Andante con moto o La ciencia y la chica

   Desde la brasa roja de un cigarrillo, sí, la chica se retracta en el quemante resplandor, Fahrenheit 451 es la temperatura a la que el papel se quema y arde, a menudo con menos provecho, no hay en el fondo de un quasar más verdades de la física de las que esconde la brasa de un cigarrillo, a falta de un beso, a falta de un cáncer, a falta de la cola del escorpión aleteando, roja, en la noche, cruzada de nubes.

La chica vio una vez un cielo así; parecía una bandera. La mitad era densa y era gris plateada; la otra mitad era de un negro difuso, con fondo, a lo mejor plateado, a lo mejor blanco, pero estaba llena de vientos, eso sí. La luna era una piedra en la mitad negra, como un arroyo. El aire con hojas de árboles, húmedas, y con palomas. El río estaba cerca. La tierra de las islas era como un monte de Venus, pero no el monte de Venus de la chica; el Monumento a la Bandera brillaba debajo de la luz de la luna henchido con una insoportable soledad. Los faros de los autos, los faros de los autos eran como los murciélagos; ningún murciélago, no había cavernas cerca y los murciélagos se habían ido, ¿por qué no son albinos los murciélagos?

La chica nunca había visto un cielo así y estaba sorprendida; nunca fumó, no sabe cómo es el calor de la brasa de un cigarrillo, apenas las burbujas de una gaseosa pero puede imaginarse cómo se siente el ajenjo; la brasa verde quemando el fondo de la chica, la brasa verde ascendiendo por los chakras como una luciérnaga. En silencio, la chica todo lo hace en silencio, de cualquier modo también hay unas cuantas leyes de la física aleteando en las burbujas de una gaseosa, y en el ajenjo, ya que estamos, y para qué hablar del café; la chica no puede tomarse una lágrima en jarrita sin acordarse de Conrad.

La chica miraba la luz de la luna y no pensaba en las brasas de los cigarrillos ni en el papel que se quemaba, ni en los quásar (que todavía no sabe bien qué son), ni tampoco en la cola del escorpión aleteando, roja, en la noche, cruzada de nubes (era verano), ni en el río, ni en la gaseosa, ni en el ajenjo, ni en Conrad, pero, pero, pero (sí, todo era como un eco, todo era como) un présque vu, de ahora, que es cuando el papel se quema y arde.

La chica no vio caer ninguna civilización pero presintió el incendiarse de los oscuros pastos y el carbonizarse de los huesos amarillentos; era muy joven cuando los dinosaurios se extinguieron y no se acuerda de haber visitado las turberas en Dinamarca, para ver cómo los druidas le partían el cráneo a una chica de dieciséis años, pero tuvo dieciséis años y tampoco se acuerda. Le gustaba ese cielo, eso sí, y también presiente el negro fin, y el libro tibetano de los muertos, y las rojas brasas.

Sigue buscando.

 

(Imágenes de Pixabay)

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4 pensamientos en “Andante con moto o La ciencia y la chica

  1. Dr. Zaius

    Hermoso y triste, donna Nadie. “No hay en el fondo de un quasar más verdades de la física de las que esconde la brasa de un cigarrillo”. Muy bueno.

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