El Loro, el Chancho y el Perro. Y Mads Mikkelsen. Y el Hombre Caniche.

sky-925197__180   Era una noche oscura y tormentosa cuando con el Chancho y el Perro entramos al bodegón. No fue fácil. El Tuerto había dejado los baldes para recoger el agua de las goteras justo detrás de la puerta.

– ¡A ver Manolo! Que por no hacer algo bien no has hecho nada – la voz de la Repanocha venía desde el patio de adentro y la casa era grande, pero ella también, y lo hacía valer.

Lo único que quería era que el Tuerto sacara las cosas porque oyó el ruido cuando abrimos la puerta, pero parecía que la intención era liquidarlo apenas lo alcanzara. El Tuerto lo sabía, pero le tenía miedo.

– Tuerto, que hacés que casi tiro al Loro adentro del balde –reclamó el Chancho mientras empujaba la puerta para pasar. Entonces casi tira al Tuerto de cabeza al balde.

– Joder, Chancho, que ya te lo quito; no seas impaciente, hombre.

   El Tuerto abrió más la puerta apenas terminamos de pasar y fue sacando los cuatro baldes, vaciándolos de a uno en la vereda, sin darse vuelta a mirar. Había dejado de llover y el Tuerto estaba por abrir el bodegón. Si llovía de nuevo y había que poner los baldes de nuevo, el Tuerto estaba frito. Hacía meses que la Repanocha lo amenazaba para que arreglara el techo.

– Hijos, pasad que os tengo lista la ginebra – la Repanocha había sido muy amiga del padre del Chancho y muchos lo cargaban diciéndole a la Repanocha la Chancha Renga.

   A la Repanocha no le decían nada. La Repanocha era muy capaz de agarrar el bastón y acomodarle las hemorroides a cualquiera de un solo empujón.

   Mi propio padre lo sabía, pues había vivido con la Repanocha hasta que yo nací. Luego, ella decidió que en la casa había lugar para un solo Loro, y prefirió quedarse con el que hablaba más, que ella encima era medio sorda. Yo me empecé a quedar con el Chancho y ella no preguntó nada, sobre todo después de que enterrara al Viejo. Solamente, contaba el Tuerto, a veces cuando regaba las hortensias hacía como un puchero y se le caía una lágrima, y enderezaba la crucecita escondida entre los tallos.

– ¿Llegó Mads Mikkelsen? –dijo el Perro.

   El Perro hablaba menos que yo, pero todos temblaban cuando lo hacía. Si el Perro andaba dando vueltas por cualquier sitio, era mala señal, porque era bueno y servicial. Pero por eso mismo, siempre lo llamaban cuando había que arreglar algún quilombo grande. El Perro era como los bomberos. Verlo era a la vez una buena y una mala noticia.

– No hijo, que mandó avisar que si ustedes no muestran el género primero, no se deja ver la cara, que él es muy famoso. Se ve que caga en paquetes con moñitos –dijo la Repanocha, golpeando el suelo con el bastón, acaso preparándose para una colonoscopía no solicitada.

   El Tuerto, que espiaba desde el patio, dejó la bandeja con las copitas de ginebra en la mesa y se hizo humo. El Chancho amagó irse para la mesita pero el Perro lo atajó de un brazo y volvió a dirigirse a la Repanocha.

– Hoy hay luna llena. Si no viene pronto…full-moon-1287602__180

   Después de años de conocerla, por fin vi a la Repanocha ponerse pálida.

– Pues ¿qué quieres que le haga? Si no viene pronto viene después, y se vuelve por donde vino sin…

– Cuidado, Repanocha, que si Nadie se entera yo soy boleta, vos sos boleta, el Tuerto es boleta, y hasta el Loro es boleta. Nadie está vigilando.

   La Repanocha lo dejó terminar y miró la bolsa que cargaba el Perro.

– Vente a tomar la ginebra que el Doctor trajo el salamito de Fighiera que te gusta. Si Mads Mikkelsen no viene en una hora…

– Empieza a caer gente al boliche y me voy, Repanocha, me voy.

– Que no te hagas ideas, joder, que a ver qué puedes hacer, que Mads Mikkelsen también quiere sí o sí su…

   La Repanocha hizo un ademán con la mano, como de espantar una mosca, y se fue para el salami-207255__180fondo, para acomodarse en uno de los sillones junto a la mesa de jardín. El Chancho se sentó en otro con una copita de ginebra, y me dio un sorbito, pero sólo un sorbito.

– Lo único que falta; el Loro en pedo –dijo el Perro, pero nada más. Como ya dije, no era de hablar mucho.

– Hola Doctor Zaïus; hola Doctor Zaïus –dije yo entonces, porque aunque no hablo tanto como el Viejo, no me gusta ser maleducado.

   El Doctor Zaïus vivía en una de las piezas arriba de la casa, junto al bodegón, y nunca supe muy bien si era o no Doctor, pero tenía mala fama. Apareció con ese paso silencioso suyo y ojos de loco, y se sentó despacio en otro de los sillones, sin agarrarse ninguna de las copitas de ginebra. A él le gustaba el licor de melón con agua tónica, pero la Repanocha lo amenazó con echarlo de la pieza si lo veía prepararse ese brebaje en público. Así que después de un rato de mirar arriba de la mesa con sus ojos de loco, el Doctor Zaïus se fue para la cocina y se volvió con una Fanta. Se sentó, destapó la Fanta, le dio dos tragos y miró al Perro a los ojos.

– ¿Está en la bolsa?

– Sí.

– ¿Lo puedo ver?

El Perro miró a la Repanocha.

– Nadie lo recomendó –le dijo ella al Perro, como respondiendo a la muda pregunta.

– ¿Y por eso el quía éste es cosa segura?

– Nadie lo dijo. Nosotros hacemos lo que Nadie dice. Además, sabe cosas. Sabe todo sobre Nadie. Sabe lo del Perro y el padre del Loro.

   El Perro miró al Doctor Zaïus de reojo y después se inclinó para adelante y abrió la bolsa de arpillera para que mirara. El Doctor Zaïus se inclinó también, volcando un poquito de Fanta en el suelo, y se enderezó de golpe cuando el Perro cerró la bolsa de un saque y se echó de nuevo para atrás.

– ¿Mads Mikkelsen no se trae a alguien de su parte, Repanocha?

– Él ya sabe lo que tiene que haber ahí. Y Nadie le dijo que sí, que estaba acá. Y si no está, Mads Mikkelsen no paga.

– A Nadie le interesa.

– Quiere escribir un libro. Mads Mikkelsen va a trabajar en la película.

– Si Nadie lo dice…

   El Doctor Zaïus siguió tomando la Fanta con sus ojos de loco.

– Dame un traguito –le dije.

– No; él no –contestó el Chancho. Igual el Doctor Zaïus no dio señales de querer convidarme con un poquito de Fanta.

   El Perro seguía mirando al Doctor Zaïus con el ceño fruncido. El Chancho temblaba. Ahí podía haber rosca.

– No sé para qué lo precisamos a éste. Nosotros ya hicimos lo que Nadie nos dijo.

– Nadie quiere asegurarse de que no haya chamusquina.

– Nadie nos conoce a nosotros.

– Sí, pero si va a haber libro…

– Fifty fifty, babe -dijo el Doctor Zaïus.

– ¿Éste que dice?

– Qué voy a saber yo, chaval. Él también quiere ver lo de la bolsa. Nadie lo mandó.

– Si Mads Mikkelsen no aparece en media hora, entierro lo de la bolsa al lado del padre del Loro. Aunque Nadie se enoje.

   A la Repanocha se le cayó el bastón al suelo cuando alzó la mano para santiguarse a toda velocidad. El Doctor Zaïus miró al Perro con sus ojos de loco y un bigote anaranjado. Levantó la mano derecha juntando las puntas de los dedos y adelantó el mentón.

– Ella es La Madrina –le dijo al Perro.

   El Perro se levantó de un salto, tirando la bolsa a un costado, y dio una patada hacia atrás. Como el sillón era de hierro sólido, el Perro resbaló, se golpeó la pantorrilla y se dobló en dos del dolor. El Chancho se quiso levantar para ayudarlo, pero como era gordo se cayó sentado de culo otra vez. El Perro levantó la mano, alejándolo con un ademán. Después se volvió a sentar, masajeándose la pantorrilla.

   Entonces alguien golpeó las manos a la entrada del bodegón.

– ¿Se puede? –gritó el desconocido desde la calle.

– Pase –contestó la Repanocha, en un tono alto pero respetuoso. Había reconocido la voz. – ¡Tuerto, a ver si te traes el salamito!

   Mads Mikkelsen atravesó el bodegón, pasó al interior de la casa y entró al patio entre las nubes de humo de espiral, acercándose a la mesa de jardín. Estaba vestido de época.

– Buenas noches Mads Mikkelsen –le dijo el Tuerto con una sonrisa, presentando la tabla de madera con el salame cortado en rodajitas, las aceitunas verdes y los cubitos de queso ensartados en escarbadientes. Mads Mikkelsen lo miró fijamente, pero no contestó. Dirigió los ojos a la bolsa a los pies del Perro, que no se paró para saludar como hubiera sido lo correcto.

– Hola Mads Mikkelsen; hola Mads Mikkelsen –dije yo, encantado de conocer a un actor famoso. Además ya dije que me gusta ser educado.

   Al Perro no le importaba parecer un ordinario porque era muy petiso, además de Castaño Oscuro tirando a Negro Noche, y al lado de Mads Mikkelsen iba a parecer el bastón de la Repanocha, así con ese vestuario que traía el otro. Además, seguro que le dolía la pierna.

   El Perro se agachó, sentado en el sillón, juntó la bolsa y se la enroscó en la mano derecha, como para no soltarla. O como para dársela a Mads Mikkelsen por la cabeza.

– ¿Eso es lo que me robaron anoche de mi habitación del hotel, cuando estaba en la Reunión del Club de Admiradores de Mads Mikkelsen? –dijo Mads Mikkelsen, sin mover ningún músculo de la cara más que la lengua. Bueno, y la boca.

– Depende –dijo el Perro. – ¿Trajo lo que Nadie le dijo?

– Acá está lo que Nadie me pidió –dijo Mads Mikkelsen, levantando en alto un maletín. – ham-181667__180¿Eso es salamito de Fighiera?

   La Repanocha asintió con la cabeza.

– ¡Tuerto! Acércale la bandeja a Mads Mikkelsen –ordenó ella. El Tuerto levantó la tabla y esperó a que Mads Mikkelsen tomara un escarbadientes con queso y lo clavara en una rodaja de salamito. El Tuerto volvió a dejar la tabla sobre la mesa, haciendo que el Chancho perdiera todo interés en la conversación. Mañana le tendríamos que contar todo.

– Nadie tiene su dinero. Ustedes repartan como quieran ¿Me da mi bolsa? Nadie me lo prometió–le dijo Mads Mikkelsen al Perro, masticando con la boca abierta.

– ¿Nadie sabe que venía?

– Nadie me dejó una nota.

– Ella es La Madrina –dijo el Doctor Zaïus rascándose la pera.

– Nosotros tampoco vimos nunca a Nadie –dijo el Perro. Entonces se levantó, llevó la bolsa hasta Mads Mikkelsen y la abrió para dejarlo que mirara adentro.

   Mads Mikkelsen tiró el escarbadientes sobre la mesa, frunció los labios para afuera y los abultó con la lengua, como tratando de sacarse una grasita incrustada entre las paletas. Asintió en silencio dos o tres veces y le dio el maletín al Perro, tomando la bolsa.

– Fifty fifty, babe –dijo el Doctor Zaïus, y después liquidó lo que quedaba de la Fanta.

– Todo en orden –dijo Mads Mikkelsen. Y se fue para la mesa para agarrar otro cubo de queso con una rodajita de salame de Fighiera.

   Entonces ocurrió. Mads Mikkelsen había esperado demasiado. La Luna acababa de aparecer sobre las ramas del limonero. Estaba iluminando al Perro completamente.

   Mads Mikkelsen masticaba mirando el escarbadientes con gran concentración, pero levantó la vista cuando se oyó el primer aullido, y soltó el escarbadientes, con la boca abierta y las cejas levantadas, para mirar al Perro. El salamito voló de la boca al suelo. En pocos segundos, todo el Perro se había cubierto de canutos negros y duros, que poco a poco se iban enrulando y cubriéndolo totalmente. Si podía ser, el Perro también se estaba volviendo más pequeño.

   La Repanocha gritó y se puso de pie. El Doctor Zaïus también gritó y se irguió, y tiró al suelo la botellita de Fanta vacía, que rebotó dos o tres veces en absurdo repiqueteo y después rodó contra la raíz del limonero. El Chancho también gritó, agarró la tabla del salamito y se paró lo más rápido que pudo, poniéndola fuera del alcance del Perro; yo me escapé y me puse a salvo atrás del limonero, entre las ramas de la planta de jazmín. A lo mejor el Perro no me veía. La transformación del Perro fue veloz, pero yo también soy rápido.

– ¡TUERTO!!! –gritó la Repanocha- ¡VE PARA ATRÁS Y JÚNTAME LA ROPA DE LA SOGA, QUE HE TENDIDO LAS SÁBANAS BUENAS!

   Como garuaba cuando veníamos por la calle, el Perro había entrado al bodegón medio mojado.

   El Perro era séptimo hijo varón.long-hair-16746__180

   El Doctor Zaïus se fue para el fondo para ayudar al Tuerto a juntar la ropa antes de que el Perro empezara a correr por todo el bodegón, y le diera por jugar con las sábanas que ondulaban a ras del suelo, todavía húmedas por la lluvia repentina.

   Mads Mikkelsen levantó la bolsa, pues el Perro había empezado a olfatearla y la mordisqueaba, y tomó un cubo de queso de la tabla, que el Chancho todavía sostenía en alto. Se lo tiró al Perro, que empezó a comerlo entusiasmado. Después, el Perro empezó a ladrarle al Chancho, que lo miraba con cara de pocos amigos.

– ¿Y cómo se llama? –dijo Mads Mikkelsen.

– Se llama Andrés Ríos Cuernavaca, pero le decimos Perro.

– ¿Por la pinta de caniche?

– Sí; no le vaya a decir, porque él cree que se transforma en lobo. Pero es muy retacón para lobo, ¿sabe, Mads Mikkelsen? Le dijimos que quedaba más guarro decirle Perro, por la cara. Fue idea del Chancho, que tenía miedo de que se le escapara la risa si le apodábamos Lobo.

– ¿Y es guardián?

– No, vea que es un alma de cántaro, aunque la primera vez que se transformó ha liquidado al padre del Loro, que en paz descanse. ¿Adónde ha ido el Loro? –dijo la Repanocha mirando para todos lados, pero yo, viendo que el Perro todavía le ladraba al Chancho y no se iba a jugar con la ropa, me quedé posado en la rama del jazminero. nature-1284229__180

   Mads Mikkelsen arrastró uno de los sillones de hierro al medio del patio, adonde soplaba mejor la corriente de aire que venía del patio de atrás, se sentó y abrió la bolsa, levantando con cuidado el bulto que había dentro.

– ¿Es pariente? –le preguntó la Repanocha a Mads Mikkelsen, arrimándose ella también uno de los sillones.

– Un amigo muy querido –respondió Mads Mikkelsen, acunando al pequeño extraterrestre en su regazo.

– ¿Seguro no está finado?

– No, qué va; tiene una borrachera madre. Le dije que la cerveza argentina no es como la norteamericana, pero no me dio ni cinco de bolilla.

– ¿Y la cruda le dura de ayer?

– Es menudito, ¿vio? Pero espero que se despierte; no quiero que se pierda la fiesta de disfraces en el Club de Admiradores de Mads Mikkelsen.

– ¿Y Nadie sabe lo que había en la bolsa?

– Nadie lo sabe todo. Le contó al Doctor Zaïus. Él tiene un gran poder de persuasión; el secuestro lo pensó él. Nadie fue influenciada. No se le ocurrió a Nadie. Nadie me admira.

– ¿El Doctor Zaïus? ¿Con esa cara de no romper nunca un plato?

– Es como Kaiser Soze.

– Pero Nadie es La Madrina –dijo la Repanocha, adelantando el mentón y rascándose la pera.

– Sí; ahora Nadie se va a dar cuenta de todo. Y el Doctor Zaïus tiene los días contados.

– ¿Por qué?

Mads Mikkelsen miró para donde estaban los otros sillones.

– El maletín no está.

   La Repanocha también miró para atrás. Abrió la boca y miró para el patio del fondo. El Tuerto venía con un bulto de ropa mojada.

– Mañana a la mañana, cuando se le pase lo del Perro, la volvemos a tender –dijo el Tuerto.

– ¿En dónde está el Doctor Zaïus? –preguntó la Repanocha.

– Y yo qué voy a saber, mujer. ¿No estaba aquí? –dijo el Tuerto, y miró a la Repanocha, a Mads Mikkelsen, al Chancho, que vaciaba la tabla del salamito de parado, y al Perro, que le seguía ladrando.

   En el segundo piso de la casa, la cortina frente a la puerta abierta del Doctor Zaïus ondulaba suavemente, a la luz de la Luna. Los ladridos del Perro continuaban y continuaban, hasta interrumpirse en un largo y tembloroso alarido, que presagiaba desgracia y destrucción. Cuando Nadie se enterara, la cólera sería increíble.

   Pero yo no iba a decir esta boca es mía. Que Nadie se encargue. ¿Quién le va a creer algo a un loro que habla tanto?

   Eso sería muy raro.

 

La imagen de “Mads Mikkelsen y el alien”, que se me ocurrió añadir a la idea original del cuento, ha sido retuiteada por el Mads Mikkelsen Fan Club de Argentina; acá el enlace del tuit ♥.

Gracias al Doctor Zaïus por su interesante postulado del Hombre Caniche.

El resto es todo culpa mía, de cuando amenacé al Doctor Zaïus con contar todo sobre el Loro, el Chancho y el Perro, al empezar el blog: “Sobre mí”, comentarios .

(Salvo la de Mads Mikkelsen con el extraterrestre, las demás fotos son de Pixabay)

 

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12 pensamientos en “El Loro, el Chancho y el Perro. Y Mads Mikkelsen. Y el Hombre Caniche.

  1. Dr. Zaius

    ¿Usted qué fuma donna Nadie? David Lynch es un poroto al lado suyo. Y este Dr. Zaius del cuento no se parece en nada al real: no me gusta la Fanta. ¿Ojos de loco y cara de no romper nunca un plato al mismo tiempo? Parece un personaje contradictorio, no como el de carne y hueso. Muy buenas las fotos ilustrativas que acompañan su desopilante delirio (¡Está enojado el pichicho!).

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    1. nadieavatar Autor de la entrada

      Y bueno, tuve que poner un loro, un chancho, un perro, a Mads Mikkelsen y encima su astutísima idea del hombre caniche, y además hacerlo quedar mal a usted de una manera grotesca y ridícula. ¿Qué quería, la versión moderna del Banquete de Platón? Y la Fanta; ¿a quién no le gusta la Fanta? Y cuidado con los ojos de loco y la cara de inocente: recuerde a Norman Bates (y a usted cuando me hizo asustar el otro día).

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  2. Dr. zaius

    No alaben tanto a donna Nadie, que después hay que aguantarla. Aunque el cuento está muy bueno, igual puede ir ganando tiempo y pedir el turnito. 😉

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      ¡Gaznápiro! ¡Pelandustán! ¡Cómo se atreve a criticarme a mí, que soy como un pétalo de rosa cubierto de rocío! ¡Como un osito de peluche!
      ¡No lo obligaré más a aguantar nada! ¡Empezando por los deliciosos Frankfurt!

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