Archivos diarios: 13 junio, 2017

Melisa

– Decime qué sabés.

– Yo nada. Son los del grupo, que les gusta boludear por Pichincha y andan comentando.

– ¿Qué escuchaste, Lucas?

– Estás obsesionado con esa pibita. Ya volvió. Está segura. No sé qué querés, espiando por todos lados. Estás paranoico.

Con los días, la nena se había vuelto más callada. Era como si los ojos le hubieran cambiado del alegre ocre avellana al oscuro verde musgo, verde cieno, el verde baboso de las cunetas y del fondo de los baldes olvidados en el rincón más lejano del patio. Hablaba con la misma vida en la voz y el pelito rubio seguía flotando en el viento con la misma gracia curiosa de las arañitas viajeras, pero ahora, cerca de ella, el aire era frío. Sí, porque era Junio. Tal vez porque las noches de Gaspar eran más largas. Tal vez porque subirse a los murciélagos duraba más horas.

Tal vez porque la ventana siempre estaba iluminada entre la helada y a veces la lluvia, cuando los bichos rabiosos se revolvían inquietos, porque no querían salir. Y entre las cortinas, la pequeña sombra inmóvil. Toda la noche.

¿Qué tenés Melisa? ¿Qué tenés Melisa?

Pese al invierno, la plantita de melón que ella había plantado seguía creciendo en un rosario largo y cándido de florcitas amarillas.

– Hay muchos rumores de gente nueva, que no habla español o no quiere hablar. Nadie sabe. Pero no sé por qué tendrían que ver con tu nenita.

– Primeros Señores.

– Obvio.

– ¿Quién puede decir?

– Estás preguntando pelotudeces. Si no sabés vos… o la chacarera del cementerio…

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