Besitos

GetFileAttachment   El día de la fecha, dado que los niños están en período de vacaciones de invierno y el día está precioso, podrías aprovechar para hacer una visita a tus sobrinos, cuya adorable compañía sería ideal disfrutar más a menudo, sobre todo ahora que están más libres y hay que rezongarles menos por ese asunto de la tarea. Así que luego de lavar los platos (acontecimiento de insólita rareza en tus aposentos) y ventilar tu hogar, encaminate derecho para el domicilio anteriormente mencionado, lista para cocinarles a tus sobrinos una merienda casera, tal como te gusta hacer. En esta ocasión, te decidiste por los Besitos que te hacía tu mamá en tu infancia.

   Los orígenes de tal plato aparecen perdidos en las arenas del tiempo tal como el mismo nombre. A tu mamá se los enseñó la Tía Ñata, y a ella andá a saber quién. Vos siempre los conociste como Besitos, debido a la forma que se les da, pero en la facultad conversando con una compañera salió a colación un plato que creíste identificar como estos Besitos, sólo que ella los llamó Cardelli. Como buscaste en Internet y no pudiste obtener confirmación sobre tal denominación ni a favor ni en contra, solicitale al amable lector que si sabe algo al respecto te deje algún comentario, que siempre es bueno saber esas cosas.

egg-951588__180   Luego de dilucidar esta importante cuestión, dedicate entonces a la preparación del plato. En primer lugar, apenas llegues a la casa agarrá una de las ensaladeras celestes de Rodrigo y poné dentro dos tazas de harina leudante. Para los Besitos, vos usás un huevo por taza y con eso salen un montón, pero esta vez querés hacer bastante porque hay dos amigos de tus sobrinos de visita, y ya se sabe cómo son los chicos, que comen como limas nuevas. Hacé un pocito en el centro de la harina y rompé allí dos huevos, los cuales te vas a dedicar a desarmar primero para después ir incorporándoles la harina de a poquito, tomando la de alrededor, para empezar a formar la masa. Cuando ya no puedas seguir mezclando con el tenedor, hacé lo de siempre: tirá el tenedor a la mierda y empezá a apretar la masa para integrar bien todos los ingredientes, comenzando a amasar allí mismo. Cuando todo está casi unido por completo, sacá el bollo de la ensaladera y terminá de amasarlo hasta que quede liso sobre la mesada. Vas a ver que así no se ensucia casi nada; palabra.

 dough-943245__180  Al bollo lo vas a dividir en cuatro bollitos más pequeños, y a cada bollito lo vas a estirar para hacer un choricito tan largo como quieras. Si son muy largos, los Besitos te saldrán chiquitos; a mí me gustan de mayor tamaño para que sean más tiernos, pero es cuestión de gustos. Cuando tengas listos los choricitos, con un cuchillo vas cortanto pedacitos para que te queden como caramelitos. Y después, a cada caramelito le hacés, a los costados, dos tajitos con una tijera. Cuando los frías, en aceite muy caliente, los pastelitos se inflarán y los tajitos quedarán con apariencia de pequeñas boquitas. Es la explicación que te dio tu mamá para el nombre, y es tan buena como cualquier otra. Lástima que, como sos perezosa para algunas cosas, vos decidiste obviar este último paso y optar por ese refrán que dice que en boca cerrada no entran moscas; total los pastelitos se van a inflar igual y quedarán de todas formas dorados y apetitosos.

   Mientras vas friendo los pastelitos, hacés el almíbar con el cual vas a recubrirlos. Es tres cuartos de taza de azúcar aproximadamente, con un poco de agua; vas a poner eso en el jarro de acero inoxidable y lo vas a dejar hervir hasta que alcance el punto de bolita dura. Para que te des una idea, eso es cuando casi está convertido en caramelo y a las burbujas que se forman les cuesta reventarse. Si los volcás así sobre los Besitos que ya esperan en su fuente, todavía calientes, los podés ir bañando y mezclándolos con una cuchara, y al enfriarse quedarán como cubiertos de una blanca y deliciosa nieve de azúcar. Normalmente, los Besitos tienen una vida lo que se dice efímera; lo aconsejable al servirlos es tirar la fuente al centro de la mesa y alejar los dedos rápidamente.

   Y eso es todo. Es como ese asunto del ADN que le dicen. Como ves, la receta no es para nada diferente de la de los fideos, y fijate qué cambio; qué postre tan delicioso te sale.

   Y mejor no te digo nada del día que Rodrigo trajo huevos de pato y tu mamá los hizo con eso; ni hablar, todavía todo el mundo se acuerda.

(Las imágenes son de Pixabay; la del terminado la sacó el Doctor Zaïus.)

 

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