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Los superjuguetes duran todo el verano/ Inteligencia artificial I (me entusiasmé y es largo)

¿Quién no recuerda la fenomenal película del 2001 Inteligencia artificial? ¿Quién dejó de estremecerse por completo al mirar por los ojos del inocente David, tan, tan inocente que ignoraba que era un robot; diseñado tan cruelmente que nunca superaría el abandono de su madre humana… aún después de saber que era un robot?

Pues ahora acabo de leer el relato que le dio origen, junto con los demás del libro que lo incluye. Yo no conocía mucho de Brian Aldiss, así que fue todo un viaje de descubrimiento.

Lo primero a destacar, paradójicamente, es el prólogo, que me encantó leer. Por una parte porque al menos este libro es tan alegórico, que me ha tranquilizado ver que su autor no escapa para nada a los tormentos mundanos que nos son usuales. Por otra parte, porque me divirtió ver (como en una especie de revancha resentida) cómo esos tormentos mundanos para las grandes inteligencias suelen ser… otras grandes inteligencias. En este caso, los sufrimientos de los que habla Aldiss refieren a Stanley Kubrik, la primera persona que trató de llevar el cuento del título al cine. El citado cuento, así como los dos relatos que Aldiss escribió como continuaciones treinta años después en beneficio de la película, me han gustado mucho, aunque no al grado de fascinación en el que me sumió la película, y en orden decreciente. Es que ante el despliegue técnico y emocional de la película (aún hasta “arquitectónico” y “sinfónico” en cuanto al desarrollo de la trama y los recursos empleados) los cuentos pueden parecer algo desnudos, aunque esa desnudez, en las obras literarias, adquieran la contundencia plena necesaria para retratar las mezquinas vidas humanas que se reflejan en ellas. Tal vez resulten (sobre todo el tercero) demasiado esquemáticos, quizás sin una adecuada acentuación del clima, sin los matices afectivos retratados en la película, e incluso puede que (hablando sobre todo del tercero) no te susciten demasiado interés por ver qué ocurre. Creo que he dejado suficientemente claro que esto no puede suceder DE NINGUNA MANERA al ver la película.

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American Gods

A fin de proseguir con la onda morbosa que vienen teniendo los posts del blog últimamente (fue pura casualidad, de verdad; eran un par de borradores que tenía guardados y no me acordaba) hoy traigo a vuestra preocupada colación una serie recomendada por nuestro común amigo, el doctor Zaïus, que es realmente especial. La serie, no el doctor Zaïus, aunque él tiene lo suyo.

Al ver el título de la serie esbocé un desdeñoso fruncimiento de labios, esperando algo como alguna biopic sobre luchadores de peso completo, o artes marciales combinadas, o alguna de todas esas cosas. Por supuesto, y gracias a Dios, nada que ver (aunque me gustó Pain and gain, de verdad).

En cuanto a clima y estilo, y forzosamente hay que empezar el comentario por ahí, la serie es absolutamente irreprochable. Es oscura, es tenebrosa, es atractiva, inteligente, capciosa y definitivamente elegante. Neil Gaiman, su autor, nos deleita con las desventuras del humano linaje… pero, ¿seguro que sólo humano? ¿sólo los humanos tenemos desventuras?

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Mr. Mercedes

Mr. Mercedes es el nombre de una, seguramente, muy notable novela de Stephen King, esta vez policial, o thriller. No lo sé porque aún no la leí. Y digo “seguramente” porque, si bien no la conozco, he visto su adaptación a serie la cual me ha acercado nuestro común amigo el Dr. Zaïus. Y estoy fascinada.

El título de la miniserie, que repite el de la novela, no me decía nada. Sí, es un coche, pensé yo. Y hay un Mr., así que se debe tratar de un tipo que tiene un Mercedes. Tratándose de Stephen King, seguramente sale de noche a comer perritos o algo así, supuse. Pues nada que ver. Pero nada de nada.

La primera escena ya es impecable. Dramatismo, realismo, hasta surrealismo, si pensás en lo que sucede justo al final de la escena… No puedo contar tanto. Poné de tu cuenta todos los “ismos” que quieras. Ahora imaginate un pueblo en decadencia, con pocos puestos de trabajo. Habrá una feria. Una especie de oferta colectiva de empleos, con toda la gente que te puedas imaginar haciendo cola desde la madrugada. Con sueño, con frío, con miedo, con incertidumbre, con impaciencia… Se cuentan sus vidas, sus amores, sus miserias. La escena es muy corta, o lo parece porque te deja queriendo más. Pero es suficiente. Dura lo justo como para que te identifiques y te encariñes. Y luego, don Stephen ataca como suele hacerlo, pero esta vez se guarda los orígenes secretos y bizarros del terror para dejártelos justo bajo la vista, como cuando viene tu gatito y te tira en la puerta un pajarito que estuvo cazando, con las tripas afuera. Y por supuesto, es mucho peor. Siempre es más fácil echarle la culpa al monstruo debajo de la cama. El monstruo debajo de la cama es malo.

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My cousin Rachel

   Hoy quiero traerte a colación otra de las recomendaciones de nuestro común amigo el Dr. Zaïus, quien no sólo es muy atento llamando mi atención hacia diversas y encantadoras filmaciones, sino que también acostumbra a tener razón.

En este caso, se trata de My cousin Rachel, protagonizada por la hermosa Rachel Weisz, quien no sólo es admirada por el mentado doctor por su belleza, sino que yo misma encuentro una gran actriz, cuyo trabajo he disfrutado en innúmeras oportunidades.

En esta ocasión ella y un destacado reparto recrean una obra de Daphne Du Maurier intitulada de la misma manera, y que fue escrita en 1951. Dice ahí en Wikipedia que ésta es la primera adaptación cinematográfica que hacen de esta obra desde 1952. La película fue filmada en Inglaterra e Italia, lo que me da una gran envidia y unos grandes deseos de ser una famosa y joven actriz. Atendiendo a la ausencia de ferrocarriles y la presencia de canales, Mr. Roger Michell guionista ubicó la acción alrededor de 1830. ¿A vos también te gustan las películas de época?

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The shape of water

   Hoy domingo, permítaseme traer al amable lector esta extraña y encantadora película La forma del agua, o The shape of water.

En efecto, te das cuenta desde el principio de que esta película lo será, es decir muy extraña, pero está tan bien realizada, que te presenta la idea, no te fuerza a aceptarla, te seduce con un clima hechicero y envolvente, y para cuando los hechos llegan, vos solamente estás diciendo “bueno, está bien, así son las cosas, qué pasa ahora, decime qué pasa”. Por un momento me recordó a Amélie, que empecé a ver fascinada antes de aburrirme a la media hora. No criticaré a Amélie como suelo hacerlo, con la película a medio ver, porque después de ver The shape of water decidí darle otra oportunidad.

The shape of water no me aburrió en ningún momento; todo lo contrario. Aún acepté lo que, después de ver tantísimas películas de ciencia ficción, se puede considerar un lugar común. Como me pasó con The babadook. Eso se puede hacer cuando el director entiende bien que debe comunicarse con su público, y que su público está formado ante todo por seres humanos, a los que debe tocarse con la imaginación y apelando a sus sentimientos y el respeto por su vida diaria.

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