Las aventuras de los Ángeles del Gran Rulemán Balde de Vello en el Planeta Rosquita. Con el Hombre Caniche y el doctor Zaïus. Y el Microondas Inmortal. Y Mads Mikkelsen.

moon-1859616__340   La luna llena relucía, bien en el medio del agujero del Planeta Rosquita, y  todos estaban con un humor de perros, sobre todo el Hombre Caniche, que acababa de bajar del avión para pasar sus vacaciones después de filmar su primera gran película, 50 sombras de caniche en el pavimento ardiente. Representaba a la fiel mascota del detective alcohólico y fuera de la ley, encarnado por Mads Mikkelsen. Por eso los dos tenían rastas y mal humor, ya que las rastas picaban una barbaridad. El Gran Rulemán no; estaba siempre de mal humor.

– ¡Pero se puede saber qué hay que hacer en este planeta para tener un poco de paz y tranquilidad! – rezongó, después de alzar el pie de uno de los recordatorios del Hombre Caniche, que todavía estaba metido en el papel.

– La tranquilidad no existe. La paz no existe. La vida no es más que un recordatorio insufrible de la pasajera banalidad – retrucó Mads Mikkelsen con un vaso de whisky lleno hasta la mitad en la mano, ya que también estaba aún metido en el papel.

– ¡Lo único que me faltaba! ¡Un vikingo con afro tirado en el sillón como una funda con órganos, emborrachándose con el pretexto de que algún día se va a morir!

– Ninguno morirá; todos podemos decidir en qué momento salirnos de la rueda del Samsara –apuntó el doctor Zaïus desde la puerta de la cocina, desde donde terminaba de emerger munido de una palita con mango largo y una escoba.

   Fuera de sí, el Gran Rulemán estalló en un Gran Revolear de mangas de terciopelo y alzó su egregio índice en el aire. Había estado practicando sus hechizos toda la mañana y tenía un mal día. O un gran día, según se vea.

– ¡Anche el budista! ¡SUFICIENTE!!! – y antes de tener tiempo de arrepentirse, dirigió la maligna falange contra el doctor Zaïus. En un segundo, la palita de mango largo y la escoba fueron a dar al suelo con un repiqueteo y dog-1619386__180un arremolinarse de pelusas y trocitos de material ignoto que de ninguna manera debía estar ahí, puesto que para algo había sido retirado previamente del suelo. El Hombre Caniche, indignado y todavía en su papel de bestia de presa, se alzó en dos patas, ladró y arremetió contra el doctor Zaïus, que fue a pararse en el respaldar del sillón, junto a Mads Mikkelsen. El doctor Zaïus se había convertido en un tero y lucía una coqueta permanente.

– Vea si no es lo que le digo – observó Mads Mikkelsen, dando otro trago a su beberaje refrescante.

   El Gran Rulemán, que no cabía en sí de la sorpresa, abrió unos ojos que casi se le caen de la cara y abrió los brazos todavía más, temblorosas las runas de oro alrededor de su cuello. Para disimular, arregló con los dedos las ondas de su fantástico cabello oteando con sigilo el gran espejo del foyer, elevó sus decibeles dos o tres tonos y volvió a apuntar para todos lados sus uñas manicuradas.

– ¡Ved los resultados de desafiar a Balder el Bello, el Gran Runemal! ¡Ved las consecuencias de la falta de respeto hacia la divinidad! ¡Ved en qué terminan la herejía y la osadía y la cobardía!

vanellus_chilensis_close-up-2 – ¿Qué le agarró que usa la segunda del plural? ¿Qué onda con los hiatos redundantes? – preguntó el doctor Zaïus, que no había sido privado, no obstante de la magia del Gran Rulemán, del don de la palabra.

– Y yo qué sé –respondió Mads Mikkelsen, tratando de calmar al Hombre Caniche, todavía estremecido por el plumaje del doctor Zaïus.

   El Gran Rulemán, ofuscado, bajó sus índices de las alturas y los dirigió contra los conspiradores en el sillón.

– ¡Mejor que la fauna apoltronada en el rincón baje las ínfulas! ¡No se sabe en qué momento el Gran Rulemán, quiero decir, El Gran Runemal, decidirá castigar con el fuego de los dioses la humana impertinencia!

– Por una vez que pega una… -rezongó Mads Mikkelsen, dejando el whisky que le quedaba en la mesita ratona frente al sillón, para el Hombre Caniche, ya que había representado a la mascota de un detective alcohólico. El doctor Zaïus se peinaba los rulos con el pico.

– ¡SILENCIO!!! – ordenó el Gran Rulemán con gran voz, listo para aniquilar al mundo entero, si le llegaba a salir bien.

– Yo no sé por qué Nadie le permite estas cosas en su propio blog – dijo Mads Mikkelsen, levantándose para servirse más whisky, ya que el Hombre Caniche se lo había terminado.

– A mí ya me había avisado que me iba a transformar, porque le hice un chiste sobre su edad en un comentario para la reseña de Tommycknockers – informó el doctor Zaïus, picoteando una semilla de sésamo de alguna hamburguesa que había quedado pegada en el tapizado del sillón.

– ¿Y yo qué tengo que ver? –se lamentó Mads Mikkelsen- a Nadie se le ocurre hacer un ejercicio pseudo literario a propósito de una foto de Twitter, y acá quedo yo pegado hace un año, y con ese personaje… Qué karma…

– ¡HE DICHO QUE BASTA DE BUDISMO! –chilló el Gran Rulemán- acá en el Planeta Rosquita, a no rune-stones-1608031__340ser que aparezca el Lama Labaranda del Cantimpalo y haya que quedar bien con un colega, ¡nos dedicamos a las Sagradas Runas!

– Joder… – se quejó Mads Mikkelsen, y le puso un poquito más de whisky al Hombre Caniche, que siguió investigando aquella faceta de la cultura humana con gran entusiasmo.

– Y yo me pregunto… Ahora que ha quedado demostrada mi magnificencia… ¿Qué nuevo campo del saber ancestral me será dado cultivar? ¿Será acaso la nigromancia?… No, no, no; qué impresión. ¿Transformaré el salchichón en oro? No, no, no, con lo rico que es el salchichón…

– ¡Ya sé! ¿Por qué no nos consigue gente nueva? – sugirió el doctor ZaÏus- Acá con Mads Mikkelsen nos aburrimos que da miedo, desde que el Hombre Caniche se lo pasa filmando en Hollywood…

– ¡Cretino! ¡Atrevido! ¡Cómo se atreve a pensar siquiera que mis sagrados poderes, otorgados por los dioses, se pueden pensar como una triquiñuela para recrear Gran Hemano!

– No, Gran Hermano no, pero vea si no puede hacer algo como invocar unas sacerdotisas o algo así; cuando estábamos filmando la película con el Hombre Caniche había…

– ¡Cállese, Mads Mikkelsen! Le dejo pasar esas atrocidades sólo por respeto a su nórdica ascendencia.

   Y el Gran Rulemán se quedó pensando, con el ceño noblemente fruncido enfocado en el seguimiento de su ilustre misión.

   De repente, se puso en movimiento.

   Se fue hasta el hogar que enseñoreaba el amplio foyer y lo encendió. Fue hasta la cocina y se trajo al Microondas Inmortal, que puso arriba de la mesita ratona, cuatro ramitas de romero, cuatro de albahaca, cuatro dientes de ajo, arrancó cuatro pajitas de la escoba, cuatro plumas enruladas de la espalda del doctor Zaïus, cuatro rastas de la nuca de Mads Mikkelsen, para no arruinarle el corte de pelo, y ninguna del Hombre Caniche porque le tenía miedo. A continuación, tiró todo dentro del fuego, y con un mohín de dolor y sufrimiento, tomó cuatro pelos de su magnífica cabellera y los puso al fuego también.

– ¿Qué hace? – dijo Mads Mikkelsen.

– Yo pensé que iba a cocinar- respondió el doctor Zaïus.

– No, hombre, ¿con pelos? ¿y adónde está la olla?

– Y qué se yo, ¿no vio a ese Francis Mallman, que anda por el medio del campo con un viento de la gran siete por todas partes? No me va a decir que nunca se encontró undog-1615975__340 pelo en el asado.

– Ah; tiene razón – dijo Mads Mikkelsen, y se sirvió más whisky, observando con el ceño fruncido al Hombre Caniche, que se había quedado dormido panza arriba al pie del sillón.

   El Gran Rulemán se paró frente al fuego con un enorme libro de tapas negras, de terciopelo como su propia capa, y decoradas con runas de oro, también como las de su capa. Arrimó una silla para poner el libro, porque le pesaba, y a continuación expectoró su mágico reclamo al fuego, haciendo ostentación de su noble estirpe.

– ¡YO OS LO MANDO, ESPÍRITUS DEL FUEGO, ENVIADME MI DERECHO! ¡YO OS LO MANDO, ESPÍRITUS DEL FUEGO, DEJAD SALIR A MIS SERVIDORES! ¡YO OS LO MANDO, ESPÍRITUS DEL FUEGO, LIBERAD A MIS WALKYRIAS!!! ¡YO, EL HIJO DE LOS DIOSES, QUIEN DEBE SER ADORADO!!! Ahora van a ver estos zanguangos, quién va a cocinar y limpiar la caca del licántropo toy.

   El Gran Rulemán bajó los brazos con trágico ademán y los labios fruncidos en olímpico desprecio. Esperó el advenimiento de la maravilla invocada para prosternarse delante de él y enseñorear su mansión, acomodando los manteles individuales como a él le gustaba, entre otras cosas. Y esperó. Y esperó. Y esperó.

– Yo en su lugar sacaba el libro de la silla y me sentaba –dijo el doctor Zaïus, deseando ser útil.

   Mads Mikkelsen se acomodó en el sillón, tiró la cabeza para atrás y empezó a roncar.

  El Hombre Caniche, soñando que perseguía alguna cosa, movía la cola y las patas, y refunfuñaba con los ojos cerrados.

   El Gran Rulemán se puso rojo de cólera.

– ¡ESTO ES EL FINNNN!!!!! ¡AHORA TODOS SERÉIS TRANSFORMADOS EN GARRAPATAS PSICÓTICAS!!!!

– Vea que esa segunda persona del plural le queda un poco ridícula – acotó el doctor Zaïus, una vez más intentando suavizar la situación.

   El Gran Rulemán miró en su dirección, sin duda alguna con una maldición a flor de labios, pero entonces algo sucedió. O sea, varias cosas sucedieron.

   La luz del microondas inmortal, hasta entonces mudo o durmiendo, empezó a titilar.

 flames-1923287__340  El fuego del hogar creció hasta avanzar sobre la pared, y se volvió rosado.

   Súbitamente, en la estancia flotó el hechicero aroma del Chanel Nº 5.

   Y el pandemonio se abatió sobre el Planeta Rosquita.

– Oh, no. NO, NO, NO, NO. No. –protestó el Gran Rulemán, con un hilillo de voz.

   Frente a él estaban sus cinco walkyrias.

– ¡OH, MY BAOLDERRR! ¡Nos llamaste y aquí estamos! ¡FOR YOU! Apenas los dioses te escucharon, me avisaron a mí e hice un casting con fotos, darling! Nothing is good enough for my BAOLDERRR! Aquí estamos Liza, Isa, Melissa, Tessa, Brisa y Niza! Las llamé en persona, Baolderrr. ¡Nada de esas gordas rubias con trenzas para my Baolderrr! ¡Somos tus Ángeles, como los de ese programa de televisión que te gustaba, darling!

   Los Ángeles se pusieron en pose, entre el fuego rosado que seguía saliendo del hogar. El Microondas Inmortal destelló siniestramente y habló.

– No se preocupe, amo, que yo estoy aquí para servirle –dijo el Microondas. – ¡Yo les daré órdenes a las Walkyrias para volver a su morada más confortable! Nunca más pelusa en sus nobles pantuflas. Nunca más cargar de acá para allá esos enormes libros o ese molesto espejo con marco de plata donde contempla su belleza. Nunca más tener que sacrificarse preparándose usted solo su café instantáneo.

doll-1819916__340– Peinaré las rastas del Hombre Caniche para que no ladre enloquecidamente – dijo Isa, soplando el imaginario cañón de un arma de fuego.

– Departiré de budismo con el doctor Zaïus para que no lo moleste a usted – dijo Melissa, con las manos en la cintura, y el doctor Zaïus fue a posarse sobre su hombro.

– Seré la secretaria del detective Mads Mikkelsen hasta que lo llamen a otra misión, para que no woman-1808645__340ande por el medio estorbando sus hechizos – propuso Tessa, señalando a Mads Mikkelsen con un movimiento de caderas. Mads Mikkelsen dejó escapar un hilo de baba por la comisura derecha de sus labios.

– Atenderé la puerta para atajar al Lama Labaranda del Cantimpalo –declaró Brisa haciendo un ademán de bloqueo de karate.

woman-1820988__340– Yo conservaré sus bienes y objetos personales en inmaculado orden. Soy obsesivo compulsiva. Soy obsesivo compulsiva. Soy obsesivo compulsiva. – manifestó Niza, con un contoneo de cintura.

– Y… OH, BAOLDERRR! Yo dedicaré día y noche A TU ABSOLUTA ADORACIÓN!!! Prepararé personalmente tus SALAD’S TOFU, y tus croquetas de RICE AND BROCULI!!! – exclamó Liza. barbie-1283151__340

– NOOOOO!!!

– YESSS!!! Estaré frente a ti cuando tomes tu té con tostadas por las mañanas…

– NOOOO!!!

– Y tus tartas de atún con aceitunas por la noche…

– NOOOO!!!

– Y los Ángeles y yo… WILL BE YOURS FOR EVER!!! people-1105593__340

– NOOO!!!!

   En el sofá, Tessa secaba la boca de Mads Mikkelsen con un pañuelito descartable. A su lado, Isa se había sentado en el suelo para separar las rastas del Hombre Caniche, una por una, y luego rascarle la panza. Melissa iba hacia la ventana asintiendo con la cabeza, mientras el doctor Zaïus, parado sobre su hombro, se peinaba las plumas con el pico y le explicaba al oído acerca de los bardos. Brisa practicaba sus llaves de karate junto a la puerta de entrada. Niza había encontrado una pila de folletos de pizzería en una mesita cerca de la cocina, y los estaba ordenando alfabéticamente.

   En la mesita ratona, el Microondas Inmortal se encendía y se apagaba psicodélicamente.

– ¡Atención, Ángeles, el Gran Rulemán se dirige hacia la cocina! ¡A sus deberes!

El Gran Rulemán corría, mesándose su asombrosa cabellera.

– ¡NOOOOO!!!!

Era sólo el principio.

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(Imágenes de Pixabay, menos la del tero que es de Wikipedia. Me disculpo por no haber conseguido una de un tero con permanente. Parece que son más fáciles los caniches con rastas…)

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4 pensamientos en “Las aventuras de los Ángeles del Gran Rulemán Balde de Vello en el Planeta Rosquita. Con el Hombre Caniche y el doctor Zaïus. Y el Microondas Inmortal. Y Mads Mikkelsen.

  1. Dr. Zaius

    ¡Güenísimo! Y gran producción fotográfica. Gracias por el buen rato donna Nadie. Ahora me voy con Melissa para profundizar en temas poco espirituosos…

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