El mundo interior

el-mundo-interior-robert-silverberg-d_nq_np_1823-mlu4566383338_062013-o   Para actualizar tus lecturas de ciencia ficción, te sugiero ahora esta notable novela de Mr. Robert Silverberg, intitulada El mundo interior y publicada en 1971, justo el año en que yo nací; algo poderosamente atractivo para el ego, je je. Sin embargo, la razón de que yo recuerde esta novela hoy, es su excelencia, y las reflexiones a las que me mueve pensando en el mundo actual. Hasta donde yo sé, esta novela no tiene ningún premio; sin duda por el incisivo avistaje de nuestras profundidades, y el meticuloso esculcar en las preocupaciones humanas: algo mucho menos llamativo que las brillantes obras de arquitectura e ingeniería inventadas por otros escritores, pero para nada menos inquietante, según mi modestísimo entender.

   Imaginate un mundo sin hambre y sin frustraciones. Un mundo en donde lo que se pide, se tiene; un mundo sin mendigos y sin la palabra “no”. Un mundo en donde nadie se resiente porque no puede tener al hombre o a la mujer que quiera, y nadie tiene ningún apetito que no puede satisfacer. Básicamente porque no se le ocurre, ante el intrincado sistema social.

   Imaginate una densidad demográfica que excede a cualquier cosa que podamos imaginar, y una población mundial que es un delirio. Y nadie incómodo al respecto. Todos son felices; nadie está preocupado por el creciente índice de natalidad. Por el contrario; el tener menos de cuatro hijos es causa de preocupación y un verdadero estigma. Todos trabajan; los niños son prolijamente atendidos o en la escuela, o en los “alvéolos de mantenimiento”, en donde pueden quedar solos durante horas, si son muy pequeños. Nadie se vuelve loco por encontrarse niños por todas partes; los adoran. El infierno del Dante para mi modesta cofradía de los Solteros sin hijos, ¿verdad? El sueño de todo padre de clase media, ¿no es así? ¿Cómo sucedió esto?

   Son problemas (y soluciones) recurrentes en la ciencia ficción. ¿Qué hacemos con esta especie que no puede dejar de reproducirse compulsiva e histéricamente, mientras los recursos del planeta se agotan irremediablemente? ¿Dónde los ponemos? Ahá. La respuesta aquí es: en grandes edificios que son como ciudades enteras; cientos de pisos y galaxias de familias habitando espacios reducidos y asépticos, como esas jaulitas en donde viven los ratoncitos de los experimentos. Se reciclan los desechos corporales, como hacen nuestros amigos de la Estación Espacial Internacional; los alimentos ni siquiera vienen del supermercado sino de dispensadores a los que la gente puede recurrir para obtener reconstituciones, si no quiere pagar por alimentos auténticos. “Todo el mundo es feliz”, dicen. Y les dicen. La felicidad es un mandamiento, más que un derecho. Pero, ¿estaremos hechos todos nosotros para este tipo de felicidad?

   Como sucede en muchas novelas, cada capítulo de ésta contiene historias personales diferentes, en donde se van mostrando y analizando las distintas inquietudes de distintos personajes, cada cual viviendo una situación particular. Pero todo sucede en un mundo en donde todos sus problemas deberían haber sido resueltos de antemano. ¿Qué sucede? ¿Qué tipo de problemas son? ¿Alguien se siente frustrado? ¿Alguien tiene una necesidad que su sociedad no ha anticipado? ¿Qué sucede cuando una persona tiene una necesidad que su sociedad sí ha anticipado, pero no contemplado? ¿Cómo se resuelven los problemas individuales en una sociedad hecha para producir gente como en una línea de montaje? Hemos visto este tipo de problemas resueltos antes, en Un mundo feliz por ejemplo, y podemos imaginarnos la respuesta ahora. No nos quejemos de nuestra sociedad actual; tenemos suerte de que todavía no le hayan dado marcha a la clonación, y la tecnología todavía no dé como para hacer edificios de doscientos pisos, con dispensadores de alimentos.

   No te quemaré el libro respondiendo la pregunta de cómo esta sociedad termina con todos sus problemas, para no quitarte las ganas de leer la novela, porque realmente vale la pena. Sólo puedo decirte que los pueblos felices no tienen historia, pero este libro tiene siete largos capítulos, con un montón de vivencias que van entrelazándose para hacer un armónico concierto de vidas humanas… que te dejará un contrapunto resonando en el fondo de tu cerebro. De tu interior.

   Palabra.

(El cartelito lo saqué de mercadolibre.com)

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2 pensamientos en “El mundo interior

  1. Dr. Zaius

    “La felicidad es un mandamiento, más que un derecho”. El filósofo Slavo Sisek se ocupó de este tema: “¡Debes ser feliz! ¡Disfruta! ¡Goza!”. O sea, en la sociedad actual se trata de consumir placer. Y los seres humanos somos adictos a los problemas, así que si no hay, los inventamos. ¡Aguante Silverberg! (uno de mis preferidos).

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