El planeta X’

images   El planeta X ’ resultó ser lo que se dice un chiste de muy mal gusto, aunque de ninguna manera se suponía que fuera un chiste. En realidad fue diseñado por encargo y cuidadosamente planificado, y cosas como el suministro de agua y la dirección de los vientos y el clima estaban dispuestos en ordenados planos y hologramas. Ahora, no sé qué habrá salido mal pero a los ingenieros les quedó tan pero tan feo, que cuando fue la primera nave de exploración a ver qué había sido del planeta los navegantes dieron media vuelta en el acto y se volvieron por donde habían venido. Prefirieron decir que había sucedido un terrible accidente, y que algún cometa de un ciclo ridículamente largo cuya presencia no fue prevista se la había puesto contra el planeta, y lo había mandado directamente al mismísimo carajo, adonde estaría formando ya un bonito cinturón de asteroides. Los ingenieros les miraron la cara a los navegantes, se miraron entre ellos y después no se supo más nada. Hubo muchos rumores acerca de una nave que había partido clandestinamente a una lejana galaxia pero eso fue todo. No sé si los ingenieros les creyeron a los navegantes o qué pensaron.

   El planeta X ’ fue nombrado así por los diseñadores aludiendo al primitivo planeta X, en donde residía una pobre especie antropomórfica cuya estrella estaba en la última fase de la contracción al estado de enana blanca, acabada ya su etapa de nova. En un principio, el planeta X, que sustentaba la biología de tal especie, había estado compuesto de agua en un setenta u ochenta por ciento, constaba de dos grandes continentes y una miríada de islas que los unían, y tenía una atmósfera en la cual preponderaba el oxígeno. En el planeta existían depredadores, pero su tamaño no excedía el de uno de nuestros perros pequeños (bien pequeños) y no se encontraban pájaros ni insectos que generaran toxinas; la vegetación era frondosa y comestible en un imagesochenta por ciento.

   Según este planeta, el derivado y reconocido como X ’ se ubicó en una órbita cercana a una estrella de tipo G2, como el sol pero más joven, así que a la especie cliente les iba a durar unos cuantos miles de años sin demasiado perjuicio cutáneo, a menos que cagaran la capa de ozono. Esta estrella también les garantizaba combustible por largo tiempo, lo cual era bueno dado que el planeta no había sido generado espontáneamente, y por lo tanto no tenía desechos animales como el petróleo (ni gente que se esforzara en apretar el planeta como un grano, para poder lucrar hasta que se cayera todo el pelo de los mandriles y el culo se les pusiera amarillo). El planeta X’ además dispondría, según los planes, de una riqueza mineral moderada porque a la especie cliente le gustaba más cultivar la tierra, y el manto era oscuro, grueso, generoso, y dada la cantidad de agua y su disponibilidad, resultaría notablemente húmedo. Pero resultó que el planeta X ’ no tenía nada de todo eso.

 images  El planeta X ’ era de color púrpura. La especie que lo había encargado tenía un metabolismo que requería poder acudir al suelo para digerir cosas como el cromo y el yodo, y de alguna manera los ingenieros se las arreglaron para sintetizar por accidente un mineral que, además de su peculiar coloración, producía unos vapores de lo más extraños, lo cual hacía que la atmósfera tuviera, en lugar del porcentaje adecuado de oxígeno, algo así como un noventa por ciento de azufre. Además, estaba matizada por unas lindas burbujitas anaranjadas, rellenas de un gas que los navegantes a cargo del espectrógrafo no se molestaron demasiado en analizar, sobre todo cuando descubrieron que, de alguna ignota manera las burbujitas parecían estar vivas, fisionándose todo el tiempo y lanzándose cada vez que podían sobre cualquier objeto que llegaran a alcanzar, para pulverizarlo con fanatismo, y desaparecerlo de la manera más expeditiva en el interior de sus gaseosas acaso-personas.

   El planeta X ’ pulsaba espasmódicamente, alzando gigantescas montañas en donde momentos antes había habido mares con fosas abisales que, un poco más, y llegaban al huso horario exactamente opuesto. Acercándose al planeta, los navegantes pensaron que aquello todavía era una plasta de magma que eyectaba al espacio llamas de extraña constitución, hasta que, más de cerca, se encontraron a punto de ser impactados por una turbulenta cima compuesta por cantos rodados de color violeta, que procedió a desaparecer inmediatamente. Eso los obligó a mandarse a mudar a un lugar situado a distancia prudente, donde pudieran observar con más tranquilidad de qué la iba aquello.

   Pasaba algo similar con los cursos de agua que se suponía poseía el planeta. Un minuto partían en dos una montaña cavando a pura furia hidráulica, y al siguiente brotaban como una escupida justo contra los cristales de la nave, eyectándose desde un pico repentino tan elevado, que un par de veces el planeta estuvo a punto de hacerse con un par de lunas (o más, si se cuenta la nave hecha polvo). Además, los cursos de agua ni tenían agua, hablando con propiedad; los navegantes pudieron comprobarlo en carne propia, porque a la primera salpicadura de aquello se quedaron sin presión en la nave. De haber reaccionado sólo un minuto más tarde, la gravedad artificial y la atmósfera presurizada se habrían ido a la mierda y el planeta habría terminado poseyendo, no una luna, sino un extraño anillo hecho de barrocas piezas de metal retorcido, además de patéticos montoncitos de rosada y congelada carne de piloto. Lo lamentable es que esos ríos y mares tenían un precioso color verde azulado que se habría encontrado subyugante en otras circunstancias, por ejemplo en las Islas Caimán de la Tierra. Sin embargo, nada en aquel líquido haría que se lo considerara agradable, y no se trataba sólo del asunto del Ph.

   El planeta X ’ estaba habitado y ésta era una de las razones de la animosidad mencionada. Al retirarse los agredidos cristales de la nave luego del repentino baño, los pilotos tuvieron oportunidad de constatar cierto hecho curioso que por supuesto tenía que ver con el diseño original del planeta. Sucedió cuando, mientras se encontraban reflexionando sobre la composición química del ofensivo líquido, advirtieron de golpe que la nave estaba cubierta con una miríada de algo que parecían milpiés de color azul Francia con patitas rosadas, los cuales se movían a una velocidad enorme y mordían todavía más rápido. Los pilotos se alejaron de la zona con tanta rapidez que nadie se acordó de avisarles a los tripulantes que reparaban la nave, y ellos se quedaron sorprendidos con los destornilladores en el aire mientras se estrellaban (en pleno banquete) contra una gigantesca mastaba de reciente aparicióimagesn. Eso pasaba con el agua del planeta   X ’.

   Revisando bien, los tripulantes se dieron cuenta de que los gusanitos estaban en todas partes y cuando podían se alimentaban de las burbujitas anaranjadas que todo lo demolían, y cuando no podían, las burbujitas anaranjadas se alimentaban de ellos, y si se daba la oportunidad, ambos (juntos o por separado o el que terminara primero) podían encargarse de deshabitar el planeta de pilotos. Los tripulantes supusieron que aquello se debería a las órdenes de la especie cliente, la cual había dejado claro que en su planeta de origen (que se estaba enfriando a una aterradora velocidad) existía una gran riqueza de fauna marina, con la cual ellos gustaban de jugar y que constituía una parte muy importante de su dieta. Los tripulantes también supusieron que algo había andado horriblemente mal en el momento que los ingenieros les pasaron los planos a los genetistas. Luego el planeta X ’ desapareció de las cartas de navegación del Espacio Conocido y fue olvidado definitivamente.

   Restaba el problema de qué hacer con la especie para la cual se diseñara el planeta. Los casquetes polares de su planeta de residencia se expandían y la escasa agua se congelaba irremediablemente; la atmósfera se llenaba de agujas de hielo y se enrarecía por la falta de vegetación que reciclara el dióxido de carbono, y los pocos desechos industriales que los habitantes se arriesgaban a producir. Pero mientras se terminaban de desentrañar los desastres del planeta X ‘, no fue posible pergeñar ningún otro planeta de reemplazo. Aquello se llevaba su tiempo y su dinero, como explicaron los ingenieros que aceptaron retomar el proyecto para ver qué podían rescatar.

   La especie agonizante pasó eternidades en el planeta de origen esperando que su nueva biosfera fuera concluida, hasta que llegó un momento en el que su supervivencia fue amenazada de manera tan crítica, que no les quedó más remedio que irse. Estaban desnutridos y solos y tenían frío; luego de cientos de años sin ver una estrella de cerca se habían vuelto albinos. Hambrientos, se ponían hoscos e irascibles y ya ninguna nave extranjera aterrizaba en el planeta porque se habían denunciado incidentes de piratería, y aún desaparecían habitantes del propio planeta que cultivaban relaciones con otros mundos. Un buen día, un grupo juntó todas las reservas de coimagesmbustible que pudo reunir, fletó una nave y se fue derechito para el planeta W, adonde vivían unos afortunados primos lejanos.

   Con el transcurrir de las generaciones y las diferencias en los índices de radiación que recibían ambas especies, el material genético intercambiado de manera más o menos endogámica y las manipulaciones a las que se habían sometido unos y otros para evitar diferentes enfermedades, los grupos de seres vivientes de los dos planetas eran sutilmente distintos. Para no hablar de las experiencias culturales. Digamos que a la especie X le tomó menos de cinco años de los nuestros fagocitarse íntegramente a la especie W hasta la médula de los huesos, y que después la siguieron con los cultivos, los depredadores no mayores que un perro pequeño y también los menores, los pájaros e insectos que no producían toxinas y si las hubieran producido nada los hubiera desviado, de cualquier manera, de su camino, luego de lo cual la especie X recordó difusamente sus necesidades digestivas relacionadas con la mineralogía del suelo que los sustentaba, y empezaron a abrir grandes túneles a mordiscón limpio.

   A continuación, se las arreglaron para cubrir al planeta de tanto cristal radiactivo que tuvo que ser retirado de las cartas de navegación del Espacio Conocido, porque brillaba de tal forma que las naves lo confundían con una cercana estrella y ajustaban sus registros de pautas gravitacionales, y entonces, de manera bastante lógica, se confundían y terminaban escrachándose contra algo por ahí. Sin embargo la especie X sobrevivió, porque realizando uno de sus últimos actos como grupo genético, juntó otra vez todas las reservas de combustible que alcanzó a reunir, y fletó una nave tripulada (por los que alcanzaron a subirse). En lo sucesivo y dado que no había ya para ellos ningún lugar en el cosmos donde pudieran vivir, se dedicarían a la piratería y se quedarían en la nave, que por lo menos era un ambiente controlado.

   Lástima que, ignorantes de algunas rudas verdades del Espacio Exterior, enfilaron derechito para el planeta X ’, adonde demoraron menos de treinta segundos de los nuestros en descubrir que esas largas llamas de color púrpura no debían su color a un defecto en los sensores de la nave, ni que no eran verdaderamente llamas. Pero a diferencia de los exploradores enviados por el Departamento de Diseños, ellos difícilmente hubieran podido contarle a alguien, no sólo porque eran piratas y su agenda social habíase recortado significativamente, sino porque su nave quedó envolviendo todo el planeta como el papelito de un chocolatín, viniendo a ser ellos los pedacitos del chocolatín.

   En cuanto a la gente del Departamento de Diseños, se habían enterado de todo lo sucedido en los planetas X y W por los Boletines de la Comisión Evaluadora y enviaron exploradores otra vez para vigilar a la estrambótica especie, a la que era mejor tener ubicada por si se acercaban demasiado. Después, aliviados por la desaparición del inminente peligro, los ingenieros pensaron que después de todo el planeta X ’ podía tener un uso. Una especie les estaba pidiendo alguna variedad faunística que fuera capaz de vivir en ambientes adversos y que fuera saludablemente carnívora, y a la que ellos pudieran manipular para hacer que libren de su perversidad cierto planeta que les interesaba, así lo podían colonizar. Entonces, los ingenieros mandaron al planeta X ’ a los exploradores y les dijeron que buscaran unos cuantos de los gusanitos azules aquellos, y luego trabajaron arduamente sobre los mismos para que fueran y heredaran la tierra pretendida. Así fue. Los gusanitos todavía están allá donde los llevaron.

   Ni hablar de que la especie que había encargado el diseño colonizara el planeta, que los ingenieros hicieron tan buen trabajo que ahora los gusanitos medían como veinticuatro metros, se habían vuelto mucho más iracundos y echaron unos pelos tan venenosos que a veces se mataban ellos mismos durante sus frecuentes peleas. Se lo comían todo y tenían unas fauces tan pero tan grandes, que cuando se enfurecían a falta de otra cosa solían ponerse a masticar enormes piedras, y estaban llenando todo el lugar de arena. Dado el caso, se pensó en repatriar a estos gusanitos al planeta X ‘, pero no se pudo. Los ingenieros responsables del proyecto se montaron una noche en una pequeña nave y desaparecieron para siempre del Espacio Conocido, previa incineración de todos sus papeles, por lo que la ubicación del planeta X ’ es ahora un verdadero enigma.

   De todas formas nadie quiere ir para allá; ni los gusanitos hubieran querido, estoy segura. Igual al nuevo planeta de los gusanitos también lo sacaron de las rutas de navegación, así que no sé cómo iban a hacer si hubieran estado de acuerdo.

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2 pensamientos en “El planeta X’

  1. Dr. Zaius

    Ya que le interesa la ingeniería espacial y planetaria, donna Nadie, si no la vio, le recomiendo “Guía del autoestopista galáctico” con Sam Rockwell y gran elenco.

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