The late bloomer

mv5bmjuwnjiznzy5mv5bml5banbnxkftztgwnzq1mzk5ote-_v1_ux182_cr00182268_al_   Buenas noches, querido y postergado visitante. No creas que he abandonado este blog o tu ilustre compañía; es que la vida y la tecnología tienen sus imperativos. No es para contarte la abstinencia tan tremenda que me ha ocasionado la repentina falla de la placa madre de mi computadora, lo que quiera que sea, y sus lapsus de negrura intermitente y, hasta el sábado, idiopáticos por completo incluso para los técnicos. Qué tiempos los de esa gente como Virgilio y Homero, que a la hora de crear se las arreglaban al aire libre, y no tenían nada más que un prado herboso, una bota de vino, tres ovejas, un par de papiros, y otro par de mocetones bronceados y robustos. Yo no puedo escribir arriba de un papiro… Mmmm.

   Pero bueno, subsanado el inconveniente y después de unas idas y vueltas que me han demorado todavía más, es hora de volver a subirse al caballo, y como es medio tarde y estoy cansada, y últimamente este blog ha tomado un cariz medio solemne que no necesito para nada, decidí que lo mejor para mi personal bienestar (y el tuyo, de paso) era ver una comedia bien pochoclera, mala de preferencia, y después contártela para reírnos un rato los dos.

   Fracasé, porque di con una comedia que, sin ser una gran cosa, está muy bien hecha y me encantó. Me reí muchísimo, aunque no sea Descalzos en el parque, por decir algo. Y está basada en una historia real; la vida de un periodista. Lo investigué en Wikipedia. El tipo se llama Ken Baker y trabaja o trabajaba en E!; lo conozco.

   En la película (por lo que pude entender del traductor surrealista de Google) la vida del protagonista difiere bastante a la del personaje real, contrariamente a su problema. De hecho, Ken Baker escribió su propio libro sobre este problema, y de ahí es que salió la película.

   Pero cuando comienza, el protagonista parece no tener ningún problema en realidad, más allá de la cara de pajero. Y además de la pinta, tiene todo el perfil completito completito.

   Es un terapeuta especializado en la adicción sexual, y se pasa todo el día mirando con cara de opa a toda una caterva de gente que sistemáticamente lo bombardea con un sinfín de historias, una más aberrada que la otra, y que a él, aparentemente, le resbalan. Uno piensa que es aparentemente. Pero le resbalan de verdad. No se está mandando la parte. El sexo no le interesa absolutamente para nada. Se ha pasado la vida explicando al mundo cómo sacar al sexo de la existencia; cómo vivir sin sexo; cómo superar el sexo; cómo ir “Del Séxito al Éxito”: el título de su libro, muy famoso, y a punto de convertirlo en el máximo gurú de autoayuda del momento.

   Tiene una hermosa y dulce vecina que le agrada muchísimo, pero no pasa de ahí, porque sexualmente… no le interesa. Las hipótesis de las personas que lo rodean van desde suponerlo gay, hasta un asesino serial. Ni siquiera se les ocurre otorgarle el beneficio de considerarlo un pajero. Pero él es feliz. Culpable porque se consideraba alguna clase de fenómeno (dice una vez que ha superado su problema); teniendo que inventar alguna historia de vez en cuando, pero feliz.

   Hasta que llega el día en el que de repente se vuelve… mucho más feliz. Y un pajero en serio, en toda la magnitud de su esplendor. Yo lo siento por la sensibilidad del simpático visitante, pero no hay otra manera de expresarlo. El problema de este caballero en particular era un tumor que probablemente había tenido durante años y que presionaba la glándula pituitaria, ocasionando el vertido de hormonas femeninas en el torrente sanguíneo y nada, pero nada de testosterona. Una vez descubierto, y debido a su localización, el tumor puede simplemente ser extirpado por la nariz. El problema se resuelve en un solo día. Y si hasta ese momento encontrabas la película muy cómica y deleitable, figurate lo que será después, cuando este treintañero se enfrente con la adolescencia de un día para el otro.

   Si querés saber cuál fue el curso real de la recuperación, leete mejor el libro de Ken Baker, que se llama Man Made: a Memoir of My Body, pero me parece que el protagonista de la peli lo refleja bastante bien. No puede estar muy lejos. Y desde luego, todos los incidentes coinciden con cada preconcepto que tenemos (o más bien, los datos documentados que recordamos) acerca de lo que son los hombres en general, los adolescentes en particular, y los casados, de paso. Los pajeros, bah. Me he encontrado pocas veces con un retrato más fiel, y éste es el único spoiler verdadero que te estoy haciendo, porque realmente, salvo que seas muy, muy sincero contigo mismo, no podés imaginarte qué tan acertado es ese retrato. Preparate para algunos momentos bastante rudos, porque, como en la vida, hay cosas que se cuentan como son, o no se cuentan. Pero te vas a reír un montón.

   Por último, una disculpa, pensando sobre todo en el Gran Rulemán Balde de Vello, que siempre me critica porque soy muy malhablada. Sucede que, como he querido ser fiel al espíritu de la película y al de este blog, dedicado a la gente freaky, pero piola, seguramente habrás notado, querido lector, que no pude evitar decir pajero unas cuantas veces. Pero espero que entenderás que eso fue una libertad que me tomé con fines dramáticos. No he querido herir tu susceptibilidad, ni la de nadie que visite este blog; no, para nada. Yo estoy totalmente en desacuerdo con esas cosas; con los pajeros, y con la masturbación.

   Produce pérdida de la memoria y otras cosas más que no me acuerdo.

(El cartel es de IMDb.com)

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4 pensamientos en “The late bloomer

  1. Dr. Zaius

    No se reprima, donna Nadie. Dele rienda suelta a su afilada lengua. Podrá decir alguna que otra guarangada, pero también sabe utilizar apropiadamente vocablos tales como “idiopático”. Y si no le funciona la PC, ¡buenos son el vino, las ovejas y los papiros!

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