Otro incidente en la vida de Poroto Gómez (una historia seguramente real)

   Otra cosa sobre Poroto Gómez que pocas personas saben, es que en realidad es hijo adoptivo, y que en su más temprana infancia fue criado por un animal nodriza (bueno, no sé si se llaman así). Es decir, que de la misma manera en que (según se ha sabido) hubo niños que al ser abandonados o perderse fueron protegidos y alimentados por gacelas o lobos, el Detective Gómez llegó a la vida adulta sólo porque cuando alguien lo abandonó, o lo perdió, o se lo olvidó por ahí, fue protegido y alimentado por chanchos. Lo raro es que no se lo comieran desde un principio (se sabe lo que son los chanchos) pero acaso es que el Detective Gómez está y estuvo siempre más allá de esas cosas. También los granjeros que venían a alimentar a los chanchos lo trataban bastante bien.

   Debido a su notable crianza, en el momento de ser hallado en su extraña convivencia el Detective Gómez poseía algunas habilidades no convencionales, como sucede con todos los seres humanos que desarrollan en sus primeros años una existencia tan peculiar. El niño gacela, por ejemplo, era capaz de dar a sus cuatro años saltos de seis metros (o era al revés; no sé) porque ni enterado estaba de que no era una gacela, y el niño lobo andaba a cuatro patas, creo, y así los demás.

   No les iba a la zaga el Detective Gómez. Al momento de reinsertarlo en la comunidad humana que supuestamente le había proporcionado su equipo genético, en primer lugar hubo que afeitarle todo el cuerpo con una máquina de esquilar ovejas (los granjeros vendieron el producto, tres kilos en total, a una fábrica de pinceles para artistas). A continuación, hubo que convencerlo de que había en la casa habitaciones diferentes para tomar los alimentos y para concluir el proceso, que el inodoro no era un bebedero de emergencia instalado por si uno se cansaba, que la comida era lo que se guardaba en la heladera y no lo que estaba en el balde colocado junto a la mesada, y cosas así. Asimismo, los padres se esforzaron en interpretar sus gruñidos, hasta que finalmente convencieron al porcinesco heredero de las ventajas funcionales del humano barullo. Con la trompa no hubo nada que hacer.

   Como era de suponerse considerando casos anteriores, al producirse el retorno (o más bien el ingreso) del Detective Gómez a su condición humana, hubo que hacer un esfuerzo por anular ante sus ahora semejantes, su esguince anterior respecto de dicha naturaleza. Cuando frotaba la ñata contra el plato de los demás para exterminar las sobras, se criticaba su grosería y no se hablaba de la evidente y patética realidad, y si por ahí le fallaba el sistema preposicional se decía que era un poco bruto, y no que aunque el chancho se vista de seda chancho se queda, y cuando las visitas resaltaban el poco parecido con la familia se explicaba que era adoptado. Además, los padres no repetían esas barbaridades que se propalaban en el pueblo, como ser que al Detective Gómez lo descubrió el granjero en la piara y eso que era corto de vista, y que la granjera no pero se hacía la muda, y que en el pecado estaba la penitencia.

   Qué suerte que, por lo menos, todo el proceso de adaptación duró muy poco; los chicos crecen y el tiempo cura lo poco que haya quedado por curar. Llegó un momento en que todo llegó a ajustarse rigurosamente a lo que se esperaba del orden natural de las cosas. Si el Detective Gómez aún exhibía una molesta tendencia a gruñir cuando estaba distraído, y pasaba demasiado tiempo en el baño con accesos de inapetencia subsecuentes, debía entenderse (y tarde o temprano se entendió) que tuvo que compensar con la edad el Jardín de Infantes, las mamaderas y los pañales descartables. Era comprensible que surgieran, entonces (y entre otras cosas), ese retraimiento y esa timidez poco comunes que lo obligaban a pasar el noventa por ciento de su tiempo apartado, examinándose y tratando de descubrir que algo bueno debía tener.

   Hasta donde yo sé, el Detective Gómez fue el ser humano que más tiempo estuvo congeniando con ejemplares que no eran de su propia especie; cuando un día el granjero fue a seleccionar los reproductores y dijo: “¿esto qué es?”, el Detective Gómez tenía dieciocho años. Si los académicos se hubieran enterado del caso no habrían podido entender cómo la adaptación posterior fue posible, y menos mal que nunca lo supieron; dudo que el Detective Gómez hubiera podido adaptarse también a un pequeño laboratorio. O los estudiosos a él. En cuanto a los granjeros, aunque lo hubieran adoptado así de grande se olvidaron pronto de que el Detective Gómez no era hijo carnal (quizás por una remota y fantasmática cuestión de afinidad que nada tenía que ver con la genética, pero casi).

   Los del pueblo se olvidaron más rápido todavía. En el pueblo vecino había aparecido una niña que fue criada por gallinas, y luego de un tiempo las procesiones que antaño desfilaran ante la puerta de los Gómez comenzaron a pasar de largo, con grandes bultos de maíz para hacer pochoclo y mazamorra en sus regazos, igual que si fueran hormigas.

   El Detective Gómez se quedó en el hogar de sus padres hasta que le preguntó a los granjeros cómo nacían los bebés. Ése fue el principio del fin. El granjero se lo llevó aparte y desgranaron juntos una larga conversación. Como consecuencia, esa misma noche sostuvieron una fuerte riña, el granjero cercó todo el chiquero con alambre de púas y echó al Detective Gómez para siempre, recordándole una y otra vez que no debía volver, a punta de escopeta. No tenía de qué preocuparse, que el mundo todavía es grande.

   Y el Detective Gómez atravesó exitosamente el proceso que lo llevó a convertirse en un adulto, como ya se sabe, sin más obstáculos que contribuyeran a seguir erosionando su vínculo con la raza humana. Tanto es así, que al vino lo acompaña siempre con unos familiares de jamón y queso que dan impresión, y no se le mueve un pelo.

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4 pensamientos en “Otro incidente en la vida de Poroto Gómez (una historia seguramente real)

  1. Dr. Zaius

    “hubo que convencerlo de que había en la casa habitaciones diferentes para tomar los alimentos y para concluir el proceso”… “y si por ahí le fallaba el sistema preposicional se decía que era un poco bruto, y no que aunque el chancho se vista de seda chancho se queda”. 😀
    Aaaaauuuuuuuhhhhh!!!! (el niño lobo le dijo a la Luna).

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