Relaciones peligrosas del Detective Gómez

Ojalá lo disfrutes; adoro éste.

“Inspirado” en la magnífica obra de Pierre Choderlos de Laclos, “Las relaciones peligrosas”, sobre la cual además se han hecho varias películas, todas buenísimas, pero no tanto como el libro original.

O esta distinguida “adaptación”, je je.

 

Relaciones peligrosas del Detective Gómez

Carta de la Pepita a la Gerónima

Gero querida:

Apenas me contaste lo del Facundo me apuré a preguntarle a la Teresa, pero ella no sabe más de lo que me dijiste vos. Al Poroto avisale vos de todo, y encargale que busque él el reloj de la abuela, ya que el Facundo es loco y además si lo faja el Poroto peligro que ni se entere. Que hay que pararlo hay que pararlo, antes de que mi marido se quede sin zapatillas y vaya y lo agarre él, o el tuyo, si descubre que es el Facundo el que se está afanando los calzones de la soga.

A propósito, si lo ves tené cuidado con el Facundo que no sé si serán las malas lenguas, pero la Teresa me dijo que en Caseros desde que él salió hay menos ladillas, porque se las llevó casi todas. A lo mejor lo podemos averiguar por el lado del Poroto.

Vos cuidate.

En no importa dónde, quién sabe cuándo.

 

Carta de la Gerónima a la Pepita

Pepi de mi alma: Muy atento lo tuyo de esta mañana. Qué suerte que yo agarré la carta antes que el Manolo, que si no iba a ver cuántos botines salen de una vaca, y a lo mejor hasta vos también; lástima que no hayamos tenido tiempo para hablar personalmente. Pero bueno, ya está. Lo importante ahora es que vos sepas que con el Poroto ya hablé, que prometió buscar el reloj de la abuela y una vez que entendió que era un rescate y no una compra, también prometió dejarnos los honorarios baratos. Yo por mi parte le prometí que, si pensaba cobrar, me las iba a arreglar para hacerle parir un sifón, pero no sé si entendió, así que si va por tu casa con el reloj y quiere cobrar, soltale al Bartolo nomás.

En cuanto al Facundo, me trajo unos regalos muy lindos aunque insiste en no saber nada del reloj. Hay unas bombachas de encaje todas bordadas que tienen unas iniciales y me hacen acordar de las que te regalamos con las chicas para el casamiento; te las dejo porque igual a mí no me entran, pero hervilas antes de usarlas, porque a estas alturas medio estoy empezando a pensar que las fuentes de la Teresa son sólidas.

En la puerta de la casa de la Pepita, porque no estaba.

Carta del Facundo a la Pepita

Negra: Sabés cómo te quiero, que mientras estuve en Caseros lo único que hacía era mirar la foto de los quince tuya que le afané a la tía. La prendí con un alfiler de gancho al colchón del Cotorra, que dormía en la cama de arriba, y la miraba y la miraba, hasta que eché una bodega peor que la de la mama y se me hizo la nariz como una trompa, de la cantidad de veces que el Cotorra me agarró porque creía que yo era marcha atrás. Creo que de tanto tiempo que estuve, de verdad le terminé agarrando un poco de cariño, y cuando íbamos al comedor medio me parecía que eras vos porque lleva el pelo medio largo y es bastante redondo, sobre todo cuando está sentado. Me daban ganas de acariciarlo al Cotorra de tanto que te quiero, Negrita; qué suerte que estoy afuera y ahora te puedo visitar. No sabés la nostalgia que me entra cuando me acuerdo que la última vez que te vi fue en tu despedida de soltera, y el destino maldito que tengo nos separó. Porque vos sabés que fue ese cornudo del Manolo el que se afanó el toco que te regaló tu suegro. Siempre me tuvo envidia, y encontró la manera de separarme para siempre de vos.

Cuando el Fermincito te de esta carta, la ponés en el corpiño junto a tu corazón, o la rompés para que no la encuentre el Anselmo. Mandame por el pibe la plata que puedas que yo estoy en la casa verde, esa que está abandonada cerca de la tuya, en la cortada.

Vos no vengás que es peligroso.

En la casa verde, esa que está abandonada cerca de la casa de la Pepita, en la cortada.

Carta del Facundo a la Gerónima

Negra: Sabés cómo te quiero, que mientras estuve en Caseros lo único que hacía era mirar la foto de los quince tuya que le afané a la tía. La prendí con un alfiler de gancho al colchón del Cotorra, que dormía en la cama de arriba, y la miraba y la miraba, hasta que eché una bodega peor que la de la mama y se me hizo la nariz como una trompa, de la cantidad de veces que el Cotorra me agarró porque creía que yo era marcha atrás. Creo que de tanto tiempo que estuve, de verdad le terminé agarrando un poco de cariño, y cuando íbamos al comedor medio me parecía que eras vos porque lleva el pelo largo y es bastante redondo, sobre todo cuando está sentado. Me daban ganas de acariciarlo al Cotorra de tanto que te quiero, Negrita; qué suerte que estoy afuera y ahora te puedo visitar. No sabés la nostalgia que me entra, cuando me acuerdo que la última vez que te vi fue después de la despedida de soltera de la Pepita, y el destino maldito que tengo nos separó. Porque vos sabés que fue ese cornudo del Manolo el que se afanó el toco que le regaló el suegro a tu hermana. El Manolo siempre me tuvo envidia, y encontró la manera de separarme para siempre de vos.

Cuando el Fermincito te de esta carta, la ponés en el corpiño junto a tu corazón, o la rompés para que no la encuentre el Manolo. Mandame por el pibe la plata que puedas que yo estoy en la casa verde, esa que está abandonada cerca de la tuya, en la cortada.

Vos no vengás que es peligroso.

 

En la casa verde, esa que está abandonada cerca de la casa de la Gerónima y la Pepita, en la cortada.

 

Carta del Detective Gómez a la Pepita  

Pepita: Acá me dice el Facundo que nunca vio que la abuela tuviera ningún reloj, que él no sabe nada y que vos y la Gerónima son dos turras que se creen que lo pueden tratar de chorro, o que se piensan que le van a sacar ventaja, creídas de que cuando él se fue a Caseros se dejó algo escondido por ahí. Dice que él no tiene nada y que no le van a sacar nada tampoco, si no ve la gente que hasta anda de linyera, y debe ser verdad porque estaba bastante sucio. Yo le tuve que prestar unos pesos. Tampoco vi que tuviera ningún reloj. Ustedes me tendrían que decir cómo era si se acuerdan, para que me fije otra vez cuando le vaya a cobrar la plata.

Pasate por mi casa Pepita, y ya que estás traeme lo que se puso tu marido esa vez que lo mandaron de viaje a Río Gallegos y volvió que le picaba hasta el alma.

En la puerta de la casa de la Graciela, vecina de la Gerónima. La Graciela estaba en la casa verde, esa que está abandonada cerca de la casa de la Gerónima y la Pepita, en la cortada.

 

Carta de la Pepita al Detective Gómez

Poroto: No seas pelotudo y andá a hablar con el Facundo antes de que empeñe el reloj de la abuela y no lo veamos más. A la Gerónima y a mí las veces que lo encontramos en la calle no nos dio ni bola y nos niega todo, así que andá vos ya que se llevaban tan bien de chiquitos. Lo mandaríamos al Manolo pero ya sabés que hay pica, y nosotras, siendo dos señoras casadas, aunque seamos las primas no podemos ir solas a hablar con ese mafioso. Movete, Poroto, que a vos también te conviene porque ese reloj vale un montón de plata.

En la puerta de la casa de la Genoveva, vecina del Detective Gómez. La Genoveva estaba en la casa verde, esa que está abandonada cerca de la casa de la Gerónima y la Pepita, en la cortada. El Detective estaba desmayado en el piso de la cocina.

 

Carta de la Gerónima al Detective Gómez

Poroto: La Pepita y yo queremos saber cuándo mierda vas a ir a hablar con ese estafador del Facundo, que sigue negando lo del reloj. Andá a verlo allá donde te dijo, que yo no me acuerdo adónde es, y metete bien por todas partes para ver si lo tiene, que de vos seguro que no va a desconfiar. Acordate: es uno como el que se compró la Graciela mi vecina, en la casa de antigüedades. Como es bastante grande debe estar a la vista. Andá, Poroto, que a la Graciela ese reloj le salió un ojo de la cara; ni me quiso decir cuánto para no fanfarronear.

Te vamos a dar tu parte, ya lo hablamos con la Pepita.

En la puerta de la casa de la Genoveva, vecina del Detective Gómez. La Genoveva estaba en la casa verde, esa que está abandonada cerca de la casa de la Gerónima y la Pepita, en la cortada. El Detective estaba desmayado en el piso de la cocina.

 

Carta de la Pepita a la Gerónima

Gerónima: Sigo sin saber nada ni del huevón del Poroto ni del Facundo. ¿Vos te enteraste de algo? Yo ya estoy mirando en todas las compraventas del barrio para ver si aparece el reloj. Te juro que si lo llego a ver le voy a cortar las pelotas a esos dos tarados, y después se las tiro al Bartolo. Me llama la atención del Poroto que nunca tiene un mango; yo le prometí su parte del reloj y me aseguré de dejarle el mensaje a la Genoveva para cuando estuviera relativamente consciente. Me estoy empezando a preocupar; al Anselmo y a mí todavía nos falta pagar dos cuotas del televisor y yo contaba con el reloj. Avisame si lo ves al Facundo, y pensá que ya no es momento de ser zalamera, Poro.

A propósito, ¿adónde consiguió la Graciela ese reloj igualito al de la abuela? No vaya a ser cosa que el Facundo lo haya vendido por ahí y sea el nuestro.

En la puerta de la casa de la Gerónima. La Gerónima estaba en la casa verde, esa que está abandonada cerca de la casa de la Gerónima y la Pepita, en la cortada.

 

Carta de la Gerónima a la Pepita

 

Pepita: Yo tampoco sé si el Poroto le pudo sonsacar nada al Facundo, y el Facundo no me suelta prenda. Ya sé que no es momento de ser zalamera, boluda, y te puedo asegurar que el reloj no lo tiene. Y no sé si el que compró la Graciela es o no es el nuestro, pero igual ella ya lo perdió; ayer alguien le entró a la casa por el fondo mientras ella no estaba y se lo afanó. Ella llegó justo y se ligó unas cuantas trompadas, por lo que escuché; parece que quedó como si la hubiera agarrado el tren. Yo no la vi todavía porque cuando se fue para el hospital yo no estaba y ella tiene quién sabe hasta cuando, si le rompieron todo. Y todavía no sé si no tiene para más, porque alguien me comentó esta mañana que el marido encontró una cosa como un anónimo pegado en la puerta, y estaba muy enojado.

En la puerta de la casa de la Pepita. La Pepita estaba en la casa verde, esa que está abandonada cerca de la casa de la Gerónima y la Pepita, en la cortada.

 

Anónimo para el marido de la Graciela

Gerardo: Me veo en la obligación de informarte que tu mujer te pone los cuernos con el Facundo, el que salió de Caseros hace poco. Lamento convertirte en un cornudo consciente, pero la verdad me daba pena el papel de pelotudo que te estaban haciendo hacer, y el antihistamínico que la puta de tu mujer te hacía comprar en la farmacia al divino pedo. Mucha suerte y disculpá la molestia.

Una amiga

 

Anónimo en la puerta de la Genoveva

ACA VIVE UNA SEÑORITA QUE NO ES TAN SEÑORITA, Y QUE SE ANDA REVOLCANDO EN LAS TAPERAS CON EX-PRESIDIARIOS. CUALQUIERA LO PUEDE COMPROBAR VIENDO CÓMO CAMINA DE TANTO RASCARSE.

 

Carta de la Pepita a la Gerónima

Gerónima: No sé qué pasa que últimamente no te veo y cada vez que voy a tu casa no estás. No consigo averiguar nada del reloj ni del Poroto. En la casa de la Genoveva no me contesta nadie y la vecina de al lado me dice que ella se fue a visitar una prima al campo, y que iba muy malherida, igual que si la hubieran fajado fiero. Y que salió de madrugada como si no quisiera que nadie la viera. Raro, porque ella es solterona ¿no?

Pasá por casa así charlamos.

En la puerta de la casa de la Gerónima. La Gerónima estaba en el Hospital.

 

Carta de la Gerónima a la Pepita

Pepita: Quisiera verte para conversar. Vos sabés que estuve una semana en el Hospital porque me caí por la escalera y me rompí dos dientes, tres costillas y recién ahora puedo abrir el ojo derecho. Disculpame que no te avisé pero el Manolo está afuera con el camión y no tenía cómo, ya que apenas hoy salí a la calle. Y adiviná qué vi: al reloj de la abuela. Estaba en una compraventa y lo rescaté, así que ahora nada más tengo que encontrarme con vos y con el Poroto para que me den su parte. Puedo decirte que lo pagué relativamente barato y que está en muy buen estado. Se ve que a pesar de todo el Facundo lo cuidó bien, ese hijo de puta.

Comunicate conmigo.

 

En la puerta de la casa de la Pepita. La Pepita estaba en el Hospital.

 

Carta de la Pepita a la Graciela

Graciela mi amor: Sabés cómo te quiero, que mientras estuve en Caseros lo único que hacía era mirar la foto de los quince tuya que le afané a la costurera. La prendí con un alfiler de gancho al colchón del Cotorra, que dormía en la cama de arriba, y la miraba y la miraba, hasta que eché una bodega peor que la de la mama y se me hizo la nariz como una trompa, de la cantidad de veces que el Cotorra me agarró porque creía que yo era marcha atrás. Creo que de tanto tiempo que estuve, de verdad le terminé agarrando un poco de cariño, y cuando íbamos al comedor medio me parecía que eras vos porque lleva el pelo largo y es bastante redondo, sobre todo cuando está sentado. Me daban ganas de acariciarlo al Cotorra de tanto que te quiero, Negrita; qué suerte que estoy afuera y ahora te puedo visitar. No sabés la nostalgia que me entra, cuando me acuerdo que la última vez que te vi fue después de la despedida de soltera de la Pepita, y el destino maldito que tengo nos separó. Porque vos sabés que fue ese cornudo del Manolo el que se afanó el toco que le regaló el suegro. El Manolo siempre me tuvo envidia, y encontró la manera de separarme para siempre de vos. Igual que estos contratiempos que te vienen ahora, causados por gente celosa que miente sobre mí, porque no goza como nosotros de los frutos del corazón.

Cuando te llegue esta carta a lo de tu vecina, yo ya voy a estar ansioso por verte de nuevo y acariciarte; poné la carta en el corpiño junto a tu corazón. Te espero en la casa verde, esa que está en la cortada.

Venite para acá inmediatamente. Te extraño más que al Cotorra.

Tu Facundo

En la puerta de la casa de la Graciela. La Graciela todavía estaba en el Hospital.

 

Carta de la Pepita a la Gerónima

Negra adorada: Lamento desde el fondo del corazón estas dificultades que te vienen ahora, causadas por gente celosa que miente sobre mí, porque no goza como nosotros de los frutos del corazón. Perdoname por mandarte así esta notita, pero sé que tu marido va a volver tarde y yo estoy ansioso por verte de nuevo y acariciarte. Te espero en la casa de la cortada; venite inmediatamente. Como siempre, soy todo tuyo.

Facundo

   En el Hospital.

 

Carta del Detective Gómez a la Gerónima

Gero: Acá tengo tu aviso que me dejaste diciéndome que tengo que ir a pagar la parte del reloj de la abuela, que encontraste en una compraventa, pero yo estoy confundido porque te vi irte con un reloj así de la casa de la Genoveva mi vecina, y la Pepita algo debe saber porque cayó después que vos. Vení a decirme si estoy equivocado. Aunque no te encontré, pienso que ya debés estar bien recuperada del accidente desde que te vieron entrar en la casita adonde está viviendo el Facundo. Me alegro mucho por vos. Si me querés hacer el favor, reclamale alguna vez la plata que me debe.

En la puerta de la casa de la Graciela, vecina de la Gerónima. El Detective se confundió de puerta.

 

Carta del Manolo al Detective Gómez

Poroto: Acá tiene cuñado ese reloj del que están hablando en todo el barrio; sírvase conservarlo como recuerdo de su señora abuela, que ya hablé yo con sus dos hermanas, su otro cuñado Anselmo y su primo, y todos nos hemos puesto bien de acuerdo sobre este tema. Le adjunto a la presente también los pesos que usted le había proporcionado al Facundo, y que él tuvo la gentileza de reintegrar, al igual que una cantidad debida al señor Anselmo, discretamente ubicada en el interior del susodicho reloj, y que nos hemos tomado la libertad de retirar antes de ponerlo a usted en disposición de su herencia. No se dirija más a su primo, ya que no ha vuelto a habitar la propiedad en donde residía. Se fue esta mañana a algún lado cuya dirección no se ha servido comunicar, y en donde se supone que va a pasar mucho tiempo.

Acá me dice la señora Graciela que le dé un saludo cariñoso de su parte.

Atentamente

Manuel Quinteros Escobar

En la cocina del Detective Gómez. El Detective Gómez estaba desmayado en el suelo.

 

Carta del Facundo al Detective Gómez

Negro: Sabés cómo te quiero, que mientras estuve en Caseros lo único que hacía era mirar la foto de los quince de la Gerónima que le afané a la tía, donde estás vos. La prendí con un alfiler de gancho al colchón del Cotorra, que dormía en la cama de arriba, y la miraba y la miraba, hasta que eché una bodega peor que la de la mama y se me hizo la nariz como una trompa, de la cantidad de veces que el Cotorra me agarró porque creía que yo era marcha atrás. Creo que de tanto tiempo que estuve, de verdad le terminé agarrando un poco de cariño, y cuando íbamos al comedor medio me parecía que eras vos porque aunque lleva el pelo largo es bastante redondo, sobre todo cuando está sentado. Me daban ganas de acariciarlo al Cotorra de tanto que te quiero, Negrito; qué suerte que estoy afuera y ahora te puedo visitar. No sabés la nostalgia que me entra, cuando me acuerdo que la última vez que te vi fue después de la despedida de soltera de la Pepita, y el destino maldito que tengo nos separó. Porque vos sabés que fue ese cornudo del Manolo el que se afanó el toco que le regaló el suegro a tu hermana. El Manolo siempre me tuvo envidia, y encontró la manera de separarme para siempre de vos.

Cuando el Fermincito te de esta carta, la ponés junto a tu corazón. Vení a visitarme que siempre te espero. Llevame el reloj de la abuela a mi casita verde, la que está cerca de la tuya, en la cortada, así me alegra cuando salga de acá.

En el Hospital. El Detective Gómez estaba desmayado en el piso de la cocina.

(Imágenes de Pixabay)

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