Soltero sin hijos, ¿qué tan baby-friendly es tu casa?

CmEbQdBVYAApEhc   ¡Buenas tardes, seres malhablados y amantes de las siestas de tres horas, de los calzones tendidos en el cañito de la cortina del baño y de las películas gore!

  ¿Sorprendidos de mi pronta actualización respecto de nuestros asuntos? No deberían. Sepan que en muchas ocasiones me he visto tentada estos días, pero mi tiempo para escribir ha sido corto y eran demasiadas las ocasiones urgentes que me ocupaban. Sin embargo, no me han faltado motivos y me lo reprocho a mí misma. Véase por ejemplo el Día del Padre, celebrado recientemente aquí en Argentina.

   ¿Dónde quedó mi oda a los felices maledicentes, con una pila de medias y calzoncillos depositada sobre su regazo? ¿Qué se hizo de los dedicados a levantar una habitación extra en su casa, para instalar una cava en donde guardar cientos de miles de dudosas botellas (o en donde esconderse para envolverlas otra vez)? ¿Qué pasó con mi peán dirigido a aquellos desdichados de frentes pálidas y sudorosas, quienes en ese día esperaban saludar, y no ser saludados? Ah, ésta será una falta que sin duda repararé. Probablemente el Día de la Madre, cuando dado el género seguro encontraré más motivos sobre los cuales despotricar.

   Mientras tanto, aquí va una sesuda y profunda elucubración como las que acostumbro, puesto que ayer andaba por Twitter y vi algo ante lo cual finalmente me rendí; no pude resistir más. Se trataba de un artículo llamado ¿Qué tan accesible es Budapest para los bebés? (¿How Baby-Friendly is Budapest? La foto es de ese tweet). Eso me hizo babear y sacar las garras de inmediato. Pero me decepcionó: sólo hablaba de un restaurant en Budapest que tenía un área de juegos, y te descontaba en el estacionamiento si dejabas el auto cerca. Nada más. Sin embargo, me dio pie para profundas reflexiones filosóficas, como siempre.

   En primer lugar, vamos a ver.

   ¿Qué tan baby-friendly es Argentina?

   Bueno, no sé pero creo que muy baby-friendly, porque a mí me parece que todo el lugar es un jardín de infantes. Restaurantes como el de Budapest conozco aquí en Rosario sólo uno, en donde tienen toda una sala aparte para que se siente la gente con hijos, y también un pelotero adonde los padres los sueltan para que no los molesten. El resto, igual, pero sin las instalaciones: vos vas a sentarte y tenés que correr una carrera de obstáculos entre mocosos que se te meten entre las piernas; comer como los presos con el brazo rodeando el plato, para protegerlo de un pibe con la nariz directamente encima, o de que te lo tire al suelo algún otro pequeño energúmeno, que pasa corriendo tan cerca tuyo, y tan rápido, que podría despintar la silla. Los padres, sentados en algún lejano lugar del universo, departen filosóficamente sobre distintas cuestiones como si no tuvieran nada que ver con el Mini-Me en cuestión… Y si te quejás, sos un hijo de puta o un descastado. Lo normal. Es lo mismo que sucede en otros ámbitos, y por lo cual me he quejado oportunamente,

    Así que calculá, soltero sin hijos, que toda clase de peligros te acecha cuando se trata de proteger tu territorio particular, y nadie le dirá “hijo de puta” a ese enemigo. Vos debés ser más cauto.

   Te pregunto bajito, ¿qué recaudos has tomado para que tu casa no se transforme en un pelotero? ¿Cómo evitar a las pequeñas maldiciones sin ser condenado al ostracismo?

HOW BABY-FRIENDLY IS YOUR HOME?

sin-hijos

   No podés poner este cartel en la puerta. La vida no es tan fácil para los que vamos a contrapelo.

   Pero tampoco tenemos que ser el inodoro de la humanidad. O el pelotero. No te preocupes. Hay una salida.

   TENÉS QUE SER UN MAESTRO EN LO PASIVO AGRESIVO.

   GO BABY-UNFRIENDLY

     Arremanguémonos, y vamos a empezar. Pero cuidado.

   Los siguientes recursos no funcionarán:

  • enchufes a baja altura.
  • perros malos sueltos.
  • productos químicos peligrosos bajo las mesadas, o destapados, en la cocina o el baño.
  • centros de mesa con piezas pequeñas, como bolitas.
  • muchas macetas con cactus.
  • una enorme piscina de dimensiones olímpicas, sin cubierta de plástico.
  • escaleras sin barandas por todas partes.
  • mudarte junto a un penal.

   Vivimos en un mundo en donde hace pocos días sacrificaron a un gorila porque un niño de tres años cayó en su foso, y hace no mucho otro, de dos años, fue muerto por un cocodrilo, en un parque. Y donde a diario muere algún otro porque lo dejan encerrado en un auto, con cuarenta grados a la sombra. Así que ojo; tu casa es tu casa, no le dejes nada librado al azar. Lo único que te falta, además de tener que soportar a esos seres asilvestrados, es tener después que pagarlos por buenos.

   Los siguientes recursos no funcionarán bajo ninguna circunstancia, y además te costarán una úlcera:

  • Poseer muchos adornos costosos, sobre todo de porcelana y cristal.
  • Muebles de cuero.
  • Muebles esmaltados de color blanco.
  • Cubrecamas y tapicería de raso o seda.
  • Paredes pintadas de colores claros.
  • Muchos vidrios.

   Es una ley tácita que los anidadores y su molesta prole quedan exentos de cualquier regla de urbanidad hacia sus semejantes, ya sea que se trate de respetar su espacio personal o sus posesiones, en público, y especialmente en privado. Pensalo bien: es ese hermoso sofá de cuero blanco, o tu mejor amiga. ¡Lo digo en serio! No se darán por aludidos ante tu despliegue de objetos hermosos y cuidados; no se intimidarán; les pasarán por encima como una división panzer. Ni permiso, ni perdón. Son la Pubercracia; no lo olvidés.

   Así que te propongo:

  • Declarar tus opiniones sobre toda esta cuestión, el mayor número de veces posible, y antes de que todo el mundo se case y tenga hijos.
  • Vivir en un departamento diminuto.
  • No tener televisión.
  • Colgar un buen número de carteles porno por todas partes, sobre todo la sala de estar y la cocina.
  • No contestar nunca el teléfono; que se encargue el contestador y vos devolvé la llamada (eso lo aprendí en El Club de la pelea).
  • Invitarte solo a la casa de tus amigos con hijos con frecuencia.
  • Invitar a tus amigos a tu casa sólo cuando sus hijos sean adolescentes y ellos los vean únicamente a mediodía, cuando se levantan para mandarse a mudar hasta la madrugada.

   No es mucho, ya lo sé.

   Sabemos que no es fácil.

   La segunda opción te limita en tus movimientos; lo sé por experiencia propia. Tengo un hogar baby-unfriendly por esa razón, y hay cierto problema para disponer de espacio en el ropero, y para muebles, sobre todo. Te ayuda con el tercer punto, tal vez, con todo ese cine on-line que hay hoy en día, pero en general no conviene. Tampoco tenés tanto lugar para colgar carteles porno.

   Lamentablemente, el segundo y el tercero son los únicos consejos que funcionan con absoluta seguridad. A pesar de todas nuestras declaraciones, ni el soltero sin hijos más recalcitrante dejaría de invitar a sus amigos a su casa, o de recibir de inmediato sus llamadas, aún con dolor en su corazoncito cabrón. Así que ya vemos.

   Se hace lo que se puede, y no dejen de actualizar la lista con algún consejo que se les ocurra. Va en serio.

   Los solteros sin hijos debemos ayudarnos entre nosotros.

 

El tweet del restaurante en Budapest, de Fery Chin (@FeriChintec) es éste: ♥.

El enlace que contiene, conduce a un blog que se llama BudapestZIN y es muy lindo. De ahí es la foto de arriba. El restaurante es  Pest Vakvarjú Restaurant.

El cartel lo googleé y resultó ser de un lugar que se llama http://www.soycarmin.com

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