Cuento minimalista (una historia real)

central-square-1047050__180   La sociedad de esta plaza es una sociedad extraña.

   Para empezar, la chica va ahí a sentarse en el pasto para escribir su cuento minimalista y, ¿qué pasa?, primero tiene que esquivar a unos tipos bien sentados en el medio de la sombra más espesa, la que a la chica le hubiera gustado ocupar de no estar ellos. Después, hay bichitos culeando justo donde la chica se va a sentar. No sabe si pican; la chica espera que no porque están por todas partes. Los saca cariñosamente, cobijándolos en su mano para arrojarlos lejos y que puedan joder en paz, ellos y la chica, y ¿qué ve?, se sienta (le acaba de caer una enorme hormiga negra encima) y aparece un loco. Claro, al principio la chica no se da cuenta de que es un loco, porque sólo se comporta como un tipo que cruza la calle corriendo hacia la plaza (algún hijo de puta de un edificio está poniendo cuartetos o una mierda así; le llega a la chica muy suavemente y hace que el color de su piel se eleve hasta los colores de la parte superior del espectro. No es lo único; la chica oye que a su alrededor caen las flores secas del palo borracho y también el movimiento de ¡puta, es tango! las hojas en el viento, y la chica no puede evitar el temor de que en cualquier momento un ciempiés gigante le caiga encima y se le enrosque en la cabeza como un turbante. Una arañita chiquita aterrizó en su rodilla y se pasea alegremente). El caso es que una vez que llega a la plaza el tipo sigue corriendo y corriendo, medio desvencijado, medio aleteante. La chica se sienta; no le importa, no le presta atención. “¡Gol!”, oye por ahí, “¡Gol!”, y el tipo que sigue corriendo y da una patada en el suelo, y después corre más y le da una patada al poste (viene una avispa, viene una avispa) de la luz, ese todo moderno al borde del pasto (una hormiga negra se pasea sobre la carpeta). El tipo mira a la chica, ella tiene miedo, ¿será lo que remate el día de mierda? pero sigue adelante (la dueña de un cocker que vino a cagar cerca mira a la chica y también sigue adelante).

dolphin-fountain-1365954__180   Es verdaderamente muy extraña la sociedad de esta plaza. Dos chicos están en el tope mismo de la fuente ornamental del centro. Se pasean dentro de ese, qué es, ¿un cáliz de hierro? (qué fuerte que cantan esas calandrias de mierda, y encima tienen el coraje de contestarse; otra ¡otros dos bichitos amarillos culeando! hormiga negra cae sobre la carpeta y se sube encima de la chica, andate de acá, fus, fus, una flor seca de palo borracho aterriza entre las piernas extendidas como una bomba y hace un ruido que la chica casi se caga encima). Se pueden lastimar. Y de todas maneras, ¿qué hay ahí? ¿agua? Si queda debe estar muy caliente; la fuente está apagada. Tan linda como se ve con todos esos chorritos transparentes que le salen al prenderla, pero ahora está apagada. La chica vuelve a mirar (hace pelota sin querer a un bichito ignoto que confundió con una tierrita; una hormiga igualmente ignota trata de meterse en sus calzones y algo picó a la chica en la parte de atrás de la rodilla) pero los chicos ya se fueron. La chica busca entre la gente que descansa en los bancos alrededor de la fuente y no los ve, ¿adónde están? La chica ve, en cambio, a un viejo que se marcha y que le resulta conocido; ella cree que lo vio aquí mismo cuando vino al mediodía (porque ella ya estuvo ¡hormiga negra en la pollera! aquí al mediodía, tratando de escribir su cuentito). ¿Será, en efecto, ese viejo? ¿Se habrá quedado acá todo este tiempo, mientras la chica iba y venía, o es que los viejos se parecen todos? (tres chicos se suben a un árbol jugando y gritando; a la chica le gustaría mucho que alguno se cayera y se rompiera el cuellito, aunque es una pena porque entonces los otros van a gritar más). Tres pibes grandes pasan al lado del árbol y miran a la chica. Un tipo está sentado en un banco, al lado de la calle (a la chica se le durmió la pierna y tiene sed) haciéndole compañía a la bicicleta y fumando (pausa de la chica; le duele la espalda. Vuelve, espanta de la hoja a un bichito diminuto).parking-1421907__180

   Y eso es todo. ¿Sabés? Hoy al mediodía la chica tenía tema. La plaza estaba pacífica, soleada y fresca, y ella pensaba comentar sobre el mundo perruno de vacaciones de sus departamentos, pero le daba vergüenza escribir delante de la gente, y no encontraba un banco bien sombreado, y cuando lo encontraba algo pasaba. Y al carajo. Se hartó. Como ahora.

   Antaño, Virgilio y toda esa gente aseguraban que los pastores se las arreglaban muy bien escribiendo al aire libre. La chica no sabe cómo harían. Ella se va a casa; en lo personal ha hallado que la bucólica la enloquece, para no hablar del minimalismo.

   Es demasiado, demasiado extraña la sociedad de esta plaza.

(Imágenes de Pixabay)

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