Archivo de la categoría: El ojo es más rápido que la mano

La salvación de Christian Bale (o “diez razones por las que Terminator Salvation me rompe las pelotas”)

Buenas noches, amantes del cine. Para esta anormalmente cálida noche de sábado argentino, y dada la poca pelota que le estuve dando al blog debido a barullos personales y franca pereza, he decidido pasar unos minutos a criticar una filmación vetusta y admirada por mis amigos más cercanos. Para que vean que yo no me caso con nadie. Y que cuando me pongo cabrona no miro pelo ni marca. Ni siquiera si se trata de la gente que luce bien sin remera.

Paso a relatar.

Acaso mi disgusto con la película sea el canal de cable. Como yo no tenía Internet en la época del estreno mentado, y no me acuerdo de por qué no vi la película en el cine, se me pasó por alto verla porque al tener Internet experimenté tal avalancha que bueno… a pesar de lo que me gusta Terminator. Para hacerla corta, este viernes me vi sometida al cable, la película empezó atrasada, y me perdí el principio. Cosa que detesto casi más que al reggaeton.

Ahora vamos con las razones, aunque no necesariamente en orden de importancia.

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El vientre

 Buenas y santas, amantes del cine que a veces aciertan a pasar por este blog. O gente al pedo buscando película para ver, que también suele acertar a pasar por este blog… Es sabido que yo he tenido mi buena porción de ocio creador, buenamente desperdiciado disfrutando producciones artísticas de otra gente que ha transpirado sangre para hacer emerger… Y también es sabido que me gusta compartir, inficionando a otros con la publicidad de tales obras, que no hay que ser egoístas ni con el público, ni con los creadores.

Como prefiero más bien comentar películas que no tienen tanta difusión, por no ser redundante, y a la vez acercar obras que se lo merecen y no se publicitan tanto por no ser comerciales, en esta ocasión voy a hablar de El vientre, que es una película peruana que encontré excelente y que está dirigida por don Daniel Rodríguez Risco. La estrenaron en el 2014.

Tiene que ver con esa preocupación extenuante que aún en nuestros días, entre gente culta y con múltiples intereses en la vida, no ha perdido ni un poquitito de vigencia. También tiene que ver con otra categoría en este blog, que visito con frecuencia cuando ya me desbordan las ganas de despotricar, precisamente por causa de ésto.

La frustración culpable y abrumadora por no poder procrear.

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Miss Meadows

Anoche estaba viendo Hannibal (la vez número 1.000.000.000.000), y pensé en la gran cantidad de películas que vi, y de las que nunca te conté. Como deseo ponerme al día, aquí va una primera ofrenda como reparación del daño.

La elegida para rescatar hoy no es Gone (eso será otro día), ni The girl with the dragon tatoo (demasiado comentada), ni nada de la fantástica trilogía que tiene al doctor Lecter como protagonista (no creo poder aportar ningún comentario nuevo, ni mucho menos alabar adecuadamente esos filmes).

La elegida del día de hoy es Miss Meadows. Elijo esta película porque es intrigante, entretenida, curiosa y fundamentalmente desconocida, o por lo menos no hicieron tanto escándalo a propósito de ella, no sé por qué. Algunas películas pasan desapercibidas porque son muy buenas pero de bajo presupuesto; no sé cómo habrá sido con ésta. Su calidad no es excepcional, pero aún así es una película para pasar el rato que me gustó mucho pero mucho, por lo que deseo compartir el dato. Es del 2014 y está escrita y dirigida por Karen Leigh Hopkins.

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El planeta de los simios

Hola, queridos amantes de los amenazadores y fascinantes mundos inexistentes. Después de largo tiempo de no dedicarme a estos temas, aquí estoy. Pensando en qué contar, en estos tiempos en que te tiran a la cabeza mundos tras mundos habitables, datos, especulaciones sobre biología extraterrestre, elegí un libro que hoy se nos antoja sencillo, casi inocente… Si uno no se dedica a pensar en las estremecedoras ideas que descansan en el fondo de esta lectura, como el poso en una taza de café, de interpretación necesariamente agorera.

Sobre El planeta de los simios se han hecho varias películas y todas me gustaron, incluyendo aquella con Charlton Heston, que contaba con simios que arruinaban fantásticamente la verosimilitud de la historia gracias a pelambres sintéticas y caras de goma. Nosotros perdonábamos aquellas faltas merced a una sabiduría atávica, que nos decía que debíamos concentrarnos en las ideas y en las palabras; imaginar; visualizar. Ponernos en el lugar de don Heston. O de don Pierre (ah, los tiempos en los que las metáforas eran cosas vivas que nos acechaban en los lugares oscuros; qué nostalgia siento a veces).

Lo que me capturó aquella primera vez que vi representado este libro fue haber leído la historia, y saber qué debía esperar detrás de aquellos chimpancés de labios que no se movían, pero que para mí se habían tornado en fascinantes. Lo que me capturó de manera irreversible al ver las películas modernas, fue exactamente lo contrario, excepto que de fascinantes, los simios pasaron a ser amedrentadores. Estas películas para mí figuran entre los raros casos en que no se quedan por detrás del libro, al levantarse uno de la butaca del cine. Hoy, esos simios me empiezan a parecer aterradores.

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Kite, Dredd, Assasin’s Creed

Después de la debacle de ayer, ahora sí, en serio, tres películas que se pueden ver.

Elegí ponerlas así, un poco en contrapunto, porque las tres están basadas en comics, pero son muy diferentes.

Kite me fascina por su estética y la esmerada composición de los personajes. Está basada en un animé japonés, y esto casi puedo verlo en los colores fabulosamente organizados para dar clima a la película. Muy vívidos para resaltar, impactar y despertar al espectador con ciertos detalles; un tubo fluorescente amarillo muy brillante; las pelucas, los abrigos y los labiales de la niña protagonista, color rojo, color fucsia. Muchas veces fondos en ese color ominoso y anémico, el azul pavo real,  tan visto en películas de ciencia ficción (por lo menos yo siempre lo noto y me encanta). Muchas veces también, en la calle, casi sólo blanco y negro, o esos tonos desvaídos que acompañan al sentimiento de la desesperanza total. Sí, en esta película tenemos que hablar de esos futuros tan tétricos, de la distopia que le dicen los entendidos.

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