Leyendas de la Troika

   Para terminar con mi visitación de las obras de los hermanos Strugatsky, recomendadas por el ilustre Doctor Zaïus, acá te comento Leyendas de la Troika, que es una novela que está junto con Picnic extraterrestre, en el libro que me fue prestado por dicho Doctor. El cual es éste:

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   Y para que veas que yo soy de las que devuelve los libros, cosa siempre recomendable y que en caso contrario puede arruinar reputaciones, los otros ya se los retorné.

   Leyendas de la Troika es un delirio desbarajustado completo. Como es el estilo cuyo perfecto manejo yo aspiro a alcanzar, me encantó. Podría decir que es un perfecto final para mi recorrido momentáneo de la obra de estos hermanos rusos, yendo desde el clima fantástico y sombrío de Picnic extraterrestre, con un humor creciente y cada vez más extraviado al pasar por Definitivamente, tal vez y La segunda invasión marciana, para concluir con la trepidante Leyendas de la Troika, en donde se hace una recreación literaria de la burocracia rusa que termina tejiendo tal encaje con lo ridículo, que entre las carcajadas podés llegar a perder lo profundo de la crítica. Que no es poca, ni menuda. Como ciudadana de un país cuya burocracia (y ridiculeces asociadas) nada tiene que envidiar a Rusia, por esta vez me voy a saltar lo de las diferencias culturales que pueden dificultar la lectura de estos hermanos, para decir que nunca he visto una pintura del tema tan acertada, paródica o no.

   La novela trata de un edificio situado en Rusia, que a mi modestísimo entender representa a la realidad. Te digo esto sin temor de quemarte el libro, porque la verdad es de lectura bastante difícil. Su simbología y su trabajo con las metáforas pueden hacer que se opaquen un poco los aspectos más simples, y me puedo estar equivocando. O no, y puedo ayudarte a entender.

   En el edificio existen diferentes pisos, cada uno para administrar y organizar un aspecto de la realidad posible diferente, por ejemplo, uno para un universo con propiedades físicas distintas, otro para una raza de alquimistas… y ya degenerando, tenés el piso setenta y seis, destinado a clasificar todas las cosas insólitas e irracionales, o meramente raras, de nuestro mundo. Y que si no lo eran en un principio, terminan siendo tan desmenuzadas por la burocracia, pedante y prepotente, que al final sí resultan insólitas e irracionales. Además, los disparates van siendo hilados cada vez más fino, cada vez se les atribuyen más detalles, hasta hacer que te preguntes hasta dónde se puede llegar. De manera tal, que el libro me resulta una especie de cruce entre Picnic extraterrestre, con todos sus artefactos extraños, y El proceso de Kafka (sí, Kafka otra vez). Pero exacerbado hasta la histeria, y la risa. Entre los pisos, ya complicados de por sí, circula un ascensor al tono: siempre lento, a menudo no funciona, ni puede llegar a los pisos más altos. Adecuado al libro, ¿verdad? Y a la burocracia.

   Imaginate que en este piso setenta y seis vive un extraterrestre que ha llegado a la Tierra, y que es citado a declarar para ser adecuadamente clasificado como extraterrestre, sin convencer a nadie, a pesar de tener cuatro brazos y una nave espacial. Primero, porque es necesario establecer en primer lugar qué es un hombre, en segundo lugar porque hay que estar seguros de que la nave en efecto es extraterrestre… No es convincente su don de la telepatía porque no es considerada un hecho científico; tiene que ofrecer, para convencer a los burócratas, “volar un poquito”… Todo esto conociendo la Troika (el tribunal) todos los bizarros detalles de la vida que el astronauta está llevando en la Tierra, su lugar de procedencia cerca de Antares… ¿Te suena familiar?

   Imaginate que a este piso va un hombre a buscar una Caja Negra que necesitan para computación, y su trámite termina cruzado con el de un anciano que quiere patentar (hacer reconocer, traer a la realidad) un artefacto que en esencia no es nada más que una máquina de escribir con una lamparita dentro, y que es tomado con toda seriedad. El asunto concluye con el caballero que busca la Caja Negra marchándose compungido, cuando le dan el artefacto del anciano, el cual de ninguna manera es la Caja Negra que pretendía por causa del papeleo equivocado… ¿Esto también te suena familiar?

   Pero los que me robaron el corazón son Zuma, el “pterodáctilo común y muy tímido”, que el tribunal insiste en clasificar como cocodrilo para poner a trabajar, y Gabi, la chinche parlante, quien era reclamada desde el Departamento de Felicidad Lineal, capaz de disertar con una gran penetración y mucha destreza acerca de las problemáticas tanto humanas, como del pueblo de las chinches. Y que sí, es una chinche de verdad… con patitas y todo… lo que le vale, a los ojos del tribunal, ser clasificada como una postulante a la Eliminación como Vestigio Social. Luego, naturalmente, de ser analizada con toda seriedad, en su naturaleza de chinche parlante, sin que se les mueva un pelo por el asombro. Sólo por la necesidad de clasificar, clasificar, fenómenos cada vez más extraños.

   Y hay mucho más. Accidentes geográficos, pantanos, colinas encantadas, no se salvan de aparecer o desaparecer de los mapas en base a clasificaciones absurdas, merced a esta burocracia que se arroga todo el derecho a traerlos o desplazarlos de la existencia, sin parar mientes en nada. Lo importante es organizar, cuadricular, compartimentar. Creeme, tenés para entretenerte.

   Y finalmente ¿Se puede escapar a la burocracia de tela de araña del piso setenta y seis? Los “expedicionarios” de pisos inferiores aparentemente logran dar cierta satisfacción a sus planes de salir de ella, pero… ¿es definitivo? ¿es siquiera real? ¿consiguieron algo? Hmmm. Yo me siento inclinada al escepticismo, y al fruncimiento de labios que acompaña los finales abiertos. Leé este final, analizalo, y sacá tus propias conclusiones.

   Pero si te gusta la ciencia ficción ingeniosa y retadora, te lo presento, éste es tu libro. Adelante con él y no te arrepientas, aún si su verdad no es evidente en apariencia.

   Muchas veces no lo es.

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2 pensamientos en “Leyendas de la Troika

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