Las imponentes milanesas de hígado del Gran Rulemán

stock-photo-schnitzel-with-french-fries-and-a-spicy-dip-fresh-from-red-orange-233720479   El día de la fecha, y sucumbiendo a un largo antojo de días y días, te has decidido a realizar estas sin duda excelentes milanesas de hígado, pergeñadas tal como te lo ha indicado el Gran Rulemán, que tiene algunas pretensiones culinarias no carentes de todo mérito, tal vez. No es que vayas a emplear el hígado del Gran Rulemán en persona; nada que ver.

   En primer lugar, cuando salís del gimnasio andá a la carnicería que queda frente a la plaza junto al antiguo hospital, porque ya van tres veces que Alberto te dice que está desprovisto por completo del lúgubre manjar, pobre Alberto, y no querés esperar más. Al amable carnicero que te atiende, de expresión menos sombría que Alberto si bien con un cuchillo mucho más grande, le pedís el favor de que te corte, en filetes no muy finos, no más de medio kilo de hígado, sin grasa si es posible. El hígado de una pobre e inocente vaquita, desde luego, con esos ojos grandes y húmedos, que te da una pena terrible tener que comértela; no va a ser el hígado del carnicero, por más que te haya dicho claramente “sí, tengo hígado”. Vos preferís el de vaca.

   Luego de comentar con la cajera la conveniencia de que el primero de abril todas las bolsas de plástico se van a dejar de entregar a los negocios, y alardear de que vos hace por lo menos dos años que empleás tus propias bolsas, y de criticar a las viejas que van al supermercado y pretenden que les den una bolsa por cada producto, volvete de nuevo para tu casa. Te falta el rebozador. No es que en la carnicería no tuvieran; es que el rebozador de Alberto es muy rico y tiene como gusto a grisines, ¿viste? Cuando llegues a lo de Alberto, pedile también media docena de sus incomparables huevos, tan hermosos. egg-1268339__180

   Ya en casa, puesto que te olvidaste de pasar por la verdulería de Miguelito a comprar ajo y perejil, dedicate a confeccionar las milanesas para estudiar sus propiedades, difícilmente alteradas, aunque sin duda realzadas, por el uso de los excelentes ajo y perejil. En primer lugar, como se hace siempre con las milanesas, disponé una al ladito de la otra tres asaderas o fuentes; una con huevo batido con una cucharadita de sal tamaño té; una llena de rebozador; una con los filetes de hígado ya lavados. Sí, el carnicero los cortó frente a vos y tenía guantes, pero no importa; vos lavá todo producto cárnico que vayas a consumir no bien lo retires de la bolsita. Pensándolo bien, agarrá otra asadera o un plato, para ir poniendo las milanesas que vayas armando.

   Encontrás que es mucho más sencillo que hacer las milanesas de berenjena o de zapallito o calabacita, porque los filetes son tiernos y húmedos y fáciles de manipular, y no cuesta nada que se les pegue el huevo y después el rebozador, Con un tenedor vas pasando un filete primero por huevo, después por el pan, dale la vuelta, volvelo a apoyar en el pan y apretalo con las manos para lograr una buena crostita, dale otra vuelta si te parece que querés más pan, y listo. Las vas acomodando en un plato, y podés ir poniendo a calentar la plancha o el horno, para liquidar una ahorita mismo. La podés potato-1140409__180acompañar con un puré de papas o de zanahoria o de batata, o una ensalada mixta común y silvestre, así como hacés con cualquier milanesa. Incluso te podés hacer el famoso sandwich, que no te van a llevar a la policía por hacerte un sandwich con una milanesa de hígado; no es como si estuvieras en un restaurant, alguien te pide ranas, y vos le servís pollo.

   Descubrís que, contrariamente a lo que uno pudiera pensar, no quedan para nada secas y duras, aún cuando adentro queden claras como si te hubieses pasado de cocción; razón por la que hasta que te mudaste sola, odiaste el hígado con alma y vida, porque tu mamá lo dejaba como un pedazo de cartón. Es más, al cortarlas, parece que, salvo porque exhiben una fibra mucho más fina, fueran de carne de vaca común y silvestre, dato muy útil si es que uno tiene críos a los que nada en el mundo convencerá de ponerse a digerir una sola partícula de hígado. Y eso es muy inconveniente, porque el hígado es una fuente muy buena de vitamina B y proteína, hierro y otras cosas de lo más útiles. No es deseable ni justo que su sabor, un poco desfavorecido, lo ponga tan fuera del alcance de los seres que más lo necesitan.

   En fin, que si estabas pensando en amenizar un poco tu escenario culinario, estas milanesas son ideales, tanto si el hígado te gusta muy jugoso como si te gusta cocido; tanto si vos vas a comértelas como si vas a convidar a tus sobrinos. Y es más, si querés hacer una obra de bien a través de una mentira piadosa, hacete estas milanesas, cocinalas bien, podés freírlas incluso, y las acompañás con un buen montón de papas fritas. Y después se las das a los sobrinos.

   Si se llegan a dar cuenta de que esas milanesas no son de nalga, renuncio a escribir más recetas.

(las imágenes son de Pixabay)

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