En las remotas regiones del Asgard. Con Mads Mikkelsen. Y el Hombre Caniche.

castle-1479795__180   El Gran Rulemán Balde de Vello estaba consternado. Su maravilloso cabello se alzaba en picos desde su mayestática cabeza, y capilares rojos cruzaban sus insignes escleróticas en medio de su conmoción.

– ¡Pero a qué se debe este atropello! – gritó el Gran Rulemán mirando a su alrededor con estupor.

   Se hallaban en el interior de un ruinoso castillo, que sin duda había conocido mejores siglos. Largos cortinados de damasco dorado y rojo, punteados por polillas, obstruían la magnífica visión de los esmerados vitrales que adornaban las ventanas. O sea, los pocos que quedaban. Las altas arañas, con centenares de opacos cristales de roca, aparecían bizarramente decoradas con deslucidas deposiciones de una variedad de moscas y otros insectos inoportunos. El bronce de sus herrajes y cadenas que la sostenían al techo, sin abrillantar, mostraba un matiz oriniento, del tipo que presagia alguna infección.

– ¡No sé qué hago yo en estos parajes, sin duda inadecuados a mi ilustre posición! ¡Nadie me prometió a mí un Palacio adecuado a mi categoría y mi divino origen, dentro del Asgard! ¡En la cima de un pico montañoso en donde pudiera estar en contacto con los vientos, la nieve y los elementos que atraen los ánimos de las divinas runas!

   En la opulenta aunque decaída mansión, alguna borrasca de las preferidas por la helada Haegl había dejado a la mayoría de las ventanas sin vidrios en lo absoluto, lo cual había tenido como consecuencia la aparición de una espesa alfombra, compuesta por entero de enormes copos de insistente y antipática nieve. Además, también durante tal borrasca, algún capricho del Gran Odín había ocasionado que una de las puertas principales, mal cerrada, volara por los aires de la manera más expeditiva, igual que si fuera una hoja de árbol o una baba del diablo, yendo a parar quién sabe adónde. Y por supuesto, dejando a la imponente morada de lo más accesible a los elementos, que sin duda, de esta forma, resultaban de lo más apropiados para invocar la voluntad de las runas y de algunas deidades desconocidas acaso, pero de nombre griego, tales como Neumonía.

– ¡Voto a Is! –exclamó Mads Mikkelsen, apareciendo desde la cocina –Acá sí que hace frío.  Las sagradas runas estarán contentas como perro con dos colas.

   Detrás de Mads Mikkelsen saltó el Hombre Caniche, con un huesito de caracú entre los dog-413141__180dientes y moviendo la cola. Dejó el huesito en el suelo y se paró en dos patas, ladrándole al Gran Rulemán de lo más entusiasmado. No parecía necesitar dos colas.

   Mads Mikkelsen  traía una remera de mangas cortas y mascaba animadamente una manzana, tan dura y congelada que podría haberle sido proporcionada por la ilustre Freya y ser uno de aquellos frutos de oro que proporcionaban la eterna juventud; las manzanas de Idunn que les dicen. A no ser que la eterna juventud les llegara a los nórdicos dioses producto de la congelación, lo cual, a la luz del lugar adonde el Gran Rulemán había sido enviado para ejercitar sus dones, parecía muy probable.

   El Gran Rulemán frunció el ceño y la nariz alzando la cabeza con desprecio, mientras le daba dos vueltas a su capa de terciopelo apretándola tanto como podía a su alrededor, y retrocedía dos pasos hacia el agrietado y escarchado piano de cola.

– ¿Pero qué es esto? ¡Con razón el olor a perro mojado! ¡Lo único que faltaba en esta arruinada heredad eran pelos negros volando por todas partes y pegándose a mi hermoso cuerpo! ¿Ese individuo no recupera nunca la condición humana?

– Es que Nadie quería escribir otro cuento en honor del mágico solsticio, y esta vez es la primera en sesenta y ocho años que hay luna llena; no se la agarre con el Hombre Caniche. Además está bañado  –contestó Mads Mikkelsen, y siguió  masticando la manzana.

– ¿Y usted qué hace acá? ¡Nadie me prometió el Asgard! ¡El Asgard es la morada de los dioses!

– Y no sé; yo soy danés. A lo mejor Nadie se acordó de mí por eso. Por lo menos no tengo frío –dijo Mads Mikkelsen, y tiró el corazón de la manzana para atrás – Una vez en una película hice de vikingo y todo. La Presidenta del Club de Admiradores de Mads Mikkelsen se la recomendó a Nadie.

   El Gran Rulemán Balde de Vello agitó sus brazos alocadamente, lo cual hizo que el viento desplegara su capa hacia atrás como la de Batman, obligándolo posteriormente a volver a replegarla a su alrededor lo más fuerte que pudo, castañeteando los dientes.

– ¡Infame! ¡Usted es un mortal, un criado, Mads Mikkelsen! ¡Tiene que poner todo en orden para los divinos habitantes de esta morada, no desparramar la mugre a su alrededor!

– Pero si estamos usted, el Hombre Caniche y yo… -dijo Mads Mikkelsen. – ¿Está seguro que éste es el único Asgard que hay?

   Sacando un dedo índice de entre los pliegues de su capa, el Gran Rulemán levantó orgullosamente el mentón, subiendo un poco la capa para taparse el cuello.

– ¡Usted no está en posición de hacer ese tipo de preguntas, ignorante mamífero! ¡Limítese a guardar el hogar de los dioses, y no hable a menos que alguna deidad le dirija específicamente la palabra!

   El Hombre Caniche ladró dos veces.

– Tiene hambre –dijo Mads Mikkelsen, y se fue de nuevo para la cocina, con el Hombre Caniche que lo seguía a los saltos.

– ¡Venga acá le digo! ¡Eso no es un dios, es un licántropo toy! ¡Yo soy una deidad, y no le he ordenado retirarse, energúmeno nórdico! ¡Tráigame un té ya mismo! ¡Con miel y limón!

mountain-1500022__180El Gran Rulemán se acercó a uno de los grandes ventanales, lo cual entre la falta de vidrios, los agujeros de las cortinas y el viento que las levantaba, maldita la falta que hacía.

   A lo lejos, y de cerca también, las puntas de hielo celeste y gris sobre, y entre las montañas, eran más bien estalagmitas a la escasa luz de la nieve que caía, y caía. Y caía. Y seguía cayendo. Los vientos arremolinados contra la frente del Gran Rulemán prontamente convirtieron sus maravillosos rizos en los de una estatua, con la misma dureza y color, tal como si hubiese encanecido prematuramente.

– Hemos de estar en una mansión abandonada, en el borde mismo de la destruida muralla alrededor de Asgard –supuso el Gran Rulemán, echándose rápidamente hacia atrás, ante el endurecimiento repentino de su fría lengua.

   Mads Mikkelsen y el Hombre Caniche volvieron a la gélida sala, para aposentarse en un enorme sillón de roble y terciopelo rojo. O más bien gris, debido a la mezcla de nieve y arena volcánica que lo cubría. Porque parece que el castillo estaría cerca de Islandia o algún lugar así, medio turístico.

red-sofa-1320901__180– Acá uno se hace como un chancho –objetó Mads Mikkelsen pasando la mano por un almohadón, mientras tiraba una pelotita a la distancia para que el Hombre Caniche la fuera a buscar.

– ¡Es el hogar de un dios! ¡No se quede sentado ahí! ¡Limpie, le digo! ¡Y adónde está mi té! – inquirió el Gran Rulemán, con su blanca y estragada cara encendida de furia. O apenas encendida. O casi rosada, bah.

– No hay agua caliente –dijo Mads Mikkelsen, encogiéndose de hombros. – O los dioses no se bañan, o les gusta el agua fría. Además, no sé de dónde quiere que saque miel. O limones.

   Mads Mikkelsen tomó la pelotita de la boca del Hombre Caniche, que se había subido al sillón y lo miraba moviendo la cola, y la volvió a tirar a lo lejos.

– ¡Por el Gran Odín!-   El Gran Rulemán, exorbitados los ojos, volvió a sacar la punta del dedo índice por la pequeña abertura de su capa. – ¡Esto es inaudito! ¡Usted es un humano! ¡Ocúpese! ¡Haga algo de esta mansión! ¡Es su deber, como es deber de los dioses mantener la marcha del mundo!

– Yo soy actor; no sé ni cambiar una lamparita. Qué culpa tengo yo de que Nadie lo haya mandado a usted a un castillo sin agua caliente. O limones. Ni sé para qué me puso a mí acá.

– ¡No se haga el astuto conmigo! ¡Prender un termotanque no es problema para usted! ¡USTED FUMA, Y NO ME LO PUEDE NEGAR PORQUE SALIÓ EN TODAS LAS REVISTAS! – acusó el Gran Rulemán, y después se interrumpió y se derrumbó en el suelo, al no poder cortar el acceso de tos por el que fue atacado. Como no soltó la capa, se pareció entonces a una enorme y temblorosa ciruela pasa, haciendo que el Hombre Caniche, contentísimo, soltara la pelotita y se pusiera a saltar a su alrededor, ladrando y manoteando el estremecido terciopelo.

   El Gran Rulemán, con un aullido de horror, se puso en pie de un salto, sacudiendo la capa enloquecidamente y haciendo volar por los aires el collar de runas de oro que la mantenía sujeta sobre su torso.

– ¡ALEJE DE MÍ A ESA BESTIA DEL AVERNO! ¡COMO SI NO TUVIERA SUFICIENTE CON LOS ÁCAROS EN LA ALFOMBRA DE ESTA DESGRACIADA MANSIÓN! –clamó el Gran Rulemán, aferrándose de cualquier manera a su capa, que perdiendo su sujeción inicial quedó un poco sobre la cabeza, asemejándolo a una monjita.

   Habiendo recordado a los ácaros, el Gran Rulemán comenzó a estornudar de inmediato. El Hombre Caniche, una vez más, se puso a saltar a su alrededor, volviéndose a colgar con los dientes del ruedo de la capa cada vez que se caía, con las desaforadas volteretas de calesita psicótica que daba el Gran Rulemán.

   De repente, el Gran Rulemán se detuvo, con una expresión de pavor y sorpresa en lo que podía verse de su cara. El Hombre Caniche cesó en su forcejeo con la capa, a ver cómo seguía el juego ahora que el Gran Rulemán se estaba quieto. Cuando se aburrió de estar colgado, se fue otra vez a buscar la pelotita.

   Dignamente, el Gran Rulemán Balde de Vello, a despecho de las frías agujas de aguanieve que enjaezaban sus magníficas cejas, y apenas notando la marcha del Hombre Caniche, bajó la capa de su cabeza y la acomodó de vuelta sobre los hombros. A continuación, se agachó a buscar la cadena de oro tachonada de runas y volvió a colocarla sobre la capa, rodeando su torso para dejarla descansar sobre los hombros. A despecho del viento que insistía en despegar la capa, su cabello e incluso los dientes de la divina persona, el Gran Rulemán asió los bordes del terciopelo para que la capa no se le fuera, y recuperó su aspecto y su expresión dignos e imponentes. Incluso ni se preocupó por su peinado.

   Con gran empaque y reciedumbre, se enfrentó a Mads Mikkelsen.

– Nadie pudo haberlo pasado por alto. No se dio cuenta de nada. Incluso al principio yo mismo caí en su trampa. Pero a mí, usted no puede engañarme tanto tiempo. Con mi superior clarividencia y sabiduría, tengo el poder de descifrar las ocultas intenciones.

– Usted no se encuentra el culo con un perro de caza – respondió Mads Mikkelsen, alzando una ceja.

– Sus blasfemias no me afectan. Yo estoy más allá del Bien y del Mal, digo, yo estoy más allá del Mal, porque soy Balder, el dios de la luz y la verdad. ¡Y TE CONMINO, LOKI, A QUE TE VUELVAS AL INFIERNO!

   El Gran Rulemán Balde de Vello agitó los brazos en enloquecidos molinetes, con gran revoleo de mangas, de capa y esas cosas; casi se cae para atrás. Mads Mikkelsen desapareció en una nube de humo verde y ponzoñoso. El Hombre Caniche largó la pelotita y se fue corriendo para la cocina. El Gran Rulemán, con el ceño fruncido y un ademán de desprecio que le arrugaba los labios, se enfrentó a la tétrica figura que yacía frente a él.

– Yo tengo el poder de adoptar muchas formas, igual que Mads Mikkelsen – dijo Loki- pero mi talento nunca me fue reconocido. Todos me ningunean como si fuera un dios de cuarta; las otras deidades me cargan porque quiero ser actor; me dicen que los hago pasar vergüenza. Y en las películas en donde aparezco yo con mi nombre, tampoco me dejan representar el papel, como si fuera increíble que Loki tenga un pintón bárbaro. Me ponen a hacer del carilindo de Thor. Como si no fuera un verdadero actor, tampoco.

“Yo pude haber sido todo para Nadie, pero ella sólo está fascinada por el talento de Mads Mikkelsen. Todo es para Mads Mikkelsen; Mads Mikkelsen por acá, Mads Mikkelsen por allá… Hannibal, esas comedias pedorras que le gustan a Nadie y los que prefieren el humor inteligente. Nadie lo pone en sus cuentos… Yo pude haber hecho todo eso pero no… Así que MADS MIKKELSEN, ESTÁS DESTRUIDO. A LA MIERDA THOR. Ahora mando yo, ¡LOKI! o como me conocen todos en la Tierra, ¡CHRIS HEMSWORTH!!!

“¡Y PROSEGUIRÉ CON MI CAMINO DE VENGANZA, ANIQUILANDO AL RUNEMAL DILECTO DE NADIE, EL BALDE DE VELLO! Basta de disfraces, ¡BASTA DE DISFRACES! ¡RAGNAROK!!!

Y Chris Hemsworth, digo Loki, se abalanzó sobre el Gran Rulemán.

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– ¡UN MOMENTO!!!! – la dulce y clemente voz femenina se alzó y reverberó a todo lo ancho del amplio y helado salón, con la transparencia del cristal- ¡LOKI! ¡OH, LOKI! ¡MY GOD! ¡No tenía ni idea!

– ¿LIZA??? – exclamó el Gran Rulemán, en el colmo de la abochornada sorpresa.

   Chris Hemsworth, digo Loki, también se la había quedado mirando.

– Oh, no. ¡NO! Soy un hombre casado. ¡Y UN DIOS CASADO! ¡OH DIOSES DEL ASGARD, QUÉ HERMOSA DONCELLA!!! ¡Y ME ADMIRA A MÍ!

¿LIZA??? – exclamó el Gran Rulemán, otra vez.

– ¡Oh, my Baolderrr, cómo pedirte perdón! ¡Es que yo siempre he admirado a Chris Hemsworth, digo LOKI! ¡LOKI, OH, MY GOD, LOKI! ¡Tomá Baolderrr, Nadie me envió para salvarte al darse cuenta de la verdadera identidad de Mad Mikkelsen, y yo te preparé una ensalada con tofu para cuidar tu hermoso cuerpo, pero ahora…! ¡OH, LOKI!

    Un tupper transparente de tapa celeste voló por los aires, abriéndose por el camino para dejar que el contenido, de variopintos matices, se volviera prontamente blanco y duro sobre el suelo. Chris Hemsworth, digo Loki, y Liza, se miraron a los ojos. Luego fueron acercándose y se tomaron de las manos. Momentos después, ambos habían desaparecido. Adónde fueron no sé, que caminos para ese castillo no había por ninguna parte; a lo mejor Loki se transformó en paracaídas o algo.

   El Gran Rulemán Balde de Vello estaba solo, despotricando, en el medio del enorme salón blanco por todos lados. Pese a sus furiosos molinetes de brazos, no tardaría en ponerse todo blanco él también. Y lo sabía.

   A sus pies, el Hombre Caniche, con la pelotita en la boca, le movía la cola.

   Otra vez, era sólo el principio.

(Dedicado al Gran Rulemán Balde de Vello, en agradecimiento por la consulta a las sagradas runas que hicimos el sábado. La citaré aquí oportunamente, siempre que el Gran Rulemán no sea cagón y me deje. Así que después te cuento. Las imágenes son de Pixabay, y todas esas cosas de la mitología nórdica las abarajé de Wikipedia. Un laburo bárbaro; que querés que te diga.)

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6 pensamientos en “En las remotas regiones del Asgard. Con Mads Mikkelsen. Y el Hombre Caniche.

  1. Balder Runemal

    Jajaja! Veo que estuvo estudiando mitología vikinga y significado de las runas ja! Por suerte ese engendro de Liza se fue!!! En cuanto a mi presunta cobardía con respecto a la publicación de su tirada de runas, Ud sabe que no es verdad, que estoy entusiasmado por publicarla…

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      Deje de amagar y largue la tirada; con la paliza que le tuve que dar a Wikipedia y a su señor blog… Y no se confíe de lo de Liza, que en esa serie nada es seguro, usted lo sabe…

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  2. Dr. Zaius

    He terminado de ver “The linguini incidente”. Muy divertida. Cuando relatan la anécdota del lingüini, me hizo acordar a estos cuentos surrealistas suyos, donna Nadie. ¡Y deje de hacerse la cabeza con el tal Chris Hemsworth!

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