Júpiter

Escribí esta cosita en 1999, y me gustaría dedicársela a Júpiter en su día, como hice con Plutón. Ahí estoy estudiando para una de mis reflexiones sobre la sensia, ahora que Juno está a punto de sobrevolar el polo… Mirá qué coincidencia que empecé el blog con Plutón y la New Horizons, y me cumple el año con Júpiter y Juno.

 

jupiter-11101__180   Hay muchas cosas para decir de Júpiter, obvio. En primer lugar, lo más claro es que es el planeta más grande del Sistema Solar, teniendo dos veces el tamaño de los demás planetas  juntos (el Sol y Júpiter tienen el 99.9 % de la masa del Sistema). En segundo lugar, se debe consignar que Júpiter a punto estuvo de ser una estrella; no lo es porque técnicamente un objeto se considera una estrella si en su interior la fusión nuclear determina una emisión de energía. Júpiter es una cuasi-estrella y su tamaño es de la milésima parte del Sol. En tercer lugar, se debe aclarar que Júpiter no tiene superficie sólida; no hay ninguna montaña y es probable que el paso del estado fluido al gaseoso de la atmósfera no resulte claro, así que salvo el hipotético núcleo rocoso, la composición de Júpiter lo deja semejante a un licuado. Y éstas cosas se presentan sólo como lo más llamativo; toda una vida no alcanza para hablar de Júpiter. Ni a los jovianos les alcanzaría, y eso que el año de Júpiter dura doce de los nuestros, y los jovianos tienen vidas largas. Larguísimas.

   Están todos en la GMR, es decir la Gran Mancha Roja, la cual, según han especulado acertadamente los astrónomos, es un enorme huracán varias veces más grande que la Tierra. La fotoquímica de la atmósfera de Júpiter es muy complicada porque hay muchos gases diferentes en combinación, y es probable que los jovianos hayan decidido establecerse en la GMR porque fue lo más constante que encontraron. En las fotografías de Júpiter se observan unas estructuras nubosas en forma de rayas, oscuras y claras, paralelas al ecuador, llamándose las más claras “zonas” y las oscuras “bandas”. Eso parece bastante regular pero pasa que las zonas claras son más frías y más altas que las oscuras, y los jovianos odian las complicaciones que se derivan de esto, ya que tenemos que las “zonas” hacen que el gas ascienda mientras las “bandas” lo hacen descender, y por una serie de cosas complicadísimas en el límite entre “zonas” y “bandas” se forman corrientes de vientos en chorro, como consecuencia de las cuales aparecen también torbellinos.

   Ahora por qué sucede eso de los chorros andá a saber, igual que lo de las zonas y las bandas, y los jovianos tampoco lo saben, pero sí están enterados de que no les gusta andar dando tumbos por el aire, zarandeados de acá para allá sin encontrar nunca una temperatura de su gusto. Los jovianos son bolsas de un tejido membranoso, grandes como paracaídas y aproximadamente con la misma forma, a las que va unido un cerebro del tamaño, el color y la forma de una pasa de uva. No aprecian deambular tosiendo entre las nubes arrastrados por vientos de 100 km. por hora; podrían tropezar y pincharse, y caer en la supuesta superficie y quedar enredados en la pegajosa mezcla de hidrógeno, y no volver a levantarse jamás. Además hay demasiados rayos.

jupiter-11617__180   La GMR, adonde tanto les gusta habitar a los jovianos, está en la zona tropical meridional a unos 35% de latitud Sur. Tiene un pequeño movimiento y su tamaño es invariable, pero suele cambiar de color (empalidece). En 1888, 1912, 1916, 1938 y 1944 se borró y los jovianos experimentaron un gran disgusto; de la depresión casi se extinguen. La GMR existe desde hace más o menos 400 años y apenas se ha trasladado, y se mantiene porque Júpiter no tiene superficie sólida; también en la Tierra ese tipo de ciclones sólo dura sobre el mar. En 1972 surgió un ciclón del mismo tipo en el hemisferio norte y algunos de los jovianos fueron a ver, pero como son animales de costumbres no se hallaron y volvieron a la GMR antes de que se disolviera. Los jovianos se sienten muy contentos en la Gran Mancha Roja; saben para dónde tiran los vientos y adónde pueden ellos ir a parar, y se organizan para ponerse unos detrás de otros a fin de transitar sin chocarse, casi en fila india hasta las capas superiores de la atmósfera, arreglándoselas de la misma manera para volver. Es dudoso que se pudieran sentir así de bien en cualquier otro lugar de Júpiter.

   Un solo problema tienen los jovianos y se los soluciona el hábito. Pasa que, seguramente por la intensidad del campo magnético, que es casi tres veces más grande que el de la Tierra, Júpiter está lo que se dice lleno de las llamadas “picaduras de gusano de Schwartzild”, y quién sabe por qué la mayoría de ellas se abren como tajos en el seno de la GMR. Pero como andan por allí todo el tiempo, los jovianos conocen exactamente la ubicación de cada una, adónde desembocan y demás, y si quieren las evitan y si no quieren no. Esto tiene algunas consecuencias interesantes, por ejemplo el hecho de que los jovianos no sepan qué es un joviano, hasta dónde llega Júpiter, qué es el espacio, qué es el tiempo, y carecen de toda una serie de adverbios y preposiciones; en fin, los jovianos no tienen un idioma coherente u otra forma concreta de comunicarse y se consideran ubicuos y todopoderosos y no les importa absolutamente nada, ahí en esa horma de Gruyère que es la GMR.

   Pero sí les gusta viajar y no tienen ninguna dificultad con eso; dada la composición de su atmósfera, pueden respirar cualquier cosa y si necesitan comer abren una valvulita que tienen y aspiran un poco de hidrógeno, y listo. Suerte que no necesitan nada más, porque los jovianos acostumbran llegar tan lejos como las Nubes de Magallanes o la Nebulosa de Andrómeda; de ser más organizados podrían representar un peligro para el cosmos. Aunque quién sabe. Los jovianos sólo se sienten siempre cómodos en la GMR, si bien pueden circular por el espacio y el tiempo, el pasado, el presente, el futuro y todas las formas del condicional y la consecutio tempore. Si supieran qué es el Descubrimiento de América y qué es el Hombre de Piltdown no sabrían decir quién viene antes y quién después.

galileo-92350__180   Las sondas no han podido comunicar nada de esto porque no es precisamente que salte a la vista. Los jovianos les resultan invisibles y Júpiter no cambia mucho con el transcurrir de los siglos; una hermosa foto de la mancha roja tomada por el Voyager 2 desde una distancia de apenas 6.000.000 de km no deja distinguir a los jovianos, y tampoco se puede saber si esa foto corresponde verdaderamente a 1979. Sólo por jugar, los jovianos pudieron haber metido la sonda en una de sus picaduras de gusano y lo que todo el mundo en la Tierra está viendo podría tranquilamente ser Júpiter en 2.015 o 3.118, o 1.066 o andá a saber qué, y cómo te vas a enterar de qué, y de qué no.

   Ni se sabe en realidad por qué fueron destruidas algunas de las sondas que consiguieron meterse en la atmósfera. A lo mejor no hicieron más que introducirse solas en la picadura equivocada y lo que se veía ni siquiera era Júpiter sino la superficie del Sol o Saturno, o quizás salieron en algún lejano mundo alrededor de Procyon, con extraños seres que contemplaban la caída de la sonda mientras se arracimaban alrededor y bueno, se enojaron.

   Y ahí también cómo te vas a enterar; tendría que ser muy alevoso.

Banda de sonido:

(Imágenes de Pixabay)

Anuncios

2 pensamientos en “Júpiter

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s