El intrigante lemoncello II (o El furtivo licor de arándanos: la leyenda continúa)

alcohol-1198643__340   Recorriendo las entradas dedicadas a la alimentación humana presentes en este blog, para evitar, entre otras cosas, redundancias en las denominaciones de los platos, te has encontrado con que, hace tiempo, adelantaste la receta del delicioso e Intrigante lemoncello. Con indignación, descubriste que en aquella oportunidad dejaste la receta a medio terminar, faltando concluir por aquel entonces el proceso y la bebida en sí, y siendo considerados virtuales tanto su existencia como el buen fin del proceso.

   Para remediar la inexcusable desidia pasada, tu obligación es, entonces, comentarle ahora al decepcionado lector cómo fue que terminó tal aventura, y cómo, luego de superada la misma, continuaste tu beodo viaje hacia los lejanos territorios de las frutas rojas. Concretamente, los arándanos y las amarenas: los cuales, conjuntamente con el queso, configuran bendiciones únicas en el Universo, mucho más misteriosas y apasionantes que una probable vida inteligente foránea (a menos que tal vida inteligente haya demostrado ser capaz de producir queso, y aislar en su planeta frutos tan deliciosos como los rojos).

   En efecto, y tal como habías profetizado sobre el fin del mentado lemoncello, aquella vez todo se desarrolló pacíficamente. Contrariamente a la primera oportunidad, no hubo largas, transparentes y frágiles ramas de azúcar creciendo entre el subyugante y aromático lemoncello; nada de ponerse a inventar, con los ojos bizcos de furia, historias raras para contar cuando la gente preguntara por la receta, ni tampoco largos periplos con el objeto de comprar pinceles y pintura para vidrio con los que ocultar el fracaso. Según tu opinión, el problema al hacer el lemoncello la primera vez fue realizarlo con un almíbar demasiado espeso. Esta segunda oportunidad, al emplear un almíbar a un punto muy flojo, no quedó más que esperar a que pasaran los veinte días de rigor para luego despachar el lemoncello a la casa de Rodrigo, y oír luego los breves rumores que acompañaron una desaparición particularmente rápida.

blueberries-1916551__340   Luego de lo cual te dispusiste, con gran entusiasmo, a hacer licor de cuanta cosa se te pusiera al alcance de las manos. Como recientemente tu señor padre, que tiene afanes new age despertados por su padecimiento debido al colesterol y ese tipo de cosas, se ha aficionado a los frutos rojos crudos, has hallado en su domicilio una nutrida cantidad de arándanos, y de esas cerezas rojas y casi negras, muy brillantes, dulces y delicadas, de las que la gente suele conocer como amarenas. Así que, para simplificarle las cosas al alegre lector, le decís que si puede se consiga dos botellitas con capacidad para medio litro, y las llene con un puñado respetable de arándanos la una, y la otra de amarenas.

   Como es importante que el alcohol se impregne de la esencia de las frutas, tiene que hacer como en ese programa de televisión que viste hace cien años, en donde una chica fabricaba algo denominado rhum kopf: el rhum kopf es una forma austríaca de conservar la fruta durante todo el invierno. Es de imaginar que para agarrarse unas buenas curdas con algo sabroso, ya que lo que hay que hacer, es tomar toda la fruta que uno no se llega a comer, pincharla con un tenedor y ponerla dentro de una botella con ron, para ir agregando más fruta a medida que se la va encontrado, o cuando ya no se sabe adónde ponerla. Después uno aprovecha esta fruta en conserva para hacer torta, o combinar con helado, o lo que mejor se le ocurra.

berries-1851148__340   Así que lo que vos hiciste, y lo que el lector va a hacer si se quiere agarrar una buena curda con algo sabroso, es pinchar toda la fruta con un tenedor, para llenar luego con alcohol el resto  de la botellita en donde la ubicó (alcohol blanco, apto para repostería; no va a ser metílico). Tiene que sacudir bien la botellita una vez que está llena de alcohol, porque aquí no pasa como con el lemoncello, donde la cáscara de limón no ocupa nada de espacio; la fruta roja, más voluminosa, va a ocupar bastante del espacio dentro de la botellita, y más si no se la mueve y el alcohol no llena bien todos los agujeritos que se han abierto. El inquisitivo lector va a notar que el alcohol toma color casi inmediatamente, pero no debe ser angurriento: como con el lemoncello, debe esperar diez días antes de combinar almíbar y alcohol especiado, y veinte días después de eso, guardando el resultado final en un lugar fresco y oscuro, para saber bien qué es un licor verdaderamente hechicero.

   Como se ve, el proceso es igual al del lemoncello, excepto que, por esto que se aclara del volumen de la fruta dentro de la botellita, hay que cuidar bien que, al mezclar alcohol y almíbar, sólo quede en el licor una tercera parte del alcohol especiado.cherry-1622551__340

   Al momento de escribir este modesto informe de progresos, tu señor padre, encargado del control de calidad del licor de arándanos, declara estar plenamente satisfecho con los resultados, y también manifiesta sentirse perfectamente saludable. Los resultados del licor de amarena están pendientes de investigación, y como es probable que no te enteres a tiempo de qué fue lo que pasó, mejor decirle al intrigado lector que seguramente todo irá bien, y que se puede repetir el procedimiento del lemoncello y del licor de arándanos cuantas veces se considere oportuno, y toda vez que se encuentre un escondite seguro e inexpugnable donde guardar el producto: lugar que se mantendrá oculto a capa y espada, al menos hasta que se decida revelar la existencia del licor.

   Y eso es todo. Cuando esté listo el licor de amarenas, si llegás a tiempo lo podés poner en la botellita de vidrio facetado tan bella que le regalaste una vez a tu señora madre.

   Si llegás a tiempo.

(Imágenes de Pixabay)

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4 pensamientos en “El intrigante lemoncello II (o El furtivo licor de arándanos: la leyenda continúa)

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