Un incidente interespecie

virus-163471__180   Ésa fue una cosa muy viciosa y secreta que había proyectado el Departamento de Diseños Internacionales, aunque nadie se lo había pedido (tal como solían hacer ellos, aunque a veces sí se lo pedían). Cuando concluyeran con el bichejo en cuestión (porque se trataba de hacer un bichito), los ingenieros del Departamento esperaban venderle el resultado a alguna especie que solicitara algo por el estilo, aunque se trataba de algo tan nuevo, que no sé cómo planeaban hacer eso. Además, estaban jugando con algo considerablemente ilegal.

   Este organismo prototipo implicaba la manipulación de varios genomas de especies inteligentes, obtenidos en base a que los ingenieros del Departamento se habían tomado atribuciones que no les correspondían (tal como solían hacer ellos, aunque a veces sí se lo pedían). Se trataba de un ente capaz de sobrevivir en un planeta-perfil bosquejado a partir de diez planetas diferentes, los cuales tenían una superficie que iba de lo más sólido entre lo sólido, hasta lo líquido en un 97 %. La gravedad del supuesto planeta podía oscilar entre dos y hasta cuatro veces la de la Tierra y la atmósfera requerida era indiferente, que tanto no podía variar. La temperatura en la cual el organismo podía desenvolverse iba de los ciento quince grados bajo cero hasta los diez sobre cero, lo cual constituía una de las razones de que resultara un depredador tan feroz. Lo más importante, el organismo prototipo era partenogenético, más concretamente se fisionaba, y el número máximo de individuos que podía generar era de cincuenta y ninguno excedía la célula, aunque vivirían muchísimo tiempo. Para hacerla corta, el prototipo era alguna clase de virus.

microbiology-163521__180   Aunque no poseía un cerebro y no contaba más que con puras enzimas, podía tomar decisiones y expandirse e ir adonde mejor le pareciera, aunque sus horizontes eran muy limitados. Lo fundamental era que si se lo proponía podía liquidar una galaxia entera, algo de ominoso discernimiento según los planos de los ingenieros. Por eso el prototipo no podía ser considerado una especie comodín. Por eso el prototipo sólo podía dar origen a cincuenta prototipitos. El prototipo era un organismo unicelular con dos propósitos en la vida y no sólo uno; se dividía, y además procuraba la completa destrucción de cualquier cosa que no compartiera su ADN.

   Su vida era larguísima y podía aprender, sin mutar. Era terriblemente sensible a cualquier cosa viva con la que entrara en contacto y esto solía ocasionarle un formidable mal humor; a su manera, se entiende. Su peor rasgo era que, ni bien lo soltaran en el aire y dada su naturaleza, lo primero que haría sería buscar material orgánico que deteriorar. Además era como las pirañas; una vez que el prototipo desentrañara adónde le gustaba más quedarse, empezaría de inmediato a fabricar sus prototipitos y todos se quedarían a despedazar el mismo lugar, y formarían una gran familia.

   Ahora, el tipo de lugar que el prototipo podía llegar a elegir para desarrollar su perjudicial biomateria, era una gran incógnita en su ADN; otro factor aterrador en su curiosa génesis. Concretamente, los ingenieros del Departamento esperaban con las cejas fruncidas y sus índices a medio centímetro de las pantallas de sus monitores, en donde titilaban los números de cuenta en la Primera Banca Interplanetaria: IIKKUIUJMM-098.aaauf. La génesis mencionada podía ser cerrada una multitud de veces diferentes según el capricho de los ingenieros, o según el número de finales posibles, o según el número apetecido en esas cuentas de la Primera Banca, el cual seguramente se relacionaba con una cantidad elevada de finales posibles.

   El prototipo procreaba una clase extraña de tumor. Cuando llegaba al lugar en donde se sentía más contento, se dedicaba a cercar, cortar y desviar un buen número de vasos sanguíneos o lo que fuera que lo dejara feliz y calentito, y generaba un buen callo en los tejidos nerviosos de un huésped que, lo fuera ya o no, pasaría esos días convertido en un vegetal. La colonia no podría ser neutralizada pues era capaz de soportar cambios de temperatura, presión, radiación o gases en la sangre, hasta mucho después de morir el rincón más interno del cerebro, si es que el atacante no desistía de su estúpido empeño. El individuo huésped tendría que perderse porque era imposible extraer o evitar la colonia si ella no tomaba tal decisión por sí misma, lo que podía demorar décadas si lo que se esperaba era su muerte natural. A no ser que la especie cuyos destinos regía aquel huésped fuera enterada de cierta vulnerabilidad del tumor, por lo cual pagaría un buen rescate. A no ser que la especie fuera informada, además, de que el tumor era Producto de Manipulación Genética, y que, si no pagaba el rescate, una de las especies manipuladas sería debidamente asesorada para que presentara Pedido de Tutela por Parentesco Genético, con lo cual el organismo invadido, por ejemplo el Director de un poderoso planeta, se consideraría tutelado también y en consecuencia reclamado ipso facto (algo de implicancias tenebrosas).

   También podía ser que, si la especie en problemas era inusualmente estólida y se virus-41379__180mantenía indiferente ante la temible lista, tal especie fuera objeto de un ataque igualmente estólido que llenaría su atmósfera de prototipos, amenazando su existencia a tal punto que, si no pagaba el rescate, lo único que restaría de su paso por el Espacio Conocido sería su número de registro en la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie. Y mejor sería que dicha Comisión no se enterara jamás de todas estas conversaciones, porque el resultado sería exactamente el mismo pero precedido por una peste insidiosa y de terrible virulencia, desaparecida del Espacio Conocido hacía como doscientos mil años, pero no antes de ser archivada por el Departamento de Diseños (con fines académicos, por supuesto).

   Lo mejor del prototipo era que nunca podría encontrarse en la situación de erigirse en Especie Independiente, aunque cincuenta prototipitos resultantes unieran y elevaran sus diminutas voces. El prototipo nunca conseguiría encontrar los circuitos nerviosos que le permitirían controlar intelectualmente al individuo pernoctado; jamás estaría en posición de formular demandas ni pretendería negociar mejores condiciones de vida. Nunca podría levantar una Denuncia ante la Comisión Evaluadora ni reclamar un planeta para su Residencia; no podría pagar por dicha Residencia, ni le interesaría solicitar Tutela, ni hacer ninguna de todas esas cosas con las que el Departamento de Diseños Internacionales había tenido tantas dificultades en el escabroso pasado. Los ingenieros estaban unidos al prototipo por una relación de tipo simbiótico, pero como la de los enormes peces del océano que suelen frecuentar rincones más o menos ocultos, para que pequeños pescaditos que se alimentan de parásitos les quiten las molestas impurezas de la piel. A los ingenieros no les importaba, aunque, como tantas cosas, resultaba útil a título informativo.

   Ojalá hubieran sido capaces de entender más cosas sobre su extraña relación. Pasó que antes de que el Boletín del Prototipo pudiera ser puesto en la Página Secreta del Departamento, hubo una falla en la seguridad de los laboratorios en donde el prototipo estaba siendo gestado. Alguien se llevó el portaobjetos que no era y sin darse cuenta se pasó la mano por donde no debía, y en un ratito nomás estaba acostado en el piso más duro que una piedra. Gracias a que la paranoia era virtud en los laboratorios del Departamento de Diseños Internacionales, uno de los ingenieros que estaba siempre atisbando por las cámaras de seguridad (se necesitaba un doctorado en Ingeniería Genética Avanzada para trabajar detrás de esas cámaras) saltó como dos metros para arriba, y después salió corriendo con un equipo de resucitación en una mano y un sintetizador de ADN en la otra. En dos minutos, el ingeniero que se había llevado el portaobjetos estaba recibiendo un telegrama de despido, un contrato de confidencialidad para firmar y un boleto de nave tripulada por impulsión hiperespacial a cualquier lugar que eligiera, y que no estuviera a menos de trescientos años luz del planeta sede del Departamento.

   Por supuesto, a aquellas alturas no se necesitaba tener a ningún idiota en animación suspendida para saber de qué la iba el virus. Antes de que el ingeniero despedido fuera instalado en su nave, un nuevo prototipo descansaba bajo el microscopio y severas advertencias circulaban como sigilosos plumerillos, pero más rápido.

   El asunto no paró ahí. En seguida, una caída en el sistema eléctrico hizo que los generadores de atmósfera confundieran los programas que se estaban corriendo, y pusieran a circular en los laboratorios una combinación que alteró completamente el protoplasma de todos los organismos que andaban procreando con alegría en ese momento. Como resultado, el prototipo comenzó el proceso de convertirse en espora antes de terminar su crecimiento y murió de lo más rápido, llevándose varios millones de bonos moneda a la tumba. Todos los técnicos fueron despedidos sumariamente y el proceso, dado lo secreto de su desarrollo, tuvo que ser relegado a los laboratorios más ocultos del subsuelo. Como se llevó muchos millones de bonos moneda más, el trámite de ponerlo en oferta se inició de inmediato. Para cuando fue obtenido el nuevo prototipo, había una larga lista de espera (y de ofertas), y la misma resultaba un catálogo de Amenazas Interespecie de Alto Nivel.

ball-958950_960_720   Pero el asunto tampoco paró ahí. Examinando la lista de ofertantes del prototipo, los altos directivos del Departamento de Diseños Internacionales encargados de revisarla se encontraron con agudas dificultades, por decirlo de una manera delicada. Ésta especie de acá ofrecía muchísimo más que esta otra de acá, pero ésta otra tiene varios proyectos encargados y además es mucho más poderosa, y va a saber qué fue lo que pasó con cierto Presidente, y ésta otra especie de acá es la que ofrece la cifra más elevada pero tiene cinco miembros en la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie y el peligro de fuga de información es grande, y las Clausuras a Perpetuidad y las Penalizaciones por Crimen Interespecie y la Declaración de Derechos, y las naves automáticas con misiles aire-tierra y esos nuevos que pueden navegar solos por impulsión hiperespacial, y ésta especie estaba por encargar dos planetas y dos especies diferentes de organismos complejos y adaptables, dos, carajo, dos, y hasta era posible que los dejaran quedarse con las patentes por nada, porque eran sumamente ricos.

   Lo peor, mientras estaban en plena conversación los Directivos iban recibiendo mensajes electrónicos documentados uno tras otro, y cada uno era de la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie, queriendo saber por qué había una dirección de correo electrónico a nombre del Departamento colmada de mensajes de especies involucradas en entredichos políticos. Los directivos fueron urgidos a desalojar de inmediato el salón de conferencias, y un equipo completo de especialistas en Seguridad se dedicó, ahí nomás, a preparar esas instalaciones para la Delegación Investigadora que la Comisión seguramente iba a enviar. Incluyeron, de paso, cualquier edificio que pudieron alcanzar en el breve tiempo de que disponían. Naturalmente lo más fácil de todo fue camuflar al prototipo entre los proyectos legales del Departamento, así que no tuvo que ser discontinuado por tercera vez. Lo que pasó ahora fue que se perdió.

   Dadas las circunstancias que rodeaban al acaecimiento del prototipo, todas las operaciones del Departamento tuvieron que ser paralizadas hasta que fuera hallado, y esta vez todos los ingenieros tuvieron que salir corriendo con sintetizadores de ADN en la mano. No encontraron al prototipo antes de llegar la Delegación de la Comisión Evaluadora, y cuando los oficiales desembarcaron se encontraron con un planeta bastante conmocionado.

   Tal estado resultaba completamente evidente, pero se les sugirió a los visitantes quedarse en cuarentena por su propia protección, informándoles que uno de los genomas bajo custodia había mutado por accidente, y se había transformado en un agente de enfermedad cardiopulmonar o cosa parecida; la investigación que venían a efectuar los oficiales debería ser pospuesta. Por supuesto, los delegados tuvieron que acceder. Tuvieron la desgracia de fallecer dos días después, víctimas de la misteriosa peste, la cual inexplicablemente también provocó infartos masivos en tres de los Directores principales del Departamento. El resto tenía pronóstico reservado y sus prótesis de reemplazo estaban siendo desembaladas. El prototipo fue encontrado.

   La nueva Delegación de la Comisión Evaluadora, mucho más amplia esta vez y con un carácter militar debidamente oficializado, no pudo levantar contra el Departamento ninguna clase de cargos. Los Ingenieros Genetistas Designados confirmaron la causa de muerte de los oficiales de justicia anteriores, la adjudicaron a Amenaza Interespecie No Específica, y una vez que se aseguraron de que tal Amenaza ya no existía en el planeta ni en ninguno de los laboratorios del Departamento, volvieron a embarcarse y esperaron a que los Ingenieros en Sistemas de Información acabaran de revisar esa misteriosa dirección de correo electrónico, junto con los perturbadores mensajes que ocasionaron la misión.

   Tampoco ellos encontraron nada; los hackers del Departamento de Diseños se demoraron, pero eliminaron todos los rastros que pudieron hallar sin que llegaran a ser ubicados. Además, como todas las operaciones de la Comisión Evaluadora se publicaban en Boletines diarios, las especies solicitantes del prototipo se consideraron advertidas de que el Departamento estaba siendo investigado, así que se cuidaron muy bien de nombrarlo aunque sea por casualidad; mucho menos le iban a mandar un e-mail a la parte que sea.

   Como no se pudo probar ningún delito el Departamento no llegó a ser enjuiciado ni penalizado, pero subsistía la recia sospecha, o más bien la irritada certeza, y en la Comisión Evaluadora sabían por experiencias previas que con el Departamento había que andarse con pies de plomo. Así que nombraron a una Junta Investigadora en Auditoría Permanente que sesionaría en el planeta durante tres años fiscales. Estos expertos se dedicarían a analizar en detalle cada proyecto y expediente que entrara o saliera de los archivos del Departamento, tenían permiso para caer en cualquier laboratorio en el momento que eligieran, y se asegurarían de mantener al Departamento todo ese tiempo en jaque a ver qué había en sus actas y en todo tipo de registros, en las cuentas personales de cualquier ejecutivo y hasta del más humilde de los ordenanzas, si hacía falta.

   El prototipo tuvo que ser destruido; podían volver a perderle el rastro con los expertos de la Comisión en el planeta. Si alguien lo encontraba y ataba cabos, o aún si no los ataba, el Departamento de Diseños tendría que vender hasta la patente de los nabos carnívoros para pagar los cargos por Crimen Interespecie, o similares. Quedaría inhabilitado para aceptar contratos que permitieran a las especies neutralizar al prototipo; otras empresas empezarían a operar y para cuando el Departamento volviera a comerciar, existiría demasiada competencia como para alcanzar el antiguo brillo. Habría que mudarse a una región menos poblada del Espacio Conocido, explorar nuevas galaxias y enfrentarse a territorios con especies que todavía no entendían la necesidad de los tentáculos, o que poseían soles tan jóvenes que no necesitarían emigrar en mil millones de años.

   Por el número de complicaciones que habían surgido y otras cuya existencia comenzó a sospecharse, este tipo de experiencias nunca se repitió. Cuando la Junta Investigadora en Auditoría Permanente se retiró del planeta, los ingenieros del Departamento buscaron ese CD lleno de tierra en donde habían guardado el genoma del prototipo, lo archivaron en la Sección Proyectos Secretos de Alto Riesgo con un cuidadoso informe, y se olvidaron de él. Por el momento, al menos.

   Sacaron de alguna parte la fórmula de un gas nervioso muy irritante, y lo vendían carísimo a las naves que aterrizaban clandestinamente en lugares que proveían armas de uso sancionado, y con eso se las arreglaron para pagar todas las cuentas que había dejado el prototipo y otras que venían de antes, que a eso había venido el embrollo después de todo. Como siempre, se recuperaron en poco tiempo.

   Y no pasó mucho más antes de que olvidaran completamente el incidente, que no sé qué le iba a hacer una mancha más al tigre, fuera o no de probeta. Se supiera o no lo que es un tigre, bah.

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4 pensamientos en “Un incidente interespecie

    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      ¡Ja ja! Es verdad; es un poco la intención de esos cuentos, porque a mí me enamora la idea del universo caótico y con seres de emociones tan humanas que es normal que… acaben formando un follón! Gracias por comentar.

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