Las fabulosísimas milanesas de garbanzos y arvejas

chickpeas-1218368__340   El día de la fecha, y no obstante ansiar unas deliciosas milanesas de soja a la pizza con sabroso quesito por encima, te decidiste a intentar, en cambio, la confección de un plato ligeramente similar, como son las milanesas de garbanzo y arvejas. Por tres razones, a saber:

1- las milanesas de soja parecen más bien milanesas de cartón.

2- te hinchan la pancita.

3- tanto los garbanzos como las arvejas te resultan particularmente apetecibles y si los comés en ensalada te vas a fagocitar un kilo.

   Además, crear es vivir, y si se trata de cocinar está, por añadidura, ese asunto de probar, no sea cosa que caiga alguien de visita y uno le termine enchufando cualquier cosa…

   Entonces, sin más pérdida de tiempo, lo que tenés que hacer es poner a remojar los garbanzos y las lentejas, que si no vas a tener la olla hirviendo hasta que las ranas saquen pelo.

 peas-1100045__340  Como te gustan las milanesas de buen tamaño, y no esos discos resecos llenos de harina común que te suelen vender, lo que vas a hacer es medir media taza de garbanzos y media o una entera de arvejas secas; NO LES VAS A PONER UN GRAMO DE TRIGO. Con eso te salen cuatro tremendas milanesas, o cinco o seis si sos sobrio con el tamaño. Porque enterate de que las vas a hacer a mano. Ahora hacé de cuenta que ya pasaron aproximadamente doce horas. Sí; los garbanzos son DURÍSIMOS.

   Agarrá la olla de acero inoxidable con triple fondo y llenala de agua. Enjuagá los garbanzos y las arvejas y volcalos dentro. Salá el agua, poné el fuego al mínimo, y dedicate a realizar cualquier actividad que te demande no menos de dos horas y media; no te vas a quedar mirando adentro de la olla; quién está tan al pedo. Podés, por ejemplo, ponerte a pelar, picar y rehogar un kilo de cebollas para hacer la Imponente tarta de cebolla y choclo (mejor te cuenosferatu-1639125__340nto eso otro día, que te vas a confundir). O podés ponerte a leer los cuentos de este blog; esperá a que salga el e-book, pero mientras tanto igual hay un montón de cuentos acá. Te recomiendo los de vampiros, que el Gran Rulemán quiere que ponga juntos en una novela.

   Una vez que las legumbres han hervido dos horas y media, o tres, o hasta que esos malditos garbanzos se deshagan cuando los pinchás con el tenedor (andá mirando para que no se te desarmen las arvejas), sacá la olla del fuego y colá todo. Dejá enfriar en el colador para que vayan soltando líquido, y mientras tanto dedicate a pelar y picar muy pequeños dos de los enormes dientes de ajo que compraste en la verdulería esa linda que queda cerca del planetario, un puñadito de perejil fresco, y tal vez decidas agregar a la mezcla un par de cucharadas gordas de cebolla caramelizada, de la que ibas a usar en la tarta de choclo. Son opciones; por mucho que te gusten las especias frescas, has notado sin embargo que a veces no se notan en la preparación final. Esta vez les estás dando una oportunidad, pero la próxima te parece que vas a comprar las especias en sobre, para agregarlas a las legumbres cuando las vayas a procesar, y ni un minuto antes.

   Vas a llenar la multiprocesadora bien hasta el borde con las legumbres y las especias de tu elección, y les vas a echar un buen chorro de aceite. Luego, le das marcha con el accesorio triturador más agresivo que traiga el aparato hasta que todo quede transformado en una pasta muy untuosa, pero muy firme. Los garbanzos son duros y es posible que, a menos que les pongas suficiente aceite, te resulten unas milanesas que se desmigan un poquito y no duran más que un par de días. La práctica hace al maestro: si tal cosa sucede, paciencia, y dedicate a aprovechar la tanda defectuosa con una fresca ensalada de window-1778386__340zanahoria rallada y repollo, y dormí con las ventanas abiertas hasta que obtengas una fórmula que te dé particular satisfacción.

   Por el momento, agarrá la pasta obtenida, aceitate las palmas de las manos y dedicate a hacer unas albóndigas gordas y suculentas, que vas a aplastar suavemente hasta lograr medallones redonditos del tamaño que te guste. El simpático lector no debe exagerar, porque cuanto más grandes sean las milanesas, mayores son las posibilidades de que se rompan al darlas vueltas para que se doren de los dos lados, una vez en el horno.

   Además de que es más fácil tirar arriba de la plancha uno de esos posavasos de soja que se consiguen por ahí, la otra razón para no hacer estas milanesas es su largo tiempo de cocción. Dado que no tienen nada de harina, la consistencia de las deliciosas milanesas se la das con una hora de horno, poquito más o menos. Pero una buena razón para que sí hagas estas milanesas, sumada a las que te di al principio, es que una sola con una ensalada verde, por ejemplo, te llena como un plato de guiso y es perfectamente light. O casi por completo. Además, después de todo, no sé qué te hace prender el horno una hora, esas frías noches de invierno.

   Y como la vida de los que hacemos dieta es sufrida y difícil, algo de variedad no viene nada mal. Porque que son ricas, son ricas.

   Una vez le llevaste a tus sobrinos de arroz integral y arvejas, y casi perdés los dedos.

(Imágenes de Pixabay)

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7 pensamientos en “Las fabulosísimas milanesas de garbanzos y arvejas

  1. Dr. Zaius

    Las flatulencias también son obra del Señor. Incluso alguien sugirió que el universo mismo no sería más que un ventosidad de Brahma… Por ello, no hay que envanecerse demasiado por nada.

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