Uno de cowboys

   Eran los días de la conquista del lejano Oeste del Espacio, y nadie estaba menos al tanto de todas las cosas que hiciera falta que Liuoajr Gómez #168, Comisario Plenipotenciario de Investigación a cargo de la nave Titanic Hindemburg Challenger, que se dedicaba a recorrer los mundos fronterizos buscando marranadas intergalácticas para solucionar, mientras las brigadas administrativas de la Comisión Evaluadora intentaban convencer a los nuevos mundos de las ventajas de la Asociación Interespecie. Liuoajr Gómez #168 no hubiera podido convencer de nada a nadie, pero se lo pasaba muy entretenido haciendo lo posible por duplicar la necesidad de los esfuerzos de la Comisión Evaluadora.

   Cierta aciaga noche en que alguien en pedo olvidó arreglar el ciclo de las pantallas nocturnas en uno de los mundos más lejanos, dando lugar con ello a una noche que duraba ya ciento veintisiete días, la desgracia verdadera tocó a su puerta. El Comisario Gómez se encontraba enredado entre los pringosos tentáculos de Fklkjhkdf #12, una encantadora furcia que se esforzaba por conseguir un Permiso de Residencia y Vagancia mercando sus incomprensibles encantos, cuando un desaforado timbrazo despertó las chinches de su cama, e hizo que el Comisario diera un salto y consiguiera con ello sobresaltar asimismo a Fklkjhkdf #12, que tensó momentáneamente sus tentáculos y casi lo estrangula, no momentáneamente desde luego. Al mediodía de la no-jornada siguiente, cuando el Comisario recordó lo de las pantallas y respondió al llamado, se encontró con un agudo problema. Una partida de contrabandistas provenientes de un lejano cúmulo globular huía de una Delegación Armada de la Comisión Evaluadora, y se acercaba al planeta a trancos hiperlumínicos. Llegaban en dos minutos.

   El día no venía siendo fácil tampoco para estos contrabandistas, que tenían otro agudo problema. O varios. Bueno, sí, porque habían estado robando hembras fecundadas del jardín maternal de una especie que se especializaba en in-vitros, dado que su gestación era muy infrecuente. Como no habían empleado la discreción suficiente para el caso, los guardianes a cuyo cargo estaba la seguridad de dicho jardín maternal habían percibido el hecho, se sintieron contrariados y se habían dedicado a perseguirlos de inmediato. Para empeorar las cosas, los guardianes expidieron ipso facto o antes una Alerta de Crimen Interespecie a la Comisión Evaluadora, todavía más dotada para las persecuciones que aquella pajuerana especie. Y por si faltara agregar algo, la especie que había encargado a los contrabandistas el secuestro de aquellas hembras les había pagado por adelantado una jugosa suma, y como era una especie afiliada ante la Comisión Evaluadora temió las represalias por su propia participación en el Crimen Interespecie cuando agarraran a los contrabandistas, por lo que para alejar sospechas ofrecieron sus tropas como refuerzo. Su oferta fue aceptada. Pero los contrabandistas tuvieron suerte ya que, aunque no tenían angelitos de la guarda, venían derecho para la morada del Comisario Gómez, que bien pudo ser un angelito de la guarda porque era bastante inocente, varios matrimonios interespecie habían puesto alas rudimentarias en su espalda, y al decir de Fklkjhkdf #12 no tenía sexo.

   Bugsy Tattaglia #456, el capitán de los contrabandistas, era el más ofuscado de todos los participantes. Tenía el rabo oprimido contra una silla anatómicamente inadecuada desde hacía nueve horas, las múltiples necesidades de atmósfera de los variados organismos contrabandistas hacían que la nave oliera a pedo, y las hembras secuestradas acostumbraban parir en manada y como se habían puesto nerviosas les habían empezado los dolores de parto y después el parto en sí. Gritaban como los marranos más grandes de un planeta que se especializaba en mutarlos hasta alcanzar el tamaño de elefantes, alfombraron la nave con quince centímetros de una fea plasta amniótica de color marrón con vetas rojizas, y algunas volaban. No podrían abandonar la nave hasta el último parto y se sabía que algunas de esas hembras eran primerizas así que andá a saber cuánto podían demorar, y de todos modos si las sacaban los contrabandistas se exponían a que alguien pariera un misil contra esa nave. Bugsy Tattaglia había desenfundado su arma las tres primeras horas y después la había guardado, pues había encontrado que a todo el mundo le resultaba igual que si tuviera una banana podrida.

   Las discrepancias anatómicas interespecie hacían que, al encontrarse cara a cara el Comisario Gómez y Bugsy Tattaglia, ninguno pudiera sentirse aliviado sabiendo que aquella apariencia que tenían enfrente distaba mucho del estado normal y deseable de las cosas. En consecuencia, aún cuando la atmósfera del planeta fuera cualquier cosa menos compatible con su sistema respiratorio, y mucho menos con su ultrasensible olfato, Tattaglia aspiró violentamente una hambrienta bocanada de aquel malsano aire. Si bien a él le parecía que todavía olía a menjunje amniótico, se irguió tratando de hacer una mueca feroz sin expectorar, aunque no sé cómo mierda iba saber el Comisario Gómez que Tattaglia estaba expectorando, básicamente porque para el Comisario la expectoración ya era una letra del alfabeto. En cuanto a su cara no puso ninguna, porque había descubierto que, tarde o temprano (más bien temprano), todo el mundo neutralizaba sus fingimientos con unas dotes de percepción que nada tenían de sobrenaturales. Además, cómo sabría qué fingir no sé.

– Oiga, estee, venimos a tomar el planeta así que mejor se rinden todos o los volamos inmediatamente de las cartas de navegación del Espacio Conocido- dijo Bugsy Tattaglia a manera de salutación, y se quedó esperando a ver de qué la iba el tipo aquel, que como toda la gente que comandaba y que vivía al margen de la Comisión Evaluadora, Tattaglia sabía que era perseguido, pero no tenía idea de que hubiera Comisarios dándole la vuelta al universo en prevención de gente como ellos, precisamente.

– Por el poder del que me ha investido la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie, extiendo Tutela de Emergencia sobre este planeta y todas sus especies vivientes racionales e irracionales, así como sus recursos naturales y comerciales de cualquier clase, y les niego a ustedes el Derecho de Residencia por sobre o por debajo de su superficie u órbita. Deben entregarme de inmediato sus armas y ponerse a mi disposición hasta que un Destacamento Militar de la Comisión venga a repatriarlos y penalizar su comportamiento. Cualquier desviación de sus acciones respecto de estas órdenes, redundará en su perjuicio a partir de los medios que yo decida emplear, a mi discreción y según mi criterio, para lo cual cuento con la autorización previa y tácitamente establecida de la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie.

   Esto declaró el Comisario Gómez en plena altisonancia, y cierto fluir de un contenido semisólido en sus pantalones se cortó en seco con grandísimo alivio; aquella advertencia era lo único que el Comisario recordaba de los años de entrenamiento que habían precedido a su onerosa cuan fútil exportación hacia aquellos lejanos destinos. Él esperaba que la que correspondía fuera esa, por lo menos; ahora qué iba a hacer después no sabía, porque el curso era largo y él había faltado bastante, por lo que siguió con su cara de antes.

   En cuanto a Bugsy Tattaglia, que pese a una lejana ascendencia de tipo perruno de ninguna manera estaba en condiciones de oler el punto de vista del Comisario, y además le oía proferir tan solemne amenaza, ni se le ocurrió bucear en la nebulosa mentira en la que flotaba el defecado personaje, y procedió a cagarse a su vez. Le ayudaron la mala postura durante tantas horas, cierto contenido enzimático en el líquido amniótico de las hembras robadas y la temperatura un poco fría del planeta. Qué suerte que no conocía de verdad al Comisario y no podía ponerse a pensar, además, que cosas de semejante gravedad dependían de su discreción.

– No te entrego una mierda, y si me llegás a tocar un canuto liquido también a todas las hembras embarazadas éstas que tengo en la nave – respondió entonces Tattaglia, dispuesto a no aflojar un tiento de laucha mientras pudiera, pero como tenía más poder de concentración que el Comisario se siguió cagando. Ahí Gómez repuso ceñudamente:

– En ese caso, extiendo la Tutela de Emergencia hacia los individuos de especie extranjera que usted pueda estar transportando en la nave contra su voluntad, y, siempre como representante del Departamento de Justicia de la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie, me erijo a la vez como Auxiliar de Justicia Interino del planeta cuya usurpación de material genético usted ha declarado. Le exijo el inmediato traspaso de su custodia y lo arresto por la violación a todas las leyes contenidas en la Declaración de Derechos de la Eugenesia Cooperativa. A estos cargos se les añaden los de Secuestro, resistencia ante la Negación del Derecho de Residencia y resistencia al Arresto In Situ y, si decide rechazar los cargos inmediatos anteriores, al Arresto Por Poder de un Auxiliar de Justicia Representante. Pueden agregarse un cargo por Apropiación Ilícita con Intenciones Dolosas en cuanto al planeta que represento, otro del mismo tipo con referencia a este planeta en particular, y un cargo eventual por Piratería en caso de que la nave que usted y su tripulación comandan no se encuentre debidamente registrada como de su propiedad, sujeta a un uso declarado legítimo, y con el pago actualizado de todas sus patentes y cuarentenas. Además, tiene rotas las luces de giro- observó el Comisario Gómez con una sorpresa tan enorme de su parte y de todos los circunstantes, que además de cortarle la corredera le hizo preguntarse acerca de los nuevos productos de la fonda, que producían resacas tan extrañas.

   Bugsy Tattaglia se había cagado tanto que podría estar echando pantalones de montar, y quince miembros de su tripulación se tiraron espontáneamente al suelo alegando secuestro y rogando que los devolvieran a sus planetas de origen, soslayando el hecho de que tenían prontuarios que hacían que la Ilíada y la Odisea parecieran Barbie y sus hermanas en una aventura con perritos. Ante tanta inesperada resistencia proveniente de tantos orígenes distintos, Tattaglia decidió que tenía que ganar tiempo. Y limpiar la nave, y fugarse.

– Entonces dale, te doy las hembras ésas; poneles una estampilla en el culo y devolvelas a JFSDAFE, que a mí ya me esgunfiaron. Bueno, estee, te entrego también la nave y mi persona para que dispongas de ellas según las leyes que obedece la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie, y te pido que me proporciones los medios para mi supervivencia en tanto se aguarde la llegada de la Delegación Militar de dicha Comisión. Solicito también equipo y personal especializado con el fin de acondicionar la nave y prepararla para su devolución a los dueños registrados. Puesto que no rechazo los cargos de los que se me acusa, solicito benevolencia en su consideración y la oportunidad de disfrutar de Libertad Condicional Supervisada, sobre todo a los efectos de dirigir la reparación y limpieza de la nave que queda en su poder.

– Así se hará- dijo el Comisario Gómez, ya que se le había terminado la letra. O la resaca. Bugsy Tattaglia estaba mucho más contento, pues además de saber que pronto podría quitarse los pantalones, había tenido la oportunidad de echar una ojeada a la minúscula porción de fauna local que lo rodeaba mientras platicaba, y si según dicen para muestra basta un botón, Tattaglia duraría en ese planeta mucho menos que la fetidez de su rastro. Para ello, sólo tenía que sortear a esa bestia amedrentadora del Comisario Gómez antes de que los soldados de la Comisión Evaluadora, de JFSDAFE y de KFLJJEE lo ubicaran allí. Tarde.

   Tattaglia sólo había pasado unas horas suplicando que saliera alguna clase de sol que le cortara la cagadera cuando las luces de las naves militares empezaron a verse en el cielo; la atmósfera del planeta era muy poco densa y aquellas naves habrían iniciado ya su etapa de navegación convencional, fuera del hiperespacio, por lo que el contrabandista podría contar con un par de horas más de libertad, pero de cualquier manera se deducía que ya estaba sonado. Se atrincheró entonces en los hangares en donde los técnicos limpiaban y reparaban la nave, tomó a los mecánicos de rehenes y se preparó para resistir, munido de armas que no habían sido declaradas, dentro de un círculo de toneles repletos de aquella masa amniótica que todavía andaba dando vueltas por ahí, porque sólo los vapores eran tan malignos que se encendían solos y nadie quería tocarla.

   Mientras tanto, el Comisario Gómez había vuelto a sus habitaciones a fin de sostener otro amable coloquio con Fklkjhkdf #12, el cual entre algunos temas de interés incluía el desarrollo de una velada de cuarenta y cinco horas corridas en el bodegón que acababan de abrir al lado del Puerto Espacial. Unas dieciséis amigas de Fklkjhkdf #12 tenían la esperanza de poder trabajar ahí si el Comisario se avenía a proporcionar los permisos oportunos, y él podría decidir esto en cuanto llegaran. Fklkjhkdf #12 trataba de explicarle esto a Gómez con no poco entusiasmo y no menor aquiescencia por parte del Comisario. Unas horas, el distraído Comisario trataba de desenredar los tentáculos de Fklkjhkdf #12 para poder buscar nuevas formas de enredarlos; otras horas, Fklkjhkdf #12 las dedicaba (ya que estaba) a ilustrar y promocionar las posibilidades anatómicas de sus futuras asociadas. Simultáneamente, quien estuviera más cerca de la puerta, más lejos del ventilador o más libre de tentáculos, acudía a recibir el nuevo pedido proveniente de la fonda, nunca debidamente especificado a la moza pues cualquier cosa que trajera venía bien, por una cuestión de colapso sistémico antiguo y poco lamentado.

   Fue una suerte que el Comisario Gómez se lo pasara esperando a la moza; si no hubiera estado tan pendiente del timbre pudo haber ignorado el frenético llamado que lo llevaba otra vez, de cuerpo presente, a los hangares contiguos al Puerto Espacial. Conocedor de tal eventualidad, el enviado no le dijo al Comisario para qué lo precisaban en el Puerto; nada más lo desvió cuando él agarró para la fonda.

   Mientras todos los borrachos ociosos del planeta acudían desde los cuatro puntos cardinales, para ver cómo Gómez se apostaba frente al Puerto en lugar de la fonda, las naves extranjeras que venían por los contrabandistas llenaban todo el sucio paisaje que, la verdad, sin luces habría estado mucho mejor. Extraños organismos munidos de gruesos trajes adaptadores de gravedad, presión y composición atmosférica matizaban la ebria complacencia que se desparramaba alrededor de los hangares. No había Jefe ante el cual llevarlos porque el Comisario Gómez no era nada parecido; además, se había olvidado de avisar al Servicio Secreto que debía ponerse en contacto con las fuerzas de las que él era intermediario e informar al gobierno. Todos ellos se enterarían por los noticieros; afortunadamente para el Comisario Gómez cuando eso sucediera todo habría terminado y cualquier cosa que le hicieran sería como llover sobre mojado, o porque Tattaglia podía ocuparse eficientemente de él, o porque cualquier medida disciplinaria demoraría años en ser registrada. Muchas de las sustancias que vendía la fonda eran ilegales; algunas se usaban para mantener en animación suspendida a los navegantes durante las estasis .

   Y sin que los recién llegados consiguieran alcanzar a nadie que los contactara con las fuerzas locales, o por lo menos con los contrabandistas que venían a apresar, el Comisario Gómez se separó de los mensajeros que lo habían llevado hasta allí y entró, solito mi alma, en el hangar en donde se encontraba Bugsy Tattaglia armado hasta los dientes. Fklkjhkdf #12 lo acompañaba porque quería ver; nadie le había dicho todavía al Comisario para qué lo querían ahí. Pero bueno, con el Comisario Gómez nunca se sabía; ni siquiera se sabía qué era peor, o para quién.

   Gómez vio a Bugsy Tattaglia y dijo automáticamente:

– En vista de que usted no ha respetado los términos de su Libertad Condicional, y se ha declarado en rebeldía ante la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie rehusando entregarse, anulo tal Libertad Condicional y exijo que abandone inmediatamente estas instalaciones para ponerse a disposición de la Fuerza Pública que lo conducirá al Correccional. Allí será sometido a cuarentena antes de ser embarcado en una nave de la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie, que lo aguarda para ser conducido al Tribunal encargado de juzgar sus crímenes. Recomendaré para su consideración Máxima Severidad.

Y al Comisario Gómez la sorpresa le volvió a secar los calzoncillos.

A modo de respuesta, Tattaglia le disparó al Comisario Gómez una ráfaga de algo que, de haberle acertado, lo habría vuelto irreconocible a escala subatómica. Con lo cual el Comisario Gómez tornó a dirigirse a Tattaglia:

– Usted ha desobedecido las condiciones exigidas para la entrega de su persona, la cual además ha revocado con sus recientes acciones, por lo que este planeta añade cargos adicionales a los que ya se le imputan. Le ordeno nuevamente que entregue sus armas y deponga su actitud, o haré uso de los poderes plenipotenciarios que la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie me ha conferido. Estos poderes se encuentran reforzados por la presencia en el planeta de una Delegación Armada perteneciente a dicha Comisión, la cual tengo la facultad de poner a mis órdenes como Comandante en Jefe. Hago efectiva tal facultad en este momento. Con el objetivo de mantenerlo a usted bajo vigilancia, delego la entrega de las órdenes en la persona de la señorita Fklkjhkdf #12. Andá y deciles, Chuchi.

   Ahí Tattaglia perdió la capacidad de alegrarse de lo liviano de sus pantalones, pues a las gélidas declaraciones del Comisario se les había unido la visión de un furioso resplandor blancoazulado bajo las puertas, y el ronroneo de por lo menos cien generadores de atmósfera de otras tantas naves. Y Tattaglia ni sabía que el Comisario Gómez no tenía idea de lo que estaba diciendo, y además disponía de poderes plenipotenciarios que involucraban el comando de una Delegación Militar, la cual venía equipada por una asociación que incluía miles de mundos, el sesenta por ciento de tecnología avanzada.

   Por las dudas, Tattaglia volvió a disparar contra el Comisario otra ráfaga de lo que sea que estuviera transportando en sus depravadas faltriqueras. Y otra vez le falló la puntería, y nuevamente se preguntó qué sería lo que iba a ocurrir y cómo zafaría. No es que el Comisario se lo pudiera decir, por supuesto, si se tomara la molestia de preguntarle. Pero igual el Comisario Gómez ya había perdido el interés. O la orientación. O la letra. O la noción del tiempo, o del lugar, o vaya uno a saber qué. Fklkjhkdf #12 acababa de regresar y suponía que debía aguardar órdenes, aunque el Comisario Gómez en condiciones normales no era de esos tipos que quieren dirigir todo. Y esperó, y esperó pero al final se cansó. Así que bueno, después de todo a Tattaglia no le fue tan mal, aunque no dudo que hubiera preferido una muerte honorable.

   Al día siguiente Fklkjhkdf #12 fue enviada a buscar a la moza de la fonda, porque el hangar no tenía comunicación con el exterior, y como el Comisario no le había dado órdenes para nadie pasaron otros dos días antes de que alguien parara a la moza, y la mandara a preguntarle al Comisario qué era lo que tenía que hacer la Delegación.

– Oia – dijo el Comisario Gómez, quien hacía rato que venía notando un olor horrible que salía de esos barriles del costado y no se acordaba de qué era. Y desalojó el hangar.

   La Delegación aguardó a que terminara la cuarentena de Bugsy Tattaglia, y una vez que fue también despiojado se lo llevaron al Planeta Sede de la Comisión Evaluadora, en donde gracias a las recomendaciones del Comisario se le hizo un juicio sumario, que lo condenó a pasar el resto de su vida en una de las peores prisiones de las que controlaba la Comisión Evaluadora. Y todo el mundo sabe lo clemente que es dicha Comisión, y las barbaridades que hay que hacer para que pierda la paciencia, y lo peligrosos que son los mansos enojados y cosas así. Por fortuna para Tattaglia, llegó en tal estado que todos los demás condenados le tenían lástima, y la mayoría de las veces lo dejaban en paz.

   El Comisario Gómez fue ascendido a Supervisor Gómez, recibiendo honores militares y una medalla de la Comisión Evaluadora por resolver todo aquel lío sin disparar un solo tiro de ninguna naturaleza, además de una jugosa recompensa en metálico de la especie agradecida por recuperar a sus hembras y otra del planeta que vigilaba, aunque éste era bastante nuevo en la vecindad de otros mundos y todavía no sabía muy bien de qué se había salvado. El antiguo Comisario Gómez vigilaba ahora los diez mundos más exteriores de la asociación protegida por la Comisión Evaluadora, y diez Comisarios dependían de sus consejos y orientación; que el dios que estuviera libre los amparase.

   Al Supervisor Gómez también le otorgaron una nave hiperespacial para poder cumplir eficientemente sus funciones, y una licencia de vacaciones de tres meses de los nuestros antes de presentarse a cumplir su nuevo cargo, además de un permiso para aprovecharla como lo juzgara oportuno.

   Ahora bien, lo que Gómez quería era casarse con Fklkjhkdf #12 e irse de luna de miel, pero cambió de planes cuando le informaron que en realidad dicha señorita no era hembra, cosa que interferiría con sus propósitos de reproducción ya que no tenía plata. Así que, al final, el Supervisor se fue a Tierra a ver si podía encontrar sus raíces, pues le habían contado que casi todos los de su familia venían de ahí. Pero bueno, pasó que para esas fechas el planeta había sido despoblado totalmente de la vida inteligente nativa, si tal cosa podía ser relacionada con gente como el Supervisor Gómez. A su arribo, una rara especie alienígena para nada antropomórfica ya había solicitado y obtenido Derecho de Residencia en el planeta, y heredado en consecuencia la Tierra. Y el Supervisor se sumió en honda confusión.

   Pero siendo quien era, podemos concluir que la superó pronto. O la olvidó pronto. O quién sabe. De todas formas, la saga que contaba su ferocidad al humillar terribles delincuentes le había dado la vuelta al Universo entero, y él se podía considerar a salvo en cualquier mundo que pisara, aunque también esto podía suponerse olvidado.

   Nunca dejaba de sorprenderse cuando entraba a un bodegón y era tratado como un héroe.

Anuncios

2 pensamientos en “Uno de cowboys

  1. Dr. Zaius

    ¡Titanic Hindemburg Challenger! ¡Ja! ¡No es de buen agüero!
    Había una serie que se llamaba “Batman del futuro”. Esta sería “Poroto Gómez del futuro”.

    Me gusta

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s