Archivos Mensuales: mayo 2017

Miss Meadows

Anoche estaba viendo Hannibal (la vez número 1.000.000.000.000), y pensé en la gran cantidad de películas que vi, y de las que nunca te conté. Como deseo ponerme al día, aquí va una primera ofrenda como reparación del daño.

La elegida para rescatar hoy no es Gone (eso será otro día), ni The girl with the dragon tatoo (demasiado comentada), ni nada de la fantástica trilogía que tiene al doctor Lecter como protagonista (no creo poder aportar ningún comentario nuevo, ni mucho menos alabar adecuadamente esos filmes).

La elegida del día de hoy es Miss Meadows. Elijo esta película porque es intrigante, entretenida, curiosa y fundamentalmente desconocida, o por lo menos no hicieron tanto escándalo a propósito de ella, no sé por qué. Algunas películas pasan desapercibidas porque son muy buenas pero de bajo presupuesto; no sé cómo habrá sido con ésta. Su calidad no es excepcional, pero aún así es una película para pasar el rato que me gustó mucho pero mucho, por lo que deseo compartir el dato. Es del 2014 y está escrita y dirigida por Karen Leigh Hopkins.

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Una nueva aventura del Gran Rulemán Balde de Vello en el Planeta Rosquita. Con el Lama Labaranda Del Cantimpalo. Y los Ángeles del Gran Rulemán Balde de Vello. Y Mads Mikkelsen

En el Palacio Real del Planeta Rosquita, aquella mañana fría y nublada habíase abatido la desazón. El Gran Rulemán andaba por todo el amplio foyer,  agitando sus brazos en enloquecidos molinetes con gran tintineo de runas, al punto tal que su magnífico cabello se levantaba en puntas psicóticas, aunque elegantes, y profería improperios sin sentido, aunque por supuesto esto se prestaría a confusión dado su habitual entendimiento. El Dr. Zaïus le explicaba sobre la rueda del Samsara a Melissa, parado sobre su hombro porque seguía convertido en tero, así que al principio no se dio cuenta de nada. Pero Mads Mikkelsen, que acertaba a pasar por ahí con una palita portando las gracias del Hombre Caniche, no tardó en traerlo a la realidad, al responder a cierta ofensiva declaración del ilustre personaje.

– Vea que no está bien hacer acusaciones sin pruebas -le dijo al Gran Rulemán, ya que todavía se acordaba de su representación detectivesca en la película que había protagonizado con el Hombre Caniche, e incluso había rehusado cortarse las rastas.

– ¡Pero de qué está hablando, vikingo paseador de perros! ¡Ahora me va a decir que el Palacio fue infestado por alguna plaga con dientes gigantescos que pueden COMER RUNAS DE CRISTAL SWAROWSKI REDUCIÉNDOLAS A PEDACITOS MINÚSCULOS, JUNTO CON TEXTOS SAGRADOS QUE ME COSTARON UNA FORTUNA EN INTERNET, IGUAL QUE LA BOLSITA DE TERCIOPELO BORDADA EN ORO DE LAS RUNAS! ¡JUSTO COMO ESOS HILITOS DE LA PALA QUE ESTÁ USTED SOSTENIENDO, APESTANDO EL MEDIO AMBIENTE, Y ADEMÁS IMPREGNANDO CON EFLUVIOS REPUGNANTES MI FANTÁSTICO ROPAJE!!! ¡Y DE PASO, TENGO MEDIO CACTUS COMIDO! ¡MI YGGDRASIL!!! – declaró altisonantemente el Gran Rulemán, con el egregio índice en el aire.

– Bueno, pero qué quiere que haga, no iba a dejar ésto arriba de la alfombra persa… -respondió Mads Mikkelsen.

– ¡LA ALFOMBRA PERSA! ¡POR LAS SAGRADAS NORNAS DUEÑAS DEL DESTINO! ¡POR HERMES TRISMEGISTO! ¡POR MITRA Y TODOS LOS DEMÁS QUE NO ME ACUERDO! – gritó el Gran Rulemán, alzando los brazos al cielo. – ¡PLUGUIERA A ODIN TODOPODEROSO QUE NO LA HAYA MORDISQUEADO TAMBIÉN!

– Bueno, flecos ya tenía… – respondió Mads Mikkelsen, desapareciendo con la palita sin hacer ulteriores declaraciones.

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Worlwide V: el reinado del brócoli – Capítulo V

Olive tenía las pestañas largas y arqueadas, y el color de sus ojos entre ellas era como el amanecer. Es decir, una vez que Billy se despojó de su cinturón de chorizos colorados. Bebía el agua que le tendía Mike, uno de los tres forasteros, con una piel tan sedosa como podría serlo el pétalo de una rosa, y casi con el mismo color. O sea una rosa rosada, no amarilla o blanca; qué ordinariez.

– Liv, dime que están vivos. Dime que están atrasados, pero que ya vienen. ¿Liv?

– Dilo, Liv. Dilo – susurró Evan.

La joven Olive cerró sus hermosos ojos de amanecer y dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

– Alan se cayó buscando la única palta que quedaba en el árbol. Kevin peleó con un jabalí en una zanja, por una batata. Terry se cayó al río tratando de alcanzar un camalote…

– ¡NOOOOO!!!!!!!!!!!!

Mike se arrojó al suelo para llorar su desconsuelo, arrancando en su desesperación matojos de trébol y de lichondra (ese yuyito que tiene hojas redonditas). En su frenesí, comenzó a devorarlos a puñados.

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Rana fractal II

   Como hace mucho tiempo que no sabés nada de mis ranitas, te recuerdo un cuento que te conté antes de mostrarte éste que es el último de la serie. Va de nuevo.

   Había una vez un castillo, que más adelante te podría contar, y había una vez una curiosa princesa. La princesa era una rana (pero no como la de otros cuentos), y la rana, quiero decir la princesa, tenía un enamorado plebeyo que era pintor. Esto dio lugar a una obra de arte dedicada a este amor imposible, y el cuadro, quiero decir la obra de arte, dio lugar a la serie de cuentos que ya te dije. Tené paciencia.

   Leé con mucha pero mucha atención, si tuviste fiaca para leer los otros (Rana barroca y rana fractal), porque éste es medio surrealista (aunque no de la manera que estás pensando). De todas formas, aguantá porque, lamentablemente, se entiende lo fundamental.

   Aunque los hechos narrados son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Ahora, el que pensara que con el robo de La Infanta se había terminado todo el lío del cuadro y del castillo, estaba miserablemente equivocado, con todo el perjuicio que eso implica para el ya vapuleado mundo.

Había un tipo tan fanatizado con ese cuadro y con cualquier cosa relacionada, que, aprovechando que tenía un montón de plata, volvió a comprar el castillo que había heredado la rana modelo, lo refaccionó y le devolvió su antiguo esplendor, para usar un lugar común de los más asquerosos. Después convirtió al propio castillo en un lugar extraño y por demás asqueroso, colgando en la pared más destacada del Salón de Baile a La Infanta, versión original según se encargó de declamar a quien tuviera por lo menos un oído, sano o artificial, y un cerebro capaz de conectar como para procesar la información.

Este tipo no era el primero que había comprado ese cuadro, por supuesto, sino el último en robarlo, lo cual le había costado no sólo mucha plata sino mucha bilis. La mayor parte de la plata fue por el análisis de ADN que necesitó para determinar que el cuadro era auténtico, en cada posible aspecto. Además, este rico y obsesionado personaje ordenó que se cotejara una muestra de la pintura con su propia sangre, porque según él descendía, en línea recta, de un hijo ilegítimo del pintor autor del cuadro, y la rana Infanta que lo había inspirado; escándalo que en su momento se tuvo buen cuidado en ocultar. Sí; esa pareja.

Ahora, este tipo venía y salía en las tapas de todas las revistas y encima ni preso iba, porque se había ocupado de asesinar a todos los que habían poseído y traficado el cuadro antes que él, legítima e ilegítimamente, y tenía los títulos y certificaciones necesarios para demostrar sus derechos. La Corona de la que dependía el Principado de la rana estaba escandalizada.

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Plutón reloaded

Obligada por las circunstancias presentadas por la intrépida y magnífica New Horizons, y dada la importancia que Plutón tiene para mí y para este blog, he creído necesario reescribir mi único cuento al respecto. No puedo prometer que será el último, según todos los secretos que el pequeño planeta nos ha entregado. Así de mucho cambiamos, Plutón y yo. Jamás en la vida pensé que tendría que reescribir el cuento, que podría ilustrarlo, y con semejantes fotos. Nunca perdonaré al Marrón de Miguel su osadía.

 Dedicado a mi blog. Nunca dejo de pensar en su día del mes, porque para mí ya es como un latido permanente en el fondo de mi cabeza, y siento que el tiempo ha desaparecido.

Plutón II

   Oh, Plutón es un territorio desolado, el más desolado, de una belleza amenazante y aterradora, y silenciosa, y llena de leyendas. Como todos los mundos exteriores es una bola de gases congelados cubierta de hielo, con una atmósfera de hidrógeno y mucho metano y un frío terrible, pero terrible de verdad; Plutón demora como doscientos años en dar una sola vuelta alrededor del Sol. Pero encima, Plutón es chiquito; tiene más o menos el tamaño de Mercurio. Decí que los plutonianos son también pequeños; muy pequeños.

Son seres terrestres, que, una pena, no pueden aprovechar la hermosura, subirse a ninguna de las montañas o volcanes, lo cual les vendría muy bien, porque no se pueden mover demasiado y se aburren mucho. Afortunadamente, obligados por las circunstancias, los plutonianos son muy optimistas y se ríen de cualquier cosa. De hecho, todo lo que hacen es contar cuentos y no dicen casi nunca la verdad, como si usaran disfraces y se pintaran de los colores que no conocen y para los que no tienen nombre, y sólo fueran los papeles que representan para pasar el tiempo de sus larguísimas vidas.

El Sol por ejemplo, se ve desde Plutón como una luna del tamaño de una moneda y no como lo conocemos aquí en la Tierra, y les da tan poca radiación que aunque se les ocurriera algo que hacer con ella seguro no les alcanzaría. Bien, esto es para los plutonianos un gran motivo de risa. Buenos conocedores de las leyes de la astrofísica que los han dejado en una posición tan inconveniente, los plutonianos insisten en que el Sol no es el Sol sino una luna, una luna de Plutón, y que Plutón y no otra cosa es el centro del Universo, y se ufanan y se ufanan de ello. Con chistes así acostumbran molestar mucho a otras especies, que en los albores de su civilización creían lo mismo. Más airadamente les contestan ellos, más se ríen los plutonianos, y sacan un encendedor y les queman la cola de paja, y juegan con ellos un día sí, y un día no.

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