La insólita lasagna de albóndigas prêt-à-porter

El día de la fecha, ya que te han quedado tantas cosas en el tintero la semana pasada, podrías ponerte al día con el angurriento lector comentando por ejemplo el hallazgo efectuado en Twitter, el cual te dedicaste a reproducir la semana pasada en beneficio tuyo y del Dr. Zaïus. Decile entonces cómo hacer para conseguir él mismo aquella Insólita lasagna de albóndigas prêt-à-porter, de fantástica apariencia e incomparable sabor. La idea es de doña Orietta, y su sitio se cita oportunamente abajo por si el lector quiere ver. Eso es porque el Gran Rulemán le hizo algo a tu teléfono y la foto que sacó el Dr. Zaïus quedó borrosa y no sirve para documentar, y vos no sabés italiano para nada, y además la verdad la idea no fue tuya.

Lo primero que tiene que hacer el lector, entonces, es ir al Super, enfilar para la góndola de las pastas y conseguirse una caja de lasagna de la que ya viene hecha y seca, diseñada especialmente para que el impaciente lector no se muera de hambre añadiéndole hora u hora y media a la confección del plato. Según qué tan comilón sea, puede optar por una caja de medio kilo o una pequeña. Una pequeña ha demostrado ser suficiente para vos y el Dr. Zaïus, que no se caracterizan precisamente por el ascetismo en la mesa. Después de visitar el sitio de doña Orietta, es un alivio ver que ella también usó algo así, pero es que brilliant minds think alike.

Si el perezoso lector es de los que tampoco saben cocinar, que se abaraje también un par de sobres de salsa portuguesa ya lista, porque dado que la lasagna viene ya preparada, al momento de llevarla al horno debe estar acompañada de suficiente salsa, como para que se empape deliciosamente en ella mientras se va cocinando poco a poco en un horno muy bajo. Esto es más necesario que nunca, porque considerando que una de las capas de relleno consta de albóndigas, no podrá llevar muchos más ingredientes de relleno para no resultar muy pesada. Y, además, las albóndigas van a abultar las planas y secas capas de lasagna, y hay que darle mucho tiempo para que se hidrate y vaya cayendo hasta envolver por completo las deliciosas albóndigas.

Por si no es obvio, las albóndigas deben ser muy pequeñas, como para copetín; no vas a poner albondigones grandes como un puño. Ahora disculpate con el intrigado lector por no poner fotos del paso a paso como hizo doña Orietta.

Si el lector no se dio cuenta, avisale que después de pasar por la góndola donde buscó la salsa se vaya para el fondo, donde está la carnicería, toque el timbre y le diga después al amable carnicero que le dé un kilo de pulpa picada especial para hacer las albóndigas. Por supuesto un kilo es mucho, pero es que hay que hacer que quede para llevarle a Rodrigo y los chicos y que acompañen más lasagna, o fideos. No hay nada más rico que los fideos con albóndigas. Que el lector se lleve también un pedacito de queso cremoso para rematar la lasagna.

En la casa, mientras se hacen las albóndigas, se pone a hacer la salsa, porque es de tu opinión que una salsa no puede quedar del todo bien si no tiene suficiente tiempo de cocción. Una hora por lo menos. Se pone en la olla grande de teflón el contenido de los dos sobres de salsa con dos medidas equivalentes de agua, se enciende la hornalla y se pone al mínimo, y luego se olvida totalmente el tema hasta tener listas las albóndigas.

Para hacer las albóndigas, se pica en cuadraditos sumamente pequeños una cebolla lo suficientemente grande como para asustar al doctor Zaïus, se la coloca en la ensaladera transparente grande junto con la pulpa picada, dos cucharaditas tamaño té al ras de sal, y cuanto condimento se cruce por el camino, menos canela y coco rallado. O tal vez solamente nada de coco rallado. También tres de los huevos de la carnicería esa grande que queda por el camino. Tienen un color de lo más lánguido, pero para tartas y albóndigas están bien.

Con las manos lavadas lo suficiente como para satisfacer a un neurocirujano, el prolijo lector se dedicará a mezclar con las manos desnudas la pasta de carne, hasta que sienta que está todo tan pegajoso que nunca conseguirá despegar los dedos de ahí. Una vez logrado esto, irá tomando del homogéneo y rojizo bollo diminutas porciones para formar pequeñas bolitas, que, ligeramente aplanadas para que no molesten en la lasagna, irá disponiendo en una fuente plana. No las pondrá una por una en la salsa para que logren una cocción pareja. Cuando estén todas sí las debe depositar delicadamente una por una en la olla, con cuidado para que no se desarmen. Están en unos diez minutos, que total son chiquititas, así que el enjundioso lector debe tener cuidado de integrarlas una vez que esté totalmente seguro de que la salsa es todo lo que espera de ella.

Sobre este punto pueden presentarse debates. Es tu obligación apuntarle al beligerante lector que, una vez que vos y el Dr. Zaïus se dedicaron a deglutir la lasagna, todo resultó como se esperaba y aún más delicioso, menos precisamente las albóndigas, que encontraste demasiado secas. La hipótesis que se baraja señala el prolongado tiempo de cocción, más de una hora, que llevó la lasagna. Ulteriores ensayos demostrarán si es verdad que, como discutieron vos y el Gran Rulemán, es mejor poner las albóndigas crudas dentro de la lasagna, total como tienen que estar rodeadas de tanta salsa, se van a impregnar de su sabor de todas formas sin secarse en el horno. El lector será informado oportunamente.

Sobre más ingredientes a la hora de acompañar el relleno de albóndigas, es mejor dejarlo librado a la opinión del dubitativo lector, que sobre gustos no hay nada escrito. Del terminado que encontraste en twitter no se puede deducir nada y vos no hablás italiano, así que por ese lado es todo una gran incógnita. Vos, para no recargar demasiado la cuestión, le pusiste una capa con un poquitito de ricotta acompañada de perejil, pero después llegaste a la conclusión de que la ricotta realmente no hacía mucha falta, salvo que te guste mucho la ricotta. El Dr. Zaïus lo encontró de su gusto, pero se le desafía en esta entrada a que sea sincero sobre el tema, en beneficio del rigor científico. El Gran Rulemán manifestó cierta aquiescencia a favor de una capa de jamón y queso por el medio. Como sea, todos los consultados respondieron a favor de la deliciosa capa de quesito gratinado encima, puesto a derretir quince minutos antes de sacar la lasagna del horno.

Y eso es todo por el momento. Si el lector habla italiano, ahí abajo va a encontrar el link para conectar con la dama italiana autora original del plato; de paso pedile que, si visita el sitio, te transmita si tal dama le puso algo más de relleno a la lasagna, que es de sabios cambiar de opinión. Y no vendrá mal otra idea.

Bon appetit! A mangiare!

 

El tweet:

El sitio de doña Orietta donde está la Lasagne con polpette:

Las fotos son todas de Pixabay, por no saber si doña Orietta estará de acuerdo o no en que alguien tome alegremente las suyas.

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8 pensamientos en “La insólita lasagna de albóndigas prêt-à-porter

  1. El Gran Rulemán

    Le recuerdo que yo le saqué una foto con su celular y había salido perfecta!!! Eso sí, de ahora en más nunca más pienso ayudarla.. y mucho menos realizar ninguna tirada… ya que mis zarpas no me lo permiten.

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