Fijeza en la boluta

Verán, yo no estoy de acuerdo con celebrar ningún “Día de la Mujer”.

Sólo quiero saber si algún día reaccionaremos. Pero en serio.

Fijeza en la boluta

(cualquier parecido con la palabrota es pura coincidencia. De verdad.)

Y ella rodó por la escalera de caracol. Rodó y rodó y rodó, pero lo que más rodó fue su zapato, que era plateado, que cuando llegó al pie de la escalera ya no lo calzaba y no parecía de cristal, rayado, abollado, sin taco, sin pie, y ni siquiera plateado acaso zapato. Acaso la Cenicienta bajando la escalera de cabeza junto con su zapato.

Ella rodó por la escalera de caracol, que sí era lujosa, que sí era de un palacio, que sí era de mármol y estaba fría, tan fría, tan de mármol que daba dolor, uno muy simbólico, uno que la haría llorar a los gemidos, en forma un tanto surrealista, cuando viera sus tobillos desconchados. Ella rodó por la escalera de caracol, tan grande que no parecía un caracol, y con cada escalón perdía una hora de vida (o un minuto; no sabía, eran muchos escalones), y cuando llegó al pie de la escalera a reunirse con su zapato ya se había convertido no en el repollo primigenio sino en el zapallo original. Estaba al pie de la escalera con la punta del zapato entibiándose y despintándose contra su mejilla; estaba en posición fetal al pie de esa escalera dentro del zapallo y cada vez que abría la boca para quejarse le parecía que estaba muy rico y mordisqueaba un poquito, y se olvidaba.

Después de un rato por fin se dio cuenta de que había dejado de rodar, y pareció que ella seguía las últimas modas metafísicas en relación al tema del zapallo, porque sentía que debía estar haciendo algo en lugar de seguir enroscada ahí, aunque no sabía muy bien qué. Y se estiró y salió del zapallo y se puso de pie para volver a subir la escalera en dirección a Emilio. Como si no recordara nada de la vida anterior, tal cual se dice.

Todavía le parecía que el dolor en su mejilla provenía de la punta del zapato. Cuando volviera al pie de la escalera se lo mostraría a Emilio y lo patearía lejos, zapato malo, malo. No importaba; tenía muchísimos zapatos.

 

(Imágenes de Pixabay. El parecido del título con aquél de Néstor Perlongher no es pura coincidencia.)

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4 pensamientos en “Fijeza en la boluta

  1. El Gran Rulemàn

    jajajaja! Muy bueno! No sabia qué era mujer Don Nadie, sino lo hubiera saludado ayer…Bueno, tendrá que esperar hasta el año que viene….

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