás planetas.

   Los restantes datos astronómicos son muy parecidos a los de la Tierra. De acuerdo con ellos, el Sol sale por el Oeste y se pone por el Este, aunque un día de Venus dura casi todo un año. Desde hace más de 300 años se observa en la cara no iluminada del planeta un débil resplandor variable, denominado “luz cenicienta”, cuya naturaleza debe ser similar a la de la aurora boreal pues su aparición coincide con tempestades magnéticas en la Tierra, lo cual indica una causa solar común. Venus está siempre cubierto de nubes y eso ha impedido durante mucho tiempo conocer de cerca otras características.

   Cuando las sondas llegaron, se descubrió que la superficie es ligeramente ondulada en algunas zonas y en otras hay cadenas montañosas de 11 km. de altura (naciendo por debajo de la superficie media). La corteza de Venus es fuerte e impide cualquier tectónica de placas. Tiene muchos cráteres, y algunos de ellos miden más de 75 km; hay poca variedad de cosas en Venus, pero todas son muy grandes. Se registran indicios de actividad volcánica, como estructuras basálticas y un agujero que se supone es un cráter y que mide como 1.000 m de profundidad. Volcanes en actividad no, por suerte no quedan, o probablemente no habría ningún planeta.

Los venusinos son criaturas fofas, grandes y desgarbadas, como las arañas patonas, a las que se parecerían mucho de no ser por su color glicina. Su rasgo más notable es su gran bondad, que con lo desmañados que son les rompe el corazón con frecuencia; la frase más oída en labios de un venusino (tienen un lenguaje hermoso y florido, todo lleno de metáforas) es: “Oia, te pisé, perdoname, perdoname, te hice mal” y le sigue un llanto incontenible que dura hasta que se olvidan, lo cual es pronto porque tienen mala memoria y también resulta útil, porque son tan atolondrados que nunca dejan de llorar sin empujar, pisar o pinchar a alguien más por el camino.

   Esto se ve facilitado por el hecho de que la superficie de Venus se encuentra prácticamente atestada de venusinos, que problemas de alimentación no tienen porque han hallado la forma de vivir del aire, y no obstante su timidez tampoco los afectan problemas de reproducción, pues son hermafroditas como los mercurianos. También se asemejan a ellos en que como son tan distraídos no contemplan la época del año más adecuada para poner los huevos, diferenciándose los venusinos en que tampoco tienen idea de lo que puede ser un nido o de resguardar siquiera la puesta, y ni hablar del clima y (otra vez) menos mal que no hay volcanes, o los venusinos serían muy capaces de dejar los huevos directo en la chimenea central. Así como están las cosas, ponen huevos a toda hora y en todo lugar y, si bien el único crimen entre los venusinos es el infanticidio no premeditado a fuerza de pisotones, son tantos que no se explica cómo han podido esconderse de las sondas. Además miden metros de ancho y de alto, y en ocasiones la única forma de desplazarse es plegando las patas y pasando unos sobre otros. Hasta en la cara oscura.

    A los venusinos les gusta ir a la cara oscura de vacaciones o cuando quieren tomar un poco de fresco; bueno en realidad es eso porque no sé qué van a hacer en las vacaciones los venusinos, si no trabajan. Además cómo limitar el período ¿no?, si en Venus hasta los días son una cuestión técnica porque nadie se entera de cuando el planeta ha completado un giro sobre sí mismo; la luz del sol está de un lado y las tinieblas del otro sin que lleguen a mezclarse jamás, y el año se compone de un día y fracción, algo de lo cual los venusinos no se dan por aludidos, fundamentalmente porque esa clase de cosas no les sirve para nada y no les interesa. Los venusinos van a la cara oscura cuando se aburren del reflejo del sol y cuando quieren dormir, y cuando se cansan vuelven o si no se quedan para ver las nubes o tratar de sorprender un aerolito o una estrella; los venusinos pasan mucho tiempo haciendo eso, aunque tales acontecimientos son muy raros.

   Por suerte para ellos, tienen tiempo y como ya dije poca memoria, lo que les da una paciencia terrible y persistente, que si los venusinos fueran otros ya los habría llevado a la extinción. Como están las cosas, ellos se limitan a reposar eternidades cubriendo kilómetros y kilómetros cuadrados completamente quietos, y por lo menos se pisan poco. En la cara luminosa los que se sientan a esperar ver el sol tienen más problemas, porque apenas divisan a un congénere quieren correr para preguntarle cómo está y ayudarle a acomodar esa puesta de huevos que se le está desmoronando, o algo por el estilo, y se distraen. En la cara oscura no; los venusinos sólo se dedican a ver las nubes empujándose y desgarrándose y a veces, por un milagroso segundo, desapareciendo en el aire para mostrar (dicen los que lo han visto) una cosa lisa y que no se mueve de color negro (en el otro lado es naranja; creería que es Mercurio) . Si hay suerte, también se puede ver una estrella, pero lo que se aprecia más frecuentemente son unos rayos muy lindos y que hacen espectáculos maravillosos cuando se desatan sin control entre las nubes, aunque después de un tiempo los rayos son aburridos. Ver el sembradío de patas de venusinos, apuntando quedamente al cielo mientras los brillantes ojitos se mueven de izquierda a derecha siguiendo los rayos, resulta más interesante, pero ellos no se dan ni cuenta y otean todo el tiempo las nubes pensando en quién sabe qué cosas, tan abstraídos que capaz que súbitamente aparece una estrella y no lo notan.

   Asistir a la llegada de las sondas habrá sido todo un evento para ellos. Para empezar, son muy feas y no se las esperaban. Para terminar, los venusinos son muy apocados cuando conocen gente nueva y les habrá dado terror tener que iniciar una conversación. Se hicieron humo lo más rápido que pudieron, esperando sin duda que uno de los que quedaban atrás fuera a ofrecer los dones de la hospitalidad. Por fortuna, los macizos montañosos de Venus además de ser altísimos tienen la extensión de algunos de nuestros países de acá, Estados Unidos y Australia por ejemplo, y no hubo problemas para ocultarse y ver desde lejos qué hacían esas criaturas tan extrañas. En realidad, puede suponerse que los venusinos no miraron nada sino que buscaron el fondo de las cuevas en las montañas, y ahí se quedaron. Hasta que los recién nacidos salieron de los huevos y terminaron por derribar las sondas, y luego de un par de generaciones alguno llegó por accidente a las montañas, y entonces le preguntaron y dijo: “¿qué? ¿qué?”.

   Y entonces todos fueron y reconquistaron el planeta.

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