Soltero sin hijos: ¿Sos un dios del amor?

mv5bmtrhntliodcty2nhyy00ztg3lwi1yjmtymvkzgu1owi5ywe2xkeyxkfqcgdeqxvyntcwmzkynde-_v1_ux182_cr00182268_al_ El día de hoy, después de tenerte abandonado tanto tiempo, lamentándolo mucho por mi parte, te dedico estas sesudas reflexiones, bastante alejadas del continuo bardeo del que suelo hacer objeto a aquellos que, dándole cobardemente la espalda a las cosas buenas de la vida, comienzan su día haciendo la cama, lavándose los dientes y escondiendo abajo de la mesada las botellas de cerveza. Y descolgando del caño de la cortina del baño los calzones que lavó anoche.

   La razón de este post a nuestro favor y su clima tan diferente a lo usual, se debe a que acabo de visionar una película que me ha dejado asombrada, fascinada por su impecable desarrollo y su patetismo minuciosamente manejado… y los extremos a los que puede llevarnos el mandato social. Y por qué no, mea culpa, la obsesión por no seguir el mandato social. Todos somos humanos. Todos podemos equivocarnos. Aunque por mi parte, jamás empezaré mi día haciendo la cama y descolgando los calzones de la cortina del baño. Pero esta película me ha hecho hacerme tales preguntas, que hoy día estoy dudando de todo. Aún cuando ayer en el supermercado escuché a una madre que, a viva voz, llamaba a su desobediente retoño “¡Vení para acá, JANO! Realmente, así va el mundo.

   La película se llama Goddess of Love (2015, director Jon Knautz), y su clima es una mezcla perfecta entre lo patético, lo sórdido, lo psicótico, lo triste, lo cotidiano, lo mundano, las nimiedades de las que se compone nuestra vida. Te metés en la trama de inmediato y no te hacés una sola pregunta acerca de las motivaciones de ningún personaje. Es asombroso. Salvo por la protagonista, son dos o tres rasgos por persona que te pintan toda su vida, te indignan, te entristecen, te sorprenden al final, aún cuando hayas creído que ya la película te había dejado bien claro todo ese desquiciado y solitario mundo delirante de la protagonista. Se trata realmente de una película asombrosa. Sólo sentís. Con dolor e intensidad.

   Pero para mí, lo más asombroso de todo son los extremos a los que somos capaces de llegar por nuestro instinto gregario (si no querés llamarlo mandato social). Acaso el más innecesario de los instintos hoy en día, como podríamos considerar a las muelas del juicio, el apéndice, o el pelo debajo de las axilas, qué se yo (yo soy americana y no le veo la gracia, pero gustos son gustos).

   Son realmente preguntas para hacerse hoy, aún cuando uno pueda pensar que está equivocado. ¿Por qué una persona pierde completamente el juicio al verse sola? ¿Qué es lo que hace que una persona universitaria, profesional, o simplemente una amorosa madre de familia, de repente un día envenene a todos por la infidelidad de su esposo o esposa? ¿Qué nos pasa que tenemos noches en blanco llenas de pensamientos suicidas, estúpidos, irracionales, porque no tenemos con quién pasarla? ¿Por qué me enoja tanto todo esto? Pues supongo que es mi ego. Porque ciertamente, a mí hay pocas cosas que me enfurezcan más que la pregunta acerca de mi estado civil, como si fuera asunto de alguien. Un asunto importante, es decir, con todas las cosas fascinantes que podemos hacer hoy en día. ¿Son la frustración y la infelicidad, y la esclavitud de los sentimientos, parte del mandato social?

   El instinto gregario era necesario para la supervivencia de la especie humana. Hace tres millones de años. Éramos unos monitos que medían un metro, y que de pedo podíamos caminar erguidos; no teníamos fuerza física, no teníamos mandíbulas poderosas. Hasta que se nos ocurrió agarrar un palo para rajárselo por la cabeza a un tigre dientes de sable, éramos como la góndola de carne del supermercado para toda criatura que anduviera por la sabana, aburrida, a ver qué podía llevar para la cena. Supongo que el mandato social entonces también tendría algún sentido.

   Ahora yo pregunto, totalmente conmovida por esta pobre chica que trabaja de stripper, y que es captada en una enfermiza historia de amor con un cliente chiflado que ni él sabe lo que quiere… Tenemos tanta gente infeliz en el planeta (tenemos tanta gente) que ¿no vendría siendo hora de educar en otra dirección a los retoños que la gente todavía tiene el mal gusto de producir? ¿Es necesario que mujeres maravillosas, pensantes y un mérito para su especie, se pasen largos e inconfesos momentos solitarios pensando por qué no pueden compartir una película, una conversación, una noche de sexo o de amor con ese “maravilloso” hombre con el que sueñan (y que frecuentemente está casado con una mina cuyas habilidades intelectuales se limitan a contar con los dedos). Pero a ver, no seamos extremistas; vamos a beauty-1265269__340darles una oportunidad a los caballeros.

   Yo no sé cuál es el número del calendario para ellos (es decir, el momento en que suena el famoso “reloj biológico”, al cual me gusta llamar “las campanas del infierno”). Pero llegado el fatídico momento, ¿porqué se los obliga a buscar procreadoras que parecen haberse pasado la vida entera en el jardín de infantes, para pasar luego a convertirse en hijas del marido, con más caprichos que sus propios hijos, hasta que llega el momento en que se transforman con cirugía estética hasta tal punto, que, para mí, terminan medicadas porque no se reconocen en el espejo? Dejémonos de joder. Acá no puedo defenderlos, muchachos. Conozco cientos de estos deleznables y decolorados individuos, que hacen que nos metan en la misma bolsa a todas, acompañadas por un sinfín de quejas provenientes del masculino género. Y ESTÁN TODAS CASADAS. Algo anda claramente mal con ustedes, que deberían ser los depredadores, y ciertamente, con nosotras, que andamos por la vida tratando de agarrarlos a ustedes por los peluquines, para arrastrarlos adentro de la caverna, y menos mal que ustedes son fértiles hasta una edad avanzada, porque si no hasta sin rehenes nos quedamos.

   Para resumir. Han pasado tres millones de años. Estamos mandando naves por todo el sistema solar. Sabemos cómo los astronautas hacen pichí y caca. Y hoy yo me siento totalmente fascinada por el páramo emocional en el que esta pobre chica vive, haciendo cosas terribles que te impiden enojarte con ella. Cosas como las que hay detrás de las caras de nuestros semejantes, las cuales no podríamos suponer, y que esta película te tienta incluso a perdonar. De verdad, es una película excelente, que yo creo que todavía no es muy conocida. Te la recomiendo ampliamente. Y si algo en ella te resulta familiar, no se lo digas a nadie, pero aprovechá el conocimiento. Hay un meme muy bueno que vi en Twitter. Te lo regalo.

   Si no te gusta dónde estás parado, movete. No sos un árbol.

(Cartel de IMDb)

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4 pensamientos en “Soltero sin hijos: ¿Sos un dios del amor?

  1. Dr. Zaius

    Uno pierde el juicio cuando está solo porque en realidad no se conoce a sí mismo, o a lo sumo conoce algunos aspectos que le resultan intolerables y prefiere no encarar. Estando con otros se olvida del vacío y sus demonios. Es la “existencia inauténtica” de Heidegger. (¿qué tal?)

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