Soltero sin hijos: decí tu número

fireworks-1318458__180  ¡Aquí estoy nuevamente, hordas malhabladas y amantes de levantarse los sábados a las doce del mediodía, dejar los productos de las resacas alrededor del inodoro toda la noche, y reírse de los estúpidos mensajes de texto enviados en el período de inconsciencia!

   ¿Cómo están? ¿Me extrañaron? ¿Encontraron algún nuevo motivo de queja suscitado por los anidadores compulsivos y su ingobernable prole? Sí, ¿verdad? Eso ni se pregunta. Pero como estoy de buen humor en este momento, no voy a indagar demasiado y voy a escribir una entrada de neto corte científico y marcado interés sociológico. Casi desapasionada, dentro de lo que el tema me permite.

   En efecto, estaba tratando de escribir algo científico. Concretamente, pensaba seguir despotricando en contra del supuesto descubrimiento del planeta X, del cual se están diciendo tantas cosas y levantando tanto polvo al pedo, que probablemente cuando lo descubran (si es que algún día alguien lo descubre), la gente seguramente nada más dirá: “ah, eso”. En fin, tenía unos cuantos artículos para leer marcados en Twitter (la documentación que le dicen)… pero aquí está anocheciendo, me está entrando fiaca y perdí el impulso.

   Y justo cuando ya desistía y me ponía a buscar peli, ¿oh qué veo? Una foto de contenido tan irracional para mí, que no consigo palabras para expresarlo. Te pongo aquí la foto para que veas por vos mismo. Porque una imagen (y en especial esta imagen) vale más que mil palabras. O acaso una sea más que suficiente: ¡JODER!

CjqbXvXWsAA6RJe   Sí. Es justo como lo has leído. Esa señora tuvo sesenta y nueve hijos. Dudo que haya estado un día entero de pie desde que comenzó a menstruar.

   Entiendo. Eran otros tiempos. La expectativa de vida no alcanzaba los noventa años con comodidad, igual que hoy en día. La tasa de mortalidad infantil, con menor acceso a vacunas, alimentación de menos calidad, una higiene no tan buena, era mucho más elevada. No había televisión…

   Aún así, necesito de un esfuerzo mental considerable para tratar de comprender qué valor se le puede dar a la vida humana, cuando uno es como un virus; es decir, un sistema de reproducción destinado únicamente a repetirse a sí mismo sin el menor empacho, mientras las tabas le den con qué… Increíble. No consigo imaginarme cómo ves a cada nuevo hijo (incluso si la palabra sigue significando algo) después del… no sé. ¿Quince? ¿Dieciséis? Señor… Mi abuelo era uno de once hermanos. Sé de números similares en aquellas lejanas épocas. Pero repito las preguntas anteriores. Acaso explique algunas cosas.

   Y después de un minuto de silencio, vuelvo de un obnubilado cabezazo a la época actual, y la tilinguería del mandato social. Que, Señoras y señores, pese a las apariencias no nos ha proporcionado las instrucciones para todo.

SÍSEÑORAVER:

  • Casado: listo.
  • Hijos: listo.
  • ¿¿???
  • ¿¿CUÁNTOS???

   Es la pregunta clave después del matrimonio, me parece a mí, para los anidadores de hoy en día. Antes, en la época de la señora rusa o de mi abuelo, la respuesta era: “Y DALE…”, y se buscaban algún rito supersticioso o algún dios a fin de rezarle para lograr el mayor suministro posible de varones. Hoy somos más evolucionados: decimos aceptar todas las hijas mujeres que vengan y darles la misma bienvenida a todas, y para saber el número exacto de hijos, bueno, obramos con la misma sabiduría que en ocasiones similares y… vemos lo que hizo el de al lado.

   En mi país, puedo adelantar al hermano lector que no comparte conmigo esta tierra, sino que sufre los estragos de la superpoblación en otras partes del mundo, que entre las clases más humildes el asunto sigue siendo como en la época de la señora rusa. Esto da lugar a una serie de reflexiones sobre política y educación que no me voy a poner a hacer, porque me voy a enojar en serio. Más divertido es analizar lo que sucede con las clases más acomodadas: de clase media acomodada, concretamente, para arriba. Los de clase media tienen dos. Eso es aburrido.

   En lo personal, encuentro que el número de retoños posibles va creciendo con el número de pajaritos en la cabeza. En mi infancia, el número ideal para la gente de plata parecía ser tres. Hoy en día, cuatro. Si uno tiene pretensiones patricias, el número es mayor, sobre todo si, como es habitual que suceda, el honesto padre de familia se pudrió del mandato social a la mitad del campeonato, renunció, y como no podía quedar fuera del circuito se volvió a casar, y entonces empezó de nuevo, de puro compadre que era. Sobre todo si la esposa tiene la mitad de su edad, también como es normal que suceda.

   Lógicamente hay excepciones a esto; demasiadas, y las suficientes como para acusarme de hablar por boca de ganso. Y sería una acusación muy justa. Yo no he hecho ninguna encuesta para decir estas cosas; no recurrí a estadísticas ni nada por el estilo. Pero tengo ojos, y veo a mi alrededor. También tengo oídos. Y escucho. Los números concuerdan.

   Estos pocos casos particulares de los que hablo, me hacen pensar que ver un caso es como ponerse a ver culos: más o menos redondos y con más o menos pelos, pero si viste uno, los viste todos.

   Realmente, haber avanzado tanto en tecnología, con tantos descubrimientos, con tanta filosofía como se ha hilvanado en todos estos años… ¿No nos merecemos como especie criterios menos vagos a la hora de decidir la descendencia? Dígase lo que se diga de los chinos, a mí me parece que son la gente más sabia que hay al respecto. Pensá en esto.

person-540257__180   Países con poblaciones muertas de hambre por una distribución de la riqueza demencial. Que se niegan al control de la natalidad a capa y espada. Que se niegan a legalizar el aborto. Que usan a la gente como carne de cañón, como mano de obra barata, como votantes, países con mitologías que producen humanos como subproductos, con los que no se sabe muy bien qué hacer… Señor, te juro que en mis peores días, siento que tener hijos es negligencia criminal.

   Y me falta pensar en mi mundito de todos los días.

   Gente que no se resigna a no tener hijos, aunque eso signifique traerlos al mundo a rebuscar entre la basura, como un perro callejero o un cerdo. Gente que opina que no tener hijos es ser egoísta o pobre de espíritu, aunque realmente no los deseen y los hagan sufrir la falta de amor la vida entera. Gente que tiene hijos… porque puede. Concebirlos, mantenerlos, pagar para que estén cuidados ante los demás anidadores. Mientras que en privado… mirá en el diario a ver qué pasa en privado. Todos los días; a todas horas.

   La gente no debería ser tratada como puros números.

  Pero volvamos al tema que me ocupa hoy, para recuperar el buen humor y cerrar el artículo. Reflexionemos. Es importante. La que me hice es una pregunta sin respuesta, y prometo seriamente una investigación. Lo planteo con sinceridad, como integrante de una sociedad que, honestamente, parece no estar sabiendo muy bien qué hacer con su descendencia, cuando llega la hora de pararla sobre el mundo para que siga la vida.

   En serio.

¿Cuántos necesitás?

     Para hacer todo eso que te dije antes. Decímelo. Son cosas que uno suele pensar antes de casarse, así que debería ser fácil. Incluso si no te casaste, deberías pensarlo. Es importante.

   Uno solo, lo que a mí me parece una respuesta coherente, si pretendés que tus medios y tu persona le sean suficientes a tu hijo, le parece muy poco a la mayoría de las personas.

   No sé por qué sería muy poco. Pensar así me parece un insulto para el hijo existente, que puede pensar que es insuficiente, y para el hijo posterior, que puede pensar que es un repuesto. Ni hablar si son más de dos. El tercero, el cuarto, podrían preguntar directamente: ¿nosotros qué vendríamos a ser? ¿los hijos de la inercia? ¿de la vodka barata?

   Te dejo la pregunta, como peludo de regalo. Mirá alrededor y analizá los casos cercanos, o tu propio caso si te sirve, y contestá, aunque sea para tus adentros. Tu sociedad (y tus hijos) se lo merecen.

   Y cuidado.

    No sirve decir: “no quería que el nene/la nena estuviera solito/solita”: dejate de joder; qué pibe es sincero cuando dice que quiere un hermano; te aseguro que después se arrepiente.

   No sirve decir “yo quería una familia grande”: ¡no me sirve para saber la diferencia entre tres y cuatro! Tampoco me sirve para saber qué significa “una familia grande”.

   Y si tenés de ocho para arriba, andate al carajo; no podés saber lo que es tener ni uno; menos que yo. No los estás criando vos seguro; no seas caradura y preguntale a la niñera.

   O a la vecina.

   ¡Esa que no tiene hijos y se tiene que aguantar a los tuyos a todas horas, chillando en el patio!

(Imágenes de Pixabay y de History Lovers Club. El tweet en el que publicaron la foto era éste: )

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