Archivo de la categoría: El ojo es más rápido que la mano

Miss Meadows

Anoche estaba viendo Hannibal (la vez número 1.000.000.000.000), y pensé en la gran cantidad de películas que vi, y de las que nunca te conté. Como deseo ponerme al día, aquí va una primera ofrenda como reparación del daño.

La elegida para rescatar hoy no es Gone (eso será otro día), ni The girl with the dragon tatoo (demasiado comentada), ni nada de la fantástica trilogía que tiene al doctor Lecter como protagonista (no creo poder aportar ningún comentario nuevo, ni mucho menos alabar adecuadamente esos filmes).

La elegida del día de hoy es Miss Meadows. Elijo esta película porque es intrigante, entretenida, curiosa y fundamentalmente desconocida, o por lo menos no hicieron tanto escándalo a propósito de ella, no sé por qué. Algunas películas pasan desapercibidas porque son muy buenas pero de bajo presupuesto; no sé cómo habrá sido con ésta. Su calidad no es excepcional, pero aún así es una película para pasar el rato que me gustó mucho pero mucho, por lo que deseo compartir el dato. Es del 2014 y está escrita y dirigida por Karen Leigh Hopkins.

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El planeta de los simios

Hola, queridos amantes de los amenazadores y fascinantes mundos inexistentes. Después de largo tiempo de no dedicarme a estos temas, aquí estoy. Pensando en qué contar, en estos tiempos en que te tiran a la cabeza mundos tras mundos habitables, datos, especulaciones sobre biología extraterrestre, elegí un libro que hoy se nos antoja sencillo, casi inocente… Si uno no se dedica a pensar en las estremecedoras ideas que descansan en el fondo de esta lectura, como el poso en una taza de café, de interpretación necesariamente agorera.

Sobre El planeta de los simios se han hecho varias películas y todas me gustaron, incluyendo aquella con Charlton Heston, que contaba con simios que arruinaban fantásticamente la verosimilitud de la historia gracias a pelambres sintéticas y caras de goma. Nosotros perdonábamos aquellas faltas merced a una sabiduría atávica, que nos decía que debíamos concentrarnos en las ideas y en las palabras; imaginar; visualizar. Ponernos en el lugar de don Heston. O de don Pierre (ah, los tiempos en los que las metáforas eran cosas vivas que nos acechaban en los lugares oscuros; qué nostalgia siento a veces).

Lo que me capturó aquella primera vez que vi representado este libro fue haber leído la historia, y saber qué debía esperar detrás de aquellos chimpancés de labios que no se movían, pero que para mí se habían tornado en fascinantes. Lo que me capturó de manera irreversible al ver las películas modernas, fue exactamente lo contrario, excepto que de fascinantes, los simios pasaron a ser amedrentadores. Estas películas para mí figuran entre los raros casos en que no se quedan por detrás del libro, al levantarse uno de la butaca del cine. Hoy, esos simios me empiezan a parecer aterradores.

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Kite, Dredd, Assasin’s Creed

Después de la debacle de ayer, ahora sí, en serio, tres películas que se pueden ver.

Elegí ponerlas así, un poco en contrapunto, porque las tres están basadas en comics, pero son muy diferentes.

Kite me fascina por su estética y la esmerada composición de los personajes. Está basada en un animé japonés, y esto casi puedo verlo en los colores fabulosamente organizados para dar clima a la película. Muy vívidos para resaltar, impactar y despertar al espectador con ciertos detalles; un tubo fluorescente amarillo muy brillante; las pelucas, los abrigos y los labiales de la niña protagonista, color rojo, color fucsia. Muchas veces fondos en ese color ominoso y anémico, el azul pavo real,  tan visto en películas de ciencia ficción (por lo menos yo siempre lo noto y me encanta). Muchas veces también, en la calle, casi sólo blanco y negro, o esos tonos desvaídos que acompañan al sentimiento de la desesperanza total. Sí, en esta película tenemos que hablar de esos futuros tan tétricos, de la distopia que le dicen los entendidos.

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50 shades darker (sí, como lo estás viendo)

Oh, sí, mis queridos… Ayer sábado, el día aquí era horrible; lluvioso, húmedo, me hice unos riquísimos menuditos de pollo con arroz amarillo y me comí dos platos, cosa que no debí haber hecho. Un día hecho para la modorra.

¿Qué más podía hacer para complementar toda esa deliciosa actividad autodestructiva? Mirar una película ABSOLUTAMENTE INÚTIL E INDECENTE POR LO MALA, por supuesto.

Comencé con una de esas películas de exorcismos que son todas iguales, pero me aburrió porque no era lo suficientemente mala. Luego continué con otra que era tan insustancial que no recuerdo ni el título.

Y para coronar la noche del sábado… ¿Qué mejor que 50 shades darker? Oh, Señor, la humanidad… ¿Por qué hago esas cosas con mi vida?

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Dancer

mv5bmjezmtczndaxnv5bml5banbnxkftztgwodizmtkwmdi-_v1_uy268_cr10182268_al_   ¿Conocías al bailarín ruso Sergei Polunin? Yo no. En una página de películas que suelo frecuentar para ver cine online (sin la cual me perdería muchas películas que, por no ser pochocleras, nunca nos llegan), vi aparecer esta biopic. Y como nunca he ido a ver ballet, pero me gustaría, y como he adorado la miniserie Flesh and bone, porque adoro a las bailarinas de ballet, porque hacen arte con su cuerpo… y tal vez porque yo soy muy patadura, y por eso amo todo esto… Bueno, no sé, pero me puse a ver esta película.

   No me lo esperaba. Como dije, yo no conocía a Polunin. Es un bailarín contemporáneo. De hecho tiene menos de treinta años hoy en día. Quiero creer que su asombrosa historia como bailarín no ha terminado. Por él, por los amantes del ballet, y por todo lo que es bello y sagrado en el mundo. No me importa hacer spoiler de esta película. Querrás verla.

   Yo he sostenido muchas veces, por lecturas que tengo de literatura rusa, películas, comentarios, o simple estudio de su historia, que los rusos son gente maravillosa, estoica, mansa y sufrida. Siempre los admiré mucho, y espero conocer algún día su asombrosa tierra.

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