Una nueva aventura del Gran Rulemán Balde de Vello en el Planeta Rosquita. Con el Lama Labaranda Del Cantimpalo. Y los Ángeles del Gran Rulemán Balde de Vello. Y Mads Mikkelsen

En el Palacio Real del Planeta Rosquita, aquella mañana fría y nublada habíase abatido la desazón. El Gran Rulemán andaba por todo el amplio foyer,  agitando sus brazos en enloquecidos molinetes con gran tintineo de runas, al punto tal que su magnífico cabello se levantaba en puntas psicóticas, aunque elegantes, y profería improperios sin sentido, aunque por supuesto esto se prestaría a confusión dado su habitual entendimiento. El Dr. Zaïus le explicaba sobre la rueda del Samsara a Melissa, parado sobre su hombro porque seguía convertido en tero, así que al principio no se dio cuenta de nada. Pero Mads Mikkelsen, que acertaba a pasar por ahí con una palita portando las gracias del Hombre Caniche, no tardó en traerlo a la realidad, al responder a cierta ofensiva declaración del ilustre personaje.

– Vea que no está bien hacer acusaciones sin pruebas -le dijo al Gran Rulemán, ya que todavía se acordaba de su representación detectivesca en la película que había protagonizado con el Hombre Caniche, e incluso había rehusado cortarse las rastas.

– ¡Pero de qué está hablando, vikingo paseador de perros! ¡Ahora me va a decir que el Palacio fue infestado por alguna plaga con dientes gigantescos que pueden COMER RUNAS DE CRISTAL SWAROWSKI REDUCIÉNDOLAS A PEDACITOS MINÚSCULOS, JUNTO CON TEXTOS SAGRADOS QUE ME COSTARON UNA FORTUNA EN INTERNET, IGUAL QUE LA BOLSITA DE TERCIOPELO BORDADA EN ORO DE LAS RUNAS! ¡JUSTO COMO ESOS HILITOS DE LA PALA QUE ESTÁ USTED SOSTENIENDO, APESTANDO EL MEDIO AMBIENTE, Y ADEMÁS IMPREGNANDO CON EFLUVIOS REPUGNANTES MI FANTÁSTICO ROPAJE!!! ¡Y DE PASO, TENGO MEDIO CACTUS COMIDO! ¡MI YGGDRASIL!!! – declaró altisonantemente el Gran Rulemán, con el egregio índice en el aire.

– Bueno, pero qué quiere que haga, no iba a dejar ésto arriba de la alfombra persa… -respondió Mads Mikkelsen.

– ¡LA ALFOMBRA PERSA! ¡POR LAS SAGRADAS NORNAS DUEÑAS DEL DESTINO! ¡POR HERMES TRISMEGISTO! ¡POR MITRA Y TODOS LOS DEMÁS QUE NO ME ACUERDO! – gritó el Gran Rulemán, alzando los brazos al cielo. – ¡PLUGUIERA A ODIN TODOPODEROSO QUE NO LA HAYA MORDISQUEADO TAMBIÉN!

– Bueno, flecos ya tenía… – respondió Mads Mikkelsen, desapareciendo con la palita sin hacer ulteriores declaraciones.

¿Y todos esos quiénes son? – preguntó Melissa al doctor Zaïus- Sire, usted no me lo ha explicado todavía.

– Después le cuento, que es un ratito – respondió el doctor Zaïus con aire pomposo, inflando las plumas.

Ante semejante pandemonio, era imperativa la intervención del Microondas Inmortal.

–  ¡ÁNGELES, A LA ACCIÓN! Un ilícito ha sido cometido y el Gran Rulemán Balde de Vello les ordena que se pongan a la tarea de inmediato. ¡GRAN RULEMÁN, ESPERAMOS SUS INSTRUCCIONES!

De los recónditos escondrijos del castillo, en donde habían estado desempeñando sus importantes tareas en defensa de las Ciencias Esotéricas del Gran Rulemán, emergieron los Ángeles y tomaron posición frente al fuego del hogar, cada una en plena posesión de todas sus facultades. Al máximo, por desgracia.

– OH MY BAOLDERRR, DARLING! Qué te sucede, mi tesoro, mi admirado, mi estrella polar! – chilló Liza, que apareció derrapando con una espátula en la mano, pues estaba en la cocina dedicada a las empanadas de atún del Gran Rulemán.

– A sus órdenes, Gran Rulemán. A sus órdenes, Gran Rulemán. A sus órdenes, Gran Rulemán – dijo Niza, que terminaba de ordenar por número de cerdas todos los cepillos para el pelo del Gran Rulemán, y estaba por empezar con los de los que sirven para sacar las pelusas de la ropa.

– ¡QUIERO QUE BUSQUEN LA VENTANA MÁS ALTA DEL CASTILLO Y LA ABRAN DE PAR EN PAR! ¡QUIERO QUE ATEN A ESE LICÁNTROPO TOY DE PACOTILLA A UN PARAPENTE Y LO TIREN DESDE ALLÁ ARRIBA! ¡QUIERO QUE JUNTEN TODOS LOS PEDACITOS DE RUNA Y LOS PEGUEN DE NUEVO, RECONSTRUYAN MIS MAGNÍFICOS LIBROS Y VUELVAN A BORDAR LA BOLSITA DE TERCIOPELO HILO POR HILO! ¡Y LA ALFOMBRA PERSA!

– ¡Inmediatamente! ¡Inmediatamente! ¡Inmediatamente!- exclamó Niza, contentísima con su TOC.

– ¡Como usted lo ordene! – respondió Brisa, que como el Lama Labaranda no era muy salidor, no tenía nada que hacer y tenía que practicar karate con el detective Mads Mikkelsen, que prefería bailar tango.

– ¡Faltaría más! – replicó Tessa, que con el detective Mads Mikkelsen practicando karate con Brisa, lo único que hacía era atender el teléfono. Principalmente llamadas equivocadas del canal de televisión evangelista.

– Si es la voluntad del Gran Rulemán, ¡peinaré las rastas del Hombre Caniche por última vez y lo sujetaré suavecito al parapente! – replicó Isa, derramando unas lágrimas de conmiseración.

– Pero Baolderr, darling, ¿esto no es un touch fuerte? Ya sé que aquí no hay más Amo y Señor que vos, pero ¿no podríamos conseguir algún trainer para the little guy? – sugirió Liza, apuntando al Hombre Caniche con la espátula. El Hombre Caniche se paró en dos patas y le movió la cola.

– ¡Basta de pavadas! – exclamó el Gran Rulemán en el colmo de la indignación, y a punto de perder una runa con tanto alboroto de mangas. – ¡TODO EL MUNDO HACE LO QUE YO DIGO! ¡A BUSCAR ESE PARAPENTE, EN EL NOMBRE DE TYR!

– Pero vamos a ver, Sweetheart, ¿no podrá Mads Mikkelsen explicarle al doggie cuando se le pase el encantamiento de la luna llena?

– ¡SILENCIO! ¡QUÉ LUNA LLENA NI QUÉ CUERNITOS DE GRASA! ¡A BUSCAR EL PARAPENTE HE DICHO! ¡Todos los meses lo mismo! ¡Si no son mis maravillosas pantuflas son mis incomparables cartas de tarot egipcio, y si no es mi magnífico espejo de cuerpo entero bañado por completo en una sustancia ignominiosa, cuya naturaleza no es difícil de investigar! PERO MIS RUNAS DE CRISTAL SWAROWSKI… ¡PARAPENTE! ¡PARAPENTE! ¡PARAPENTE!

Qué hubiera sucedido entonces con el enfurecido personaje (y el Hombre Caniche) si no sonaba el timbre, es difícil de imaginar, ante el desvarío iracundo de los ojos inyectados en sangre y los aspavientos desarbolados de las nacaradas uñas blancas. Pero al oírlo todo el mundo pegó un salto de dos metros en el aire, sobre todo Brisa, quien loca de alegría por poder desempeñar su misión llegó a la puerta en dos trancos, abriéndola de sopetón para enfrentar al Lama Labaranda Del Cantimpalo y agarrarlo de la túnica para tirarlo al suelo.

No siendo éste el tratamiento habitual para los Lamas en ninguna parte salvo China, el agredido Labaranda Del Cantimpalo procedió a hacer uso de su entrenamiento para resistir el embate. Que fue más bien breve, porque con tanta torta frita en el Planeta Rosquita el Lama Labaranda había echado barriga, y con la falta de entrenamiento Brisa se rompió una uña recién pintada y entonces se puso a llorar.

Mientras todos los Ángeles rodeaban a Brisa para condolerse de su desgracia y comentar la horrorosa mutilación, el Gran Rulemán Balde de Vello y el Lama Labaranda del Cantimpalo sostuvieron un duelo de miradas. Después de un rato al Gran Rulemán Balde de Vello le empezó a doler la cabeza y el Lama Labaranda quería ir a hacer pis, pero como ninguno se resignaba a dar el brazo a torcer, hubo que esperar a que Mads Mikkelsen terminara de esconder la alfombra persa abajo del sofá y viniera a ocuparse de la puerta, que con el apuro nadie había cerrado y se estaba llenando todo de bichos.

– Buenas, don Lama, ¿qué cuenta? – saludó Mads Mikkelsen, peinándose las rastas con los dedos, que con el apuro parecía un león fumado.

– Acá andamos; había salido a caminar porque estaba aburrido solo en el monasterio, y entonces se me ocurrió venir a visitar un poco a don Rulemán, que después de todo en este planeta nada más somos este Palacio y el Monasterio.

– Es BALDER, EL BELLO, GRAN RUNEMAL – corrigió el dignísimo personaje, echándose la capa de terciopelo sobre un hombro y alzando la punta de la nariz como si todavía estuviera oliendo la obra del Hombre Caniche. – Agradezco a Vuesa Merced la deferencia, aunque aquí, en este noble Palacio dedicado a las artes esotéricas y en especial a las sagradas runas, no tenemos tiempo para aburrirnos.

Entonces el doctor Zaïus intervino, alzando la voz por sobre los alaridos destemplados de Brisa, a quien los otros Ángeles estaban cortando la uña amputada para limarla.

– Eso es muy cierto. Vea que cuando usted llegó, yo le estaba explicando a la señorita Melissa aquí presente acerca de Mitra y Hermes Trismegisto.

El Gran Rulemán Balde de Vello se dio vuelta hacia el doctor Zaïus como si lo hubiera mordido un áspid y profirió un alarido de absoluta furia.

– ¡De qué está hablando, loro barranquero! ¡Usted lo que sabe de Mitra es que parece una marca de antitranspirante! ¡Qué iba a explicar! ¡Usted no está haciendo más que citar mis clamores a las divinidades para lucirse! ¡Y deje de molestar a mis Ángeles, que tienen obligaciones que cumplir, por lo cual han sido elegidas para este lugar de recogimiento por las sagradas Nornas!

– No, dear, my angel, ésa fui yo, que hice el casting, ¿no te acordás? – dijo Liza, todavía sosteniendo la espátula. – Yo a esas señoras o señoritas no las tengo en el celular; no, para nada. Parece ugly people, awww, nada que ver conmigo.

– Pero Gran Rulemán, yo tenía que escuchar al doctor Zaïus para que no lo distrajera a usted… respondió Melissa, atragantándose con una pluma del doctor Zaïus por el disgusto.

– Usted parece hijo único; tiene que ser el primero en todo – rezongó el doctor Zaïus, peinándose las plumas con el pico pues se había despeinado con el lío. – Se las agarra con el pobre licántropo toy porque le rompió los juguetes.

Poseído por una ira demoníaca, el Gran Rulemán elevó los colores de sus magníficas facciones hasta los tonos más violentos del púrpura, y procedió a denostar con su desprecio al deleznable pajarraco.

– ¡USTED ES UN PROFANO Y UN DEVORADOR DE PANCHOS Y TARTA DE ZAPALLITOS Y UN TERO CON PERMANENTE DEFENSOR DE POBRES! ¡No me extraña que Nadie lo haya transformado por difamador e irrespetuoso! ¿Debería rebajarme yo también a su nivel? ¿Tendría que buscar entre mis tratados de nigromancia para ver qué puedo hacer para transformarlo en inodoro de estación de servicio? ¡Así sabe lo que siente mi pobre maravilloso espejo cuando lo ataca su bendito licántropo toy! ¿Eh, eh?

– Mmm. A mí me parece que acá hay una contienda – observó el Lama Labaranda del Cantimpalo, frotándose las manos. Realmente el Monasterio se estaba poniendo insoportable.

– Y a mí me parece que los acontecimientos son sospechosos, ¿no les parece, Ángeles? – observó Mads Mikkelsen, adoptando una pose adecuada, ya que había descubierto en el espejo del foyer que sus rastas habían quedado realmente como el pelo de Leon-O de Thundercats. Detrás de él, los Ángeles lloraban de compasión al ver las uñas desparejas de Brisa. Liza había largado la espátula para correr a buscar quitaesmaltes. Mads Mikkelsen tornó a mirar al doctor Zaïus, el Gran Rulemán y el Lama Labaranda, unidos en retorcido triángulo místico.

– ¿De qué habla? – replicó el ofendido Rulemán, desconcertado cuan disgustado por el olor del quitaesmaltes, que odiaba con saña.

– A mí me parece que aquí hay más de un personaje disgustado con el Gran Rulemán Balde de Vello. Demasiados para pensar en los daños causados por un pobre licántropo toy que quiere jugar, porque no tiene ni un gatito que perseguir. A mí me parece que hoy lo vi comerse un huesito de caracú como si no hubiera un mañana. A mí me parece que eso sería imposible si se hubiera masticado treinta runas de cristal Swarowski. A mí me parece que hubiera visto señales cuando le cepillé los dientes después de comerse el caracú – en ese punto, Mads Mikkelsen giró la cabeza hacia el sol de Poniente que lucía desde el vitral, porque le parecía que realmente era Leon-O y se estaba metiendo en el personaje. O el personaje se le estaba metiendo; nunca se sabe con estos tipos.

– A mí me parece que tendría que ir a hacer pis… – sugirió el Lama Labaranda del Cantimpalo.

– ¡A MÍ ME PARECE QUE AL HOMBRE CANICHE LO ESTÁN INCULPANDO! – declaró Mads Mikkelsen en plena altisonancia, ya totalmente metido en su rol, con unos molinetes de brazos que nada tenían que envidiarle a los del Gran Rulemán Balde de Vello cuando le daban sus berrinches. Poniendo ojos de loco, enfrentó al Gran Rulemán medio de costado, para mostrar su mejor perfil. El Gran Rulemán emitió un bufido de puro desprecio.

– ¡No, si ahora van a ponerse todos en plan de estrella para salirse con la suya! ¡Yo quisiera saber por qué no encuentran sus propias aptitudes, si es que pueden imaginar alguna! ¡O por qué no se encariñan con un cactus o una tarántula, o un pececito o algún animal sin pelo, como la gente normal!

– ¡ÁNGELES, HABRÁ SIDO SU DIOS Y JEFE UNA POBRE VÍCTIMA O UN PERVERSO MAQUINADOR CÓMPLICE NEFASTO DE SU PROPIO ENEMIGO, HACIÉNDOSE EL BURRO Y APROVECHANDO LA BOLADA SOLAMENTE PARA SACARSE DE ENCIMA A UN POBRE LICÁNTROPO TOY! ¡QUE SÓLO MOLESTA UNA SEMANA AL MES, COSA NO TAN INCONVENIENTE COMO CUALQUIERA DE USTEDES PODRÍA ATESTIGUAR! – clamó Mads Mikkelsen, completando su rugido con un guiño picarón hacia los Ángeles, que no terminaban de decidir si habría que cortar todas las uñas de Brisa o sólo retocarlas más abajo.

– ¡OHHH, GOD, AWWW! – gritaron todos los Ángeles agitando las manos, a medio convencerse entre un fucsia subido o un azul cobalto con glitter para las uñas de Brisa.

– ¡Cállese, pirado escandinavo! – gritó el Gran Rulemán Balde de Vello en el colmo de la desesperación – ¡Empecé el día con mis tesoros profanados y lo termino con eso mismo, y encima un caniche psicótico, un tero con delirios mesiánicos, un actor desempleado declamando sobre productos de higiene femenina, una convención de cosméticos y un Lama tibetano cruzando las piernas en la puerta!

– Un momento; yo tengo perfectamente clara mi misión como divulgador de las divinidades, y que no soy una de ellas a pesar de mis méritos – aclaró el doctor Zaïus, tratando de hacerle un pucherito de simpatía a la señorita Melissa, ya que confiaba en que pronto Nadie le levantaría el castigo y podría invitarla a tomar el aperitivo con ingredientes.

– Yo no sé dónde queda el baño – explicó el Lama Labaranda, tratando de asumir una postura más formal.

– Yo no estoy desempleado. Trabajo para Nadie – dijo Mads Mikkelsen, con gran dignidad.

– ¿Quién está psicótico? ¿Y éste quién es?- dijo el señor Andrés Ríos Cuernavaca mirando al Lama Labaranda, erguido junto al paragüero y lleno de hilos dorados de la alfombra persa por todos lados, como si nunca en la vida hubiera visto un cánido.

El plenilunio había terminado. El Hombre Caniche desaparecería hasta el próximo mes.

El Gran Rulemán Balde de Vello había perdido, y lo sabía.

– Usted… Usted… ¡llavero de lobizón! ¡Engendro de la mitología arrabalera! ¡Masticador insolente de los misterios del universo!

– ¿Lo qué? – respondió el señor Andrés Ríos, que como siempre que se terminaba el período  de lobizón estaba un poco abombado.

– ¿Pero el señor es séptimo hijo varón? – preguntó el Lama Labaranda, agradablemente sorprendido. Después de tanto misticismo, las mitologías más básicas eran como un buen trago de Fernet con soda.

– Pero sí – dijo el señor Andrés Ríos- El despelote que se armó en el barrio cuando yo nací… Cuando hubo que armar la primera cucha…

– ¿¡PODEMOS VOLVER AL PUNTO!? – clamó el Gran Rulemán, volviendo a sus molinetes de brazos.

– Mucho gusto. Yo soy el GRAN LAMA DEL UNIVERSO Labaranda del Cantimpalo – se presentó el Lama, inflando el pecho.

– ¡PERO ESTO ES EL COLMO! ¡Usted es un Lama tibetano! ¡NO PUEDE SER “GRAN” NADA! – exclamó el indignado Gran Rulemán.

– ¿Y el psicótico? – preguntó el señor Andrés Ríos, todavía un poco confundido.

– Don Rulemán piensa que es usted, pero salvo por ese pequeño detalle de la transformación en la luna llena, yo lo encuentro de lo más normal y totalmente ubicado en tiempo y espacio – aseguró el Gran Lama Labaranda del Cantimpalo. El señor Andrés Ríos le dedicó una inclinación de cabeza y una mueca de deferencia y simpatía.

– ¡¿QUÉ?!!! – rezongó el Gran Rulemán, en plena estupefacción.

Detrás de ellos, Brisa miraba el resultado terminado de sus uñas reconstituidas, llorosa pero recompuesta, y todos los Ángeles se felicitaban mutuamente por su excelsa labor. Había sido un día muy emocionante y todas estaban muy orgullosas de sí mismas.

– No; yo no soy psicótico. Sonámbulo a veces. Una vez una tía lejana… -comenzó a contar el señor Andrés Ríos, pero entonces el Lama, olvidado de su necesidad de hacer pis, lo abarajó de un brazo y lo llevó hasta el sillón para conversar. A lo mejor después, si lo dejaban, podía irse hasta la cocina para hacer un par de tortas fritas con las que acompañar el mate. Quedaban cosas por saber, y la rueda del Samsara no se iba a ir a ninguna parte que para eso estaba.

El Gran Rulemán, desalentado, observaba toda la escena con expresión lastimera y los brazos caídos, si bien Mads Mikkelsen aún lo contemplaba en guardia. Realmente, las rastas con el esplendor anaranjado que dejaba pasar el vitral lucían esplendorosas.

– Quedamos usted y yo, Gran Rulemán. ¿Qué tiene para decir? – increpó Mads Mikkelsen, tratando de agrandar sus ojos de loco para acompañar el efecto de las rastas en llamas mientras espiaba su postura en el espejo del foyer, totalmente absorto. Los Ángeles iban para la cocina admirando las uñas de Brisa, que exhibía al aire unas bonitas estrellas fucsia en cielo azul cobalto con glitter. Iban a festejar la aventura con unos Cosmopolitan. Tal vez hasta unos Sex on the beach.

– ¡Me queda para decir que este planeta no tiene cabida para la Iluminación y el Conocimiento! – clamó el Gran Rulemán, golpeando su frente con un puño cerrado – ¡Me queda para decir que un censo de población de este lugar destinaría toda la densidad demográfica al fondo de un Cottolengo! ¡Me queda para decir que este insigne Palacio y este noble planeta, que en su momento Nadie, por designio de las sagradas Nornas, me concedió como mis dominios, no tienen lugar para la justicia!

– UN MOMENTO – dijo entonces una voz cavernosa y profunda, que parecía venir de un pozo en el infierno.

Todos los presentes en el foyer alzaron la vista. El Gran Rulemán y Mads Mikkelsen, olvidados de sus declamaciones, interrumpieron sus molinetes de brazos. El GRAN LAMA DEL UNIVERSO Labaranda del Cantimpalo y don Andrés Ríos Cuernavaca hicieron una pausa en la historia de la tía Celestina. La señorita Melissa, inquieta, interrumpió su conversación con el doctor Zaïus y profirió un grito de horror. Con tanta filosofía, no había notado que se le había saltado todo el esmalte de uñas.

– ¿Nadie??? – dijeron todos.

– NO, MANGA DE PAPAFRITAS – tornó a decir la voz. – SOY YO, EL DOCTOR ZAïUS.

   En el centro del foyer reposaba un hermoso inodoro, blanco y nacarado, con tapa de palisandro dorado y una mochilla con llave de bronce.

– NADIE ESTÁ ENOJADA PORQUE USTED DICE QUE ACÁ NO HAY ILUMINACIÓN O CONOCIMIENTO, DESPUÉS DE TODOS LOS PERSONAJES ILUSTRES CON LOS QUE LO ACOMPAÑÓ PARA SU SOLAZ. O JUSTICIA. POR LO QUE LE HA CONCEDIDO A USTED SU DESEO DE QUE YO SEA TRANSFORMADO EN INODORO.

– ¿Quééé? ¿Quééé??? – farfulló el Gran Rulemán.

– Sí; después de que yo me metí en el borrador de este cuento cuando ella no estaba mirando para poner una oración al boleo, ella creyó que este blog había sido hackeado. Sorprendida en su buena fe por la falta de desconfianza hacia mi persona, e inflamada por el negro resentimiento, prefiere matar dos pájaros de un tiro y dejar que usted y su palacio se encarguen de darme escarmiento. Después de todo, fui yo el que profanó sus hermosas runas y demás tesoros, untando todas las pertenencias a mi alcance con varias latas de picadillo de carne, el cual tienta al Hombre Caniche en grado sumo.

– ¡OHHHH!!!!! – exclamó el Gran Rulemán Balde de Vello, mesando su formidable cabello con ambas manos, desorbitados los ojos.

– En efecto, yo estaba celoso de su magnífica sabiduría y las concesiones efectuadas por Nadie, siendo que yo no tengo menos horas de esoterismo que usted, aunque mis atuendos no son tan pintorescos. Me proponía perturbar sus investigaciones a fin de destacarme y lograr que Nadie me levantara el castigo, y me diera después mi propio planeta para gobernar. A lo mejor con la señorita Melissa – declaró el doctor Zaïus con un suspiro.

– ¡CONSPIRADOR! ¡MEQUETREFE! ¡GAZNÁPIRO! – bufó el Gran Rulemán, exhibiendo ya un peinado estilo iroquois.

– Ahora todo está arruinado – volvió a suspirar el doctor Zaïus. – Dependo de usted para que se me levante el castigo. Permaneceré aquí todo el tiempo que usted siga indignado conmigo, y Nadie está muy contenta con ello, puesto que sabe que usted es peor cuando se trata de ser malo como las arañas.

– ¡HAHAHAHAHA! ¡HAHAHAHAHA! – rió el Gran Rulemán con una carcajada dantesca y aterradora, alzando los brazos al techo del decorado foyer- ¡HAHAHAHAHA! ¡Ahora sabrá lo que son los rigores de la gélida justicia del noble TYR! ¡QUE TODOS LOS DIOSES DEL VALHALLA SE ENCARNICEN CON SU MAL HABIDA HUMANIDAD! ¡QUE EL FRÍO DE LA PORCELANA SE CEBE EN LA MALDAD DE SU ESPÍRITU! ¡QUE LA BLASFEMIA SEA LAVADA POR LOS DESHECHOS DE LA NATURALEZA!

En ese momento, los Ángeles volvieron a irrumpir en el foyer, con sus copas de Cosmopolitan en la mano. Y nuevos gritos de consternación poblaron el aire del ilustre palacio. Enardecido por el entusiasmo de la venganza, el Gran Rulemán seguía riendo.

– No, no, no. Sweeatheart. Honey – llamó Liza, sin reparar en el aturdimiento del noble personaje. – Dear… Dear!

Las carcajadas del Gran Rulemán iban in crescendo, al igual que los rumores de los Ángeles frente a él, sin que reparara lo más mínimo en nada que no fuera su ilustre persona, como era muy lógico.

– HONEYYYYY!!!!!!!!!! – gritó Liza, con las mejillas rojas. El Gran Rulemán giró entonces la vista, a ver a quién había que castigar por semejante desfachatez.

–  Sorry gordi, realmente sorry, pero no puedo permitir que hagas esto con la decoración del Palacio, ¿viste? – comentó Liza, con las manos temblorosas, derramando Cosmopolitan por todas partes.

– Pero señorita, de qué está hablando! ¡No sea irrespetuosa! ¡No interrumpa a los seres sobrenaturales cuando están dispensando sabiduría y justicia!

– Look, tesoro, yo no pretendo interferir con tu estudio, ¿sabés? ¡Pero Baolderrr, hay un toilet en medio del foyer, little cherry pie! ¡UN INODORO EN EL MEDIO DEL ESTAR, MI CIELO! ¡AHHHHHHH! – chilló Liza, y cayó al suelo con las manos sobre los ojos cuando el GRAN LAMA DEL UNIVERSO Labaranda del Cantimpalo se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y corrió hacia el doctor Zaïus, para acabar con su sufrimiento desde hacía horas.

– Nadie me convirtió en inodoro, pero sigue enojada con usted porque en Twitter le mandó un mensaje privado burlándose de su edad – contó el doctor Zaïus.

– ¡NOOOO!!!!! – gritó el Gran Rulemán Balde de Vello, que empezó a darse cuenta de todas las repercusiones de su venganza cuando el Lama Labaranda empezó a levantarse la túnica.

– Sí – dijo el doctor Zaïus – Nadie no me despojó del don de la palabra.

– ¡NOOOOO!!!!!!

– Aún podremos sostener muchas conversaciones aquí, mientras soy castigado. Usted decide, Gran Rulemán – dijo el doctor Zaïus.

– ¡NOOOO!!!

Mads Mikkelsen fue a hacer cola detrás del GRAN LAMA DEL UNIVERSO Labaranda del Cantimpalo. Liza yacía sobre la alfombra del foyer deshecha en lágrimas, mientras los Ángeles escandalizados trataban de reanimarla.

¡NOOOOO!!!! – volvió a gritar el Gran Rulemán Balde de Vello cuando le tocó el turno a Mads Mikkelsen. Nuevos alaridos de los Ángeles sobresaltaron la tarde.

Era sólo el principio.

 

(Imágenes de Pixabay. A Leon-O lo saqué de un lugar que se llama es.thundercats.wikia.com)

 

 

 

 

 

 

 

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6 pensamientos en “Una nueva aventura del Gran Rulemán Balde de Vello en el Planeta Rosquita. Con el Lama Labaranda Del Cantimpalo. Y los Ángeles del Gran Rulemán Balde de Vello. Y Mads Mikkelsen

  1. Dr. Zaius

    Usted no tiene sentido del humor, donna Nadie. Lo bueno de su castigo es que los Ángeles del Gran Rulemán se abrirán de piernas ante mí. ¡Y quiero mi propio planeta!

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      Usted es un gaznápiro que debe andar entre los yuyos, parece, ¿quién se abre de piernas para sentarse a hacer sus cosas? Además, ¿USTED CREE QUE LIZA SE VA A DESGRACIAR EN EL MEDIO DEL LIVING? AWWWWWW!!! Yo no dije en ninguna parte que no había otro baño. Usted va a ser el baño de los peores: LA GENTE APURADA…

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