Retrato de Poroto Gómez

Se lo reprochan al Gran Rulemán; a él le gusta Poroto Gómez…

   Pocas personas saben que la cara que porta el Detective Gómez en la actualidad, no es la que le otorgó la madre que le dio el ser. Cuando el Detective nació, era evidente que se parecía a un Cocker Spaniel de pura raza, y, conforme fue creciendo, la semejanza se fue haciendo tan notoria que su madre amenazó a su padre con el divorcio, con el único objeto de evitar que lo siguiera mandando a buscar el diario. Así que no bien cumplió los veinticinco años y obtuvo el visto bueno de los médicos, el Detective Gómez fue a lo de un cirujano plástico con una foto de Marlon Brando, suplicándole al galeno que por favor se hiciera cargo del asunto lo mejor que supiera. Entonces se pareció más a un bulldog, pero por lo menos no tenía que limpiarse las orejas con una sopapa y se sentía agradecido. Además, las mujeres empezaron a dejar de mirarlo cuando iba por la calle. Fue más o menos en esa época que se enredó con la Rosita.

   La Rosita era una bailarina exótica que el Detective Gómez conoció al empezar a frecuentar diversos aguantaderos clandestinos. De todas era la más exótica, y por eso era la preferida del Detective Gómez; por eso y por enseñarle que no todo lo relacionado con perritos era malo. Y en poco tiempo más, el Detective Gómez fue también el preferido de la Rosita. Eso le trajo problemas bastante serios con el Sebastián, que no se sentía en absoluto impresionado por la nueva facha del Detective, sino más bien molesto por el vínculo desarrollado entre el susodicho y la Rosita; algo vagamente relacionado con perritos.

   El Sebastián era el fiolo de la Rosita. Pasaba que el tiempo que ésta le dedicaba a su nueva relación comercial significaba que el negocio marchaba pero la cartera de clientes se reducía, llevando al Sebastián a alimentar una honda preocupación por su futuro empresario. Transmitida esa inquietud a la Rosita, y observando que ninguna consecuencia se producía (parecía que los perritos no dejaban de pasear), el Sebastián incubó una tremenda paranoia por su venidera prosperidad. Como resultado de todo lo cual, se vio forzado a tomar medidas extremas aunque totalmente convencionales. Cuando terminó con el Detective Gómez éste parecía un San Bernardo, pero de color azul. El cirujano plástico logró reducir un poco el problema del babeado.

   El costo de la operación clamaba venganza, así que un día el Detective Gómez y Rosita La Exótica (decidida por completo a cambiar de rubro, ya que no de cara) se pusieron de acuerdo sobre el tema. Y la noche aciaga en que, de tácita manera, aquella ostentaba sus talentos comerciales por última vez, el Sebastián entonó el canto de la urraca al fondo de un oscuro callejón, junto a otro borracho. El del cisne no porque resultaría demasiado para él, y además en verdad no se murió. El cirujano plástico le hizo un descuento al Detective Gómez bajo la exclusiva responsabilidad de la Rosita, quien declaró que de ninguna manera se mostraría en público con un tipo cuya cara parecía la de un Batata.

   El Detective Gómez y la Rosita huyeron y pasaron una temporada en Río de Janeiro, durante la época del Carnaval; él no pudo retenerla más tiempo. Cuando también el Detective Gómez volvió a Rosario, no era el mismo. En Río había encontrado a un cirujano maravilloso que lo dejó otra vez como Marlon Brando.

   También había encontrado a la Nereida, lo cual le generó unos celos terribles a la Rosita. Por suerte el Sebastián se había muerto un día que se le perforó la úlcera; por desgracia, de puro despecho porque el Detective Gómez no largaba a la Nereida, la Rosita fue y le propuso un arreglo de negocios al Jacinto, y después le propuso otro al cirujano plástico.

   Cuando se vio al espejo el Detective Gómez decidió que todo tiene un límite. Se fue del barrio para siempre, dejando a la Nereida, a la Rosita y al cirujano plástico, y a punto estuvo de viajar a Río de Janeiro para que el otro médico aquel lo pusiera en condiciones de ser bailarina exótica, pero recapacitó a tiempo. Se unió a la policía, donde él suponía que no importaba qué cara tuviera uno mientras pareciera feroz, y la verdad es que todo anduvo bien.

   De vez en cuando alguien lo mandaba a buscar el diario pero el Detective Gómez estaba contento.

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8 pensamientos en “Retrato de Poroto Gómez

  1. El Gran Rulemán

    No me eche la culpa a mi de sus delirios!!! Igual….está bueno el relato…Sería como la precuela que toda saga merece. Poroto Gomez, sigue siendo mi preferido… (Que Gaspar no se ponga celoso…algún día me gustaría ser vampiro…)

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    1. nadieavatar Autor de la entrada

      No sé qué opinará Gaspar… Mejor cierre bien las ventanas de noche. Y qué suerte que le gustó éste, porque tengo otro relato “precueloso” sobre Poroto Gómez. Pero un poco más guarrito.

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