Por culpa del Departamento de Diseños Internacionales, una vez casi se extinguió todo rastro de vida inteligente en el Planeta Tierra

(Un modesto y tardío pensamiento dedicado al Día de la Tierra…)

cityscape-918803__180   Esto fue cuando las cosas en este planeta se habían puesto tan difíciles, que los únicos seres vivos capaces de sobrevivir en el contaminado suelo eran realmente las cucarachas. Los niños ya no podían consumir leche si ésta no tenía el porcentaje adecuado de conservantes y mercurio, no conocían ningún alimento orgánico en vivo y muchos pasaban todo el ciclo primario sin haber visto una brizna de pasto ni una sola vez, porque podían sufrir de shock anafiláctico. Tampoco salían a la calle de día porque se habían dado varios casos de horribles deshidrataciones que desembocaron inexorablemente en la muerte.

   Bueno, esto era bastante comprensible. El sol, que comenzaba a convertirse en gigante roja, ya estaba tan cerca del planeta que se le distinguían las tormentas electromagnéticas en la superficie y los aviones se caían en la temporada fuerte, porque las computadoras fallaban; eso cuando conseguían volar. Las cápsulas de melanina artificial eran de venta libre en todas las farmacias, y tenían más salida que las de Nonoxinol 9 y los cigarrillos; es decir, los de contrabando, porque la atmósfera de la Tierra ya estaba tan podrida que el tabaco fue declarado contra la ley, a pesar de las bancarrotas que le dieron un sopapo al mundo recorriendo el Ecuador como la ola del Krakatoa. En uno de los frecuentes ataques de histeria de los magistrados, las vueltas y revueltas de las nuevas leyes casi terminan declarando ilegal también al sexo.atlantis-space-shuttle-1133055__180

   Ahí fue cuando dos o tres de los Gobiernos de la Tierra, pensando en solucionar los problemas, fletaron un pequeño transbordador con unos cuantos diplomáticos a bordo, y se sentaron juntos a ver cómo partía en sigiloso silencio desde el centro exacto del desierto de Utah o algún lugar por el estilo. También rezaron porque el éxito acompañara a esta particular misión. Para poder realizarla, se habían necesitado veinte años de investigaciones, otras tantas colonias comerciales fueron sumidas en el caos para poder financiar el proyecto, y los sobornos a las empresas extraterrestres que vendieron los equipos se habían llevado todas las reservas monetarias de los gobiernos involucrados. Sólo quedaban en las arcas algunas chirolas para un anticipo al Departamento de Diseños Internacionales y los trámites para obtener un crédito de la Primera Banca Interplanetaria, si el Departamento de Diseños y la Comisión Evaluadora de Derechos Interespecie daban el visto bueno.

   Ojalá lo hicieran; por aquel tiempo el Departamento de Diseños estaba siendo investigado por el tema de la quema de sus archivos y enfrentaba numerosos pleitos, y la Comisión Evaluadora de Derechos Interespecie estaba tan preocupada por la amenaza de guerra entre mundos, que intentar un soborno hubiera garantizado un suicidio de la especie llamada Humana. Además, esto hubiera dejado al planeta sin fondos para seguir con los trámites, si de últimas tenían éxito con lo del soborno.

shuttle-1159178__180   Los terrestres no pudieron hacer nada. Para cuando el transbordador alcanzó una Base de Navegación por Hiperespacio y los diplomáticos consiguieron embarcarse hacia el planeta de la Comisión Evaluadora, el Departamento de Diseños Internacionales ya estaba inhabilitado para operar en todo el Espacio Conocido. Los funcionarios de la Comisión Evaluadora se negaron tajantemente a proporcionar a los diplomáticos cualquier información al respecto. Sobornando a unos operadores de la Red Interespecie, lo único que consiguieron los terrestres, fue saber que no había rastro de ningún ejecutivo del Departamento en todo el Espacio Conocido y todas sus direcciones electrónicas se encontraban anuladas.

   Así que en resumidas cuentas, los diplomáticos de la Tierra se encontraban a mil trescientos o mil trescientos cincuenta años luz de su sistema solar, sin medios para volver y teniendo que tomar algunas decisiones impostergables y definitivas por el bienestar de un planeta entero. Además, carecían de contactos interespecie que pudieran ayudarlos o alguien que encontrara una sola razón para querer hacerlo espontáneamente. En efecto, aún las especies extraterrestres más compasivas tenían suficiente qué hacer sin Tierra como no fuera ofrecerles a los diplomáticos un lugar para quedarse, en planetas generalmente inadecuados.

   En cuanto a los terrestres, no querían buscar un especialista para gestionar un crédito ante la Primera Banca: eso quemaría la mitad de las reservas en Bonos Interespecie que llevaban en su equipaje, y conseguir el crédito la otra mitad. Sin el asesoramiento del Departamento, la Tierra sólo podía llevarse de vuelta aquel dinero, que no le serviría para nada. Y para cuando el Departamento de Diseños volviera a operar, ya no tendrían dinero suficiente ni para hacer otro transbordador, y todos los recursos de supervivencia del planeta se habrían agotado.

   Nadie quería pensar en gestionar un Pedido de Socorro por Extinción ante la Comisión Evaluadora.

   Cuando la Tierra se quedara por la razón que fuera con sólo un 1% de su población racional total, registrada en su momento de mayor número, un abogado de oficio podía tomar el caso y pedir el Socorro de la Comisión Evaluadora en nombre del planeta. La Comisión de inmediato enviaría para allá una nave dotada para la navegación por hiperespacio. La nave sería derivada, asimismo de manera expeditiva, hacia cualquier planeta del Espacio Conocido cuyas condiciones físicas fueran asimilables por los organismos de la Tierra. Entonces, la especie o especies racionales que gobernaran el planeta anfitrión asumirían su tutela hasta que su número aumentara y los terrestres pudieran comprar su Derecho de Residencia, en ése u otro planeta, o encargar uno nuevo al Departamento de Diseños; cosa rarísima, pero que en alguna oportunidad había sucedido, a especies extremadamente talentosas que perdieron sus mundos por desastres naturales (lo cual obviamente no sucedía con Tierra).

   A los acosados diplomáticos se les había indicado enérgicamente, antes de salir, que fuera lo que fuera que tuvieran que hacer, no consideraran esta posibilidad. El pensamiento de lo que tendría que suceder en Tierra para llegar a ese crítico 1 % era tan espantoso, que por fortuna resultaba imposible de imaginar. Tierra también podía pedir la tutela sin esperar a llegar a ese terrible porcentaje, pero esta amedrentadora opción era aún peor. No sólo representaba rendición incondicional a lo que fuera que el futuro le deparara a la especie, sino que estaba el problema de que cuanto mayor era el porcentaje de sobrevivientes, menor era la posibilidad de encontrar una especie tutora.

   Habiendo conseguido alguna clase de alojamiento de cortesía en el Planeta Sede de los alien-445408__180Mundos Unidos del Universo Conocido, vecino al de la Comisión Evaluadora, los diplomáticos se dedicaron a vagar sin rumbo por salas de convenciones y lobbys, y salas de baño y campos en donde se jugaban extraños deportes con instrumentos que ellos nunca habían visto (a pesar de que Tierra había recibido algunas visitas de otras especies, en los días en que se había registrado ante la Comisión Evaluadora y aún era novedad).  No conocían ninguna de las linguas francas que se habían popularizado en el Espacio Conocido y nadie hablaba la suya. Usar los traductores electrónicos a pesar de lo perfeccionados que eran ellos y esas lenguas mismas, dadas algunas diferencias fundamentales y la torpeza de los terrestres, estuvo a punto de ocasionar por lo menos un incidente internacional que hubiera puesto a los diplomáticos en la cárcel, arruinando las posibilidades de la especie para siempre.

   Aunque se trataba de una información que no se comentaba, era sabido que en las altas esferas de la Comisión Evaluadora se habían manejado alguna vez casos de especies peligrosas para sí mismas y para las demás, a las que se tuvo que decidir negarles hasta el Pedido de Socorro por Extinción, que era una medida de clemencia de aplicación sistemática que no requería de ninguna condición.

   Así que, luego de apenas dos días de permanencia de los diplomáticos en ese planeta, el riesgo para la vida inteligente en Tierra había aumentado de manera dramática. Unas horas más, y uno de los diplomáticos estaba seriamente enfermo a causa de algún alimento que lo había envenenado, tres habían colapsado debido al estrés y estaban en una de las Clínicas del planeta recibiendo alimentación intravenosa, dos se encontraban afásicos y uno no se reconocía al mirarse en el espejo y tampoco recordaba en dónde estaba, ni qué hacía allí.

   Quedaban dos diplomáticos en un estado más o menos consciente y todavía legalmente capaces, y lo que es más en posición de tomar decisiones. Pero kairo-918804__180de estas decisiones dependía el futuro de su planeta entero; ellos estaban llenos de un dinero que no podían gastar y cada día en ese planeta eran veintinueve años en la Tierra; cada año morían no sé cuántos millones de inanición y ya no quedaban selvas, ni siquiera el antiguo petróleo ni agua potable, y apenas había medios de obtenerla y era tan tan cara, y la putrefacción de los cadáveres al aire libre arruinaba la atmósfera en donde no lo hacían las fábricas y las centrales atómicas, y el calor de desecho y el dióxido de carbono, los aerosoles y las dos mil nuevas clases de virus que parecían salir todos los días de abajo de las piedras, y la palabra ozono ya ni figuraba en algunos diccionarios.

   Para situaciones como ésta estaban hechos los mercenarios.

   Los mercenarios siempre sabían en qué gastar la plata y en dónde, y eran rápidos y siempre siempre tenían una asombrosa claridad mental. Más aún, eran políglotas y la mayoría tenía una habilidad para manejar nuevas lenguas que rayaba en la telepatía; probablemente hasta se encontrara algo así en los genes de algunos miembros si el Departamento de Diseños se tomara la molestia de investigar. Además no había que buscarlos. Estaban en todas partes, y entre sus nocivas facultades se contaba la de oler la adrenalina en los seres vivientes de cualquier especie que tuviera la desgracia de atravesárseles. Y para simplificar todavía más las cosas, solían pernoctar o esconderse en cualquier espacio que pudiera visitar una especie en peligro. No se veían en los peligrosos y ricos planetas hostiles con especies de corto temperamento, ni aparecían en los sistemas solares cuyos planetas eran poderosos y las civilizaciones florecientes; no figuraban en los planetas alejados pero prósperos y pacíficos, sin conflicto alguno que pudieran explotar, y ni pisaban los planetas sin dinero.

   Los mercenarios acechaban las regiones en donde florecía el caos o en donde pudiera hacerlo y además pagar, como los planetas que estuvieran sufriendo de problemas políticos que gustarían de solucionar sin dar cuenta a la Comisión Evaluadora, o aquellos en donde vivían especies amenazadas por otras a quienes gustaría disuadir de su comportamiento, asimismo sin verse conducidas a la tutela que decretaría la Comisión. Los mercenarios eran contratados para gestionar sobornos y desapariciones de archivos y caídas de sistemas que ni los expertos podían descifrar y menos solucionar; perdían probetas cambiaban probetas vendían probetas y se ocupaban de asuntos todavía menos solemnes, y ningún planeta estaba a nombre de un mercenario pero igual ellos poseían una gran cantidad, todos bien controlados.

  Y acaso no fuera extraño que su Centro de Comunicaciones, si no su Centro de Operaciones, estuviera en los planetas en donde sesionaban la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie y los Mundos Unidos del Universo Conocido. Mundos multiespecies y a veces multidesesperados, unidos en una poderosa fuente de rumores y tráfico de información de todo nivel, y a donde primero acudían los representantes de planetas pueblerinos que, hasta que tuvieron que llegar a esos lugares, ni habían oído hablar de Bases de Tráfico Hiperespacial.

   Ahora, un informante traía el dato de un planeta Tierra, ya registrado pero que hacía al menos doscientos años fiscales que no aparecía en una carta de navegación, y esa gente preguntaba por el Departamento de Diseños Internacionales. El tipo de casos preferido por los mercenarios.

   Pasaba que las operaciones que hacían eran necesariamente, y con una lamentable frecuencia, fáciles de descubrir, y en las ocasiones en que esto sucedía la especie autora intelectual era multada con severidad, si no condenada al ostracismo durante cientos de años, lo cual solía conducir a su ruina económica. De poder capturar a los mercenarios concretos que habían planeado la trapisonda, se los conducía a la Comisión Evaluadora tan pronto como eran aprehendidos, se los acusaba de Crimen Interespecie y se los ejecutaba luego de un juicio que, en los casos más complicados, duraba alrededor de dos minutos.

   Pero raramente sucedía esto con asuntos relacionados con el Departamento de Diseños. Los mercenarios no eran gente de una sola especie sino un conjunto de individuos pertenecientes a varias, con patrones de conducta adquiridos que apuntaban al tipo de estropicios que los caracterizaba como grupo. Estos individuos se transmitían sus malas intenciones como por ósmosis, y se juntaban, y enseguida encontraban alguna mala y lucrativa causa por la que no pelear. Aprovechaban su diversidad biológica para presentarse ante el Departamento de Diseños como clientes protestando por necesidades de las que no tenían ni idea, pero pagaban y el Departamento hacía la vista gorda, a pesar de que una investigación secreta era exigida siempre antes de proceder. Y usualmente este tipo de engaños no se descubría, porque a menos que la especie entrara en guerra o se hiciera alguna denuncia, la Comisión Evaluadora no intervenía, y entonces el Departamento no se preocupaba. Había en el Espacio Conocido miles de mundos habitados por especies racionales y muy poco tiempo para investigaciones de rutina. Conocedores de esta situación, los directivos del Departamento de Diseños sostenían largas reuniones a puertas cerradas y aceptaban algunos encargos bien escogidos. Los cobraban a precios que eran de usura hasta para ellos y los mercenarios cobraban todavía más, pero todos quedaban contentos.

   Con el tiempo, los mercenarios hasta hicieron contactos entre los ejecutivos menores del Departamento de Diseños, y cuando todo el Universo Conocido estaba enterado de que tal Departamento se encontraba clausurado, los mercenarios todavía se las arreglaban para encontrar a cierto técnico en posesión de cierta llave y con muchas reservas. Y fue uno de estos mercenarios que conocía a cierto técnico, quien insinuó a los diplomáticos terrestres que podía haber una solución a su horrible problema. Los sacó del planeta sede de la Comisión Evaluadora antes de que pudieran hablar con alguien más, y los llevó a una oculta luna de un planeta de Rigel, en donde podrían reunirse con cierto técnico.

   Cierto técnico conversó con ellos acerca de los problemas de la Tierra y se barajaron varias posibles salidas, todas increíblemente costosas. Para empeorar el asunto, los aterrados diplomáticos no tenían ni idea de qué era lo que podía hacerse con la Tierra. Iban con la intención de aceptar cualquier sugerencia que el Departamento hiciera, y para colmo ahora tal función recayó en el técnico y las capacidades del técnico eran limitadas, aunque clandestinas y codiciosas. La verdad, él sólo sabía manejar el sintetizador de ADN y le era totalmente ajena siquiera la ciencia de confeccionar un genoma adaptado, o adaptar ADN de dos especies, o combinarlos, o hacer que una especie que respiraba metano respirara hidrógeno y le salieran branquias y cosas así. Pero no se lo dejó saber a los terrestres.

  smoke-1192648__180 Por si fuera poco, el dinero que ellos tenían, aunque era un caudal financiero considerable, no alcanzaba para lo que necesitaban hacer aunque el Departamento estuviera operando. No era suficiente para montar un planeta nuevo; no alcanzaba para  mudar a la especie a un planeta compatible y levantar ciudades; no alcanzaba para modificar el genoma, ni adaptarlo, ni combinarlo, ni hacer que los humanos pudieran respirar metano y azufre o se hicieran invulnerables a la terrible carga de rayos gamma del sol, o ningún otro tipo de rayos. Todo lo más, los terrestres podían emplear el dinero para hacer un estudio de atmósfera y purificarla y cambiar un par de procesos de explotación de recursos; hasta podrían abrir o renovar un par de mares e instalar generadores. Pero nada definitivo, de cualquier manera.

   En realidad, si no se recurría a la manipulación astrofísica, para la cual no tenían fondos en lo absoluto, cualquier cosa que se hiciera con la Tierra sería como cerrar una herida de by-pass con cinta adhesiva. Toda solución que se decidiera emplear sería temporaria; pronto habría más cadáveres siniestramente dispuestos a contaminar la atmósfera y el agua. Por decir lo menos posible, al Sol todavía le faltaba expandir su diámetro, y cuando lo hiciera borraría la órbita de la Tierra, lo cual no les fue recordado a los terrestres. Aunque si hubieran estado pensando, podrían haberlo imaginado. También podrían haber imaginado que todo lo que les quedaba por hacer a los mercenarios, y al técnico, era desvalijarlos.

   Fueron abandonados en la lejana luna para que murieran de hambre y de sed, si no se unían a los menesterosos vagabundos que la habitaban, quienes nunca habían solicitado Tutela o Socorro a la Comisión Evaluadora pues no tenían noticia de la existencia de tal Comisión, al igual que la mayoría de las naciones terrestres. De todas formas, a lo mejor no los aceptaban porque no estaban en Extinción.

   En cuanto a los diplomáticos, como por alguna loca razón eran genéticamente compatibles con estos nativos, luego de un tiempo llegaron a reproducirse con ellos, y siendo que sus hijos no resultaron estériles, acabaron contribuyendo bastante a cambiar el patrimonio genético de la especie racional de aquella luna. La cual nunca fue muy famosa por producir adelantos, entre otras cosas porque los habitantes no interactuaban demasiado con su medio ambiente, que era espantosamente frío y dotado de una gravedad muy baja, además de una atmósfera que apenas se percibía lo suficiente como para decir que había. Según el Universo Conocido, los diplomáticos terrestres desaparecieron y nunca se los volvió a ver.

   Los que permanecían en el planeta sede de la Comisión Evaluadora salvaron lo poco que quedaba de la Tierra. El diplomático enfermo murió, los catatónicos seguían sin presentar cambios y el que no sabía dónde estaba había perdido irremediablemente la razón, permaneciendo confinado hasta muchos años después de que todo terminara. Pero los afásicos se recuperaron en poco tiempo.

   Dieron aviso a la Comisión Evaluadora de la desaparición de dos miembros de su especie y de todo su capital; conocedores de los años que habrían pasado en la Tierra durante su enfermedad, contrataron inmediatamente un abogado de oficio para que iniciara un Pedido de Socorro por Extinción ante la Comisión Evaluadora de los Derechos Interespecie. Y lloraron cuando la nave de rescate partió a la Tierra.

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   Esta nave volvió con diecinueve personas en tal estado, que permanecieron en el planeta de la Comisión desarrollando una pequeña colonia durante cientos de años antes de que algún planeta aceptara su tutela. Enterados por documentos y material de video traído por los expedicionarios de cuanto había sucedido en Tierra, los diplomáticos no lloraron otra vez pero volvieron a quedar afásicos, y ya no le dirigieron a nadie ni siquiera la mirada. Los dos murieron poco después por falla cardíaca, con apenas unos cuantos días de diferencia.

   En cuanto a los expedicionarios que trajeron a los sobrevivientes, movieron fúnebremente la cabeza, hicieron otra vez los bolsos y se fueron al siguiente planeta, que ellos estaban de ida y de vuelta de todos esos mundos trastornados. En una ocasión, volvieron de un planeta con sólo dos individuos, macho y hembra, y justo cuando ya los poetas de algunas especies inclinadas a las artes empezaban a desgranar soñadoras letanías acerca del amor y la Eugenesia Intraespecie que fluía a la Interespecie y todas aquellas cosas, el macho se enfureció, le comió el hígado a la hembra y prosiguiendo no quedó ni un óvulo por si a alguien le hubiera interesado, lo que a la luz de los acontecimientos recientes era muy dudoso.

   Solía suceder.

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(Imágenes de Pixabay)

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2 pensamientos en “Por culpa del Departamento de Diseños Internacionales, una vez casi se extinguió todo rastro de vida inteligente en el Planeta Tierra

  1. Dr. Zaius

    ¿Sólo 19 sobrevivientes? ¿No había una nave de rescate con más asientos? Menos mal que algunos humanos se habían cruzado con los nativos de una ignota luna. Parece que los genes siempre se las ingenian para propagarse.

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