Archivo de la categoría: El cajón del sastre

Ese asunto de la sincronicidad que le dicen

 Viene así. Los filósofos desde el siglo XVII más o menos conocen la cuarta dimensión. Últimamente, ya ni saben cuántas son las dimensiones. Dicen que nomás en el núcleo del átomo podría haber once, y ejemplifican con una hormiga dando la vuelta a un caño, para demostrar los grados de libertad que pueden tener las partículas. Dicen que nunca podrán hacer experimentos para demostrar la existencia de estas dimensiones. Que son dimensiones encriptadas.

Eso de la sincronicidad es un nombre fino para varias cosas. Tomate por caso eso de las coincidencias que te salen por todas partes. Te ponés a dieta y apenas salís a la calle te encontrás con que frente a tu casa abrieron un restaurante vegano. Estás buscando casa y en el colectivo vienen dos señoras que comentan sobre una inmobiliaria que les solucionó un problema gravísimo de alojamiento a última hora. La sincronicidad es un concepto apegado a la física moderna, que dice que todos estamos conectados y todo tiene que ver con todo. Si aprendés a leer la sincronicidad, vas a ver que el universo tiene cosas que decirte, si sos muy abombado. O que te acompaña, si es que estás muy al tanto de la mecánica cuántica, o muy alerta, o muy en paz con el universo. O te va a quedar bien en claro ese tema de las coincidencias.

O simplemente concluirás que el universo tiene sentido del humor.

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Passionale Dante

Buenas tardes distinguidos lectores. Aquí les va esta obra que me fue dejada en los comentarios al insigne poema ofrecido por nuestro común amigo, el Doctor Zaïus, y yo se los ofrezco a ustedes sin pedir autorización al autor, que para algo lo dejó librado al arbitrio y la dirección del viento en los comentarios de este blog, que como ya es sabido después pasa cualquier cosa.

Todo caso, que don Norberto Piñar se sirva indicarlo si se enoja, y lo devolvemos al agua del anonimato para que retoce en libertad…

Si no, muchas gracias por dejarnos leer su obra, que con los energúmenos que suelen frecuentar este blog nos iríamos al diablo en un dos por tres.

 

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Sin título

Del Doctor Zaïus, colaborador invitado al blog. Espero que el amable lector comente y no me lo espante; necesitamos gente.

 

Donna Nadie, aquí están los versos inspirados en su brillante ausencia:

 

Iluso te esperé
pero sólo vino a mi
el recuerdo
de tu vana promesa.

En vano imaginé
tu figura creciente
y la distancia menguante.

Tu rostro me pareció encontrar
entre muchos otros

pero solo seguí
con mi ilusión de ti.

Banda de sonido:

(Imagen de Pixabay)

World Wide V: el reinado del brócoli – Capítulo V

En Dead Cowboy City había un polvorín en ciernes. Alrededor del pueblo niños, adolescentes y jubilados deambulaban con el ceño fruncido, portando diademas de salchichas de copetín y blandiendo largos salamitos, y palitos de brochette con shawarma.

En lo de Rose La Juguetona flotaba permanentemente el olor a caldo de pollo, a milanesa napolitana y a locro con patita de chancho, y sobre todo el vaho a insurrección.

Sally y Olive pasaban horas frente a frente, sin quitarse los ojos de encima y vigilándose sin pausa las uñas, a ver qué residuo verdoso o qué pátina de grasa aparecía en una y otra, y aprovechando para criticar.

El nuevo Sheriff Billy mediaba entre una y otra, y conformaba a ambas a medias al declarar altisonantemente que la lasagna de berenjena y la de jamón y queso eran ambas manjares excepcionales, a los que les venía bien por igual una combinación de salsa blanca y choclo. También subió quince quilos.

Los forasteros que habían conseguido llegar al pueblo cambiaron su indumentaria urbana por un conjunto de fajina apto para patrullar los caminos, compuesto por camisa leñadora y jeans al tono con pañuelo rojo saliendo del bolsillo trasero. Evan reemplazó los lentes de contacto por unas bellas lentes montadas al aire, que casaban a la perfección con su expresiva mirada, sobre todo desde que, para evitar que se les pegaran los bichos en el pelo, todos abandonaron el gel fijador al unísono. Aunque iban desarmados, accediaron a portar en mano, al alcance inmediato, unas varitas de salame seco que podrían arrojar a la primera de cambio.

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Una nueva aventura del Gran Rulemán Balde de Vello en el Planeta Rosquita. Con el Lama Labaranda Del Cantimpalo. Y los Ángeles del Gran Rulemán Balde de Vello. Y Mads Mikkelsen

En el Palacio Real del Planeta Rosquita, aquella mañana fría y nublada habíase abatido la desazón. El Gran Rulemán andaba por todo el amplio foyer,  agitando sus brazos en enloquecidos molinetes con gran tintineo de runas, al punto tal que su magnífico cabello se levantaba en puntas psicóticas, aunque elegantes, y profería improperios sin sentido, aunque por supuesto esto se prestaría a confusión dado su habitual entendimiento. El Dr. Zaïus le explicaba sobre la rueda del Samsara a Melissa, parado sobre su hombro porque seguía convertido en tero, así que al principio no se dio cuenta de nada. Pero Mads Mikkelsen, que acertaba a pasar por ahí con una palita portando las gracias del Hombre Caniche, no tardó en traerlo a la realidad, al responder a cierta ofensiva declaración del ilustre personaje.

– Vea que no está bien hacer acusaciones sin pruebas -le dijo al Gran Rulemán, ya que todavía se acordaba de su representación detectivesca en la película que había protagonizado con el Hombre Caniche, e incluso había rehusado cortarse las rastas.

– ¡Pero de qué está hablando, vikingo paseador de perros! ¡Ahora me va a decir que el Palacio fue infestado por alguna plaga con dientes gigantescos que pueden COMER RUNAS DE CRISTAL SWAROWSKI REDUCIÉNDOLAS A PEDACITOS MINÚSCULOS, JUNTO CON TEXTOS SAGRADOS QUE ME COSTARON UNA FORTUNA EN INTERNET, IGUAL QUE LA BOLSITA DE TERCIOPELO BORDADA EN ORO DE LAS RUNAS! ¡JUSTO COMO ESOS HILITOS DE LA PALA QUE ESTÁ USTED SOSTENIENDO, APESTANDO EL MEDIO AMBIENTE, Y ADEMÁS IMPREGNANDO CON EFLUVIOS REPUGNANTES MI FANTÁSTICO ROPAJE!!! ¡Y DE PASO, TENGO MEDIO CACTUS COMIDO! ¡MI YGGDRASIL!!! – declaró altisonantemente el Gran Rulemán, con el egregio índice en el aire.

– Bueno, pero qué quiere que haga, no iba a dejar ésto arriba de la alfombra persa… -respondió Mads Mikkelsen.

– ¡LA ALFOMBRA PERSA! ¡POR LAS SAGRADAS NORNAS DUEÑAS DEL DESTINO! ¡POR HERMES TRISMEGISTO! ¡POR MITRA Y TODOS LOS DEMÁS QUE NO ME ACUERDO! – gritó el Gran Rulemán, alzando los brazos al cielo. – ¡PLUGUIERA A ODIN TODOPODEROSO QUE NO LA HAYA MORDISQUEADO TAMBIÉN!

– Bueno, flecos ya tenía… – respondió Mads Mikkelsen, desapareciendo con la palita sin hacer ulteriores declaraciones.

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