Montesco o no Montesco III

   Por mucho que decida dejar zanjada la espinosa cuestión analizada en el primer post de esta serie, parece que la Humanidad ha decidido no dejarme descansar.

   Luego de algunos hallazgos más que me he sentido muy desanimada para analizar, y algunos chistes de regalo, como el propuesto por el Dr. Zaïus que echó a faltar, en la lista transmitida por el Gran Rulemán en su comentario, a la señora Elba Ticano, aquí me tienen de vuelta, esta vez dedicada a temas científicos.

   Antes d400px-tabla_periodicae la noticia que paso a comentar, pensaba escribir algo con esa digna temática, por ejemplo describiendo prolijamente alguna de las apasionantes tareas que ocupan a la Estación Espacial Internacional, tales como el resultado de su adhesión al Mannequin Challenge. Pero habiendo iniciado ya una investigación onomástica, con una enjundia digna de los IG Nobel, ¿puedo resistirme a la notificación de la National Geographic relativa a los nuevos elementos de la Tabla Periódica? No señores; los divulgadores de las verdades de la ciencia tenemos una responsabilidad.

   Así que ahí vamos.

   Sin duda todo el mundo recordará del colegio secundario aquella simpática tabla de Mendeleyev, en donde figuraban, todos pintados en lindos y diferentes colores, los elementos químicos conocidos por el hombre, con el número de neutrones, protones y electrones que tiene cada uno, más si eran sólidos, líquidos o gaseosos, e incluso si eran reales o se esperaba encontrarlos algún día que un científico estuviera muy al pedo, jodiendo en un laboratorio ignoto, o bien buscando la fama, o bien en pedo porque lo dejó la novia y era domingo a la tarde.

   Asimismo, todos recordamos cariñosamente aquel huequecito en la tabla adornado con un asterisco, porque el elemento en cuestión, el tecnecio, aún no había sido hallado, pero apareció realmente un día en el laboratorio, en la forma de una solitaria molécula. Todo por la paranoia obsesivo compulsiva de los científicos, que decía que aquel blanco en la tabla no podía existir entre los elementos conocidos y que de seguro aquella cosa terminaría por aparecer, de forma sintética si era necesario; algo como los chimentos del mundo del espectáculo, pero con los elementos de la naturaleza. No se salva nadie, en este planeta.

160105180739_nuevos-elementos  Y así siguieron las cosas durante muchos años. Con lugares marcados en la tabla para elementos hipotéticos que todos los científicos se dedicarían a cazar cada vez que se aburrieran demasiado, o no consiguieran presupuesto para una u otra cosa, subsistieron blancos bautizados con atrocidades como unununio, ununbio, ununtrio, ununquadio, ununpentio, ununhexio, ununseptio, ununoctio, ununenio, unbinilio, unbiunio, y estoy segura de haber visto unlunlu alguna vez. Ahora no lo puedo encontrar; espero que todo el mundo aprecie el tiempo que estoy perdiendo tratando de llevar algo de conocimiento científico a sus vidas (también espero que no esté leyendo esto ninguna embarazada, sin idea de qué nombre ponerle a su pobre niño).

   A su turno, con paciencia y con saliva, todos estos elementos fueron hallados, siendo el último el insigne ununseptio, que no sé qué es ni para qué sirve, pero seguro se trata de algo radiactivo y peligroso que puede hacer que cagues de color fucsia con sólo pensar en él. Ahora cuento.

160105175242_elementos_japones_304x171_getty_nocredit   Hoy debemos darle la bienvenida a los nuevos elementos ¡NIHONIO, MOSCOVIO, TÉNESO y OGANESÓN! (por Dios, de verdad, alejen a todas las futuras madres de la pantalla). Todos estos elementos son artificiales, radiactivos, y sus nombres fueron aprobados previamente por la IUPAC (Unión Internacional de Química Pura y Aplicada), que dice que los nombres de los elementos deben estar relacionados con conceptos mitológicos, minerales, propiedades, regiones geográficas o un científico, de preferencia muerto.

   Desde los ’60, porque se había armado despelote por los descubridores de los elementos, habían quedado que mientras se les ponía nombre llevaran una nomenclatura provisoria, con tres letras que indicara su número atómico que le dicen, o sea la cantidad de protones que tiene el núcleo, siempre latinizando el nombre, y desde el ’85 cambiaron los números romanos por los números arábigos, del 1 al 18 (por eso todas esas úes de ahí arriba, y los números para cada elemento). Así pues, tenemos que los nuevos elementos vienen de los antiguos 113 ununtrium (Uut), 115 unupentium (Uup), 117 ununseptium (Uus), y 118 Ununoctium (Uuo), y quedaron, con permiso de la  Comisión para la Nomenclatura de la Química Inorgánica de la IUPAC, en lo siguiente:

  • El nihonio (Nh): debe su nombre a la palabra nihon, que en japonés significa Japón (se mataron ahí), y fue sintetizado en ese país, en el laboratorio de Riken.
  • El moscovio (Mc) y el téneso (Ts): nombrados así en honor a las ciudades de Moscú y de Tennessee.
  • El oganesón (Og) es llamado de esta forma por el científico Yuri Oganessian, director del equipo que lo descubrió. Los tres últimos elementos son el resultado de una investigación conjunta entre Rusia y Estados Unidos.

Ahora vamos a hablar en serio.

   Así las cosas, por aquí y por allá he estado leyendo que tal como se la conoce, todo lo previsto se ha completado en la tabla periódica, pero nada impide encontrar elementos nuevos e inaugurar una nueva fila, la octava, ya que la séptima está lista y terminada.

   Así que yo propongo, por el orgullo nacional y a ver si ganamos no sólo un IG Nobel, sino también uno del otro, que los químicos de Argentina se arremanguen, agarren una o dos probetas y si es necesario colaboren con otras naciones, y descubran algún elemento extraordinario. Como esta vez van a ser bien pero bien nuevos, los científicos no van a tener nombres supuestos y extraños que empiecen en U, pero algo sobre las propiedades seguro está previsto. Y, como siempre, yo estoy más que dispuesta a colaborar con la ciencia, así que hay mucho a favor para empezar.

   Lo único es que como lamentablemente sólo he sido formada en el tema en el quinto año de la escuela secundaria, nada más podría colaborar adelantando unas propuestas para los nombres. Sin embargo, por fortuna soy muy iluminada al respecto.

   Para culminar con esta interesante investigación, les ofrezco algunas propuestas, capaces de ocuparlos durante todo el siglo XXI.

  • Chupacabrio: traten de conseguir algún científico de Santiago del Estero, por ejemplo. Lo mismo para el
  • Siestesio
    Y tal vez el
  • Lloronasio
  • Rosarigasio: sí, obvio que tiene que haber algún rosarino. Acá tenemos grandes lumbreras.
  • Batacasio
  • Redoblonsio
  • Esbornio
  • Ñatasio: sí; mi tía es un genio para la cocina y exijo algún tipo de reconocimiento personal por mis esfuerzos. Así que también podría estar el
  • Carinagasio: no pienso olvidar mis orígenes rosarinos. No, científica no soy, pero si le dieron un Nobel de Literatura a Bob Dylan…

   Así que ya saben.

   De nada, y todo el mundo siéntase libre de colaborar.

  La ciencia necesita mártires y gente que trabaje, no perezosos que se agarran de la falta de títulos como excusa para el abandono del saber.

 

Los siguientes sitios y artículos han sido de inapreciable valor para este irrespetuoso homenaje a las huestes científicas, y como están muy buenos recomiendo su lectura:

En nationalgeographic.com.es: Cuatro nuevos elementos para la tabla periódica. Enlace:.

En bbc.com: De dónde vienen los nombres de los elementos de la tabla periódica. Enlace: 

En bbc.com: ¿Cuántos elementos químicos faltan por encontrar? Enlace:

En Anales de la Química, por Otilia Val Castillo: Historia de la evolución de la tabla periódica de los elementos químicos: un ejemplo más de la aplicación del método científico. Enlace:

   Las fotos son del artículo de la BBC, menos la primera, que saqué de Wikipedia.

 

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4 pensamientos en “Montesco o no Montesco III

  1. Dr. Zaius

    1º: ¡Qué pelotudez eso del Mannequin Challenge!
    2º: “Anales de la Química, por Otilia Val Castillo”… ¿Por qué va al castillo Otilia? Ja Ja!!

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      ¡Me muero! ¡No me había dado cuenta! (igual no voy a comentar nada; no es buena idea reírse de las fuentes). En cuanto al Mannequin Challenge, me sorprende que una persona de su erudición no comprenda las diversas facetas de la investigación científica, incluida la etología. La etología en la ISS, por qué no. A lo mejor hasta es uno de los tests de adaptación.

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