Archivo de la categoría: Agarralos que no muerden

Buscadores de estrellas

En esta ocasión, lo que ofrezco a la lectura no es un libro de ficción. Bueno; en cierto sentido no.

Se trata de la aventura de la astronomía narrada a través de los siglos, de la mano de Mr. Colin Wilson, quien como dice ahí en Wikipedia, es un filósofo y escritor británico cuyos temas más frecuentes han sido la criminalidad y el misticismo. Eso explica algunas cosas para mí.

El libro me recuerda mucho a otro que leí, Cazadores de microbios de Paul de Kruif, por su estilo. En efecto, ambos tratan las “aventuras” y las vidas de los científicos de manera tan amena y accesible, que es toda una tentación verlos como personajes de novela, olvidando que esos sacrificios tan reales en muchos casos posibilitan o facilitan toda nuestra vida de hoy. Aquí no voy a comentar el libro de de Kruif, pero por favor, el que pueda lo consigue y lo lee. Si tiene energía para salir a buscar tanta gazmoñería como anda suelta por ahí bajo el moderno y taquillero género de “literatura romántica”, puede animarse a un libro de aventuras que es tanto más maravilloso porque todo lo que relata es real y explica en gran medida el mundo que nos rodea.

Buscadores de estrellas es diferente en que existe espacio para la duda. Enfrentadas a la indudable y palpable realidad de los descubrimientos, hallazgos y rasgos de personalidad que tienen una incuestionable realidad histórica, están las reflexiones y razonamientos de Colin Wilson, que sin ser por completo subjetivos, están pendientes de investigación y aún sujetos a cierto “mmm”. Pero son muy intrigantes.

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Buenas y santas, lector amante de la ansiedad por anticipación, especulaciones filosóficas y horas de pensar en adminículos de formas extrañas y el viaje FTL (algo que nunca terminé de entender, y eso que escribí una cantidad sobre él).

La maravillosa novela que quiero comentar a continuación tiene una perfección tal, que no tengo perdón por no recordar antes que la he leído por lo menos tres millones de veces. Eso a pesar de su deslumbrante filigrana de ciencia y arte, tan asombrosa como puede serlo el más delicado encaje tejido a mano con telas de araña.

Perdón por la metáfora. Pero es que no puedo menos que ponerme sensiblera ante tamaño trabajo de ingeniería y arquitectura.

Si no lo sabías, te doy los datos para que pegues un salto en el aire y salgas de inmediato, DE INMEDIATO, a comprar, robar o pedir prestada la novela. No merece la pena leer este comentario, la verdad, porque cualquier cosa que diga se quedará corta. Y por favor no le dejes la lectura a un pdf, si es que lo hay, porque éste es un libro que hay que leer sosteniéndolo en las manos (los tiempos han cambiado, pero sigue habiendo gente que habría que quemar en la hoguera). El autor es el INCOMPARABLE Carl Sagan, y si te gustó Cosmos, bueno, te digo que no sé cómo el muchacho podía tener tiempo para todo y hacerlo TODO tan bien.

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El fugitivo (The running man)

 images  Cumpliendo con una antigua promesa, acá va la otra novela de ciencia ficción de Stephen King que yo leí, y de quien ya había adelantado Tommycknockers por si alguien no sabía nada de ella, lo cual no sé cómo podría suceder.

   La novela de la que voy a hablar ahora es El fugitivo, y voy a comenzar diciendo dos cosas: una, que está tan asombrosamente cerca de la realidad actual que casi no diría que es ciencia ficción. De hecho, puedo ver los sucesos que se relatan en esta novela bien próximos, ahí en el futuro. Es impresionante. Para que te hagas una idea, te va a resultar muy cercana por una parte a Los juegos del hambre y a ciertos eventos de Fahrenheit 451, si no fuera porque esa novela es muy anterior y mucho más filosófica, y lo otro que nombré es un bodrio del que sólo soporté los primeros veinte minutos, por exagerada y dedicada a llevar y traer cosas de los pelos. El fugitivo tiene el drama, la inmediatez y la falta de fantasía de lo trágicamente concreto y urgente. La desnudez de lo inevitable, lo irreversible y lo cotidiano. Bradbury podía dedicarse a pensar y a elaborar sobre una aterradora cotidianeidad; Stephen King no necesita hacerlo. Y nosotros, que Dios nos ayude, no necesitamos que lo haga.

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The Tommyknockers

tommyknockers   Prosiguiendo con mis comentarios de libros de ciencia ficción, tengo que dedicar un momento, antes de seguir olvidándome como hasta ahora, a hablar de cierta magnífica obra de Stephen King, el cual es alabado con frecuencia dentro del campo del terror como seguidor de Lovecraft y ese tipo de cosas, o denostado por pochoclero y por “productor de best-sellers” (lo cual a mí no me molesta para nada; dichoso él). Sin embargo, esto es siempre dentro del mismo campo, y resulta que yo quiero destacar por lo menos uno de los tres que he leído que lo colocan directamente de cabeza dentro de la ciencia ficción. Ambos libros son excelentes, y los comentaré a los dos a su tiempo, pero quiero comenzar con Tommycknockers porque es el que me pareció sobresaliente y “original”. Y el primero que leí, si a eso vamos, y que me sorprendió mucho por tratarse de Stephen King y tener yo la misma idea de él como escritor de terror. Pero abrid los ojos, oh lectores, si no lo conocían (si bien sobre Tommycknockers hay hecha una mala peli y tengo entendido que están maquinando otra).

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El mundo interior

el-mundo-interior-robert-silverberg-d_nq_np_1823-mlu4566383338_062013-o   Para actualizar tus lecturas de ciencia ficción, te sugiero ahora esta notable novela de Mr. Robert Silverberg, intitulada El mundo interior y publicada en 1971, justo el año en que yo nací; algo poderosamente atractivo para el ego, je je. Sin embargo, la razón de que yo recuerde esta novela hoy, es su excelencia, y las reflexiones a las que me mueve pensando en el mundo actual. Hasta donde yo sé, esta novela no tiene ningún premio; sin duda por el incisivo avistaje de nuestras profundidades, y el meticuloso esculcar en las preocupaciones humanas: algo mucho menos llamativo que las brillantes obras de arquitectura e ingeniería inventadas por otros escritores, pero para nada menos inquietante, según mi modestísimo entender.

   Imaginate un mundo sin hambre y sin frustraciones. Un mundo en donde lo que se pide, se tiene; un mundo sin mendigos y sin la palabra “no”. Un mundo en donde nadie se resiente porque no puede tener al hombre o a la mujer que quiera, y nadie tiene ningún apetito que no puede satisfacer. Básicamente porque no se le ocurre, ante el intrincado sistema social.

   Imaginate una densidad demográfica que excede a cualquier cosa que podamos imaginar, y una población mundial que es un delirio. Y nadie incómodo al respecto. Todos son felices; nadie está preocupado por el creciente índice de natalidad. Por el contrario; el tener menos de cuatro hijos es causa de preocupación y un verdadero estigma. Todos trabajan; los niños son prolijamente atendidos o en la escuela, o en los “alvéolos de mantenimiento”, en donde pueden quedar solos durante horas, si son muy pequeños. Nadie se vuelve loco por encontrarse niños por todas partes; los adoran. El infierno del Dante para mi modesta cofradía de los Solteros sin hijos, ¿verdad? El sueño de todo padre de clase media, ¿no es así? ¿Cómo sucedió esto?

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