Un día, todos los archivos del Departamento de Diseños Internacionales se quemaron

Una nueva especulación sobre el Espacio Profundo y sus intríngulis…

planet-1039925__180   Sucedió que, no obstante cualquier medida de seguridad, y para horror de quienes confeccionaron los Estatutos para la Salvaguarda de la Identidad Biológica, todos los expedientes que tenían relación con el tema fueron destruidos, al producirse un incendio por la explosión de una supernova cerca del planeta donde se asentaba el Departamento de Diseños Internacionales.

   Alguien calculó mal los tiempos, y la estrella que orbitaba el planeta del Departamento de Diseños voló inesperadamente, agarrando a los ingenieros en medio de la mudanza. El viento solar fue tan corrosivo y violento que barrió hasta lo poco que quedaba de las cenizas plásticas cuando los extintores terminaron, cien años luz más lejos; igual, como si fuera posible encontrarlas y reconstituir las memorias de los ordenadores destruidos.

   Ciento veintisiete mil especies inteligentes quedaron totalmente a la deriva, junto con doscientas veinticuatro mil significativas económicamente y cuatrocientas diecinueve mil Especies Comodín con genomas al tono, las cuales aguardaban la conformación de otros tantos planetas. En el futuro, especies que estaban justo entre estas clases padecieron un clima de laissez-faire y sálvese quien pueda y a joder que se acaba el mundo, que tuvo como resultado una aplicación de las leyes no menos relajada, y lo que sucedió con la moral y las buenas costumbres no es moral ni bueno relatarlo.

   Pasaron cosas como la que ahora te voy a contar.

jellyfish-1249509__180   Había entre los pueblos que habitaban la Comunidad del Universo Conocido uno en particular que siempre había gozado de muy mala fama, pues trabajaban de piratas. Sólo eran grandes medusas que funcionaban de manera similar a los globos aerostáticos pero sin tener su propia fuente de calor, y volaban igual que los buitres, es decir aprovechando las corrientes de aire caliente que los hacía levantarse del suelo y los inflaba proyectándolos hacia el cielo.

Su planeta era abrasador de una manera increíble (acaso fueran parientes lejanos de los mercurianos), y habían pasado mucho tiempo intentando hallar la manera de mudarse para siempre, ya que después de unos veinte millones de años de lenta evolución, su sol ya estaba maduro para convertirse en nova, y no tardaría en comerse la órbita que esta especie transitaba. La atmósfera de este planeta se había enrarecido tanto que se puso insoportable hasta para los nativos, que llevaban toda una vida solar matándoles el punto a los cactus de cualquier clase.

   Llegó un momento en el que estas medusas voladoras comenzaron a secarse sobre las rocas blancas, desgarrándose sus cuerpos en el pobre aire y cubriendo literalmente toda la superficie del planeta con una especie de lúgubre caspa. Recurrieron entonces al Departamento de Diseños tratando de salvar su mundo y los pocos individuos que permanecían allí, pero entonces se enteraron de que habían recibido un veto permanente de la Comisión Evaluadora de Derechos Interespecie para solicitar cualquier operación regenerativa que involucrara la intervención del Departamento. Si esta empresa realizaba cualquier proceso de manipulación genética, geológica o astrofísica a favor de las medusas voladoras, sería inhabilitada ad infinitu para volver a abrir sus puertas en cualquier sitio del Universo Conocido, como no fuera bajo la supervisión de un Consejo Legal en Sesión Permanente nombrado por la Comisión Evaluadora. Deberían ceder a la Comisión todas sus patentes y los ingenieros de la propia Comisión se harían cargo de la Dirección para siempre, o hasta que otra empresa se presentase y demostrara capacidad de manejar las operaciones, y un buen proyecto comercial.

   Las medusas voladoras eran directamente responsables de la desaparición física y mental de no menos de doscientas mil especies, racionales y no racionales. Su planeta era tan pobre en todo tipo de recursos que la única manera que esta especie había encontrado de sobrevivir era aprovecharse de los medios de otras. Su única fortuna eran un cerebro extraordinariamente desarrollado que quién sabe cómo pudieron conseguir, y cuerpos capaces de existir prácticamente con nada. Fue lo que les permitió elucubrar un millón de formas de hacer que naves espaciales se acercaran hasta ellos, y luego las secuestraron, desvalijaron y desaparecieron, aprovechando sus contactos para atraer otras naves, cargueras o de turismo, las cuales también copiaron, desvalijaron y desaparecieron, aprovechando sus contactos para atraer más naves, cargueras y de turismo.

   Unas pocas veces consiguieron descifrar las computadoras y tuvieron acceso a ciertos documentos y análisis espectrográficos ultrasecretos, y encontraron que los planetas de origen de aquellas naves tenían condiciones físicas apropiadas para sus organismos. Y emigraron. Y se esparcieron por el Universo Conocido como un reguero de pólvora, o como cosas más nuevas e infinitamente más nocivas, pero no tanto como las medusas voladoras.

   Se reproducían por partenogénesis y vivían aproximadamente lo mismo que una mosca. La dura quitina que protegía sus cerebros de la desecación, en un planeta que era agua en un 0,0000000045353452 %, era capaz de rechazar muchas cosas que los habitantes nativos de otros planetas podían querer tirarles. Las membranas que los sostenían en el aire eran casi transparentes y estos seres vivían de cualquier tipo de gas que la atmósfera pudiera contener, acomodándose en escondidos rincones de las ciudades y haciendo imposible el detectarlos.

   Invadían de noche las centrales eléctricas y las de comunicaciones y las saboteaban; arruinaban los cultivos y hacían caer los sistemas de computación que sostenían las minas y los buques que recolectaban cosas como Krill y oro y plata, y minaban psicológicamente a la especie dominante de tal manera que no demoraban mucho tiempo en quedarse con los gobiernos, y si la especie tenía medios para mudarse, con el planeta. En casos de especies que no se habían resignado, concluyeron por quedarse con su tutela. Las denuncias llovían sobre la Comisión Evaluadora de Derechos Interespecie, pero cada vez que se intentó una acción legal contra las medusas, los abogados encontraron que todo había sido inducido, y todo había sido manipulado, y sistemáticamente cada especie había sido obligada a arruinar sus posibilidades de salvación por su propia fatigada voluntad, y encima tenían que agradecerles a los invasores la tutela, que demostraba interés en asegurar la Eugenesia y la Supervivencia Multiespecie, y lo poco que quedaba por suponer, era imposible probarlo.

   Con todo, demostrada su evidente prosperidad la Comisión Evaluadora de Derechos Interespecie podía suspender los intentos de los fúnebres organismos de adaptarse genéticamente a nuevas condiciones de vida, lo cual les permitiría desacelerar sus metabolismos, arreglar una o dos cositas que sencillamente les permitirían hacer su santa voluntad a todo lo ancho y largo del Cosmos, y arremeter de manera tal, que ni siquiera quedaran en pie los planetas fríos o los líquidos. La Comisión Evaluadora pensaba aprovechar más de medio millón de mensajes electrónicos documentados que había recibido, todos los cuales exigían investigaciones acerca de lo sucedido en aquellos planetas que habían tenido tanta mala fortuna. Cada miembro de la Comisión juró sobre una pila de libros sagrados de todas las religiones que pudieron encontrar, que cerrarían las investigaciones en contra de las medusas el primer aniversario del Big Crunch. Entonces estalló la supernova, y todos los archivos del Departamento de Diseños se quemaron.

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   Las medusas voladoras presentaron inmediatamente algo como un recurso de habeas corpus. Debido a algunas peculiaridades genéticas que las caracterizaban, decían constituir el producto de uno de los proyectos del Departamento. Más claramente, se presentaban como el resultado de la creación de un Organismo Comodín: los que estaban destinados a permanecer en reserva, hasta el momento en que una especie solicitara colonizar un planeta sin contar con una especie existente a la que poder enviar, o contratar. Según las medusas, esta manipulación les daba derecho a exigir compensación por parte del Departamento de Diseños por los años que pasaron como colonizadores, hasta que la evolución natural los llevó a constituirse en especie racional. Querían cobrar la indemnización en especies. De manera literal y en sus propias personas.

   Ahora bien, los Organismos Comodín, dada su naturaleza, eran mantenidos en estado de embrión hasta su solicitud, así que las medusas voladoras debían probar que una especie las había encargado, a ver de dónde habían salido. Como era todo puro cuento, obviamente no encontraron a la especie dominante que buscaban, así que demandaron también a la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie por negligencia al registrar sus datos.

   Insistían en que de algunas especies no se podía saber nada porque no había registros de lo sucedido con ellas, lo cual era responsabilidad directa de la Comisión. Sólo se conocía que había especies extinguidas debido a algunos desastres y accidentes funestos, de siniestro y jamás esclarecido origen (entre estas especies se contaban incluso algunas que las medusas mismas habían expropiado, así que sabían bien de qué hablaban). La Comisión debió haber investigado apropiadamente sus problemas cuando tales especies le solicitaron ayuda, como seguramente hicieron, decían las medusas. Se trataba de seres poderosos que habían encargado al Departamento de Diseños no uno sino varios planetas y especies, como todo el Universo Conocido sabía. Y para colmo, ahora no se podían conocer ni siquiera todos los proyectos del Departamento, por el incendio.

   Como una de esas especies podía ser la que hubiera encargado la generación de las medusas, todo esto les impedía a ellas encontrar su identidad, lo cual, según sostenían, las perjudicaba grandemente y las hacía sentirse agraviadas, pues habían llegado a un punto de su evolución en el que se les hacía moralmente imperativo conocer su historia. Lo que reclamaban, era esta identidad, y en consecuencia y ya que estaban pasando el rato, los planetas y bienes que pudieran estar relacionados con ella. Y los variados litigios que iniciaron comprometían tantas áreas diferentes de las Leyes Internacionales para la Aplicación de la Biotecnología, que las medusas voladoras apenas tuvieron dificultad en ganar los dos pleitos. O todos los pleitos; no sé ya cuántos eran. Nadie lo sabía.

   El número de abogados de las medusas era algo sinceramente asqueroso; para pagarlos sangraron a todos sus planetas y su ritmo de saqueo, que nunca habían interrumpido, se aceleró. Todas las investigaciones que la Comisión Evaluadora había emprendido en su contra tuvieron que ser entonces movilizadas, dado que, habiendo perdido sus respectivas demandas, la Comisión Evaluadora y el Departamento de Diseños, además de tener que otorgar derechos sobre ciertos planetas como indemnización, deberían permitir a las medusas la adaptación de su patrimonio genético, y no podrían demorar el proceso mucho tiempo.

Con pesar, y urgido por los abogados de las medusas, el Tribunal Supremo del Universo Conocido – Sección 76H se vio forzado a enviar una intimación para que los permisos fueran otorgados. Todo lo que quedaba para detenerlos eran las investigaciones por denuncias de pillaje de la Comisión. No funcionaron. Las medusas nunca serían enjuiciadas por un solo cargo de Crimen Interespecie.

 landscape-1328858__180  Poco después, una nutrida comitiva compuesta por ingenieros genéticos, abogados, personal de guardia, fiscales de distintas especies solicitados para la custodia, y cuatrocientos mil embriones con ADN Medusa, fueron depositados por una nave militar en el nuevo planeta que el Departamento de Diseños Internacionales había establecido como base. Luego de volver a la Plaza de Convenciones Multiespecie, en el Planeta Sede de Mundos Unidos del Universo Conocido, el disco rígido de esta nave sería destruido porque su última carta de navegación era patrimonio del Departamento de Diseños, y constituía información clasificada, según la Comisión Evaluadora de Derechos Interespecie. Por el momento.

   Muy pronto no lo sería. Muy pronto, la misma Comisión publicaría un Boletín urgente con aquel rumbo, indicando enérgicamente que cualquier pueblo que conservara el nuevo planeta del Departamento en sus cartas de navegación, sería sometido ipso facto a un aislamiento total, y a una cuarentena que podía prolongarse indefinidamente.

   Se había declarado allí una horrible peste, la cual se dispersaba tan rápido que el planeta entero se infestó antes de que los ingenieros se dieran cuenta.

   Era una extraña clase de distrofia muscular, inducida por algún virus que escapó al control de los especialistas. Al parecer, todo comenzó en las incubadoras: hasta el día de la fecha se ignora cuántos embriones se perdieron y cuántas especies resultaron perjudicadas. Dada la rapidez con la que el planeta fue puesto en cuarentena, afortunadamente tampoco se sabe si fue éste el único virus que escapó a la otrora estricta seguridad que observaba el Departamento. Otro hecho afortunado, es que las incubadoras eran el centro vital del planeta, pero en toda su superficie sólo cinco ingenieros tenían acceso a ellas. De haber sido más, hubieran demorado en detectar la plaga y el virus se habría tornado más rápido, o lo suficiente para salir del planeta y volverse incontrolable.

  Investigaciones exhaustivas señalaron como causa probable material genético contaminado, en alguna de las cepas que fue introducida recientemente al planeta. El Departamento de Diseños Internacionales entero declaró bajo juramento no conocer tal virus a partir de sus operaciones previas, por lo que todo señaló a las muestras del ADN Medusa, las cuales por desgracia se perdieron con todo el resto, tal como dijimos. Pero los embriones no fueron lo único en perderse.

Parece ser que, no obstante la rapidez en declarar la cuarentena, después de todo el virus sí había salido del planeta. Todos los integrantes de la comitiva que transportaba el ADN Medusa murieron poco después de llegar a sus planetas de origen, casi antes de que se supiera la causa. Al enterarse, los ingenieros del Departamento de Diseños habían comenzado de inmediato a sintetizar una vacuna, pero lamentablemente no pudieron hacerla llegar a los afectados con la suficiente rapidez. Sin embargo, como al saber la noticia todos los planetas colaboraron con el Departamento, poniendo a su disposición naves militares para transportar el antídoto a los afectados, nadie tuvo ninguna duda de que las muertes no se extenderían. Bueno, casi ninguna duda.sea-1283695__180

   Por alguna razón las medusas voladoras no respondían al antídoto. El virus las atacó con furia descontrolada a pesar de él y a continuación las diezmó, y no hubo medio a su alcance que las salvara. El Departamento de Diseños Internacionales no dejaba de mandar fórmulas y más fórmulas que eran revisadas y vueltas a revisar por ingenieros de todas las especialidades, pero ninguna funcionaba. En fin, que nadie podía reprochar nada al Departamento de Diseños.

   Todos los planetas controlados por las medusas, incluso su mundo de origen, sufrieron a la brevedad un horrible colapso financiero. Los que aún contaban con una población nativa sojuzgada, pasaron años en el caos más negro, hasta que los especialistas de Auxilio Económico de la Comisión Evaluadora consiguieron organizar de nuevo su sistema. Los que quedaron vacíos de vida inteligente fueron puestos bajo la tutela de la Comisión Evaluadora, hasta que alguna especie solicitara Residencia. Como es obvio aclarar, cualquier forma de vida emparentada aunque sea de lejos con las medusas voladoras desapareció de manera total del Universo Conocido, y como su memoria fuera tan indeseable, ni siquiera ella prosperó. En consecuencia, apenas se necesitaron unos minutos para que las medusas voladoras fueran borradas del mapa definitivamente, después de aquello, y nunca se las trajera a colación otra vez.

  El Departamento de Diseños y la Comisión Evaluadora conservaron cualquier tipo de bienes o derechos que hubieran debido ceder a aquella desagradable casta. El Departamento de Diseños Internacionales se reorganizó en otro planeta cuya ubicación, como siempre, se mantiene en secreto. En su antiguo planeta, fue abandonada una carga de efectivos antibióticos que durante unos cuantos miles de años no va a dejar crecer, sobre la superficie y aún bajo ella, más que las piedras desnudas.

   Apenas volvieron a estar en un cierto dominio de su situación económica, los del Departamento se dirigieron a la Comisión Evaluadora para solicitar la tutela de los Planetas en Carencia de Dirección Racional, como se los llama en términos legales. Claro que la obtuvieron, nada más que como los planetas en tal situación únicamente pueden ser solicitados por representantes de una especie concreta, no una institución o empresa, la solicitud no la hizo el Departamento, sino uno de los Directores con su propio nombre, su perfil genético y sus cuentas de banco. Aunque nadie se engañaba al respecto. Tampoco se dijo nada; bastante tenían todos con haber zafado de las medusas.

Además, después de lo que pasó con aquellos parásitos, las opiniones estaban bastante divididas. Muchos hablaban del dedo de un dios, pero otros pensaban en cinco ingenieros moviendo dubitativamente las cabezas, y aún no habían conseguido ponerse de acuerdo.

   También con eso tenían bastante todos.

(Imágenes de Pixabay)

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