Soltero sin hijos: ¿cuáles son tus límites?

 ¡Qué tal, gozosos amantes de la cerveza, los platos sin lavar, la pizza fría para desayunar con el café con leche y el beber directamente de la botella del jugo! Sepan que, si bien estos días he estado tan ocupada que debo encontrar el tiempo para nuestros preciosos encuentros, ustedes nunca abandonan mi mente y cada día siento que se estrechan los alambres de púas que unen nuestros corazones.

Como siempre, no es que haya echado a faltar motivos para defender y alabar nuestra casta, tantos, que de ponerme a ello nunca tendría tiempo para escribir otra cosa y cuando hago eso yo tiendo a ponerme intensa. Así que esperando y esperando, escuché ayer en la radio un tema que me preocupó, y pensé en someterlo a vuestra distinguida consideración. Tal tema es la adopción, y el alquiler de vientres en particular.

Por supuesto, siendo un tema que excede a la órbita de nuestros intereses no debería ocuparme de él, pero es que resulta tan serio y tan relacionado con la calidad de vida que el tipo de lazos obligatorios NO proporciona, que tengo que comentarlo. Después de todo, ¿cuántas veces nos ha tocado a nosotros oír a la gente criticar nuestro estilo de vida?

Sin duda que ya me he divertido aquí un sinnúmero de veces, hablando acerca de la futilidad de la procreación a la hora de hallar trascendencia. También he despotricado acerca del fastidio y la ira que tales retoños suelen provocar, y la cantidad de recursos desperdiciados en una prole que, honradamente, el mundo ya no necesita. No estamos en el año 3.000.000 A.C. ¿He disparado contra los horrores que la necesidad de validación social puede llegar a producir entre los humanos? Sin duda.

Pero me faltaba hablar de los últimos límites.

Sí, ya sé que hablo por boca de ganso. Voy a referirme a una necesidad que yo nunca experimenté. Esas ansias que te devoran el fondo de la mente, ese frío de los brazos vacíos; yo no soy totalmente cínica. Compadezco profundamente a quien, deseándolo con tanta desesperación, a pesar de no ver lo que yo veo en lo rico que puede haber en otra clase de vida, tenía su existencia en contrario visualizada de tal forma, que no puede respirar. Además, aunque no se trate de lo mismo, también yo tengo objetivos que nunca lograré y que me hacen imaginarme en el borde de un precipicio, contemplando el fondo. Supongo que todos los tenemos.

Ahora; ¿qué tan lejos puede estar dispuesta a llegar una persona? ¿Todo lo lejos que pueda? ¿Solamente porque puede? ¿Será posible postular, en determinadas ocasiones, la existencia de un “Síndrome de Hans Christian Andersen?

YO SOY LA CENICIENTA, Y LO QUE PASE DESPUÉS DE QUE ME CASE CON EL PRÍNCIPE ME IMPORTA UN PITO.

Aquí les tengo un caso hipotético a proponer al respecto. Agárrense.

Una pareja, por compromisos laborales y de carrera perfectamente válidos y felices, espera a tener hijos hasta después de los cuarenta años, como si supieran que después se termina el mundo. Como efectivamente sucede, por otra parte, al llegar los querubines. Eso es querer estar en la misa y en la procesión, como dice mi mamá, pero si es su gusto y se van a guardar a sus benditos críos en casa sin cargárselos a alguien más… (lo cual hacen todo el tiempo). Pero bueno. Actualmente, eso es lo que se entiende por normal. Los Solteros Sin Hijos estamos hartos de saberlo. Y sufrirlo.

Segunda etapa de la cuestión. La pareja descubre que no puede tener hijos, y entonces, ante esa angustiosa realidad, decide adoptar un niño. Decisión que yo aplaudo. Yo nunca adoptaría, pero es porque no quiero tener hijos, y no por la adopción. La adopción me parece maravillosa. Es el acto de amor por excelencia, sobre todo considerando la cantidad de obstáculos estúpidos e insufribles que los estados suelen poner a los futuros padres, y que muchas veces dejan durante años a un desolador número de niños sin hogar, y propician toda clase de negocios infames a su alrededor. Por ejemplo, la venta de bebés.

Esto nos lleva a la tercera etapa en el decurso de nuestra pareja hipotética. Acá empiezo a mirar torcido toda la cuestión.

   La pareja anhela desesperadamente un hijo, pero no cualquier hijo. Mis abuelas solían decir que no importaba qué nietito tuvieran, “siempre que fuera sanito”. Esta pareja hipotética (o no tan hipotética, o yo no estaría hablando de un mercado) quiere un angelito rubio de ojos azules. Pagarán lo que sea. Aquí en Argentina tenemos regiones que, debido a un considerable flujo de inmigrantes alemanes, pueden proporcionar una cantidad apreciable de estos bebés. Y a veces no se necesita tanto dinero. A veces con un poco de comida o agua, alcanza. A veces la gente entrega a sus hijos por necesidad (ni siquiera puedo imaginar ese horror), a veces terminan chantajeando a los padres adoptivos durante años. Y son ellos los únicos en ser calificados como hijos de puta. Y eso que, como también dice mi mamá, “si te gusta el durazno recién nacido, rubio y de ojos azules, aguantate la pelusa”… Bueno, creo que adapté un poco el refrán.

Cuarta etapa del proceso de la paternidad hipotética. La pareja anhela desesperadamente un hijo que no puede tener, pero pensándolo bien, es mejor con su propio ADN. Es algo muy noble; ni siquiera esperarán que sea rubio y de ojos azules (por ahora). Hoy en día podemos imaginar una veintena de razones médicas por la que esta pareja hipotética no puede realizar su sueño (o fantasía); el caso es que saben que si depende exclusivamente de ellos dos, nunca podrán procrear. Pero como pueden pagarlo y en esta vida HAY QUE TENER HIJOS CONTRA VIENTO Y MAREA, CAIGA QUIEN CAIGA, deciden buscar otra persona que los ayude. No, un médico no.

Acá se me empiezan a volar los pelos. O se busca un donante que proporcione el óvulo o el espermatozoide sano que la pareja no puede producir, o directamente se busca una mujer que proporcione el vientre para gestar el hijo. O las dos cosas. Las tres cosas. Ya no lo sé.

La cantidad de películas que he visto recreando todo tipo de resultados desastrosos para estas situaciones (la mayoría basada en casos reales), es para caerse de espaldas. Donantes que rehúsan entregar el bebé. Personas que se encuentran con “una donación” que no era la que querían. Pleitos y stress sin fin. Dinero gastado por miles en cualquier denominación. Una cantidad de sufrimiento inenarrable porque claro, ahora, por añadidura, el hijo realmente existe, sólo que de alguna manera parece todavía más lejano.

Ahora es que llegamos al alquiler de vientres. ¿Cuánta gente, por el amor de Dios, se necesita para producir un niño? ¿Para qué dar tantas vueltas, con niños por todas partes que esperan una familia? Un amigo me dijo que todo el asunto está tan reglamentado ahora, que los riesgos son mínimos. Que se suele usar una mujer que done el óvulo y otra que geste el bebé, para que la gestante, al no tener derechos legales, y la otra, al no tener el niño, no puedan generar ningún desastre. Espero sinceramente haber entendido mal. Me da un mínimo de tres padres.

Se trata de gente de mucho dinero, obviamente, y a menudo de parejas del mismo sexo, que no pueden tener al niño por razones obvias (hasta ahora, por lo menos). Encuentro que en ese caso tal vez las lesbianas lo tendrán más fácil; es una gran ventaja disponer del vientre (hasta ahora). También encuentro que todos estos casos, a pesar de lo fría que me parece la transacción, y a pesar de seguir poniéndome de los nervios ese empeño de la gente de hacer las cosas a cualquier precio, puedo esforzarme en endenter el asunto. El niño terminará teniendo una familia amorosa. Aunque, si después hay problemas, “si te gustó el durazno del vientre de alquiler…”

Pero es que está el quinto capítulo en la historia de la pareja hipotética… Es el que realmente me hace preguntarme qué es lo que la gente tiene en mente de verdad, cuando piensa en tener un hijo. He visto por lo menos una película que menciona el tema, y oído por lo menos una especulación conspirativa respecto de figuras del mundo del espectáculo, así que podemos pensar que esta quinta etapa es aterradoramente verosímil.

La pareja desea ardientemente un hijo, descubre que al fin y al cabo puede tenerlo perfectamente, tal vez con un in vitro que hoy en día es un procedimiento de rutina… Pero como la madre no quiere perder su figura por causa del embarazo, o el padre es gay, deciden recurrir a una mujer que geste el niño por ella.

Dejo descansar la cuestión aquí. Cuando llego a este punto en el razonamiento, tanto cuando estoy hablando sola cual los locos de un manicomio, como cuando oigo conversaciones al respecto, me entra tanta indignación que pierdo los estribos y las ganas de preguntarme qué es lo malo de no querer tener hijos, ante tales alternativas.

Qué significa después de todo tener hijos. Qué siente una mujer que lleva un bebé dentro nueve meses y después lo entrega, aunque no sea suyo biológicamente. Qué entienden, las personas que lo postulan, por “instinto maternal” (algunas mujeres alquilan su vientre más de una vez; yo no sé si podría ser tan altruista como para poder entregar un niño que llevé dentro, y no me gustan los niños).

Qué sentirá un niño por una madre que no quiso sacrificar unos centímetros de cintura por él. Qué sentirá esa madre.

Encuentro que todas estas disquisiciones pueden tener lugar porque, hoy en día, la susodicha familia parece asentarse en un desapego que nada tiene de budista.

Entre el número incontable de parejas desesperadas realmente por dar su amor un niño y formar una familia de verdad, ¿cuántos casos encontraremos como el supuesto anterior, de una lamentable alta probabilidad, y que para mí explican el estado de la sociedad tal como está? Y paren que me faltó: ¿qué pasa si no se tratara de una pareja, sino un individuo al que se le ocurre tener un niño sin la presencia física de una figura materna o paterna, tan necesaria para la pobre mentecita del niño? ¿Un procreador que no por su mala fortuna, sino por una decisión consciente, decide arreglárselas solo, como si fuera partenogenético? También aquí debo dejar descansar la cuestión. Ah, la Humanidad…

¡Pero no, caramba, qué manera tan larga de despotricar viniendo de una Soltera Sin Hijos! ¿Ven? Como siempre, ahí están los Anidadores, pervirtiendo nuestra sociedad, sacándonos de quicio y tentándonos con sus locuras para hacernos perder nuestro precioso tiempo. Sin embargo creo que por hoy, puedo terminar.

Me despido de ustedes, hordas felices amantes de la alegría y la libertad, y el montar en pelo por grandes campos llenos de flores, y todas esas cosas que se pueden hacer siempre que uno no tiene culos que lavar ni pañales que desechar, para arruinar también el medio ambiente.

Como siempre les deseo que disfruten, sean felices, y recuerden que los preservativos no los protegerán de todas las enfermedades venéreas, pero tienen un 98 % de posibilidades de librarlos de un problema sumamente engorroso.

Y si sienten que desfallecen por un momento ante la presión social y experimentan antinaturales impulsos… ¡recuerden por qué se terminó ABBA!

(Imágenes de Pixabay, menos la última que es de http://www.bbc.com)

 

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7 pensamientos en “Soltero sin hijos: ¿cuáles son tus límites?

  1. Dr. Zaius

    Al Dr. Zaius no le gustan los platos sin lavar… y los lava él mismo, como debe ser.
    Donna Nadie, le paso esta información que desconocía. Parece un billar espacial. ¡Ojo con las carambolas!

    Un asteroide se acercará a la Tierra manteniendo una distancia de 1,8 millones de kilómetros, 4,57 veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Es la primera vez en una década que un asteroide está tan cerca.

    “El próximo acercamiento de un objeto equiparable tendrá lugar cuando el asteroide 1999 AN10, de 800 metros de diámetro, nos pase a una distancia lunar en agosto de 2027”, explicó la agencia estadounidense NASA .

    Un asteroide potencialmente peligroso se define como un objeto que entraña cierto riesgo de colisionar con la Tierra. La caída puede producir catástrofes locales como maremoto s.

    Desde hace años, la Nasa y la agencia Espacial Europea (ESA) elaboran una misión conjunta bautizada AIDA para verificar si se puede cambiar el curso de un asteroide.

    La agencia espacial estadounidense tiene previsto provocar una colisión entre un proyectil lanzado desde la Tierra y el satelite del asteroide Didymos, que se hallará a sólo 13 millones de kilómetros de la Tierra en 2022.

    “El objetivo es validar una tecnología para que si un día un asteroide amenaza con entrar en colisión con la Tierra, estemos seguros de poder provocar una explosión y cambiar su trayectoria”, declaró a la AFP Ian Carnelli, jefe del proyecto AIM (Asteroid Impact Mission) en la ESA.

    Como parte de la misión AIDA, los estadounidenses prevén enviar al espacio en 2020 un aparato de 600 kilos, bautizado DART (Double Asteroid Redirection Test).

    Dos años más tarde debería chocar, a una velocidad de 6 km por segundo, con el satélite que mide 160 metros de diámetro.

    Los europeos, por su parte, deberían lanzar la sonda AIM hacia Didymos (de casi 800 metros de diámetro) y su satelite y estudiar también en 2022 ambos cuerpos y tomar imágenes del impacto.

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      Faaaa! Resiento sus comentarios acerca de los platos sin lavar, aunque agradezco su interesante artículo, que me ha ilustrado grandemente y sin duda presenta bastante tela para cortar. Prepárese para intrigantes disquisiciones en el futuro.

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  2. El Gran Rulemàn

    Jajajaj por qué tenía que meter a ABBA! jajajaj Aprovecho para saludar en su cumpleaños a Agnetha, la hermosa rubia de ABBA que el 5 de abril cumplió años…Y en cuanto a lo de los hijos de vientres alquilados, creo que pasa lo mismo con los que crian perritos, gatitos, pececitos, tortuguitas, etc. Es todo cuestión de narcisismo.

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      Y es lamentable. ¡Feliz cumple a Agnetha! Y dadas sus preferencias en cuanto a damas de cierta edad, recuerde que mi tía le envía siempre sus cariñosos saludos, y siempre es bienvenido para cuando quiera acompañarla a jugar al bingo.

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