Archivo de la categoría: Agarralos que no muerden

Los superjuguetes duran todo el verano/ Inteligencia artificial I (me entusiasmé y es largo)

¿Quién no recuerda la fenomenal película del 2001 Inteligencia artificial? ¿Quién dejó de estremecerse por completo al mirar por los ojos del inocente David, tan, tan inocente que ignoraba que era un robot; diseñado tan cruelmente que nunca superaría el abandono de su madre humana… aún después de saber que era un robot?

Pues ahora acabo de leer el relato que le dio origen, junto con los demás del libro que lo incluye. Yo no conocía mucho de Brian Aldiss, así que fue todo un viaje de descubrimiento.

Lo primero a destacar, paradójicamente, es el prólogo, que me encantó leer. Por una parte porque al menos este libro es tan alegórico, que me ha tranquilizado ver que su autor no escapa para nada a los tormentos mundanos que nos son usuales. Por otra parte, porque me divirtió ver (como en una especie de revancha resentida) cómo esos tormentos mundanos para las grandes inteligencias suelen ser… otras grandes inteligencias. En este caso, los sufrimientos de los que habla Aldiss refieren a Stanley Kubrik, la primera persona que trató de llevar el cuento del título al cine. El citado cuento, así como los dos relatos que Aldiss escribió como continuaciones treinta años después en beneficio de la película, me han gustado mucho, aunque no al grado de fascinación en el que me sumió la película, y en orden decreciente. Es que ante el despliegue técnico y emocional de la película (aún hasta “arquitectónico” y “sinfónico” en cuanto al desarrollo de la trama y los recursos empleados) los cuentos pueden parecer algo desnudos, aunque esa desnudez, en las obras literarias, adquieran la contundencia plena necesaria para retratar las mezquinas vidas humanas que se reflejan en ellas. Tal vez resulten (sobre todo el tercero) demasiado esquemáticos, quizás sin una adecuada acentuación del clima, sin los matices afectivos retratados en la película, e incluso puede que (hablando sobre todo del tercero) no te susciten demasiado interés por ver qué ocurre. Creo que he dejado suficientemente claro que esto no puede suceder DE NINGUNA MANERA al ver la película.

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Flores para Algernon

   En la forma en la que yo conocí esta genial obra, era una novela. Originalmente era un cuento que luego fue ampliado; yo llegué cuando estaba todo hecho. La publicación como novela (pero no de cuando yo la leí) data de 1966. Pocos años después nací yo, así que muchas cosas geniales pasaron en esa época…

Charlie es un joven débil mental que trabaja en una panadería. Tiene una vida sencilla y satisfactoria; su empleador es un tío que lo ama. Está alejado de su madre y hermana por causa de su condición intelectual, pero no sufre ese alejamiento como nosotros podríamos padecer el rechazo; sus compañeros de trabajo se burlan de él pero él lo toma con benignidad, cuando lo llega a notar. Asiste a una escuela nocturna en donde se esfuerza permanentemente por superar su condición… Sí, Charlie no sufre un retraso que podríamos calificar como “completo”. Se da cuenta de que algo le falta. Algo para que su familia se sienta orgullosa de él. Algo para caber en el mundo. No sufre porque siente humillación, sino porque siente culpa.

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¿Con cuál de las brujas?

Hoy quiero comentarte, aunque no viene muy a cuento acerca de mi habitual repaso acerca de la ciencia ficción, una novelita para niños que me encanta desde mi séptimo grado de primaria (trece años). Sí. Ya sé que soy una Soltera Sin Hijos. No tengo afinidad con los infantes; ni siquiera la tenía cuando yo era infante.  Todo lo que tiene que ver con los niños me genera urticaria alérgica. Pero creeme. En una época en la que todo el mundo está fascinado con Harry Potter (que odio cordialmente; algún día me explayaré sobre el tema) yo deseo llamar la atención sobre otras obras, no tan difundidas y sin embargo no con menos mérito. Conozco esta novela desde mi viaje de estudios a Córdoba (Argentina), y la he releído tantas veces (aún después de cumplir los treinta) que me la conozco de memoria.

Téngase en mente una comunidad de brujas. Nada fuera de lo tradicional; hechizos, animales familiares que ayudan con los hechizos, brujas, hechiceros, percances habituales con los hechiceros, familiares, brujas y hechiceros… Todo dentro de lo normal.

Un buen día, una pareja de lo más normal recibe en el seno de su nueva famila a un niño… un poco particular. Yendo a la biblioteca a investigar algunas cosas, el padre descubre que el niño es en realidad… muy particular. Andando los años, el niño se vuelve… demasiado particular. Nada que no pueda manejarse, que cuando hay padres preocupados y un poco de organización, todo se resuelve.

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Buscadores de estrellas

En esta ocasión, lo que ofrezco a la lectura no es un libro de ficción. Bueno; en cierto sentido no.

Se trata de la aventura de la astronomía narrada a través de los siglos, de la mano de Mr. Colin Wilson, quien como dice ahí en Wikipedia, es un filósofo y escritor británico cuyos temas más frecuentes han sido la criminalidad y el misticismo. Eso explica algunas cosas para mí.

El libro me recuerda mucho a otro que leí, Cazadores de microbios de Paul de Kruif, por su estilo. En efecto, ambos tratan las “aventuras” y las vidas de los científicos de manera tan amena y accesible, que es toda una tentación verlos como personajes de novela, olvidando que esos sacrificios tan reales en muchos casos posibilitan o facilitan toda nuestra vida de hoy. Aquí no voy a comentar el libro de de Kruif, pero por favor, el que pueda lo consigue y lo lee. Si tiene energía para salir a buscar tanta gazmoñería como anda suelta por ahí bajo el moderno y taquillero género de “literatura romántica”, puede animarse a un libro de aventuras que es tanto más maravilloso porque todo lo que relata es real y explica en gran medida el mundo que nos rodea.

Buscadores de estrellas es diferente en que existe espacio para la duda. Enfrentadas a la indudable y palpable realidad de los descubrimientos, hallazgos y rasgos de personalidad que tienen una incuestionable realidad histórica, están las reflexiones y razonamientos de Colin Wilson, que sin ser por completo subjetivos, están pendientes de investigación y aún sujetos a cierto “mmm”. Pero son muy intrigantes.

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Contacto

Buenas y santas, lector amante de la ansiedad por anticipación, especulaciones filosóficas y horas de pensar en adminículos de formas extrañas y el viaje FTL (algo que nunca terminé de entender, y eso que escribí una cantidad sobre él).

La maravillosa novela que quiero comentar a continuación tiene una perfección tal, que no tengo perdón por no recordar antes que la he leído por lo menos tres millones de veces. Eso a pesar de su deslumbrante filigrana de ciencia y arte, tan asombrosa como puede serlo el más delicado encaje tejido a mano con telas de araña.

Perdón por la metáfora. Pero es que no puedo menos que ponerme sensiblera ante tamaño trabajo de ingeniería y arquitectura.

Si no lo sabías, te doy los datos para que pegues un salto en el aire y salgas de inmediato, DE INMEDIATO, a comprar, robar o pedir prestada la novela. No merece la pena leer este comentario, la verdad, porque cualquier cosa que diga se quedará corta. Y por favor no le dejes la lectura a un pdf, si es que lo hay, porque éste es un libro que hay que leer sosteniéndolo en las manos (los tiempos han cambiado, pero sigue habiendo gente que habría que quemar en la hoguera). El autor es el INCOMPARABLE Carl Sagan, y si te gustó Cosmos, bueno, te digo que no sé cómo el muchacho podía tener tiempo para todo y hacerlo TODO tan bien.

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