La sorprendente lasagna de jurel y Venado

lasagna-436451__180   Para el precedente sábado a la noche, y puesto que la señora madre del Doctor Zaïus ha tenido la gentileza de enviarte una lata de jurel, el cual conoce que te encanta y que a veces te cuesta conseguir, podrías utilizarlo para inventar y recrearte con una inusual receta. Tal es la de esta lasagna, la cual ha sido juzgada como de deliciosidad dudosa según el Gran Rulemán, y que, dados los espectaculares resultados, ocasionarán un formidable corte de mangas, la próxima vez que veas a dicho Gran Rulemán.

   La confección de esta lasagna ha tenido su origen en el éxito de la precedente Adorable lasagna prêt-à-porter, la repentina presencia de la lata de jurel y tu apetito desmedido por los experimentos delirantes y desarbolados, por lo que en realidad no cabe ensañarse demasiado con el Gran Rulemán. Comentarios del Doctor Zaïus, que le dijo tu idea a su señora madre, han tenido después de todo un sentido similar a los improperios del Gran Rulemán. De hecho, también a vos te resultaba raro para una lasagna este singular giant-trevally-541834__180ingrediente y el Gran Rulemán sobre todo te generó una tremenda inseguridad, por lo cual te dedicaste de inmediato a pensar en una serie de ingredientes que volvieran al jurel de sabor más delicado, y apto para la pasta, y que todos juntos combinaran bien.

   En primer lugar, pensaste en la salsa blanca (bêchamel, no blanca; blanca es cuando no se hace con leche, curiosamente) y choclo, que son ingredientes típicos para combinar con pescados, en empanadas o ensaladas. Concretamente, choclo amarillo cremoso en lata, para mezclar con el jurel medio a lo bruto, y un poco de maíz amarillo partido hervido, para que no sea una pasta tan uniforme. Lo del maíz partido era sobre todo porque te conocés, y sabés que si bien el choclo cremoso era lo adecuado, a vos siempre te ha parecido que parece vómito y lo ibas a terminar mezclando demasiado con el jurel, haciendo que el sabor se note mucho menos. También se te habían ocurrido aceitunas verdes, pero ya te parecían demasiados ingredientes. Para la otra capa de la lasagna, elegiste paleta y queso port salut cremoso de esa marca que te gusta tanto; trescientos gramos, que ese queso es de sabor tan delicado que va con todo, y uno empieza a comer y ya no puede parar, sobre todo cuando está irresistiblemente derretido, y si se llega a quemar un poquito, ni te cuento.

   Así que, valientemente, agarraste el paraguas rojo que compraste en el Super y te fuiste abajo de la lluvia hacia dicho Super, que está más lejos de tu casa pero tiene más cosas, para poder traerte todos los ingredientes de una vez, que no ibas a volver a salir con ese clima.

   En primer lugar, agarraste para la góndola donde tienen las cajitas de puré de tomate (PURÉ, NO PULPA) y te abarajaste una. Lo siguiente fue un litro de leche para la salsa blanca, porque te quedaba muy poquita leche, y después, aunque era el primer objetivo en tu mente, el incomparable queso cremoso (CREMOSO, NO CREMA). Luego de unos minutos deliberando, encontraste en la góndola ya envasado un pedacito singularmente adecuado a tus objetivos y te lo embolsaste, dirigiéndote luego hacia la chica morochita de la fiambrería para que te pesara doscientos gramos de paleta. Ciento cincuenta son suficientes, pero no te venden ciento cincuenta, y cien te pareció poco.

 muffins-861563__180  A continuación, y puesto que la sección de panadería está contigua a la de fiambrería, te fuiste para allá y elegiste, luego de considerable búsqueda, un paquete de magdalenas rellenas de dulce de leche, ya envasadas, y un paquetito de azúcar impalpable. Las razones son el reciente onomástico del Doctor Zaïus, al cual querías festejar, y el mal funcionamiento de tu horno, que sólo puede ir al máximo, impidiéndote en consecuencia elaborar una de tus soberbias tortas. En realidad lo que buscabas era una de esas tortas de levadura rellenas de dulce de leche que vienen envasadas y que parecen una ensaimada, pero sólo tenían las que vienen con copitos de chocolate, y parecían medio duras. En cuanto a las magdalenas, si hubiera sido por vos las hubieras decorado con un bonito copo de queso crema endulzado con azúcar impalpable, y quizás un poquito de ralladura de limón, pero sólo te llevaste el azúcar impalpable porque pensaste que quizás el Doctor Zaïus sería refractario a tal refinamiento culinario. Comentarios posteriores comprobaron que tenías razón.

   Así que luego de buscar las magdalenas, te fuiste derecho a ver dónde estaba la lasagna envasada en hojas, hallando que no tenían el paquete pequeño sino el de medio kilo, por lo que en tus cenas con el Doctor Zaïus se avizora un futuro lleno de lasagnas de variada confección. Todas deliciosas, por supuesto.

   Ya en casa, el proceso seguido fue similar al de la adorable lasagna prêt-à-porter, y dejaste todo listo para la noche, que fue cuando armaste la lasagna y la pusiste al horno. Primero, rehogaste la cebolla y le agregaste el puré de tomate para la salsa roja; paralelamente preparaste la salsa bêchamel. Como siempre, la hiciste con aceite para que engorde menos, usando dos tazas de leche y una cucharada bien gorda de harina, aunque fue demasiado, porque te quedó la mitad de la salsa. Una vez tuviste lista la salsa bêchamel, le volcaste dentro la lata de jurel, y la de choclo amarillo cremoso, esta última con una mueca que señalaba un atisbo de asco. Te dedicaste en seguida a desmenuzar todo pcorn-1173816__180ara mezclarlo excesivamente, mientras te maldecías entre dientes con términos arrabaleros de dudoso gusto, y reñidos con la moral y las buenas costumbres. Al maíz partido que pusiste a hidratar la noche previa, lo dejaste para hervirlo a la noche, total en una hora se hace.

   Y eso es prácticamente todo. La lasagna la armaste como se hace siempre, con un poquito de salsa antes y después de cada capa de masa, solamente que como uno de los rellenos tenía jurel, que es un sabor muy dominante, trataste de ponerle lo menos posible. Claro que, como en tu mente la masa de lasagna que comprás parece de plástico, no pudiste con tu genio y le pusiste un poquito demás, sobre todo considerando que después de veinticinco minutos en el horno, el jurel, el choclo y la salsa bêchamel iban a soltar líquido también. El resultado fue una lasagna considerablemente blanda, que se desarmaba un poquito al servir, lo cual en tu opinión podrá ser fácilmente subsanado cuando repitas la receta. Mientras tanto, vos y el Doctor Zaïus criticaron la lasagna a mandíbula batiente, y hoy domingo por la mañana lo único que queda de ella es el recuerdo, porque ni se acordaron de sacarle una foto. Ah, y un poquito de relleno de jurel, una feta de paleta y un potecito de salsa roja, lo que bien podrías combinar con un puñadito de fideos. La salsa roja o el resto de salsa blanca con maíz. Cualquier cosa sirve, que quedó riquísimo.

   Ah, el Venado del título es porque el Doctor Zaïus y su señora madre, que catalizaron esta receta, proceden de la cercana urbe de Venado Tuerto.

   El Doctor Zaïus cumplió sus primeros cuarenta el veintidós de mayo. Le gustan el vino tinto y los libros de ciencia ficción. Así que ya sabés.

   ¡Feliz birthday, Doctor Zaïus!

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(Imágenes de Pixabay)

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8 pensamientos en “La sorprendente lasagna de jurel y Venado

  1. El Gran Rulemán

    Noooo!!! como va a quemarlo de esa manera!!! Si yo fuera el Dr-quien-sabe-en-qué-Zaius no le hablaría más…o peor… publicaria su fecha de nacimiento…MMMMM

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  2. El Gran Ruleman

    Publique lo que publique la que va a salir perdiendo siempre es Ud…. además especialmente en esta entrada fui bastante generoso al no comentar “ciertas cosas”….

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