Las incomparables milanesas de lentejas

meatballs-lentils-706334__180   Para la cena del jueves por la noche, a compartir con tu amiga Evangelina Reiki luego de una buena sesión de tal, la cual necesitás con urgencia, es buena idea, dado su vegetarianismo ovo-lacto, compartir con ella unas milanesas de lentejas. Las mismas son un proyecto largamente pensado, aquí en la Cocina Experimental de Nadie Avatar.

   Acerca de cómo efectuar las mismas sólo tenés una ligera idea, más unos cuantos libros de cocina de lo más tradicional, por lo cual para hacer estas milanesas tendrás que investigar concienzudamente en Internet, en donde encontrás dietas adaptadas a las más disímiles idiosincracias, además de deliciosas.

   Encontraste dos recetas que te gustaron: una en el sitio de Cocineros Argentinos, que no te conforma del todo porque no tiene huevos, y en tu opinión es imprescindible un ligue de alguna clase, y otra, que es la que finalmente usaste (más o menos), de un lugar que se llama iMujer (te pongo el enlace abajo; creo que es de una señora de Montevideo que se llama Florencia). Así que bueno.

lenses-1331727__180   Para realizar las milanesas, entonces, lo que tenés que hacer en primer lugar es conseguir ajo, perejil y huevos, porque no tenés nada de eso, y sabés que son ingredientes que contribuyen indefectiblemente a un increíble sabor en cualquier preparación. Sobre todo, si se trata de hacer milanesas que no son de carne de vaca, ni de cerdo, ni de pescado, ni de pollo, ni de nada, sino sólo de legumbres, lo cual suele traer como consecuencia una pasta grisácesa de consistencia y aspecto similares a posavasos, para no hablar del sabor.

    Así que, cojeando luego de tu caída de la escalera (lo cual es la razón de la necesaria sesión de Reiki), te vas para lo de Miguelito y le pedís, muy a tu pesar porque a vos los que te gustan son los huevos de Alberto, media docena de aquellos productos de la gallina, los cuales, según observás mientras Alberto los envuelve, tienen muy buen tamaño y, tal como comprobaste apenas luego, finalmente resultaron ser sorpresivamente hermosos. También le pedís un ramito de un bello y aromático perejil verde muy oscuro y fresco, y unos tomates perita (para hacer una ensalada por si las milanesas resultan secas e indigestas). No te olvides de solicitarle también una cabeza de ajo que, pese a la usual buena calidad de la verdura de Alberto, al verla te arranca un despectivo mohín de desprecio, y te hace preguntarte cómo es que, con tanta ingeniería genética y vacas que dan leche con insulina y esas cosas, los científicos no se las pueden arreglar para hacer una cabeza de ajo que no parezca salida de un juego de cocina de plástico, para niñitas de jardín de infantes.

chana-390530__180   Ya en casa, agarrás la olla de acero inoxidable de triple fondo y la llenás de agua, y ponés a hervir una taza de arroz integral y una de lentejas, con una cucharada sopera de sal gruesa. Como es mucha cantidad, vas a tener que dejar eso a fuego mínimo unos cincuenta y cinco minutos, más o menos, y destapar cada veinte minutos para ver que no te estés quedando sin agua. Con eso te van a salir muchas milanesas, así que si querés poné media taza de cada ingrediente, como para ver si te gustan para hacerlas otra vez.

   Una vez bien cocidas las lentejas y el arroz, tenés que agarrar la minipimer que te regaló tu mamá, y después de escurrir bien todo lo procesás más o menos a lo guarango, porque es importante hacer una pasta bien untuosa, pero no es muy necesario que esté tan amazacotada; por el contrario, pensás que te resultará agradable encontrarte alguna lentejita entera, ya que te gustan tanto. A eso, le agregás, bien picados, un puñado de perejil, dos o tres dientes de ajo de lo más grandes, media cebolla y alguna otra cosa que te guste. Vos no lo pusiste, pero pensás en algo como semillas de sésamo, por ejemplo. También vas a agregar dos de los hermosos huevos de Miguelito, y con una cuchara sopera vas a mezclar muy bien todo. Eso va en gustos. La cuchara la usás si no querés que te quede todo muy desmenuzado; si querés que todo se integre con un perfecto pero indistinguible sabor, sin pedacitos identificables de nada, procesá todo junto con la minipimer apenas colés el arroz y las lentejas y listo.

   A continuación, prepará la legumbrera de acero inoxidable con pan rallado, que es hora de preparar las milanesas. Abrí el paquete con los restos que te quedaron del Super chino que te gusta, volcalo ahí, y después de aceitarte ligeramente las manos y la asadera negra para el horno, procedé a hacer albóndigas de pasta de lentejas, las cuales vas a ir aplanando para pasarlas posteriormente, y con mucho cuidado, por el pan rallado, antes de depositarlas sobre la asadera.

   Una advertencia: debés cuidar la consistencia de la pasta, ya que de ser muy blanda, lo cual te ha sucedido en la primera tanda de milanesas, cuando las quieras dar vuelta para cocinarlas bien del otro lado se te van a romper todas, originando una serie de gritos destemplados, recriminaciones y autorreproches expresados sonoramente, y matizados con improperios de dudoso gusto y reñidos con la moral y las buenas costumbres. Para evitar esto, lo conveniente es que, ya que querés evitar tanto las calorías excesivas como el uso de harinas blancas, le vayas mezclando, verificando la consistencia cada tanto, unos puñados de harina integral. O de pan rallado. De chiquita, cuando tu mamá hacía milanesas de ternera, siempre le pedías que hiciera bolitas con pan rallado y el huevo con ajo y perejil sobrante, para obtener unas doradas albondiguitas, y sabés lo delicioso que queda. En esta ocasión, y dado que el  estado de tu pie izquierdo no te permite desplazarte hasta la dietética, vos vas a usar pan rallado. La menor cantidad posible, porque no querés puro sabor a pan rallado, pero un poco sí, que siempre va a ser preferible a la harina común que les ponen a las milanesas de legumbres industriales, y que según tu opinión, las vuelve muy pesadas.

   Y eso es prácticamente todo. Una vez que hayas obtenido una pasta con una consistencia que te haya gustado, y formado unas pintorescas milanesas redondidas, pardas y peluditas con su cubierta de pan rallado, las ponés en la asadera aceitada y le das unos veinte minutos de horno bien fuerte, diez minutos de un lado y diez del otro, o lo que sea necesario para que se doren bien. Cuando se hayan enfriado perfectamente, las metés adentro del tupper transparente de la tapa verde y te encaminás hacia lo de Evangelina, porque el colectivo demora de noche y no querés llegar tarde.

   Aunque a vos te parece que hubieran podido tener más sal, Evangelina las encontró deliciosas, así que el resultado del experimento puede ser catalogado como un éxito y la receta archivada para futuras experiencias. Las arvejas son otro ingrediente muy de tu gusto, al igual que los garbanzos, y con una receta eficiente quién sabe cuántas modificaciones se pueden emprender desde la misma.

   El cielo es el límite, y los vegetarianos te lo agradecerán. Junto con las vacas, los cerdos, los pollos y ese tipo de cosas.

La receta de las milanesas de lentejas la saqué de aquí:

(Las fotos son todas de Pixabay, porque me olvidé de fotografiar las milanesas.)

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