El intrigante lemoncello

spirits-295623__180   El día de la fecha, para festejar la nueva tanda de maravillosos frutos provenientes del limonero de Rodrigo, de los cuales te has traído seis, vas a emprender de nuevo la confección de este excelente licor, el cual es muy delicioso, pero que te ha proporcionado en una ocasión anterior amargos sinsabores.

   En esta oportunidad, y dado que bajo ninguna circunstancia estás dispuesta a aceptar un nuevo fracaso, vigilarás cuidadosamente cada uno de los pasos, preparando además varias salidas de emergencia como para no dar el brazo a torcer.

   En primer lugar, entonces, te vas inmediatamente para el Super, a conseguir un litro de alcohol medicinal. Rodrigo mismo te ha dicho que lo que suele usarse para los licores es alcohol de cereal, pero la tía Gladys hace con ese alcohol que venden en el Super el licor de vainillas y el licor de chocolate, así que no hay para qué irse hasta adonde el diablo perdió el poncho, para que encima, en una de esas, te tengas que meter el resultado de todo el proceso allá en donde la espalda pierde su honesto nombre.

   Como es tarde, no vas a ir de shopping al Super tal como acostumbrás a hacer, y te vas a limitar a buscar el alcohol.

   Con él en tu poder, ubicate raudamente en la fila de ocho artículos, en donde dos jóvenes con una canastita, delante tuyo, se te quedan mirando con tu única botellita: los jóvenes de hoy no tienen idea de la urbanidad y las buenas costumbres, y tampoco saben que te estás muriendo por ir al baño.

lemon-1313642__180   Una vez en casa, continuás con la primera parte del proceso, la cual es preparar el macerado de cáscaras de limón. En efecto, dado que el lemoncello es un licor de limón, algo vas a necesitar, pero tal como suele suceder y al contrario de lo que pasa con las naranjas o las mandarinas, lo que vas a querer es la cáscara, qué raro, ¿no? Y lo que se dice de la cáscara de limón es lo mismo para todas las preparaciones: CUIDADO CON LA PARTE BLANCA. Como te quede aunque sea un poquito, vas a tener que tirar TODO. En serio. Agarrá un pelapapas y dejá cuatro limones bien mochos. Esas aromáticas y fantásticas tiras de cáscara de limón tienen que ir dentro de una botella de vidrio llenita de alcohol, así que vas a tomar esa de bebida con sabor gin tonic que vaciaste con el Doctor Zaïus el sábado, y vas a poner ahí las cáscaras, ya que tiene justo casi medio litro. Le volcás dentro la mitad de la botella de alcohol que compraste, y guardás para futuras cosechas la otra mitad, cruzando los dedos para ahuyentar la mala suerte.

   Ahora, vas a guardar esa botella bien tapada durante diez días, en un lugar seco y oscuro. Le encargás al Doctor Zaïus que se acuerde de avisarte, porque de otra forma es seguro que te la vas a dejar allá, en la esquina de la ducha del baño, hasta que se evapore por completo o se ponga oscura hasta parecer pichí. Lógicamente, el lemoncello no es como la crema pastelera, y podés hacer otras cosas en los diez días que faltan hasta que le eches el almíbar. Diez días pueden rendir para bastantes cosas.

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   El resto del proceso es una complicada cuestión. Cuando llegue el momento preciso, vas a preparar medio litro de almíbar con un punto bien flojo, y lo vas a dejar que se enfríe antes de mezclarlo con el alcohol: en la clase semanal de misterios del universo, donde te dieron ese dato, te habían dicho además que va una parte de alcohol por cada tres de almíbar, es decir, que solamente un tercio del lemoncello será de alcohol con la esencia de limón. Pero una de las cosas que vas a hacer estos diez días, es evaluar la conveniencia de tal proporción, buscando, por ejemplo, muchas recetas en Internet.

   La causa es que la única vez que te decidiste a hacer el lemoncello (el cual quedó delicioso, por cierto) terminaste con una botella que era lemoncello en un noventa por ciento, y en un diez por ciento unas ramas de azúcar muy bellas y llamativas, pero escasamente bebestibles. Como es dudoso que ése haya sido el resultado propuesto desde el principio, esta vez estudiarás concienzudamente la cuestión, pues además deseás obsequiar a Rodrigo y a tu señor padre con este lemoncello para el Día del Padre, el cual se festeja, por estas tierras, exactamente dentro de un mes. Es sabido que una vez lograda la mezcla de almíbar y alcohol, se la debe dejar reposar por unos veinte días antes de beber, así que tenés el tiempo justo.

   Sea cual sea el resultado, tenés preparadas dos botellas de vidrio exactamente iguales, las cuales contuvieron anteriormente una bebida muy similar a la que escanciaron el sábado con el Doctor Zaïus. En caso de lograr las extrañas y bellas nervaduras de azúcar anteriormente mencionadas, no le vas a decir a nadie.

small-business-1131236__180   Vas a averiguar una manera bella y creativa de decorar las botellas, y las vas a llenar de lemoncello, y seguidamente las sellarás con unos tapones bonitos que seguramente conseguirás en tu casa de artículos de bazar favorita.

   Y si alguien pregunta por la receta del delicioso lemoncello, le podés decir la verdad con confianza, que cuando termine con el árbol de azúcar, el incauto curioso no se podrá enojar para nada.

   Es sabido que todas las familias tienen secretos.

(Imágenes de Pixabay)

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