El vientre

 Buenas y santas, amantes del cine que a veces aciertan a pasar por este blog. O gente al pedo buscando película para ver, que también suele acertar a pasar por este blog… Es sabido que yo he tenido mi buena porción de ocio creador, buenamente desperdiciado disfrutando producciones artísticas de otra gente que ha transpirado sangre para hacer emerger… Y también es sabido que me gusta compartir, inficionando a otros con la publicidad de tales obras, que no hay que ser egoístas ni con el público, ni con los creadores.

Como prefiero más bien comentar películas que no tienen tanta difusión, por no ser redundante, y a la vez acercar obras que se lo merecen y no se publicitan tanto por no ser comerciales, en esta ocasión voy a hablar de El vientre, que es una película peruana que encontré excelente y que está dirigida por don Daniel Rodríguez Risco. La estrenaron en el 2014.

Tiene que ver con esa preocupación extenuante que aún en nuestros días, entre gente culta y con múltiples intereses en la vida, no ha perdido ni un poquitito de vigencia. También tiene que ver con otra categoría en este blog, que visito con frecuencia cuando ya me desbordan las ganas de despotricar, precisamente por causa de ésto.

La frustración culpable y abrumadora por no poder procrear.

Yo no quiero faltar el respeto de nadie denostando esta necesidad. Sé bien que hay personas consumidas por la angustia de no poder tener un hijo. Pero verdaderamente, cuando analizamos los extremos a los que somos capaces de llegar, ¿es el hijo ausente lo que está en el fondo de todas estas barbaridades que se hacen? Conozco jóvenes señoras que no tienen treinta años haciendo tratamientos de fertilidad, sin diagnóstico de esterilidad. Otras jóvenes señoras (y señoritas) pagan para que otra mujer geste su hijo, a veces simplemente por no querer gestar (pero sí quieren el hijo; a veces verdaderamente abusamos de la naturaleza).

Aquí tenemos por ejemplo a Silvia, que es una atractiva señora viuda que reside en una hermosa hacienda. Silvia, excepto por su marido, claro está, lo tiene todo en esta vida. Una gran propiedad que es necesario atender, una casa que hay que cuidar… Ocupaciones no le faltan. Tiene un joven empleado eventual que acaba de contratar para hacer reparaciones en la casa; contrata una empleada más para los quehaceres domésticos…

 Pero andando la película, va cayendo por tierra la cordura que Silvia parecía tener ante el espectador. La manera en la que elige a su futura empleada, observándola detrás de una ventana en el matadero en donde trabaja la joven, la manera en la que observa a los dos empleados en su casa, la forma en la que expone a Mercedes frente a Jaime… Pasa un tiempo hasta que te das cuenta de qué le sucede a Silvia, si es que has olvidado el título de la película.

Está carcomida por la única frustración de su vida: la viudez solitaria, sin el hijo que hubiera tenido con su esposo. Ha llegado a una edad en la que no soporta más ese hueco, y sola en su casa enloquece a voluntad (un mal común en generaciones anteriores).

La esterilidad afecta a las personas y a las parejas de diferentes maneras. Los hay que quedan con culpa por no haber podido cumplir con el mandato social, y se amargan. Los hay que caen en mentiras inauditas para ocultar esa incapacidad. Los hay que pierden completamente el juicio y caen en todo tipo de barbaridades para solventar la “falla”. A veces logrando el hijo contra viento y marea, sin importar las consecuencias. Y uno queda preguntándose por el huevo o la gallina. ¿Arruina la preocupación por el mandato social algo que no venía ya arruinado? ¿Es esa ruina una consecuencia necesaria e inevitable? Silvia conseguirá que te hagas esa pregunta.

El título de la película deja poco para imaginar sobre el argumento y el cartel se ocupa bastante de estropear la intriga, pero la película igual no tiene desperdicio. Mantiene al espectador en vilo al acompañar a los personajes en su descenso por la oscura y cada vez más enrarecida espiral de la frustración. El final ni es inesperado, ni deja de serlo, pero vale la pena esperarlo.

Es el tipo de película que uno puede anticipar pero que  lo mismo te empuja a verla. Tiene una de esas tramas que uno no se cansa de examinar, tratando de capturar el misterio, de terminar de entender qué es lo que sucede. Encuentro que las películas de vampiros, las de dementes, las de asesinos seriales, son todas así. Como cruceros mentales por las patologías que uno no comparte, y por eso no se cansa de visitar.

Como transitar por un puente muy frágil tendido a mucha altura, mientras uno sueña.

Algo para despertar con alivio cuando ya uno está a salvo.

 

(Carteles de IMDb.com)

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4 pensamientos en “El vientre

  1. Dr. Zaius

    “Encuentro que las películas de vampiros, las de dementes, las de asesinos seriales, son todas así. Como cruceros mentales por las patologías que uno no comparte, y por eso no se cansa de visitar”. Yo creo que algo de identificación con los personajes, aun los más bizarros, tiene que haber, y por eso son tan fascinantes. Reflejan aspectos nuestros que permanecen más o menos en las sombras: la agresividad, el deseo de dominar y poseer. No se olvide que Segismundo Freud dijo que los bebés son perversos polimorfos, y donde hubo fuego…
    ¡Muy bueno su post! Voy a buscar que es “inficionar”. Siempre se aprende algo.

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    1. Nadie Avatar Autor de la entrada

      Muy buena su ocservación, y acaso muy acertada. Como caminar por el borde de un precipicio, ¿no? Nos dicen que no miremos para abajo, porque… Qué muchacho tan astuto, Segismundito… Y usted también, claro.

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