Lo que es la sensia

proxy   Hace tiempo que estoy ansiosa por escribir algún artículo de cierto tenor científico, porque hay tantas cosas nuevas y estoy tan maravillada por todas…

Ha pasado tiempo desde que, en mi infancia (hace unos añitos, je je) los descubrimientos eran raros, aislados y sujetos siempre a posteriores comprobaciones. Hoy en día, creo que no debe quedar ni quien contradiga el Big Bang y ya cuando hablan de las nuevas búsquedas del colisionador de hadrones, la gente sencillamente se pregunta cuándo publicarán el descubrimiento. Hace un par de años que yo sé lo que son los hadrones. Ni hablar de los cientos de partículas subatómicas de hoy en día. Cuando yo iba a la primaria, teníamos el protón, el neutrón y el electrón.

   ¿Te acordás de lo que te conté los primeros días del blog, cuando estaba tan contenta porque por primera vez teníamos una foto verdadera, bien nítida, no pixelada, tomada a una distancia ínfima, del planeta Plutón (que ya ni siquiera es considerado planeta)? Son once meses, y ha corrido, nada más que en once meses, mucha agua bajo el puente. Te cuento sólo una cosita de entre todas las que me llamaron más la atención, desde las aventuras de Scott Kelly en la Estación Espacial Internacional. Y por qué me llamó la atención. Consulté el artículo en el blog Eureka, de Daniel Marín, el cual si no estás siguiendo, bueno, te recomiendo que lo hagas inmediatamente. He tomado las fotos de ese blog; debajo te cito el artículo, que es fabuloso.

   Se trata del encuentro de los agujeros negros. Para mí, es algo de tales alcances filosóficos, poéticos y científicos que no tengo palabras para expresar el grado en que me conmueve.

   Es la fusión de dos agujeros negros de treinta y pico de masas solares. Y todo el mundo sabe qué tanta masa es necesaria para formar un agujero negro,  aunque sea pequeñito.

   Pero además, el asunto es que al colisionar, han producido un sacudón tan grande en el espacio que los rodea, que lo podemos sentir mil cuatrocientos millones de años después. A mil cuatrocientos millones de años luz de distancia. Un impacto considerable, ¿no? A mí me parece que tiende a poner las cosas en perspectiva, para todos los que pensamos en dejar nuestra marca en el mundo. Nuestro pequeño mundito. Pero el asunto más llamativo, para mí, a pesar de todas las implicancias científicas que pueda tener este descubrimiento, es el hecho del descubrimiento mismo.

   Nuestro sol tiene cinco mil millones de años. En ese tiempo surgió nuestro sistema solar, con todas esas cosas entretenidas como los planetas exteriores cambiando de órbita gracias a Júpiter (probablemente con uno expulsado por el camino, que puede o no haber quedado dando vueltas por ahí afuera). Mientras tanto, viene una cosa grandota y se la pone contra la Tierra cuando era un bodoque de lava y agua, y ya que estaba produce una luna, la cual es de lo más necesaria para la vida… Especialmente, para esa que algunos millones de años después,  desarrolla ese cosito en el pie que se llama astrágalo y el famoso pulgar oponible, sendas cosas que la facultan para convertirse en la que se supone es la especie racional del planeta…

   Eso hace tres o cuatro millones de años, ¿no? Un tiempito después de que los dos agujeros negros sumaran ¿su masa? No lo sé con seguridad. Pero para cuando la vida inteligente apareció sobre la Tierra, tal vez miles de estrellas habían desaparecido del universo, devoradas por esa gravedad que se condensó. Hacía mucho, mucho tiempo.

   Y en cierto momento, esta especie inteligente de los pulgares oponibles, que un día estaba desenterrando un ánfora etrusca para limpiarla con un pincelito, tratando de documentar la historia de un pueblo, de repente está escuchando el ruidito que hicieron al encontrarse dos tremendos desgarrones en el espacio y el tiempo, producidos por estrellas muertas mucho antes de que su propia estrella existiera. Ni hablar de ellos.Ck_JPD-WgAA3FfS-580x290

   Ni hablar de su capacidad de escuchar el ruidito, que ni siquiera es un ruidito. Son las  ondas gravitacionales que produjo la unión de los dos agujeros. Como las que se dibujan en el agua de un estanque cuando cae una piedra. Tal vez, las estrellas que devoraron esos dos agujeros sustentaban cientos de civilizaciones como la de estos bichitos arqueólogos, que ahora pueden escuchar el ruidito. De esa muerte tan monumental. Y tan pretérita. ¿Podés visualizar semejante cosa?

   Colapsar bajo la propia gravedad es algo muy humano, pero el tiempo de la vida humana es breve. Normalmente, nos damos cuenta. Si no podemos hacer nada más, por lo menos nos paramos frente al precipicio con la boca seca y abierta, y las manos sobre la cabeza, ante la inminencia del desastre.  Los resultados usualmente tampoco son una sorpresa para nadie.

   Pero una estrella, o una comunidad de ellas, aún si contara con cientos de especies racionales, ¿cómo se da cuenta de que está muriendo? ¿Quién fue el último en caer dentro de cada agujero negro? ¿Has leído Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon? ¿Quién fue el último en morir durante el encuentro? ¿Murió? ¿Qué pensaba, mientras se apretaba la cabeza con las manos?

   Cuando trato de compaginar estas historias, mi pobre cabeza terrícola y pueblerina se confunde. Tal vez esos agujeros ni siquiera se formaron devorando estrellas. Todo es una suposición mía. Pero si no fuera así. ¿Quién nos lo dirá? ¿Podemos saberlo? ¿Será la alternativa más sorprendente?

   Hace cuatro meses que existe una nueva disciplina científica. Se llama Astronomía de Ondas Gravitacionales. Yo estoy maravillada y desconcertada. Tengo miles de millones de preguntas.

    Y sólo estoy segura de una cosa. Sea lo que sea y esté donde esté, le doy gracias a Dios por haber podido existir en este momento y en este lugar. Te invito a visualizar a Dios en la forma que prefieras: para mí, a estas alturas, es el cajón del sastre de la naturaleza.

   Y le doy las gracias porque estoy en el momento justo para poder verlo todo, y experimentarlo todo, aunque no siempre lo entienda.

   Un poco mayor, y no tendría la solvencia o el hábito de frecuentar estas herramientas informáticas que, bien usadas, pueden ser maravillosas. Un poco más joven, y quizás no tendría esta pasión por tanto pasado como vamos descubriendo. No sabría el peso específico del pasado, el significado de lo soterrado y lo profundo. El mundo de hoy es demasiado rápido para tener un pasado.

   Mi cabecita pueblerina sí llega a entender esto. Y estoy orgullosa porque no es poco. Entiendo la maravilla de la casualidad de mi existencia. Un hecho tan casual y maravilloso, para mí, como el roscazo que se comió la Tierra para que naciera la Luna. Algo tan accidental, tan simple y fundamental. Un centímetro a la derecha, y adiós mundo. O nada de “hola, mundo”. Soy capaz de entender eso.

   Y esperate, porque con esto de la ciencia todavía hay mucha tela para cortar, en lo que a mí respecta. Estuve viendo unas cosas más que te quiero contar. Pero ahora no puedo volcarlas todas aquí, en una sola entrada, como pensaba hacer.

   Ha sido imaginar los agujeros negros en primer lugar, y después obnubilarme, y no poder pensar más.

   Estoy parada en el horizonte de sucesos, con las manos en la cabeza.

   No me sale más nada.

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Artículo de Daniel Marín en Eureka, que encontré gracias a Twitter (no es que no mire en el blog periódicamente): “… y otra vez pudimos escuchar el canto de los agujeros negros en colisión”. Enlace:

Mi eterno agradecimiento al Doctor Zaïus por haberme obsequiado la fantástica novela “Creador de estrellas”, de ideas tan intrigantes que yo creo que siempre me perseguirán.

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6 pensamientos en “Lo que es la sensia

  1. Dr. Zaius

    La capacidad de maravillarse o asombrarse es la cualidad espiritual más destacable (seguida por el sentido del humor). Y el agradecimiento es la puerta de la abundancia, donna Nadie. ¡Siga con ese espíritu!

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