Chica bajo la cúpula ni plana ni redonda, sólo de color gris, tan gris que hace que a la chica le pesen los ojos

dandelion-1622100__340    Hay mucho viento y todo se mueve en torno de la chica a un ritmo que ella, pobrecita lenta, no entiende. Es que la chica está habituada a otra cosa. Oh, dice la chica, y un día es un par de ojos hermosos y marrones resbalando, ya secos y ciegos, cuesta abajo por sus mejillas, y otro día es un vagar lánguido por sobre la aristada cornisa del puente de su nariz, y otro día es la mera Idea de la Chica bajada-caída del cielo a fuerza de hondazos o patadas en el Culo de Chica. Un culito chiquito. Escurriéndose por las grietas del suelo como gotitas plateadas de Mercurio-Chica. Otro día es la chica aferrada con uñas y dientes a los lóbulos de sus orejas como si no hubiera un mañana, esculcando, tratando de encontrar la manera de llegar al cerebro. Cerebro de Chica. Cayendo por la ignota alcantarilla como ignota piedrita. Piedrita. Oh. Dice la Chica. Y está parada en el medio de la fuente de la Bajada Sargento Cabral con un sucio y zaparrastroso pañal de cemento envolviéndole lo no chica. Chica. Un Angelito. Oh. Dice la chica. Oh.

   Hay mucho viento y todo está a la temperatura justa para que la chica se sienta cómoda consigo misma; es tan terrible, hay tanto espacio en torno de ella, pero está feliz porque así no se preocupa por sus límites de Chica. Hay gente así, por todas partes, y ella lo entiende. Hace frío. Los zapatos de la chica son abiertos (estableciendo una relación enteramente disímil con la naturaleza de lo insaidmente incluido con el rótulo de Chica), y el vientito (qué Vientito) se mete por entre las células epiteliales de la Chica como una delicada filigrana de plata o de agua de lluvia congelada. La chica está contenta; está en el medio de un páramo y en la nube de arriba de una montaña y está contenta, a cierta distancia de Sí. Un beso. En cualquier momento todo terminará de congelarse y la chica reventará en mil millones de pedacitos. Brillará, la chica, como una ráfaga de astillas contra el Vientito. Pero en un día de sol. Brillará, la chica, como el bloque de hielo-ventana de un iglú despedazado por el colmillo de una foca, o de un oso polar. Brillará la chica, posteriormente, como el rocío que quedó atrapado en una telaraña.

spinnwebfaden-1959322__340   Hay mucho viento que enredaría sin duda, de haberlas, las babas del diablo emblemáticas de la chica; claveles del aire no, los claveles del aire son unas cosas pinchudas que demoran una barbaridad para florecer y las florcitas son azules pero ni se ven, contrariamente a los ojos de la chica, que brillan en la oscuridad y en donde sea por lejos que uno esté. Las babas del diablo hechas un puñadito de Chica apelotonadas en un bollito contra un peldaño de la escalera; ¿alguien ha tocado alguna vez una de esas babas del diablo? No, ni la chica. Piensa que son unas cosas tiernas y pequeñitas destinadas a estar permanentemente en el aire con un fondo de nubes, que sólo se le parecen porque están tan lejos tan lejos. Tan Lejos. Chica. Ay, Chica. Ay.

   Las babas del diablo son unas pobres cosas destinadas a enredarse en la soga para tender la ropa y a desgarrarse miserablemente entre las yemas de los dedos, porque mejor van ahí los calzones y no es ese lugar para una baba del diablo. O una chica. Ay, Chica. Las palomas no se posan ahí ni los gorriones ni se pegan los plumerillos ni las diminutas maripositas de alas peludas y amarillas; es algo que se cae de maduro que tampoco una baba del diablo. Ay, Chica.

   Las babas del diablo son unas pobres cosas eyectadas al aire y destinadas a perecer en cualquier otro medio; pueden viajar a grandes distancias pero no tiene que haber sogas para la ropa aunque sí viento, cuanto más mejor. A semejanza de los cabellos de la Chica, que se alborotan dulcemente alrededor de los ángulos duros de su cara castaños, incapaces de sisear y de morder, y también son pobres cosas hechas para el tierno aire y la luz y las nubes pero están tan pegados, como un emblema de las babas del diablo. A la chica le gusta, le parece que así está más a punto. Y algún día serán blancos. La chica se imagina en la punta de cada uno una pequeñita arañita marrón y cada vez que se le cae un pelo la chica se siente triste. Triste.

   Hay mucho viento, muchísimo viento, y la chica pesa en la vacía soledad.

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(Imágenes de Pixabay)

 

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