Otro de cowboys (vampiros en duelo en el espacio profundo)

spacex-693229__180   En Nave Espacial de Exploración Internacional Suyoz I, la consternación no cundió de inmediato, cuando comenzaron a producirse los primeros incidentes. Como el Comandante era famoso por su pericia, habilidad y dotes de observación al dirigir la nave, todos los tripulantes pensaron que las cosas raras que estaban comenzando a suceder se debían a las propias ideas estrambóticas de cada uno, y entonces no se consultaban, imaginando por su parte que habían perdido la chaveta y que mejor no levantaban la perdiz, no sea cosa de que los rajaran apenas volvieran a la Tierra. Ya habían arriesgado demasiado con aquel último planeta, del cual habían tenido que escapar tan rápido que casi se dejan abajo media tripulación, con ese asunto de que había nativos que no entendían lo que era vivir en una nave espacial sin mujeres, y mucho menos compartir un asado en camaradería, seguido por algunas prácticas de lo más amigables que no habían sido bien interpretadas por los locales.

   Pero un día, la verdad no pudo seguir ocultándose. En plena cantina de la nave, todos cenaban en silencio y mirándose obsesivamente a los ojos, que resistían al hundimiento progresivo y brutal dentro de las ojeras. Desconfiaban, sin atreverse a decir una palabra, y cuando podían, masticaban. Hasta que el Cabo Primero Zapata se paró, golpeó ambas palmas sobre el mantel y gritó:

– ¡A ver si son menos brutos, que tengo dos agujeros en el cogote que parece que me estuvieran tejiendo una bufanda encima!

   El silencio siguió extendiéndose en derredor de ellos, como la salsa del Sargento Cocinero, que parecía tener vida propia y más que nada parecía la Cosa que se aprestaba a conquistar el mundo, empezando por escapar de la olla de los fideos por sí sola. Todos masticaban sin decir nada, o lo intentaban, porque el Sargento Cocinecanteen-428126__180ro no era tampoco muy experto con las albóndigas.

   El Cabo Segundo Del Floro, usualmente tímido y apocado, el que siempre mandaban para limpiar el baño, se animó entonces a tomar la palabra.

 – En realidad, yo también tengo mordeduras y hace algunas noches que me siento un poco más débil –declaró, y se sentó un poco de costado, cosa que usualmente hacía dos o tres veces por semana.

   Ante estos comentarios, el Teniente Primero de Fragata Monte tuvo que dejar de esforzarse por terminar el último pedazo de cartílago del guiso, y apenas pudo, expresó.

– Que hable el Cabo Primero Gaspar Toledo.

   Gaspar Toledo se puso despacio de pie, con la mitad de la morcilla cruda aún en su plato, para decir:

– Seguro, aparecen un par de abombados con heridas de guerra y en seguida culpan al vampiro. Tres meses llevo chupando morcillas con pasas de uva en esta nave de mierda y nadie me da pelota, siendo que lo primero que aclaré cuando dije que venía era que no me gustaban las morcillas a la española, y ahora se acuerdan de que yo estoy acá. Que quede claro que a mí la carne de chancho no me gusta. Sobre todo cuando se bañan una vez por mes.

   Y Gaspar Toledo tornó a seguir escupiendo las pasas de uva de su morcilla en el plato, chupándose los dedos con las uñas pintadas de violeta. Era emo pero nadie se lo criticaba, sobre todo desde que una madrugada descubrieron al Teniente Primero de Fragata limpiando la cocina, vistiendo un uniforme de mucamita francesa.

   Entonces el Teniente Primero de Fragata expectoró, con masculino y enfático ademán de su brazo derecho, como si emulara al Duce en cierta lejana y desgraciada época:

– Que vengan el Sargento Cocinero y el Cabo Ayudante de Cocina de inmediato –con lo cual, treinta minutos después, pudieron contar con la presencia de Poroto Gómez y su ayudante el pequeño extraterrestre, quien en verdad no resultaba de mucha ayuda, porque como era tan chiquito lo único que podía hacer era sentarse en un banquito a pelar las papas. Las cebollas se le resbalaban. Pasaba que trabajaba de acomodado porque era amigo de Mads Mikkelsen.

– Yo ni idea, ¿vio? –dijo Poroto Gómez, después de reaccionar ante los primeros sopapos. – No sé las picaduras, pero alguna cajita de tinto me falta a veces; se entiende que por ahí de noche, con el frío…

Ningún sopapo consiguió una declaración del ayudante de cocina.

Y finalmente, con una tormenta enrareciendo su fruncido ceño, el Teniente Primero de Fragata ordenó, con voz baja pero firme.

– Que venga Mads Mikkelsen.
– A Mads Mikkelsen le gusta cenar solo en su cabina….
– ¡Que venga Mads Mikkelsen, he dicho! –exclamó el Teniente Primero de Fragata golpeando nuevamente la palma de la mano sobre la mesa, y haciendo con ello repiquetear entre ellos los cuchillos y los frascos de mostaza y mayonesa, y las compoteras con escarbadientes.

   Mads Mikkelsen apareció de traje y corbata, porque no le gustaba el uniforme que tenía que usar en la nave, todavía no arreglaba con el sindicato y consideraba que con Hannibal tenía una imagen que cuidar, ahí en la Suyoz, ya que venía para hacer relaciones públicas. Se hurgaba entre los dientes con un escarbadientes y en la otra mano traía una cajita con dos palitos chinos, la cual había contenido pato agridulce y arroz frito, porque estaba en el contrato que le gustaba la comida tailandesa o algo parecido.

– Vea, Mads Mikkelsen, que acá se está diciendo que a la tripulación le están chupando la sangre. ¿Usted qué sabe?

   Mads Mikkelsen tiró el escarbadienes adentro de la cajita, y después tiró la cajita arriba de la mesa. Abarajó el respaldar de una silla y se la arrimó.

– Permiso.
– Propio.

   Mads Mikkelsen se cruzó de piernas y apoyó las manos sobre la rodilla.

– Me parece que tendrían que haber acompañado con unas fritas.
– Sí, yo les dije, pero me contestaron que era muy pesado para la noche –comentó el Cabo Segundo Del Floro, pero se calló cuando todos lo miraron con aciaga expresión.

– Diga, ¿qué onda con ese asunto de la sangre? – dijo el Teniente Primero de Fragata.- ¿Usted no comía gente?
– Yo era caníbal. Además soy un gran gourmand. Y me traje mi propia heladera. Los tupper tienen todos etiquetas. “Mads Mikkelsen”, dicen. Yo no como cualquier cosa –dijo Mads Mikkelsen, y miró con asco primero a Poroto Gómez, y después a la morcilla de Gaspar Toledo. Gaspar Toledo lo miró lúgubremente, y escupió otra pasa de uva en el plato.

– ¿Y entonces?
– Acá parece que ustedes tienen un vampiro –dijo Mads Mikkelsen, y todos volvieron a mirar a Gaspar Toledo.

– Joder –dijo Gaspar Toledo, poniendo los ojos en blanco. – Yo también tengo mi propia heladera. Son sachets de medio litro y todavía hay para tres meses, y con lo que comen ustedes, todos tienen gusto a mortadela rancia, especialmente ése- dijo, señalando a Poroto Gómez, que estaba durmiendo la mona otra vez, con la cara en el plato lleno de migas y manchas de salsa.- Yo acá no toco a nadie ni que me devuelvan el alma. Así que a mí no me miren porque yo no fui.

– ¿Entonces?- Todos volvieron a mirar al Teniente Primero de Fragata. Sabían lo que iba a decir, pero ninguno quería que lo dijera.

– Que venga el Gran Rulemán Balde de Vello.
– El Gran Rulemán también come solo en…
– ¡Que venga el Gran Rulemán Balde de Vello, he dicho! –volvió a exclamar el Teniente Primero de Fragata, con la voz temblorosa.

   El Gran Rulemán Balde de Vello apareció con su larga capa negra y alisándose el pelo peinado a la gomina, con la raya al medio, y mirando a todos con regio ademán. Como si la tripulación fuera algo que se le pegó al zapato cuando pisó la vereda al salir a la calle, o como si le hubiera faltado un rato más en el baño antes de salir de su casa, luego de beberse el café.

– Vea, Gran Rulemán…
– Si no le molesta, es “Balder, el Bello, Gran Runemal, cuya magnificencia es envidiada hasta por los dioses” –replicó el Gran Rulemán, con amplios ademanes de sus brazos envueltos en las mangas de terciopelo.- Acuerdesé que yo estoy acá para asegurar el beneplácito de la divinidad.

   Hubo un segundo de meditado silencio, durante el cual todos esculcaron las ondas oleosas que surcaban los platos frente a ellos, como si pudieran leerlas igual que se hace con las hojas del té.

   Entonces volvió a hablar el Teniente Primero de Fragata.

– Oiga, don Balde, ¿usted qué sabe de este vampiro que le está chupando la sangre a todo el mundo acá? ¿No será usted, siempre todo de negro?

   El Gran Rulemán abrió los ojos desmesuradamente y se llevó una mano al pecho.

– ¿Qué clase de nave es ésta en donde no se protege la seguridad de personajes de mi alcurnia?

– ¿Entonces a usted no lo picaron?

– Sí, se ha profanado la integridad de mi hermoso cuerpo, mientras que yo jamás haría lo contrario, porque no ofendería mi perfección condescendiendo a contaminarme con material de tan baja estofa. ¿Usted cree que yo me traje mi microondas y mi freezer para terminar chupeteando a estos marranos?–respondió el Gran Rulemán, frunciendo los labios con indudable asco. Contempló con inescrutable expresión el lago semisólido de salsa y grasa frente al Teniente Primero de Fragata, y después al Teniente Primero de Fragata en sí (quien esa noche tendría una prolongada faena, si no se habían traído el detergente bueno.)

– Pero yo estoy bien vivo, sépalo bien, y mi excelencia hará que así continúe por los siglos de los siglos- continuó, y miró a Gaspar Toledo alzando una ceja.

– Naturalmente. Vos sos menos vampiro porque sos el Gran Rulemán –respondió Gaspar Toledo.

– Encima acá es siempre de noche; cuando bajemos de la nave a éste lo van a tener que sacar boqueteando la puerta –dijo el Gran Rulemán dignamente, mirando a Gaspar Toledo de arriba a abajo.

Gaspar Toledo se levantó de la mesa comenzando a alzar el plato con las pasas de uva, como para revoleárselo al Gran Rulemán por su ilustre cabeza.

El Teniente Primero de Fragata elevó entonces las manos y pegó el grito.

– ¡Bueno basta! Esta noche vamos a hacer guardia. Encerramos a los vampiros, y los que quedamos sanos vamos a dormir todos acá, de a uno por vez, en turnos de una hora. Empiezo yo –dijo, y ya se le veían los ojos ansiosos desviándose hacia la cocina, adonde estaban los guantes de goma y las mejores esponjitas de acero para la grasa de las ollas.

   Fue una larga noche (a todos les gustaba levantarse tarde), y por la mañana, todos los tripulantes que faltaban por morder aparecieron horadados como si los hubiera atacado una nube de mosquitos mutantes. A Gaspar Toledo todos lo miraban torcidamente, como si fuera su culpa estar lleno de sangre podrida. Mads Mikkelsen destapaba su vianda sobre el individual extendido en la mesa del desayuno, vigilándolo con un ojo, y el Gran Rulemán acomodaba su cuidadoso peinado con una mano, insistiendo en verse en un enorme espejo con marco de plata repujada, mientras también observaba a Gaspar Toledo, controlando que ninguna de las pasas de uva rodara hasta él.

   Ninguno daba una mierda por las horas de guardia que les tocaban a Poroto Gómez y el ayudante extraterrestre, pero aún así, la conclusión fue rápida.

-Tenemos un colado en la nave. Alguien se nos metió y está escondido en alguna parte, y nos están bajando como chorlitos –dijo el Teniente Primero de Fragata. Todo el mundo quedó en silencio, incluso Gaspar Toledo, que chupaba tristemente su morcilla sin articular ningún comentario, mientras todos trataban de hacerle mal de ojo.

   Entonces contemplaron a Mads Mikkelsen. Él bajó sus cubiertos de plata, limpió el queso de cabra del cuchillo con una miga de pan, y tomó un sorbo de su copa de cristal con Montrachet del ’59, enjugando las comisuras de sus labios con lentitud, munido de una servilleta de algodón egipcio de seiscientos hilos.

– Nadie está aquí, y ahora todos somos vampiros porque ése fue su plan desde el principio.

   Y el horror trepó hasta las entrepiernas de todos, apretándolas como una inexorable garra de acero que se ajustaba cada vez más y hacía que un color azulado fuera a complementar el de los temerosos labios.

– Nadie lo sabe. Nadie está en todas partes; Nadie nos ve; nosotros no la vemos, Nadie está en la oscuridad entre nosotros. Y nos ha reclutado, porque tenemos una misión, la cual ha asegurado dándonos a todos la vida eterna, a través de la infección de este ser condenado. Lo habrá soltado anoche un ratito.

   Gaspar Toledo revoleó los ojos.

   El Gran Rulemán frunció la nariz con desdén.

– Nadie es incapaz de atacar a un personaje de mi linaje y clase.

– A usted lo mordieron igual que a todos. Además, ¿Insinúa que usted es de mejor calidad que los demás? –dijo Mads Mikkelsen.

– ¡Mmmm! –dijo el Gran Rulemán, y giró la cabeza para un costado levantando la cabeza para ignorar a Mads Mikkelsen, quien estudió las muñecas del Gran Rulemán, como para calcular el porcentaje de grasa corporal y el tiempo de cocción por kilo. – Nadie acude a mí para consultar las sagradas runas.

– Nadie recurre a mí en busca de arte e inspiración de orden superior –retrucó Mads Mikkelsen, con un nuevo trago de su Montrachet, el cual Gaspar Toledo miraba lastimosamente, chupando su bolsa de O RH – levemente calentada al microondas, el cual le había sido prestado por el Gran Rulemán.

– Nadie recurrió a mí para guiar esta nave por mi pericia–dijo el Teniente Primero de Fragata, hinchando el pecho, sin mencionar para nada sus indiscutibles habilidades para excavar el sarro entre los azulejos del baño, con un hisopo empapado en lejía.

– Nadie nunca conoció a un vampiro que pudiera vivir en el espacio –dijo Gaspar Toledo.

– Nadie me consiguió este trabajo –dijo Poroto Gómez.

– Nadie sugirió que Mads Mikkelsen me trajera como ayudante de cocina –dijo el pequeño extraterrestre.

   Y esas dos últimas declaraciones, fueron suficientes para que la consternación y el paulatino discernimiento hicieran presa en la desesperada tripulación, y por fin los llevara a la desolada comprensión. Mads Mikkelsen destapó una nueva botella de Montrachet, ofreciéndola esta vez a toda la tripulación, y volvió a tomar la palabra.

– Nadie organizó todo esto. Estamos en esta Nave Espacial Internacional de Exploración por su designio y su potencial combativo. Somos su tripulación y nuestra misión es conquistar el universo en su nombre, usando nuestras habilidades especiales.

   El silencio se hizo general. Todos en la Suyoz dejaron el mate que se estaban pasando, y reflexionaron.

– Bueno, sí, cuando estábamos en XVGAERTF nos echaron a patadas en el culo porque apareció gente mordida –dijo Gaspar Toledo con expresión culpable. – Pero en serio que yo no mordí a nadie de acá…

– En ÑFJKAOPEIR nos querían reventar a palazos porque además decían que los queríamos envenenar con el tuco que hizo Poroto Gómez. Nos tuvimos que ir porque la epidemia mató a las tres cuartas partes de la población racional del planeta.

– En Ñ´DFKAPOE nos echaron porque el vino que les dio el chiquito los dejó a todos impotentes.

– En `PFOGKSRT casi nos matan a todos cuando vieron la prueba piloto de Hannibal, y después el servicio secreto se dio cuenta de que la población general estaba aprendiendo a cocinar, y entonces se empezaron a comer entre ellos.

   Todos se quedaron mirando al Gran Rulemán, quien con unos grandes gestos de brazos arremolinados, gritó:

– ¡YO LE AUGURÉ A NADIE EL DOMINIO TOTAL DEL UNIVERSO DOBLEGADO A SU VOLUNTAD! Y les dije a los de LDSUORE que mejor se entregaban todos, porque hablé con sus dioses y me dijeron que si no me hacían grandes ofrendas de su oro, los iban a tirar a todos a los chanchos. ¡Y ME CREYERON!

   Entonces, todos miraron temerosamente a la Sala de mandos, pero como siempre a lo largo de ese interminable periplo, ningún sonido, ningún movimiento de Nadie reveló su existencia, como si su preclara sabiduría hubiera anticipado cada detalle del intrépido viaje.

   Mads Mikkelsen esbozó una maquiavélica media sonrisa y alzó su copa hacia la Sala de mandos, herméticamente cerrada desde que la nave salió de la Tierra.

– ¿Entonces Nadie capitanea la nave?

   Mads Mikkelsen, siempre con una críptica sonrisa, no contestó.

– ¿Por qué Nadie nunca viene a comer con la tripulación? ¿Adónde durmió anoche?

   Gaspar Toledo se fue al tacho de la basura y tiró la media morcilla con pasas de uva que le quedaba.

   No era un manjar de los dioses.

   Poroto Gómez ahí anda.

(las fotos no son mías ni de Poroto Gómez; son de Pixabay)

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20 pensamientos en “Otro de cowboys (vampiros en duelo en el espacio profundo)

  1. Dr. Zaius

    ¿LSD? ¿Crack? ¿Lentejas crudas?… quien sabe. Lo importante es que me reí mucho con su nuevo delirio mixto, donna Nadie. No sabía que Valdemar tiene una capa negra, ja!
    PD: el dr. Zaius tiene gran maestría con los palitos chinos (para envidia de algunos).

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      Como ya le dije al Dr. Zaïus, no se me ocurrió un nombre lo suficientemente degenerado y espacial hasta mucho después de terminar el cuento. Que fue muy difícil, realmente, y todavía le encuentro cosas para arreglar, pero es que soy muy ansiosa y quería sacarlo. En cuanto a la grasa corporal a mí no me mire; usted es el que se come los bizcochos.

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      Yo quería que el nombre sonara lo más “espacial” posible; no se me ocurrió que podía ser parecido a “Soyuz” (aunque más pervertido) hasta mucho después. Sorry, queridos degenerados.

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  2. El Gran Rulemán, también versado en el arte de la Numerología

    Lo de los bizcochos fue un golpe bajo, pero no engordan tanto como el cantimpalo en una pizza. Ya sobrepasó el límite, a partir de ahora las cosas van a ser distintas…

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  3. El Gran Rulemán

    Ya está: corto mano, corto fierro…la borro del twitter, del facebook, no consulto más su blog y ni se le ocurra usar mi nombre en otro de sus relatos, porque le voy a hacer juicio!!!

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      1. Nadie Avatar Autor de la entrada

        Oiga, no se ofenda, Gran Rulemán. Oigaaaa… ¿Gran Rulemán, El Más Grande y Hermoso, Sin Nada de Grasa Corporal? ¿Con Olores Celestiales Emergiendo Por Todos Sus Orificios?

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