La mujer y el relato del crimen

phone-735062__340   La mujer estaba desconectada.

– Pasame la sal – le dijo a Ernestito.

    Ernestito no sabía que estaba desconectada.

– ¿Qué? No trajiste. ¿Para qué querés la sal? ¿Para la pasta frola?

– Pan con manteca –dijo ella entonces, y como empezaba a presentir que el asunto se volvería eterno, se levantó para llamar a Abel por sí misma.

– Número equivocado, vuelva a discar –le dijo a la telefonista- ¡Pica! ¡Pica! – le gritó, cuando la pelotuda colgó.

   Estaba irremediablemente desconectada.

– Mamá, ¿qué pasa?

– Doscientos cincuenta de queso crema, sin canela.

– ¡Mamá, no entiendo!

– Sarna con gusto no pica- dijo ella para consolar al pobre Ernestito y que no llorara más. Pero estaba desconectada. Desconectada.

phone-1988231__340   Mamá hubiera podido ayudar.

–  Salicilato de Potasio, diez por ciento – le suplicó, antes de que la dejara con la fuente de buñuelos en la mano y la puerta todavía abierta.

   Silvio hubiera podido ayudar.

– “¡Setenta balcones y ninguna flor!” – le declamó.

– Eh, no, yo nada más te devolvía la aspiradora.

   Era lento, Silvio.

   Estaba desconectada. Para la cena hizo una fabulosa quîche de pilas y nadie se lo agradeció. ¿Agradecerle? Abel y Ernestito la miraron como si en lugar de estar desconectada estuviera loca. Ella quiso ver si por fin podía explicarle a Abel.

– “Volvemos luego de unos comerciales”. ¿Se come con mayonesa o con ketchup?

   Estaba desconectada. Sola y desconectada; hecha un copo de claras a nieve en el centro de la sala, frente al televisor, donde se había quedado dormida después de llorar de la risa durante dos horas. Al despertar, probó la persistencia de su estado dando un suspiro y alumbrando un relincho de la más pura cepa.

   Su nota de suicidio estaba frente a ella. No quedaba más por decir, y de cualquier manera ella no podía decirlo mejor. Le dio un beso y se tomó las píldoras, y se acostó en el suelo con los ojos cerrados a esperar que todo terminara.

   “Estoy desconectada. Miro y miro por la ventana pero no pasa nada, Ernestito. Allá en Júpiter los lemmings abren tiendas para ropa y no atienden razones cuando las bufandas devuelven a los viejos, y tu papá se acuesta con mi mamá. No puedo más. Un beso y un abrazo de esta segura servidora, qué buena la liquidación por cierre. Adela”.

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(fotos de Pixabay, título afanosamente inspirado en el de Ricardo Piglia, la loca y el relato del crimen. El resto no, claro, porque acá no hay ningún crimen)

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